EL FRACASO DE LA POLÍTICA DEPORTIVA MEXICANA


Por: Eduardo José Alvarado Isunza.

Ante la desastrosa participación de nuestra delegación en los Juegos Olímpicos de Atenas, en cualquier punto de encuentro caen las preguntas: ¿por qué no tenemos triunfos deportivos?, ¿somos una raza genéticamente inferior?, ¿arrastramos complejos históricos que nos engarrotan los músculos en el momento decisivo?, ¿es porque comemos puros frijoles y escasea la carne en las mesas?, ¿carecemos de disciplina para enfrentar los grandes compromisos?, ¿existe una conjura internacional para aplastar a la raza de bronce?

Tenemos nuestras propias conclusiones del estrepitoso fracaso de nuestros atletas en la cuna de la civilización occidental, mismo que ha terminado por echar nuevas y masivas manifestaciones de repudio contra el presidente panista Vicente Fox y sus promesas del cambio. Recordemos que en sus afanes publicitarios y tratando de ganar simpatías entre los ingenuos ciudadanos que soñaban con la transformación política y económica del país, entre sus muchas promesas Fox asumió el compromiso de crear condiciones para llevar atletas triunfadores a los juegos olímpicos.

También hay que decir que por ciertas circunstancias sociológicas, que sería imposible abordar suficientemente en este artículo, las victorias deportivas suelen convertirse en victorias políticas de los gobernantes. Por ello, en algunas naciones, como Estados Unidos de América, China, la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, entre otras, el desarrollo de superatletas y la obtención de medallas olímpicas pasaron a ubicarse como una de las prioridades estatales. Es decir, la cuestión deportiva vino a ser cosa de Estado.

Presentar en ese gran escenario mundial que son los Juegos Olímpicos a jóvenes bellos, de musculatura impresionante, dotados de cualidades sobrenaturales para destruir marcas y récords, dispuestos a tolerar enormes cuotas de dolor y sacrificios, y cosechar el mayor número de medallas para el país, demostraría las cualidades y ventajas de sus propios sistemas sociales y consecuentemente de sus gobiernos.

Las Olimpíadas dejaron de ser eso que hoy nos vende la mercadotecnia como unos tiernos juegos de la juventud, si es que efectivamente lo fueron alguna vez, para hacerse recurso estratégico del poder en la construcción de consensos y opiniones favorables. Además, por supuesto, de negocio de empresarios que llegan a explotar mano de obra infantil esclava en países pobres, como ha sido señalada la firma deportiva "Nike".

La enervación del espíritu nacionalista con las hazañas deportivas fue considerada elemento indispensable para sofocar los profundos y viejos deseos de justicia de masas humanas desposeídas. El deporte llegó asimismo a emplearse como estrategia narcotizadora, no sólo porque un cuerpo macerado por las horas de esfuerzo distrae al cerebro, sino porque esas mismas masas voltearon a verlo como posible ruta hacia su mejoría económica y su ascenso social.

Por eso, las sucesivas y dolorosas derrotas que sufrieron los atletas mexicanos en los Juegos de Atenas han sido, al mismo tiempo, una derrota política para el gobierno de Vicente Fox y su compromiso con el cambio al que aspiraban millones de votantes. Imaginemos que cada día del calendario olímpico hubiese triunfado un deportista mexicano: toda la gran masa del pueblo estaría loca de contenta, volcada a las calles, y el presidente Fox pregonando el éxito de su política deportiva y, por consiguiente, de su política de Estado en general. No es difícil creer incluso que de haber sucedido eso, al mismo tiempo habría un vuelco en la opinión pública que hoy es desfavorable al panismo gobernante y pensar en una posible ratificación del mandato en las elecciones del 2006.

Cuando hemos conversado con familiares y amigos acerca de este que es el tema del momento, lo primero que les advertimos es sobre la inexistencia de una auténtica política deportiva de quienes dirigen el Estado mexicano. Obviamente nos referimos a los panistas que dirigen el país y también a los panistas que dirigen la región de San Luis Potosí. Dirán que los primeros tienen la mayor responsabilidad, porque llevan cuatro años ejerciendo el mando; en cambio los segundos apenas están por cumplir doce meses en el gobierno.

Sin embargo, hay condiciones que permiten emitir un juicio reprobatorio a la política deportiva que ha diseñado el gobernante de la entidad. Hablemos con ejemplos para que no digan luego que la nuestra es una opinión malévola. Uno de ellos tiene que ver con la diferencia entre ser promotor deportivo y empresario deportivo. De los Santos Fraga puede creer que son la misma cosa, pero no es así. Esto lo decimos porque en los primeros meses de su gestión gastó 8 millones de pesos, aproximadamente, para la rehabilitación del Estadio de Béisbol 20 de Noviembre.

Con esa enorme cantidad de dinero hubiese sido posible fortalecer a las instituciones promotoras del deporte en la región y crear condiciones para que los jóvenes a quienes gustan estas disciplinas pudiesen disponer de buenas instalaciones, entrenadores, expertos, médicos, aparatos, y becas económicas y alimentarias. Claro que para hacer uso racional de esos 8 millones de pesos primero debía diseñar un programa de trabajo.

En cambio, De los Santos creyó que la promoción del deporte es igual a gastar dinero en el sostenimiento de un equipo de béisbol profesional; y, de paso, en esa desacertada medida redujo espacios a la práctica del deporte amateur o llanero (como también le dicen), pues ordenó desde su escritorio que varios campos de tierra para futbol de la Unidad Deportiva Adolfo López Mateos fuesen convertidos en área de estacionamiento para el Estadio 20 de Noviembre. Quiere decir lo anterior que su régimen no sólo confunde la promoción del deporte con ser empresario del deporte, sino que reduce los espacios destinados a la práctica del deporte infantil y juvenil, en vez de incrementarlos.

Otro dato evidente lo encontramos en la deplorable situación en que están los centros deportivos populares, como son las instalaciones del antiguo Instituto de la Juventud y el Deporte (Injuve o Crea), ubicadas en las inmediaciones del Distribuidor Vial Juárez. Allí podemos testimoniar la inexistencia de la política deportiva de quienes gobiernan o su desinterés por atender las necesidades deportivas de miles de niños y de jóvenes de condición humilde. La alberca es un depósito de agua sucia que allí ha ido acumulándose por la lluvia, el gimnasio consiste en una pequeña acumulación de fierros viejos, el campo de futbol parece potrero, tampoco es visible la existencia de trabajo organizativo o de promoción.

En cambio, el Instituto Potosino del Deporte aparece frecuentemente en los periódicos o en los comentarios de café como una entidad hundida en la corrupción y la inescrupulosidad administrativa. Recuerdo que hace dos meses, aproximadamente, un equipo infantil de béisbol realizó una inédita manifestación de protesta frente a Palacio de Gobierno. Vestidos con sus uniformes y lanzando pichadas a las puertas del inmueble, los niños convocaban ayuda del gobernante porque carecían de recursos para acudir a una competencia nacional, pues eran los ganadores del selectivo. Los directivos del Inpode habían sido sordos a sus necesidades, a pesar de que aquellos gozan de sueldos escandalosos y sus gastos administrativos son exagerados.

Estas son algunas consideraciones, muy breves por cierto, que permiten ir perfilando un análisis de las causas del fracaso olímpico mexicano en Atenas y de los demás juegos por venir.

San Luis Potosí, S.L.P., a 26 de Agosto del 2004

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