El Plan Bush para Cuba
Manuel Martínez Morales
Si llamamos a las cosas por su nombre, evitando los cómodos y encubridores eufemismos, entonces debemos reconocer que el gobierno de Estados Unidos, encabezado por George W. Bush, no es el mayor violador de los "derechos humanos" en el mundo, sino que es un gobierno culpable de –entre muchos otros crímenes– homicidio premeditado, con alevosía y ventaja,w ejecuciones sumarias, tortura, genocidio, despojo, destrucción de propiedad, allanamiento de morada, robo y desacato a la ley en una escala nunca antes vista en la historia; es decir, responsable de cometer los mayores crímenes contra la humanidad. Crímenes por los cuales, tarde o temprano, deberá ser juzgado en la Corte Internacional de La Haya.
Las guerras emprendidas por este miembro de la dinastía Bush, tienen por objeto:
1) afianzar el predominio mundial de los intereses de los grandes capitales
trasnacionales; 2) garantizar la disponibilidad y el flujo de recursos
estratégicos (energéticos, entre otros) imprescindibles para el funcionamiento
del sistema; 3) asegurar por la fuerza la estabilidad del "orden mundial"
mediante la subordinación de los diversos regímenes nacionales a la política
norteamericana; 4) implantar una estrategia geopolítica planetaria para
garantizar la hegemonía militar de EU, cuyo gobierno es el representante,
administrador y policía de los capitales trasnacionales. Desde luego que, en el
discurso, esta realidad se enmascara tras la retórica propagandística de la
lucha contra "el mal" y por la "democracia". Suenan de nuevo los tambores de la
guerra. El imperio, con Mr. Bush a la cabeza, hace los preparativos para
emprender una nueva guerra, en este caso contra la república de Cuba, preciada
Perla de las Antillas, cuya posesión anhelan los norteamericanos desde hace
siglos. Las señales de los últimos meses, en la esfera de las relaciones
internacionales, apuntan a una posible invasión a la isla, cuyas consecuencias
nublan el futuro del resto de los países latinoamericanos. El asunto central no
es Fidel Castro ni la aparente preocupación por el bienestar del pueblo cubano
ni el régimen político que prevalece en la isla, sino la importancia estratégica
de Cuba, en cuanto a los cuatro puntos mencionados en el párrafo precedente.
Al igual que hicieron a finales del siglo XIX (planes para apropiarse de Cuba
después de su independencia), posteriormente en el segundo decenio del siglo XX
(cuando derrocaron a Ramón Grau de San Martín) y otra vez en los años sesenta
(la invasión de Bahía de Cochinos), ahora los norteamericanos han planeado
puntualmente el derrocamiento de Fidel Castro, su sustitución por un "régimen
democrático" y la "reconstrucción" de Cuba "después de Fidel". Este plan, dado a
conocer hace pocas semanas por el propio George W. Bush, está contenido en el
Reporte al Presidente, de la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre (Comission
for Assistance to a Free Cuba, Report to the President), comisión cuyo
presidente es Colin L. Powell, Secretario de Estado.
El documento, de 458 páginas, comienza con el discurso propagandístico y
mesiánico habitual, mediante el cual se intenta convencer a los posibles
recipientes del mismo de las crueldades del régimen castrista, la necesidad de
derrocarlo para llevar "democracia" y "libertad" al pueblo cubano y las vías
para lograrlo. Las secciones sobresalientes del documento son aquellas que se
refieren al derrocamiento de Castro, a la necesidad de asegurar la colaboración
de los países latinoamericanos, a garantizar que el gobierno de transición sea
proclive a los intereses norteamericanos, a la "reconstrucción" de Cuba después
de Fidel, el establecimiento de instituciones "democráticas", la apertura de
Cuba al "mercado mundial" y la sujeción de su economía a los dictados de los
guardianes del orden financiero internacional: el Fondo Monetario Internacional,
el Banco Mundial, etcétera. En pocas palabras, se trata de un meticuloso y
detallado plan para "liberar" a Cuba de Castro e integrarla al orden neoliberal,
cuyas desastrosas políticas han llevado a los países latinoamericanos al
retroceso económico y la pobreza extrema, cuando no a la bancarrota total como
en el caso de Argentina.
