Chechenia: Las viudas suicidas


Por Marta Durán de Huerta

El martes 24 de agosto Aminat Nagayeva subió al avión que iría de Moscú a Volvogrado; Nagayeva era una joven de 30 años de edad, oriunda de Kirov-Jurt. Era una persona sencilla y tenía un puesto en un mercado callejero de su pueblo.

S. Dzhebirjanova tomó el vuelo de Moscú a Sochi (un puerto turístico en las costas del Mar Negro). Ambas mujeres detonaron un explosivo con base de hexógeno, más potente que el trinitrotolueno (TNT). Todos, pasajeros y tripulación murieron, en total, 89 personas, con seis excepciones: los borrachos que por haber estado tan intoxicados no se les permitió abordar.

Al principio existía la duda sobre si la tragedia se debía a un error humano o una falla técnica, pero el Servicio Federal de Seguridad ruso, encontró restos del explosivo en algunos pedazos del fuselaje de lo que fue el baño del avión. La pregunta que queda por responder es como llego el explosivo allá, cómo fue que las chechenas burlaron los controles de seguridad.

Ninguna persona se ha presentado como deudo de las terroristas; si lo hicieran, los servicios de espionaje rusos nunca los dejarían en paz. Creen además de que sufrirían tarde o temprano la venganza ordenada por el Kremlin.

En el 2001 el hermano de Aminat Nagayeva fue secuestrado por un comando ruso. A los pocos días apareció el cadáver del Ubais Nagayev. Le habían roto todos los huesos de brazos y piernas para torturarlo. Al morir tenía 21 años y 50 puñaladas. Fue uno de los nueve civiles "desaparecidos" por las milicias rusas en un lapso de cinco días.

El 31 de agosto, una semana después de los atentados aéreos, otra mujer se hizo estallar a las puertas de la concurrida estación Richkaya del metro moscovita. Hubo 10 muertos y más de 50 heridos. La mujer bomba del metro era hermana de Aminat Nagayeva.

El 1 de septiembre un comando de 17 chechenos, tomó por asalto una escuela primaria. Tomó como prisioneros a más de mil 200 personas, entre niños, maestros y padres de familia. Las demandas son, la liberación de los presos políticos chechenos y la salida inmediata de las tropas rusas en Chechenia (calculadas en 600 mil soldados, en una región donde no hay más de 500 mil chechenos).

El viernes 3, la toma de rehenes terminó en tragedia. Según la versión de las autoridades rusas, se había llegado a un acuerdo para retirar los cuerpos de cinco personas que habían muerto en un intento anterior de asalto de las fuerzas de seguridad rusas. Pero al realizar éste, hubo un intento de fuga de un grupo de rehenes y la balacera se generalizó. Los soldados rusos tomaron por asalto el edificio y los secuestradores detonaron parte de los explosivos que habían llevado consigo. El saldo: más de 200 muertos, la mayoría niños; y más de 600 heridos. Salvo tres miembros del comando chechenio, todos los demás fueron muertos. En el comando cecheno había, otra vez, mujeres.

Los separatistas chechenos no son organizaciones homogéneas. Los grupos moderados dijeron no tener nada que ver con los atentados aéreos y el del metro. Un nuevo grupo llamado Brigadas Al-Islambuli reivindico los ataques a través de una página en Internet.

Así, los separatistas checenos han sacado la guerra de Chechenia y la han llevado a Moscú y a otras repúblicas de la Federación Rusa. En este proceso llama la atención que en los más recientes atentados suicidas, las mujeres han jugado un papel de primera línea.

La historia de Kaira

La toma de los mil 200 rehenes de la escuela de en la ciudad de Beslán, república de Osetia del Norte, hizo recordar los sucesos del 23 de octubre del 2002: un grupo 41 de chechenios, entre ellos 19 mujeres, fuertemente armados y con bombas adheridas a sus cuerpos, tomaron 800 rehenes en el teatro Dubrovka, en el centro de Moscú. Se encerraron allí durante tres días. Exigían la salida de las tropas rusas de Chechenia. Los rebeldes llevaron listos un par de videos que fueron transmitidos por la televisión rusa e internacional.

En Nueva York Aset Chadayeva, una chechena residente en Estados Unidos se quedó atónita frente a la pantalla al reconocer en el comando a Kaira, su vecina y mejor amiga de la infancia y juventud. Aset llamó por teléfono a sus conocidos en el Cáucaso quienes también la habían reconocido.

Aset advirtió a la prensa que no daría el apellido de su amiga ya que los servicios de inteligencia rusos capturaron a los familiares y amigos de todo aquel sospechoso de participar en el comando en el teatro.

Aset narra la historia de su amiga:

"Kaira era la menor de cuatro hermanas: Indira, Nadira y Ayshat. Tenía también un hermanito, Magomet, al que todas adoraban. Las cuatro hermanas estudiaban en la universidad de Grozny cuando comenzó la segunda guerra Ruso-Chechena en 1999. Magomet estaba en secundaria. Sus padres tenían un modesto restaurante. Su casa, muy espaciosa, era una de las más elegantes de la calle y despertaba la admiración de los vecinos por su jardín, siempre atendido y lleno de flores.

