¿POR QUE SUPRIMIR IMPORTACIONES?
Se habla con insistencia que nuestro país debe incrementar sus exportaciones
urgentemente para salir de la crisis económica en que se encuentra desde hace muchos
lustros, pues se cree que al aumentar el volumen de las exportaciones ingresará mayor
riqueza pecuniaria al acervo nacional por medio de las divisas; y abandonar la ingenua
política de sustituir importaciones que a la larga no trae beneficio para el país.
Nos formularemos dos preguntas de Perogrullo:
a) ¿Qué son las exportaciones?:
Puede decirse que son todos aquellos productos o bienes y servicios que se
producen en Honduras y se venden a los demás países del mundo. Del fruto de estas
ventas la nación recibe dólares, libras esterlinas, francos, marcos, yenes, etc., a las cuales
se les llama divisas.
Ese dinero nuevo que ingresa a Honduras en sus cuentas internacionales, aumenta
las reservas monetarias del país y se mantienen fuera de Honduras en bancos
corresponsales como una garantía monetaria internacional que cubre los cargos de los
gastos, compras y servicios de nuestras importaciones.
b) ¿Qué son las importaciones?:
Se dirá que son todos los bienes y servicios que Honduras compra en dólares u otra
divisa en el extranjero, para satisfacer las necesidades de consumo, producción, inversión
y crecimiento socioeconómico. Las importaciones provocan una disminución en las
reservas monetarias de Honduras, en moneda fuerte internacional.
Actualmente Honduras exporta u ofrece al mercado internacional: Productos
semielaborados, materias primas y minerales mayormente sin procesar, materias primas
brutas, y algunos pocos productos para el consumo directo en dicho mercado, tales como:
Bananos, café, madera, minerales (plomo, cinc, plata, oro, manganeso, ópalo, etc.),
derivados del petróleo, carne de res refrigerada, mariscos (camarón y langosta), azúcar,
tabaco, algodón, jabón, resinas forestales, cemento, frutas frescas y en conserva,
mantecas, plantas ornamentales, vinagre, salsina.
Esta oferta es pequeña y muy limitada, con el agravante que los precios de los
principales productos hondureños exportables tienen una demanda inelástica cuando los
compradores internacionales tienen poco producto tercermundista y elástica cuando el
mercado está saturado en los carteles del mercado internacional (Azúcar, café, cacao,
carne y minerales), el precio de estos productos tiende a bajar año tras año produciendo el
fenómeno obvio que aunque se aumente la exportación cuantitativa de estos productos
tradicionales las divisas obtenidas por esas ventas son cada vez menores.
Esto desestimula la producción que hace disminuir las exportaciones a largo plazo,
produce una paralización en la economía nacional, aumenta el desempleo y la presión
social.
Por otra parte, Honduras es una voraz consumidora de productos importados para
cubrir las necesidades alimenticias de los hondureños y para mantener suplida la
producción agropecuaria e industrial con los bienes y servicios que esas industrias
necesitan.
Los hondureños asimismo somos unos consumidores empedernidos de productos
importados, pero nunca nos ponemos a analizar que hay muchos productos y cosas que
podemos hacer y que no necesitamos importar; pero como la manufactura de objetos y
bienes nos parece cosa de otro mundo, o de magia, preferimos convertirnos en literatos,
críticos, abogados, sociólogos, políticos, militares o burócratas...
Honduras importa: Productos alimenticios, bebidas, tabaco, materiales crudos no
comestibles, combustibles, lubricantes, aceites y mantecas de origen vegetal y animal,
productos químicos, artículos manufacturados clasificados y diversos, maquinaria y
material de trasporte, vehículos, repuestos, artículos suntuarios y semisuntuarios para el
consumo.
Tras un breve análisis se llega a la conclusión de que la solución no está en
aumentar ciegamente las exportaciones de los productos tradicionales hondureños pues
esto produciría pérdida en vez de utilidad, ya que el control del mercado para muchos de
nuestros productos no está en las manos de los hondureños, por lo que insistir es absurdo.
¿Qué hacer para cambiar la situación? Si se observa que aumentar las exportaciones
tradicionales hondureñas no ofrece la solución ideal, entonces, se debe concentrar la
atención en las importaciones.
