Entre el odio y el cariño
Aparte hay otra cultura de odio y cariño para el narcotráfico.
En las regiones fronterizas norteñas mexicanas el narcotráfico se caracteriza
por su violencia. Actúan en bandas. No sucede como en el pasado tijuanense:
Cuando el Cártel Arellano Félix invadió a las familias pudientes, naciendo
entonces lo que se llama «narco-juniors». Y de paso combinándolo con la
actitud sanguinaria de las bandas de méxico-norteamericanos radicados en el
Barrio Logan de San Diego, California.
En Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros y otras
ciudades los habitantes le temen al narcotraficante. Los conocen pero son
incapaces de señalarlos o denunciarlos. Prefieren callarse. Ignorarlos para
evitarse problemas. Jamás denunciarlos.
Pero en zonas como Sinaloa es diferente. Son queridos.
El narcotraficante se conduce de otra forma: Ayuda a los pobladores de
rancherías y ciudades. Con la colegiatura para los niños, atención a sus
enfermedades, dinero para salir de apuros, mejoras a los pueblos y cuanto
pueden.
Por eso la mejor protección que tienen los narcotraficantes son los
habitantes. Si alguien pregunta por los mafiosos dicen que son «puras
habladurías».
Pero hay algo notable: Cuando matan a uno de ellos los funerales son muy
concurridos. La gente va a presentar sus condolencias. Lloran. Acompañan al
cortejo con música de «tambora». Los sacerdotes van a bendecir. Y hasta los
políticos se dejan ver.
Sucede todo lo contrario con los mafiosos fronterizos. Los entierran en
secreto. Inventan un nombre para reclamar los cadáveres. Les incineran. «Los
deudos» desaparecen como fue el caso de Ramón Arellano. «Sus primos» fueron
por el cuerpo a Mazatlán. Dijeron que eran de Guadalajara. Dieron un domicilio
que no existe. Y nunca se supo dónde dejaron las cenizas.
Absolutamente diferente a «El Ceja Güera» en Sinaloa o los Carrillo Fuentes.
Es público el funeral. Los deudos atienden a periodistas. «La tambora»
acompaña el cortejo. Los sacerdotes bendicen la tumba.
En 1997 el periodista Francisco Ortiz Pinchetti cuestionó a Juan Salvador
Íñiguez, cardenal de Guadalajara: «¿La cultura del narco es la cultura de
muerte?». El sacerdote contestó:
«El concepto de cultura de muerte abarca mucho más. Hay otros aspectos
desordenados y violentos de la sociedad actual que configuran lo que llamamos
cultura de la muerte. Uno de ellos desde luego es el narco; pero también lo es
el armamentismo, el empobrecimiento de los pueblos, el poco respeto a la vida
en el aborto, la eutanasia».
Síntomas de un mismo problema, la muerte paradójicamente como una forma de
vida, cada vez más visible, cotidiana y por lo mismo irrenunciable.
Los narco-corridos
Luego aparece la controversia de fechas recientes, cuando comenzó a circular
por el sistema escolar básico «Cien Corridos.- Alma de la canción mexicana»,
libro editado por la Secretaría de Educación Pública, la editorial Océano, y
la Comisión Nacional del Libro de Texto Gratuito, e inscrito dentro del
Programa Nacional «Hacia un país de lectores».
Primero vino la protesta de grupos de padres de familia y del rechazo de
varios estados –entre ellos Baja California- por la circulación de dicho
material que reúne los narco-corridos «Contrabando y traición», «La banda del
carro rojo» y «El señor de los cielos».
Sin embargo, poco después cundió la defensa del gremio intelectual,
particularmente del dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda que, en calidad de
presidente de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) defendió la
difusión de este título al considerar que no corrompe, más bien educa al
referir el destino trágico que suelen tener los narcotraficantes.
