LOS POBRES DEBEMOS SER SOCIALISTAS
 
Eduardo José Alvarado Isunza.
ealvaradois@yahoo.com
 
Agradezco a un compañero haberme cuestionado acerca de mis preferencias electorales. Con seriedad me interpeló por qué promovía el voto por Andrés López Obrador. “¿No sabe que es socialista y un peligro para México?”, me increpó.
            Su confrontación me permitió encontrar un argumento razonable. Respondí que todos los pobres debíamos ser socialistas. Creo que este juicio vino a desbaratarlo. Quizás él mismo no veía su propia condición de pobreza.
            Luego, este razonamiento me permitió extender la tesis de que no solamente los pobres debíamos apoyar con votos y argumentos la candidatura del perredista. Igual debían hacerlo cuantos están a favor de causas humanas nobles.
            En verdad, los pobres deberían estar en el entendido de que sus deseos por mejorar sus condiciones de existencia sólo pueden intentar ser concretados en las opciones socialistas.
Esa categoría  de “pobres” incluye a cuantas personas trabajan para un empresario por un salario, quien desangra como parásito sus mejores ideas y energías, logrando de esa forma gozar de todas las delicias del mundo.
            Nuestros pobres viven lamentablemente atrapados en una especie de conciencia mágica y en el mito. A fuerza de estar sometidos intensamente al bombardeo del material propagandístico, asocian el socialismo al diablo.
            Es por ello que muchos pobres o carecen de claridad para comprender lo que ha sido el socialismo en la historia o reproducen el material ideológico que reciben de grupos de privilegio en contra de esas luchas de los mismos miserables.
Lecturas políticas de la historia podrían curarles para su propio beneficio y liberarse del signo. Una forma de entender la importancia del socialismo en la historia tiene que ver con el análisis y la reflexión de las conquistas sociales.
            Con este ejercicio acontece una especie de epifanía. Como son muchos los beneficios de que gozan hoy en día los pobres, sean trabajadores o campesinos, admiten que estos fueron conseguidos a través de diferentes luchas socialistas.
            Como lamentablemente el nombre de socialismo acompaña a lo sucedido en otras naciones, como la desaparecida URSS, y esas posiciones políticas fueron anatemizadas, existen miedos cavernosos hacia cuanto huele a su nominación.
            Esos terrores van diluyéndose cuando hay referencia a hechos concretos de los que seguimos beneficiándonos o que no pasaron más allá del texto jurídico y que incluso ahora están amenazados.
            Por ejemplo, hablamos de la jornada laboral de 8 horas, tiempo extra pagado, descanso dominical, permanencia en el trabajo, pago de indemnización por despido injustificado, vacaciones pagadas, régimen asistencial y pensiones, etc.
            Son numerosas las conquistas obreras, obtenidas a lo largo de duras,  prolongadas y a veces sangrientas luchas de socialistas mexicanos y cuya materialización más evidente la encontramos en el artículo 123 constitucional.
            Acciones y pensamiento socialistas no solamente concretaron en importantes beneficios obreros. El derecho humano a la tierra, que llevó a millares de campesinos a la lucha armada, materializó en el artículo 27 constitucional.
            También los deseos de las clases populares por acceder a mejores niveles culturales cristalizó en el artículo 3 constitucional y la obligación del Estado de ofrecer educación gratuita, científica, laica y de buena calidad.
            Han sido tan importantes la acción y pensamiento socialistas en el avance cualitativo de la humanidad que incluso han revelado injusticias que permanecían invisibles por milenios.
            Una de ellas fue la condición de género de la mujer. Desde los viejos tiempos de la aristocracia ateniense a ellas venía a considerárseles como objetos de menor sustancia o valor que los hombres. Aristóteles las equiparó a seres sin razón.
            Arropadas por organizaciones socialistas demandaron en México derecho al voto, a la educación, trabajo en igualdad de condiciones, protección contra la violencia masculina, defensa contra la discriminación y el acoso sexual.
            En la iglesia católica existen grupos de tendencia socialista, como la Teología de la Liberación. Allí también ha venido a reproducirse la lucha de las mujeres por el reconocimiento a sus derechos. En este caso, a ser sacerdotisas y papisas.
            Estos grupos católicos de orientación socialista igualmente han protegido o animado acciones de insurgencia popular en regiones del mundo azotadas por la violencia de grupos de poder.
            Contrastan con las posiciones socialistas, aquellas de carácter conservador que, por consecuencia, históricamente siempre han buscado impedir el cambio del orden establecido y la perpetuación de privilegios particulares.
            Siempre acción y pensamiento socialistas han buscado mejorar cualitativamente las condiciones de existencia, principalmente de los oprimidos. Por eso, decimos que los pobres deben ser socialistas.
            Por aquellos procesos históricos que han ocasionado la miseria de una gran masa humana y que hoy incluso amenazan la diversidad biológica y cultural del planeta, es por lo que hoy es indispensable votar por una opción socialista.
            En nuestro caso es estratégico que todos los pobres y aquellos que sin serlo están identificados con las causas humanas más nobles llevemos al Sr. López a la presidencia de la república.
            Quizás él por sí mismo será incapaz de transformar algo. Si sabemos una cosa los socialistas es que la historia no la escriben ciertos personajes, sino los propios grupos humanos en su conjunto.
            Aún así, creo que esta jornada electoral constituye una batalla crucial de los pobres. El triunfo de los conservadores o de la derecha amenaza con el desmantelamiento de conquistas sociales y obreras que costó mucho ganar.
 
San Luis Potosí, S.L.P., a 27 de Junio del 2006.