ESTA NOCHE ES EL GRITO


Por Carlos Guerrero

Esta noche, porque hoy es la víspera del grito del 15 de septiembre, palacio de gobierno se viste de gala con los mejores ropajes, viandas, vinos, invitados exquisitos amigos todos ellos de su Excelencia Don Marcelo de los Santos.

Los meseros vestidos como caballeros circularán entre la nutrida y elegante concurrencia para ofrecer delicados bocadillos mientras la música acompañará las conversaciones de los comensales y altos funcionarios de la Corte.

Los perfumes caros, la buena ropa, los buenos vinos, ¡ah!, que buena vida, ¡qué a todo dar es ser funcionario público! Diosito como que está más cerca de los que más cerca están de su Excelencia.

La gente alegre conversará de todo, de sus amigos, de sus enemigos, de su partido el PAN, de que qué bueno que ya se entregaron los recursos no renovables de los potosinos a los extranjeros, como cuando Don Porfirio, de lo bien que marchan las relaciones Iglesia-Estado-Coparmex-Concamin-Canacintra-Concanaco-EE-UU. De los buenos negocios que están en marcha.

Después, a la hora del grito, ya entonado y creyéndose Miguel Hidalgo, Don Marcelo pegará el grito de ¡Viva México! por tres veces consecutivas ante un pueblo empobrecido y escéptico, huraño. Muchos pensarán: "¿Cómo llegaron de nuevo estos canijos al poder? ¿Cómo se apoderaron los monárquicos del gobierno? ¿Quien nos traicionó de nuevo?".

Las viejas y poco sonoras campanas de las iglesias resonarán para indicar el inicio de la revuelta que Hidalgo inició con un puñado de fascinerosos como él, patriotas como él, indomables como él.

Miguel Hidalgo no era contador público.

Ni trabajó en la Coca Cola.

Ni le sacaba jugo a la miseria con casas de préstamo.

Miguel Hidalgo se la jugó por la Nación.

Las campanas resonarán evocando aquel movimiento de hace 194 años.

Mientras tanto las luces del palacio de gobierno, los fuegos pirotécnicos, los vapores de los vinos ingleses y franceses, las mujeres hermosas y jóvenes y no tan hermosas y no tan jóvenes, los perfumes que marean el intelecto, impedirán ver a los funcionarios de seguridad de la Corte la oscuridad de las cabañas de la periferia en donde miles y miles de ojos brillan esperando su momento.

La ira se acumula rápido y resuena fuerte.

Carlos Guerrero

09 15 04, 02:06PM