El crimen organizado se consolida en SLP
Tal vez usted, lector, lo ignora, pero su hijo, primo o hermano puede ser adicto a la cocaína. El Contador, al frente del Poder Ejecutivo del Estado, llevado por la falta de programa de comunicación ajustado a las urgencias contemporáneas, ejerce la conducta del avestruz, esconder la cabeza y mostrar voluminoso trasero emplumado.
Si el consumo de drogas, como ya sucede en países desarrollados, fuera libre y su comercio abierto, habría medidas preventivas y correctivas para el tráfico y consumo de estupefacientes. No es así. Estados Unidos compite por dejar dentro de su territorio esa ancha franja de beneficio económico que es el narcotráfico y, para tormento social, va asociada a la delincuencia organizada.
Narcotráfico y delincuencia organizada ya se asentaron en San Luis Potosí, el gobernante/contador finge que no y promueve pasarelas de belleza de pacotilla, y el narco/menudeo gana adeptos jóvenes con capacidad de consumo. La capital potosina es tierra propicia y abonada para el florecimiento de ese más que iniciado negocio tolerado y simulado.
Si su hijo o primo, lector, consume cocaína en los antros clasemedieros tan en de moda a manera de guarderías nocturnas de la actual generación Y con capacidad de asistir a universidades locales –la pública comandada por una casta de corrupción e impunidad y las privadas con débiles propósitos y la más consolidada orientada a fabricar dirigentes empresariales como los que pululan en las filas del foxismo de ultraderecha y en el marcelato. Ello, por cierto, mientras no hay proyecto ni programa de estado, la inteligencia es excluida y el sitio de la supuesta excelencia académica humanística acolita –como asistente ritual ultra/conservador o monaguillo– los despropósitos escénicos del ejecutivo Estatal.
Como ya se ha difundido, entre junio y agosto pasado, el cártel más poderoso de México, asentado en la ciudad de Tijuana, recibió dos fuertes reveses que le debilitan. El tres de junio es aprehendido junto con su lugarteniente el capo Jorge Aureliano Félix, primo de los hermanos Francisco, Rafael y Benjamín Arellano Félix, líderes del cártel de Tijuana; responsable, según autoridades de nuestro país, de la introducción de más del 50% de los cargamentos de droga que ingresan a los Estados Unidos.
La gravedad de estos delitos es tal que hace un año, en septiembre del 2003, el Departamento de Estado de los Estados Unidos ofreció una recompensa de dos millones de dólares a quien proporcionara datos para capturar a Aureliano Félix y a Gilberto Higuera Guerrero, El Gilillo. Esté último, por cierto, también fue detenido el pasado 23 de agosto con otros seis narcotraficantes. Se trata, pues, de un golpe doble muy significativo al cártel de Tijuana en menos de 60 días y de sucesos importantes en la lucha contra el tráfico de drogas en la línea fronteriza con Estados Unidos.
Mientras eso sucedía, en el estado de San Luis Potosí, unas semanas antes se consolida el avance del crimen organizado –muy probablemente vinculado al narcotráfico– perpetra al menos tres secuestros (de los reconocidos de manera "oficial"). El gobernador, inducido por la ausencia de proyecto y estrategias de comunicación, manda a los diarios, radio y televisión consigna de silenciar los hechos.
El silencio es contrarrestado por un rumor casi general entre la población que sabe de los secuestros y especula. El festín de lo ridículo amplificado –Feria Nacional Potosina– sobre/protege, durante casi todo agosto, al régimen estatal panista de El Contador y su infra/gabinetito, identificado por su ineficacia.
El rostro oculto de esa situación, lo confirma un experto en asuntos de crimen organizado y narcopoder, el periodista de origen potosino, Jesús Blancornelas, director del semanario Zeta que se publica en la ciudad de Tijuana, vale reiterarlo, sede el poderoso cártel de Tijuana.
Blancornelas no sólo es el director de la publicación mexicana más tenaz en cuanto a indagatorias y denuncias de las actividades del narcotráfico en México, sino que es sobreviviente de un atentado y velador del recuerdo de tres ex compañeros de trabajo acribillados por el narcopoder - el más reciente Francisco Javier Ortiz, editor de Zeta, acribillado el pasado 22 de junio.
En una entrevista reciente de Javier Rodríguez a Blancornelas, asegura que desde antes de la llegada de Marcelo de los Santos al poder estatal, los narcotraficantes ya habían doblado la voluntad de los cuerpos de seguridad locales y trajeron la delincuencia organizada. Esto es, hace más de dos años, la policía potosina pactó con los cárteles de Golfo y de Juárez para que por territorio potosino transiten grandes cargamentos de droga y se eviten el antiguo rodeo por territorio sinaloense.
Empero, eso no es lo más grave, el pago por el derecho de tránsito es en especie. Esto es, con cocaína, cuyo consumo de induce o se refuerza con el consecuente aumento de adictos y conductas delictivas que ello conlleva.
El gobernador, sin brújula en rumbo de comunicación –entre otros malabares de su débil equipo– pide silenciar los hechos y disimular. Y a un telón sucede otro en el montaje del disimulo. Además de pasearse por sets fílmicos, donde la inmensa mayoría de agotados extras sobreexplotados no lo pelan, posa para los reflectores dentro del festín del glúteo y pechos operados, comprado a la empresa Nuestra Belleza México por al friolera de 25 millones de pesos.
En síntesis. Cortinas de humo para disimular el asentamiento del narcopoder y ganar espacio a ineficacia y desprestigio de frente a la ya próxima comparecencia para el primer Informe de Gobierno. A futuro costosas obras de relumbrón sin consenso ni la maduración requerida.
Mientras el procurador de Justicia, Rafael Macedo de la Concha, celebra los golpes al cártel de Tijuana, "queda la posibilidad de que las organizaciones criminales busquen recomponerse, ocupando espacios que dejan los cárteles desmantelados, lo que no vamos a permitir", como "tampoco permitiremos que continúen involucrándose servidores públicos en el crimen organizado o que los delincuentes capturados actúen desde la prisión", la falsa aristocracia guachichil mueveculito, liposucciones y postizos a ritmo decibel saturado.