Se captará de inmediato que muchos de los productos que se importan se derivan de
materias primas que se producen en nuestro país, o que se pueden producir o procesarse
con un poco de entusiasmo, capital y tecnología.
La solución, entonces, está en sustituir la importación de los productos que se
puedan producir, elaborar y consumir en el país; y como segundo paso lógico, después de
suplir la demanda interna —ahorrando divisas— exportar los productos nuevos al
mercado internacional para su consumo directo(3).
3 Muchos entendidos en la materia arrugan el rostro cuando se
replantea el tema de la sustitución de importaciones. Si se piensa en sustituir
productos altamente elaborados que requieran mucha tecnología y capital es
sin duda un fruncimiento facial muy bien hecho.
Pero si somos más modestos y vemos positivamente, qué productos de
los que consumimos constantemente se pueden cultivar, procesar y
trasformar aquí, ¿por qué no hacerlo? Se estaría haciendo un modesto ahorro
en las importaciones de productos sustituibles que ascienden al 93% de la
importación nacional. Ese paso inicial tendría si se apoya a los soportes
esenciales de la micro y mediana empresas un efecto multiplicador y
acelerador en la producción nacional.
Honduras ampliaría su oferta de productos para el consumo y la producción,
ensanchando y diversificando las fuentes de trabajo. La balanza comercial hondureña iría
nivelándose poco a poco hasta lograr al cabo de un tiempo un superávit en el intercambio
comercial o al menos mantener una balanza con un modesto déficit.
Sólo la meta de nivelar la balanza comercial reportaría al país un ahorro de cientos
de millones de lempiras anuales. Las reservas internacionales aumentarían de una manera
real y completa, dando al lempira un valor interno fuerte.
Existe un hecho curioso, casi todos los países informan de tener déficit en sus
balanzas comerciales. ¿Quién se beneficia de estos déficits además de Japón y Alemania?
Las reservas monetarias hondureñas no estarían supeditadas a los préstamos del
FMI ni a las dádivas de los Estados Unidos y demás países amigos que desde hace lustros
están ayudando a Honduras a mantener una posición ilusoria y débil.
Se debe castigar al comercio importador para obligarlo a buscar sucedáneos en la
producción nacional(4). El comercio en un país económicamente estancado como el
hondureño, es una maldición; pero en un país donde la producción aumenta, las
exportaciones son crecientes y mayores que las importaciones, donde las reservas
monetarias y a la alza, entonces, el comercio es una bendición, una necesidad que
fortalece la economía y la riqueza nacional.
4.- Este planteamiento está en franca oposición con las sagradas medidas
del neoliberalismo que propugna el libre comercio sin trabas ni aranceles y
compara el mercado de Honduras con el estadunidense, el japonés o el
europeo de igual a igual.
Al parecer los amantes del neoliberalismo en el gobierno callejista no
quieren ver que esos grandes países económicos subsidian clara o
disimuladamente algunos rubros de su producción. Y Honduras de buena fe o
a lo nesciente abre sus puertas y levanta sus restricciones para destruir la
economía nacional ella misma.
Pareciera que el propósito de los países ricos es que el tercer mundo se
preste para aceptar con los ojos cerrados el mundo de la maquila y
convertirlos en países consumidores y suplidores de fuerza laboral.
No se puede negar el efecto beneficioso inmediato de la maquila, sólo
basta recorrer los parques industriales de Puerto Cortés, Choloma o
Villanueva para entender que miles de hombres y mujeres están recibiendo un
salario para resolver si no todas, parte de sus necesidades familiares y de
consumo; pero a la larga, es muy peligroso para un país tercermundista
depender grandemente de la maquila porque podría ser un arma en contra de
los intereses nacionales cuando los maquiladores pudieran explotar
cruelmente la fuerza laboral y al gobierno débil nacional.
Sin embargo, esta posición no es del agrado de los corifeos del neoliberalismo
que pretenden que los países tercermundistas y las demás economías débiles del planeta
se sometan al régimen de la libre empresa que en las condiciones actuales de las
economías tercermundistas sólo beneficiará a los grandes de los megamercados que
buscan convertirlas en un mercado consumidor y una fuente barata de mano de obra.
La idea de sustituir importaciones es tabú porque a pesar de los grandes escollos
que enfrentaría una economía con esta tendencia a la larga la liberaría del sometimiento
de la zanahoria y el garrote del neoliberalismo.