LA SECRETARÍA DE LA CULTURA EN SAN LUIS POTOSÍ ADEMÁS DE INÚTIL ES ILEGAL

Por Carlos Guerrero

 

Tengo una sensación extraña cuando en ocasiones voy a la nueva Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí a solicitar algún servicio. Siento que estoy acudiendo a ver a personas que no tienen nada que ver con la cultura porque no son hacedores de ella, tratan de ser los administradores del trabajo y del talento de los demás, no del propio. Y me dan un poco de pena porque pienso que es gente que no sabe hacer casi nada y por eso buscan adherirse al presupuesto gubernamental, aparentando que son funcionarios públicos, pero siento que no lo son, que son usurpadores. Ojalá me equivoque porque no estoy hablando sino de sensaciones.

Pero lo malo es que los hechos no son diferentes. Por un lado la secretaría de cultura carece de una ley que la sustente legalmente por lo que también carece de reglamento interno que norme su funcionamiento por lo que entonces no es legal su existencia, sino arbitraria e ilegal.

Había prisa por transformar el Instituto de Cultura en una inútil Secretaría porque la pobreza en las actividades actuales es aún mayor que cuando era Instituto. Prácticamente no hay actividad cultural, se aduce que no hay presupuesto (y nunca lo habrá) y se reparten un poco de monedas maiceando a los artistas locales.

Los sueldos de los funcionarios culturales como todos los funcionarios del gobierno de Marcelo de los Santos son estratosféricos, el Secretario de Cultura el ingeniero (?) Roberto Vázquez puede ganar hasta setenta mil pesos mensuales de acuerdo al tabulador, más cantidades fuertes extras para otros gastos como viajes en avión a Europa, comidas, etcétera. Así se dan dos realidades diferentes: la de los funcionarios culturales que comen y beben bien, y la de los creadores preocupados por obtener algún miserable taller o alguna miserable beca que les permita sobrevivir, quejarse y soñar un poco más.

Los artistas se rascan con sus uñas, pero no logran quitarse el salpullido que causa la mala administración cultural. Así los escritores no tienen posibilidad de publicar y si lo hacen los humillan con el diez por ciento de la edición, que significan 50 o cien ejemplares para el autor con los que obviamente no mantendrá a su familia ni pagará la renta de su casa, además no hay promoción de ningún tipo, ni nada; los pintores y los músicos por el estilo, no hay trabajo sino para unos cuantos privilegiados.

Por otra parte la totalidad de la población se encuentra ajena a la cultura, incluso el sector educativo que es en donde los maestros deberían demostrar un nivel en literatura, en pintura, en música, idolatran a Juan Gabriel, leen pasquines o la nota roja y les gusta la pintura decorativa con floreritos y paisajes. Sus inclinaciones estéticas las transmiten a sus alumnos ofreciendo un resultado terrible para los creadores verdaderos que se ven desplazados del mercado que los propios profesores (y medios electrónicos de diversión) han creado.

Por eso uno al final se pregunta: ¿Para qué tantos locales como la penitenciaría, el cine Alameda, el Teatro Alarcón, las casas de barrio, la Casa de la Cultura, el Museo Mariano Jiménez, las bibliotecas, si todos son inmuebles vacíos en donde reina el silencio, la inactividad y la inutilidad?.

Los creadores y los trabajadores de la cultura tendrán que demostrar capacidad organizativa y contestataria para que cambien las condiciones de la burocracia cultural en San Luis Potosí y compartir la responsabilidad de la dirección de la cultura en el Estado, ahora más que nunca por los suelos. Y el congreso tiene el compromiso de convocar a a la sociedad y a los artistas para la creación de una verdadera ley de cultura, y no los bodrios que acostumbran hacer personas por completo ajenas al quehacer cultural.