«Todos los narco-corridos tienen la muerte o el castigo como consecuencia»,
afirmó Rascón Banda a la Agencia de Noticias EFE, antes de pedirle cordura a
la Cámara de Senadores dado a que se discute la postura de Reyes Tamez,
Secretario de Educación, frente a esta publicación y aún se debate la
posibilidad de sancionar a los maestros y funcionarios que participaron en la
elaboración de este proyecto.
Al final, Rascón Banda lanzó la pregunta fundamental: «¿Y cómo vamos a callar
las voces de todos los mexicanos que cantan estas canciones?». La respuesta
tal vez no exista, al menos no se pronunciará en el futuro inmediato de un
México que cada día más apuesta por lo inmediato, lo efímero, lo destructivo.
Rectores a favor
El Rector de la Universidad de Guadalajara consideró como una aberración el
intento de veto al libro de narco-corridos que editó el fondo de cultura
económica, en tanto el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, vio con buenos ojos la
restricción.
La semana antepasada trascendió que algunos padres de familia pidieron que no
se distribuyera el libro «Cien corridos.- Alma de la canción mexicana», porque
lo consideraban leso a la educación de sus hijos.
El Secretario de Educación, Guillermo Martínez Mora, anunció una consulta para
determinar si autorizaba o no la distribución del texto. Al respecto el Rector
de la Universidad de Guadalajara, Trinidad Padilla López, dijo no conocer la
publicación, «pero yo creo que es ocioso pensar que si viene un corrido en un
libro de manera ilustrativa pudiera causar algún daño en particular, cuando
los niños los oyen en todas partes, porque salen en el radio.
«Me parece una polémica artificial, si se lee en un texto de primaria, debe
ser con la supervisión de un adulto», agregó.
Padilla López puso como ejemplo que esos temas se proyectan en un canal de
videos; asimismo dijo que el corrido es una narración popular, de hechos o de
personas, y es cantado además como música comercial en todas partes.
Al igual aseguró que esta polémica debe ser vista con sus reservas e incluso
como una mala broma, al recordar el caso de un docente que recomendó el libro
«Aura» de Carlos Fuentes ante el enojo del Secretario del Trabajo y la
declaración de un legislador que pretendía boicotear la obra de Gabriel García
Márquez porque consideraba como pedofilia el hecho que en su último libro se
hace referencia a la relación del protagonista con una joven, menor de edad.
«Mejor hay que agarrar eso como broma, porque es preocupante que la gazmoñería
se apropie del pensamiento público en el país», aseguró el Rector.
Por otra parte, el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez vio con buenos ojos que el
libro haya salido de la circulación y que tampoco llegará a los alumnos de
primaria. «Por ahí leí un corrido, pues están muy divertidos pero no son
propios, verdad, porque alientan el vicio en los niños y les proponen héroes
falsos». Al unísono lo consideró una apología del delito, de orientarlos por
caminos de perdición.
Recientemente la Secretaría de Educación y Cultura en Chihuahua ordenó el
retiro de cientos de ejemplares del libro «Cien corridos.- Alma de la canción
mexicana» como parte de un programa de «blindaje cultural» para promover
valores entre los estudiantes de la entidad.
El ejemplar también contiene canciones como «Pollitas de cuenta» y «El avión
de Colombia», «Carga blanca» y «Mataron a los Mendoza».
En Michoacán, el Gobernador Lázaro Cárdenas Batel vetó la distribución del
libro que había sido autorizado por la Secretaría de Educación Pública para
apoyar el proceso de formación integral de los niños mexicanos cautivos en el
quinto y sexto año de primaria.
Art Narco en la universidad
La semana pasada el periódico El Universal en su primera página de la sección
cultural publicó sobre una exposición de arte que se inaugurará el 7 de abril
en el Museo Universitario de la UABC Mexicali.
