VIVIR EN FOXILANDIA*


Por: Eduardo José Alvarado Isunza.

 

Una de las más chistosas imprecaciones que los léperos diputados gritaron al presidente Vicente Fox, cuando éste hablaba de lo que él mismo considera como resultados positivos de su gestión, durante la lectura de su Cuarto Informe de Gobierno, fue el de: “foxilandia, foxilandia, foxilandia”.

Por supuesto, no han faltado quienes han declamado su indignación por las frecuentes anatemas que los diputados lanzaron al jefe de la nación. Sin embargo, ha habido afortunadamente quienes guardan buena memoria de la actuación del propio Vicente Fox como diputado y lo recuerdan haciendo los mismos disparates de que hoy fue víctima.


            No es de la chacota de los diputados de la que deseamos hablar, porque ciertamente nos parece un asunto del que no debiéramos ocuparnos más de un minuto. Tomamos como referencia los estentóreos gritos que lanzaban al presidente de: “foxilandia, foxilandia, foxilandia”, para expresar nuestro acuerdo con esa expresión, porque efectivamente no hay muy buenos resultados de los cuatro años que han transcurrido del autodenominado “gobierno del cambio”, y para elaborar nosotros mismos una breve crítica de su gobierno.

En consecuencia, las imágenes de Fox y sus seguidores acerca de la situación nacional y del verdadero impacto que sus acciones han tenido en los niveles de bienestar de los mexicanos, representan una visión irreal de la nación. Esta administración panista no solamente ha incumplido con los compromisos menos complicados que con los electores adquirió a sí misma, como eran los de combatir frontalmente a la corrupción en las instituciones públicas y profundizar en la experiencia democrática.

Mucho menos ha cumplido con otros más complejos, como meter a la cárcel a cuantos habían hecho uso indebido de la riqueza nacional y hacer prevalecer el beneficio de las mayorías por sobre el de las minorías privilegiadas (aquello que el lenguaje artificiosamente populachero de Fox identificaba como tepocatas y víboras prietas).

En los cuatro años de gobierno panista no solamente ha existido una reiteración de las prácticas corrompidas en la administración de recursos públicos, pues nada más los últimos dos grandes escándalos han sido los de la Lotería Nacional y el de la Secretaría de Salud. Uno que involucra a su propia esposa Martha Sahagún y otro que toca al muy decentito Jorge Serrano Limón de Próvida. Igualmente han sido memorables los derroches de dinero en algunas oficinas de la Secretaría de Relaciones Exteriores, cuyo titular, Luis Ernesto Derbez Estrada, ha sido ya señalado de actuar al menos con nepotismo.

Como olvidar en ese renglón de los excesos administrativos con que ha procedido la administración panista, ciertos episodios que han envenenado los tiernos corazones de los ciudadanos que votaron por el cambio en el año 2000, porque han constituido verdaderas ofensas a la miseria del pueblo. Allí están, por ejemplo, desde la recepción monárquica que la familia presidencial obsequió a sus invitados en el Castillo de Chapultepec para tomar posesión del puesto, a la compra de toallas y sábanas a precios increíbles, pasando por los ostentosos gastos personales de la esposa del presidente, quien utiliza joyas y vestidos más caros que Beyonce y otras extravagantes artistas estadounidenses.

Muy posiblemente estas actitudes que han mostrado una familia presidencial frívola y desmedida, al convertirse en noticias de dominio público aceleraron el deterioro de la imagen de Vicente Fox y de su mismo partido político. Muy probablemente por ello tengamos una vuelta al poder del viejo Partido Revolucionario Institucional, como ya lo anuncian las elecciones regionales de los últimos meses.

Tampoco pudieron o supieron Fox y su agrupamiento confrontarse a las mafias del poder político que por años e ilícitamente venían beneficiándose de los puestos públicos. En buena medida los miles de votos que recibió a su favor fueron depositados como una exigencia de castigo en contra de quienes hundieron al país en la situación más terrible.

Los electores demandaban castigos judiciales en contra de los responsables de la crisis financiera que derivó en el rescate de los bancos, conocido como Fobaproa. Sin embargo, no solamente ha habido indulto al ex presidente Ernesto Zedillo por su participación en aquella medida, sino que hay persecución en contra de quienes demandan castigos ejemplares a los delincuentes de cuello blanco. Así parece haber sucedido con Alejandro Gertz Manero, quien en la víspera de su destitución hizo públicas sus opiniones sobre este asunto.

 

Menos han cumplido con su compromiso de profundizar la democracia. Ciertamente —palabra cuyo empleo goza Fox y sirve de cotorreo a los comediantes—, hay una relación distinta entre el poder presidencial y otros poderes, como el de los grandes medios de difusión o los de empresarios de fortunas impresionantes, como los de Metallica Resources, Cemex, Telmex, Modelo, Vitro, Gamesa, etcétera. Existe un cierto relajamiento o deterioro de la vieja institución presidencial. Antiguamente era imposible hacer escarnio del jefe de la nación en los programas televisivos y cualquier comediante o locutor podían esperar su cese inmediato de meter el pie con sus opiniones acerca del mandamás.


Eso no dice, sin embargo, que hoy haya más democracia que antes. Los mexicanos empobrecidos seguimos teniendo la misma imposibilidad que antes de participar en los asuntos importantes de nuestros pueblos y ciudades. Por otro lado, reducir las cuestiones de la democracia a la mera actividad política es un acto de entretenimiento. Una engañifa en pocas palabras, porque la verdadera democracia a la que aspiran todos los pobres es a la de acceder al bienestar y a la justicia social. Buenos servicios médicos, alimentación conveniente para todos, salarios suficientes para acceder a los satisfactores indispensables, y así una larga e interminable lista de cosas que escasean en la mayoría de los hogares.


¿Y qué decir de otras cuestiones no menos trascendentes, como el respeto al estado de derecho y el combate al crimen organizado? Las leyes siguen violándose y las bandas de forajidos de la peor estirpe han tenido un importante incremento. Por eso estamos de acuerdo en lo expresado por algunos diputados, con motivo del ejercicio presidencial de Vicente Fox y su agrupamiento.


Y también con lo dicho por algunos escritores:

Lo que  espero de estos últimos dos años del sexenio es que éste  termine” (Carlos Monsiváis). O bien: “Fox ha demostrado que la fantasía de un político como él es más irreal y  abrumadoramente ficticia que el realismo literario mexicano” (Carlos Montemayor). ¡Qué triste que todavía nos falten dos años para concluir la pesadilla de vivir en foxilandia!

*Reproducido con permiso del autor

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