Las medidas recomendadas por la citada Comisión a George W. Bush han comenzado a
implantarse con toda puntualidad. Obviamente, el derecho a intervenir en
cualquier país del mundo se lo arrogan los norteamericanos a sí mismos sin
necesidad, como es su costumbre, de sujetarse al derecho internacional ni a
ningún otro orden jurídico más que aquel emanado de la brutal fuerza militar que
poseen. Si acaso, pretenderán obtener por ahí algún acuerdo del teatro guiñol
denominado Organización de las Naciones Unidas.
Las principales recomendaciones se engloban en las siguientes acciones
estratégicas: impulsar la transición en Cuba (derrocar a Castro), dar poder a la
sociedad civil, romper el bloqueo informativo de la dictadura, limitar el flujo
de divisas hacia la isla, difundir (propagandísticamente) la realidad cubana,
estimular los esfuerzos diplomáticos para aislar al régimen castrista y apoyar a
la sociedad civil (léase la disidencia), desbaratar la estrategia de sucesión de
Castro y procurar el establecimiento de un gobierno "democrático".
En cada uno de los rubros señalados se recomienda una multitud de sendas
estrategias y acciones y se acompaña de una lista de tareas concretas
inmediatas. Entre ellas, destaca la asignación de recursos por 29 millones de
dólares para el alcance puntual de metas específicas; cantidad considerable si
se toma en cuenta que el presupuesto anteriormente destinado al proyecto Cuba
libre, era de 7 mdd. ¿En que se "invertirán" dichos fondos? En primer término,
se recomienda buscar la asociación de países "amigos" para crear un fondo para
integrar un cuerpo de voluntarios internacionales que se introduzca en Cuba para
apoyar a organizaciones profesionales y de caridad, asociaciones de periodistas,
educadores y médicos que trabajan en forma independiente del régimen (professional
organizations, charity organizations, journalists, educators, nurses, and
medical doctors working independently of the regime). ¿Recuerda usted a los
contratistas en Iraq que resultaron ser mercenarios? También se recomienda
apoyar con recursos a las ONG opuestas al régimen y otorgar becas a hijos de
disidentes. En otro orden, se recomienda instalar de inmediato la plataforma
aérea C-130 Commando Solo con el objeto de retransmitir hacia la isla programas
de radio y TV de acuerdo con "las normas internacionales que rigen las
telecomunicaciones en EU". Así, sigue una larga lista de las prioridades en que
se invertirán los 29 mdd. Entre las recomendaciones de tipo económico y político
que más destacan se cuentan las de limitar la cantidad de dólares que cubanos
residentes en EU pueden enviar a sus familiares en la isla, la limitación en el
número de viajes que los norteamericanos puedan realizar a Cuba (uno cada tres
años y la reducción del gasto diario en alimentación y hospedaje de 165 dólares
a 50 dólares), el endurecimiento de las prohibiciones para invertir en Cuba,
etcétera. Es preocupante el punto que se refiere a que debe difundirse que "el
gobierno de EU cree (the USA government belief) que Cuba ha desarrollado
limitadamente armas biológicas y desarrolla investigación en este terreno". La
puerta para la invasión está contenida en éste y en el párrafo siguiente: "El
proceso de implantación del Título III del Acta para la solidaridad democrática
y libertaria con Cuba (Cuban Liberty and Democratic Solidarity, Libertad Act)
debe asegurar un amplio rango de opciones políticas para el presidente, a quien
debe suministrarse un análisis detallado, país por país, de las políticas y
acciones con respecto a Cuba para que sustente su evaluación acerca de si la
suspensión (entiendo que del Acta) es necesaria para los intereses de EU y hacer
expedita la transición a la democracia". ¿Armas biológicas? ¿Hacer expedita la
transición? ¿Cómo en Iraq, Mr. Bush? Con la complicidad de algunos gobiernos
latinoamericanos serviles, como el de Vicente Fox, el señor George W. Bush se
dispone a invadir –sin más derecho que el sustentado en el desorbitado poder
militar norteamericano– un pequeño país cuya única falta, ante los ojos del
emperador, ha sido mantener digna y heroicamente su independencia del imperio,
negándose a acatar los dictados absurdos e irracionales del capital. Ello sin
importarle a Mr. Bush, ni al entreguista y prosaico señor Fox, la muerte, el
sufrimiento y el horror que impondrán a cientos de miles de seres humanos. A los
mexicanos debe importarnos, y mucho, porque Cuba es parte de nuestra historia,
porque solidarizarse con Cuba es defender nuestra propia integridad y soberanía
y porque es bien sabido que si hoy vienen por ti, mañana vendrán por mí.
Lecciones de la historia.