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J. JESUS
BLANCORNELAS
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Otra vez
Me escribió un Lector
de Ciudad Juárez. «... el motivo especial es preguntarle a Usted si sabe
algo acerca del video de la muerte de Luis Donaldo Colosio, presentado en
un canal de televisión abierta de Guadalajara, donde presuntamente se
visualiza a una persona de la misma comitiva o guardia de seguridad. Le
comento esto porque al parecer, éste sigue de cerca del candidato aun
cuando lo van a recostar en la camilla, después del primer disparo en
trágico evento en Lomas Taurinas, que disparó al mencionado Colosio cuando
lo llevaban camino a la ambulancia. Esto sucede en una pick-up donde lo
recuestan mientras llega la citada ambulancia. Sabe que yo me enteré de
este video, ya que en la misma ciudad vive un amigo y me hizo el
comentario acerca de que se me había enterado del mismo video. Sin llegar
a cuestiones políticas y mucho menos, hace tiempo un periodista-columnista
del mismo Diario de Juárez, escribió algo de este hecho, pero realmente no
recuerdo su nombre».
Este correo electrónico apenas lo recibí el martes ocho. Me recordó cómo luego de varios años, escribí sobre el asesinato de Luis Donaldo: Marzo era el mes de Colosio. No tanto por recordar su muerte. Desde cuando termina febrero, empiezan las ocurrencias, descubrimientos, «puntadas», suposiciones y hasta versiones sorprendentes. Recuerdo aquellas sobre el Subcomandante Marcos. Lo señalaban como instructor, maestro de Mario Aburto. Ligados porque ambos en su juventud, según eso, tuvieron mucha relación con religiosos. «Se reunieron en Chiapas». La suposición se derrumbó cuando comprobamos los reportes de asistencia laboral del joven disparador. Tenía mucho tiempo sin faltar. Hasta juraban: «El asesino de Colosio fue seminarista en Tijuana». Mis compañeros en ZETA consultaron los archivos de la casa de estudios eclesiásticos. Ni rastro. También escribí de otra versión. Una persona me afirmó que conoció a Mario «... desde que estaba así, de chiquitito». Cuando en realidad pasó toda su niñez y adolescencia en Michoacán. Ya era joven cuando llegó a Tijuana. El año pasado, un Lector me afirmó haberse enterado: Cuando mataron al candidato del PRI, desde temprano estaban desplazadas tropas militares mexicanas y norteamericanas en la frontera Tijuana-San Ysidro. Me aseguraron que los señores generales de ambos países ya sabían que matarían a Colosio, y se plantaron para evitar disturbios en la Línea Internacional. Naturalmente, eso nunca sucedió. También alguien me aseguró: «Fueron narcotraficantes y policías los asesinos». Y hasta los identificó, asociados a un grupo llamado «La Línea». Curiosamente, los denunciantes jamás aportaron nombre de mafiosos. Y eso de «La Línea» nunca resultó cierto. Supe que los mafiosos estaban enojados al echarles la culpa. Sobre todo los Arellano Félix. También se lo achacaron al entonces capo del Golfo, García Abrego. Pero no existía ninguna relación directa, ni se pudo probar de este mafioso con Aburto. Aparte, fue sorprendente la versión de que «eran dos Aburtos». Luego subieron la cantidad a tres y llegaron hasta cinco, referencia que se prestó a la chunga. «Sí hay cinco Aburtos: Aburto papá, Aburto mamá, Aburto hermanos y Mario Aburto». Sobre el nuevo correo electrónico recién recibido, es significativo. Se trata de un Lector de Ciudad Juárez. Indudablemente, bienintencionado. No se me figura malicia. Sabe de oídas porque un amigo le contó desde Guadalajara, que vio el video. Según eso, dispararon a Colosio cuando le llevaban en la camilla y lo subieron a un pick-up. Para empezar, al amable Lector no le consta. No vio. Luego, Colosio nunca fue colocado en camilla tras ser herido mortalmente. Entre varios, lo levantaron del suelo. Fue metido al asiento trasero de su camioneta van, no pick-up. La puerta lateral izquierda no alcanzaba a cerrar. Salían los pies del candidato. Aun así, siguió un pequeño tramo. Dificultosamente, el vehículo se movió en subida. El lugar donde le dispararon al candidato es hondonada. Inclusive en ese momento, hubo una discusión sobre si continuaba el camino. Luego llegó la ambulancia, antes de terminar el ascenso. Entonces Colosio fue cambiado al vehículo de los socorristas, no en camilla. Pero desde cuando lo hirieron, hubo muchas personas a su alrededor. Era imposible que alguien le disparara y huyera fácilmente. Además, si lo hubiera hecho, habría provocado estremecimientos, sustos y escándalo. Lógicamente, el tirador quedaría detenido. Desde cuando Colosio fue herido, sus protectores estuvieron más cerca que al momento del disparo. Y para terminar con esta versión, el cuerpo tendría más heridas de las que originalmente confirmó la autopsia. Las versiones sobre el crimen son variadas. En 1997, los
editores de ZETA publicamos un libro: «De Lomas Taurinas a Los Pinos: El
Tiempo Pasa», escrito por nuestro desaparecido amigo Francisco J. Ortiz
Franco, Héctor Javier González Delgado, Adela Navarro Bello y yo. Todo,
luego de tres años investigando, auxiliados por una docena de reporteros.
Editorial Océano se encargó de imprimirlo y distribuirlo. Le agregó una
fajilla a la portada: «Este libro está basado en hechos, no en
suposiciones». Con todo y eso, hubo quienes reprobaron nuestro trabajo y
se inclinaron por versiones contrarias a la del asesino solitario.
Decidimos no contradecir, debatir o alegar. Simplemente, ahí quedó en el
libro, producto de investigación periodística. El próximo miércoles 23, se significará por vez primera con la coincidencia del calendario. Es Semana Mayor. Muchos políticos estarán gozando de vacaciones. Pocos habrá en la ciudad de Tijuana. Hace un año y dos, publicamos fotos de cómo estaba sucio y abandonado el monumento a Colosio. Pero tal cual sucede al llegarse la fecha: Aparecerá limpiecito y regado. Los políticos llevarán una corona. Lanzarán discursos. Se olvidarán de Luis Donaldo hasta el año próximo. Así como suspendieron las procesiones cada día 23 de todos los meses. Iban desde Lomas Taurinas al edificio de la Procuraduría General de la República. Se plantaban en frente. Reclamaban la presencia de un funcionario. Le entregaban un papel membretado del PRI: «Exigimos la solución pronta al caso del Licenciado Luis Donaldo Colosio». Ahora ya ni eso, sólo versiones. Suposiciones. Controversias. Discusiones. El Licenciado Luis Raúl González Pérez, fue el Fiscal Especial para el asesinato del candidato. Retomo su referencia clave sobre la investigación: «En lo que fue una labor de desbroce, se limpió lo accesorio para ir a lo principal. Se volvió al pasado para liberar el presente de obstáculos y así poder encauzar las acciones en lo medular. La búsqueda de otros posibles partícipes en el asesinato. Durante la investigación, se tuvieron que vencer resistencias. Temores infundados y hastío de numerosos testigos. Hubo muchos que, en un afán protagónico, relataron historias o refirieron versiones sin sustento digno de crédito». |