"Todos los miembros de la familia eran devotos musulmanes, de la tradición sufi, la más liberal, pero la religión no era una cuestión fundamental ni un obstáculo. Todas las chicas se pusieron a estudiar y a trabajar y eran muy independientes. Formaban una familia muy moderna, muy progresista.

"En el año 2000, en pleno apogeo de la guerra, Kaira se enamoró. Todo el mundo le advirtió de que no se casara en tiempo de guerra, pero ella lo hizo. Algunas mujeres empuñaron las armas en aquel primer conflicto, entre 1994 y 1996. Hubo incluso francotiradoras. Pero fueron más la excepción que la regla. Por lo general, las chechenas se quedaban en casa o prestaban ayuda como enfermeras.

"El marido de Kaira se sintió empujado a sumarse al ejército rebelde y Kaira, apoyó su decisión. Su esposo se convirtió en oficial y murió en acción apenas seis meses después de la boda. Cuando el ejército ruso consiguió identificarlo, una patrulla irrumpió en casa de la familia de Kaira y se llevó como represalia a Magomet, su hermano de 16 años. La familia encontró el cadáver del muchacho mucho tiempo después. Lo habían torturado, ejecutado y mutilado. Kaira se sintió culpable de lo ocurrido. Pensaba que todo había sido culpa suya por haberse casado con un guerrillero. También había un primo dos años mayor que Kaira al que ella siempre había querido muchísimo, era como un hermano mayor, quien también cayo en combate.

En los meses siguientes, la casa y el jardín de la familia quedaron destruidos por los bombardeos de la artillería rusa. La familia de Kaira desapareció. No volví a saber nada de ellos hasta que encendí la tele. El comando no lo hace por dinero o un fundamentalismo islámico, sino para obligar a Moscú a retirar sus soldados de Chechenia."

En el teatro la mitad de los secuestradores eran mujeres, viudas, hijas y hermanas de guerrilleros chechenos. Luego de casi dos días, en las que supuestamente se empezaban las negociaciones con el presidente Putin, un comando especial ruso entró al teatro y lanzó un gas paralizante que dejó inconscientes a todos y resultó ser tan tóxico que 180 de los secuestrados murieron a causa de él. A todos los chechenos se les disparo en la cabeza mientras estaban inermes.

"Viudas negras"

Desde finales del año 2002 se intensificaron las acciones de las viudas suicidas. En diciembre de 2002, un camión bomba conducido por una de ellas, destruyó la sede de la administración pro rusa de Grozny, la capital chechena. Hubo 80 muertos. Pocos días después, dos mujeres se detonaron durante una ceremonia religiosa; querían matar al líder pro ruso Ajmed Kadyrov. Hubo 30 muertos.

El 5 de julio 2003 dos chechenas se inmolaron en las puertas de un masivo concierto de rock en un estadio moscovita, donde habría 20 mil asistentes. Hubo dos explosiones con 15 minutos de diferencia. Debían haber sido tres, pero al lugar llegó el mayor Grigori Trofimov y pudo desactivar la bomba que sería accionada por control remoto. Las mujeres además de explosivos, llevaban medio kilo de trilita pegado al cuerpo, para que al estallar se convirtiera en metralla. Hubo 18 muertos y más de 50 heridos.

Cinco días después del atentado en el concierto de rock, Zarina Muzhijoyeva fue a uno de los cafés más concurridos de la capital rusa. Allí trató tres veces de detonar bomba que llevaba en una enorme bolsa, pero algo falló y no lo logró. Un mesero que sospechó que algo andaba mal, llamó a la policía quien rápidamente capturó a Zarina. Nuevamente llegó el experto en explosivos Grigori Trofimov, pero al tocar la bolsa, ésta estalló y lo mató.

Zarina, de 20 años de edad, fue interrogada. Había participado en el atentado en el estadio y fue precisamente Grigori Trofimov quien había desactivado la bomba que ella colocó. Por las confesiones arrancadas a la joven, el Servicio Federal de Seguridad (FSB), la otrora KGB, localizó en las afueras de Moscú la aldea donde se daba entrenamiento a las futuras suicidas. También identificó a los encargados de reclutar a chechenas desesperadas en un batallón, bautizado por los rusos como "Viudas Negras".

Zarema actualmente enfrenta un juicio y en él declaró que se había unido a los extremistas después del asesinato de su familia, de su marido y de su única hija.

La creación de las Viudas Negras se atribuye al líder guerrillero checheno, Shamil Basáyev, catalogado por la prensa rusa como el "terrorista número uno" y organizador de la toma del teatro Dubrovka.

El centro humanitario ruso Memorial, uno de los pocos que velan por los derechos humanos en Chechenia, denunció que se han multiplicado los casos de detenciones arbitrarias y secuestros "preventivos" de mujeres y muchachas chechenas para supuestamente así frenar a las Kamikazes en potencia. De las detenidas no se ha vuelto a saber nada. Según Memorial son 15 desaparecidas de julio y agosto, aunque pueden ser más. El activista de derechos humanos Dimitri Gruchkin denunció que la mayoría de las desaparecidas son familiares de guerrilleros muertos en enfrentamientos.