GIROS NEGROS Y CORRUPCIÓN EN COMERCIO MUNICIPAL.

 

Eduardo Alvarado Isunza

 

No deja de ofender el cinismo con que actúan algunos grupos de nuestra comunidad, por más que uno esté acostumbrado a vivir entre la inmoralidad. Esto lo digo por una reciente campaña publicitaria, dirigida por determinados propietarios de centros nocturnos, discotecas y botanerías con permiso turístico para vender alcohol al copeo.

A últimas fechas los propietarios de esos negocios popularmente conocidos como “antros” han pagado inserciones periodísticas más con la intención de granjearse una buena imagen entre la opinión pública y contrarrestar las presiones que ésta ha comenzado a dirigir por los delitos y fraudes de diverso tipo, que llegan a cometerse en sus establecimientos.

Son ya numerosos padres de familia que afirman que en los “antros” suelen cometerse muy graves irregularidades, como son permitir el ingreso de menores de edad a esos lugares y vendérseles bebidas alcohólicas o cigarrillos, cuestiones que están estrictamente prohibidas por las leyes y reglamentos de la ciudad y a cuya observancia debería obligar el Departamento de Comercio del Ayuntamiento capitalino, dependencia a cargo de Rocío Zavala.

También conocemos versiones de cantineros y meseros que han trabajado en diversos negocios de este tipo que afirman cómo sus propietarios les obligan a mojar el hielo con éter, a fin de emborrachar principalmente a las clientas e impedirles que hagan fuertes consumos en determinados momentos del día, como son aquellos destinados a las denominadas “horas felices”.

Por su parte, a los consumidores igualmente les ofrecen bebidas adulteradas, con la intención de impedir que el empresario pierda. O sea, les dan metanol por cognac; total, cuando alguien está beodo ya la lengua es de vaca.

Otra vez escuchamos la historia de un padre de familia que nos comentó, con una mezcla de desconcierto, indignación y rabia cómo, cierta noche que acudió por una de sus hijas a un centro nocturno, pudo darse cuenta del riesgo que ella corría por acudir a centros de diversión en manos de empresarios y personal carente de toda ética y moral.

Nos platicó que dentro de esa discoteca tuvo un breve intercambio de miradas con su hija, solamente para comunicarse entre ellos que había llegado la hora de concluir la fiesta y retirarse a casa. Mientras la muchacha acudía a su mesa a despedirse de sus amigas y amigos, el padre descansó un momento en la barra y pidió una bebida.

Por su parte, el cantinero que había logrado percibir el intercambio de miradas, creyó falsamente que aquel señor estaba tratando de ligar con la muchacha y que ésta igualmente correspondía al flirteo. Como el cantinero pensó ser útil y ganarse una generosa suma de dinero por sus servicios, sugirió al cliente que él podría “tumbarle” a la muchacha con una bebida preparada.

Por supuesto, cuando el padre de ésta escuchó aquello tuvo una revelación que casi lo mata de un infarto, pues descubrió los riesgos que corría su hija en ese tipo de centros de diversión para jóvenes.

Otros hablan de que en algunos “antros” trabajan menores de edad, no solamente como meseros o cantineros, sino también como bailarinas. Entre éstas, incluso, existirían extranjeras que estarían encordadas por el tráfico internacional de mujeres.

Tampoco es extraño oír hablar de venta de drogas, principalmente cocaína y metanfetaminas, en los distintos “antros” de la ciudad, cualquiera que sea su denominación (discotecas, bares, centros nocturnos, téibol o chipendeil). Otras irregularidades en esos negocios son la inexistencia de medidas de seguridad convenientes, como salidas de emergencia, tomas de agua para bomberos, extintores e incluso personal adiestrado en salvaguarda humana.

Una irregularidad más tiene que ver con la observancia de lo establecido en los reglamentos en su parte correspondiente al horario de actividad. Son varios los “antros” que operan hasta mucho después de las 2 de la mañana, hora impuesta para el cierre de esos establecimientos. Poderosos empresarios del vicio que gozan de privilegios al margen de la ley presumen de cómo solamente bajan la cortina, pero adentro de sus cantinas sigue la fiesta, con todo e inspectores municipales incluidos.

Vemos que la autoridad municipal tiene ojos ciegos para mirar los diferentes delitos e irregularidades que cotidianamente llegan a cometerse en este tipo de negocios. Y seguramente tiene los ojos ciegos porque deben ser muy fuertes los intereses que impiden a los funcionarios involucrados mirar bien lo que sucede.

Como ya decíamos arriba, una de las funcionarias que debería someter al orden a cuantos participan de este multimillonario negocio de la venta indiscriminada de alcohol, drogas y carne humana, es Rocío Zavala. Sin embargo, la jefa del Departamento de Comercio del Ayuntamiento capitalino seguramente obtiene una buena tajada del negocio, porque todas aquellas irregularidades e ilícitos de los que hemos hablado vienen cometiéndose cotidianamente.