«Se enganchan al Art Narco», fue el título de la nota donde se resaltan las
declaraciones del artista Ismael Castro, quien habla de su propia obra, así
como la de otros colegas regionales, quienes han tomado el tema del
narcotráfico para recrearlo en sus pinturas, esculturas, fotografía y demás
disciplinas artísticas.
Refiere Castro que la intención de estos creadores no es la concientización o
en enjuiciamiento de esa actividad delictiva; pero que tampoco es una apología
de ello, aunque se pudiera confundir:
«A mí el narco me gusta por su parte visual, aunque me doy cuenta de que por
otro lado es algo cruel, no es algo divertido, pero en mi obra he tratado de
manejar el tema del narcotráfico como algo colorido, aun cuando estoy
consciente de su parte oscura y violenta».
A algunas personas en Baja California, al conocer de esta exposición, les
llamó la atención lo irónico que puede sonar que, por ejemplo, en toda
inauguración de exposiciones en la UABC se sirva vino (de acuerdo a la
costumbre) y sin embargo se abran las puertas al narcotráfico.
Para profundizar sobre este tema, ZETA entrevistó, vía telefónica, a Everardo
Garduño, responsable del Museo Universitario, que a su vez depende del
Departamento de Vinculación Universitaria.
De entrada el funcionario aseguró que es un problema grave la declaración de
Ismael Castro, toda vez que su participación dentro de la muestra colectiva no
está confirmada. Por otra parte, aclaró (y lo hizo reiteradamente a lo largo
de la entrevista) que la exposición que se tiene agendada no es precisamente
de arte y menos de Art Narco.
La exposición, que se titula «Las fronteras de la narcocultura», «no es ni de
narcotráfico, ni de los narcotraficantes. Somos un centro de estudios
superiores que da a conocer esto como manifestación cultural. Ni con afán
policíaco, ni preventivo ni de otro corte.
«Estamos conscientes que esto puede originar un debate o un tratamiento
amarillista».
Por la vocación misma del museo, manifiesta que la exposición tiene un
carácter sociológico y antropológico. Lo que se mostrará es la iconografía,
los signos y símbolos, las formas de representación y la manera en que la
gente ve el narcotráfico.
La muestra está conformada de indumentaria, música, joyas, fotografía, santos,
corridos, en fin, toda la parafernalia que identifica a esta gente. Una muy
mínima parte es obra artística.
Es insistente Garduño en señalar que la exposición no tiene una orientación
artística: «Entendemos el sentido de la cultura no precisamente en el sentido
estético o bucólico. Es una forma de vida que todo ser humano construye en
torno suyo. A pesar de lo que puede resultar pernicioso».
Agrega que la colección también incluirá imágenes que se han publicado en los
medios regionales (en un área reservada sólo para adultos) en torno a la
violencia generada por el narco, así como una conferencia inaugural con Luis
Astorga, una autoridad en el tema.
«Todo esto con carácter ilustrativo, en tanto se destacan esos signos y
símbolos, y que nos preparan para poder detectarlos».
La organización de la muestra está a cargo de Paola Ovalle, investigadora del
tema, que por otra parte, en entrevista con El Universal, aceptó que el «Art
Narco» no tiene mucho fondo, y que si bien está habiendo una ruptura, no pasan
de ser representaciones con toques graciosos o ridículos.
«Entiendo que el arte no es una institución para concientizar, ya hay muchos
organismos que cubren eso, pero sí hay que tener cuidado de cómo va a recibir
la gente esas expresiones artísticas del narco, lo cual implica cierta
responsabilidad».
Por su parte, Everardo Garduño lamenta el reprobación que la exposición ya
despertó cuando todavía ni se ha inaugurado: «Hace poco apareció una cabeza:
`Los narcos entran al museo’. ¡Obviamente esto le pone los pelos de punta a
todo el mundo!».
(Con información de Gabriela Olivares, Juan Carlos Domínguez y Jesús Blancornelas en Tijuana. Juan Carlos Huerta en Guadalajara)