MAREL MEDINA BARDALES

CAPITULOVI

MEJORAR LA URBANIZACION RURAL Y ACELERAR LAS COMUNICACIONES TERRESTRES Y LAS TELECOMUNICACIONES EN TODO EL PAIS

Los países tercermundistas, Honduras entre ellos, han estado experimentando desde hace varias décadas una fuerte migración interna poblacional del campo hacia la ciudad.

Las causas más evidentes son muy conocidas:

a) Existen esperanzas de mejores perspectivas de vida en la ciudad.

b) Más facilidades para adquirir una educación, tanto para los padres como para los hijos.

c) Más oportunidades de trabajo y mejores ingresos económicos.

ch) Las masas rurales son atraídas por el espejismo inducido a través del cine, la radio, la televisión, las revistas consumistas, que aguijonean al hombre o mujer incautos a buscar rápidamente una vida muelle, ostentosa y regalada, elegante y cómoda; en fin, un espejismo que sólo muestra triunfos y riquezas y la meta de una vida dorada que nunca llega.

EL PANORAMA DEL SER HUMANO RURAL EN HONDURAS

La población rural hondureña es mayor que la urbana, el 63%, o sea 3,15 millones de personas que viven en el campo, las aldeas, los caseríos, pueblos y comunidades interioranas de todo el país.

Esta población apenas puede asistir a la escuela rural, recibir alguna asistencia médica, trabajar como peón en las faenas del campo, o en las labores agrícolas familiares(1).

1.- En el estrato rural campesino se pueden detectar varios niveles de estatus social desde el punto de vista económico. En primer lugar está el ganadero próspero que todavía no ha dejado su estatus de campesino y vive sin las comodidades que sus ingresos económicos le permitirían; tiene poca educación y sus hijos—algunos— logran estudiar en la ciudad populosa más próxima.

En segundo lugar se encuentra el campesino que vive de su parcela o de su participación en la cooperativa agropecuaria y recibe ingresos estacionales según los tiempos de cosecha o venta de ganado. Este campesino tiene como habitación una casa de adobe, o de bahareque, con techo de cinc, teja o manaca. Los hijos —generalmente numerosos— apenas logran estudiar los tres primeros grados de primaria en la escuela rural que tradicionalmente imparte clases con mucha deficiencia y mala calidad.

En tercer lugar, está el campesino asalariado, que ofrece su fuerza de trabajo al ganadero, al granjero, la cooperativa o al gran terrateniente individual o empresa agrícola nacional o trasnacional.

En cuarto lugar, se encuentra al paria campesino que no tiene tierra, ni trabajo, ni pertenece a ninguna agrupación campesina y vive en una chocita hecha de rajas de madera, techo de manaca, a la vía de los caminos o áreas rurales marginadas, generalmente obtiene su alimentación de la caza, la pesca o pequeños hurtos de cosechas, ganado menor o trabajos ocasionales.

Muy pocos de ellos pueden asistir al colegio; muchísimos no alcanzan los siete años de edad pues mueren de enfermedades infectocontagiosas muy comunes en el área rural. Casi nunca aprenden un oficio, sólo cuentan con su fuerza física como oferta de trabajo.

En el campo no hay fuentes de trabajo que absorban todo el flujo de población que a pesar de las enfermedades y los obstáculos de la subsistencia no ceja de crecer aumentando asimismo el desempleo y el subempleo y el trabajo infantil miserablemente remunerado(2).

2.- Los niños y niñas viven sujetos a los trabajos del hogar desde temprana edad, de cuatro a seis años: Halan agua, lavan nixtamal, acarrean almuerzos, recogen leña, ayudan con trabajo de machete en las labores de milpeo, dan de comer a las gallinas, a los cerdos; en otras circustancias son prestados, a familiares o personas supuestamente acaudaladas para que los críen hasta que llegan a la pubertad.

También, desde hace casi una década la migración rural del campesino no sólo se limita a viajar hasta la ciudad más grande y próxima, sino que se arriesga a viajar hasta Estados Unidos.

Los pocos que logran llegar mandan dinero despertando las esperanzas de los que están en este infierno socioeconómico, los emigrados narran las cosas y sistemas que en ese país encuentran; hablan de lo que ganan por hora; el salario mínimo en Estados Unidos oscila entre 4,50 a 5,00 dólares (de Lps.23,oo a Lps.29,oo) por hora y a veces hasta menos, pero al comparar una hora de trabajo en Estados Unidos con el salario mínimo diario nacional representa más de tres veces el ingreso diario de lo que ganaban en Honduras, cuando conseguían trabajos ocasionales.

Sin embargo, todo es relativo, los costos de la vida en Estados Unidos también son tres o cuatro veces más altos que en Honduras; (No obstante los latinoamericanos en general desconocen que un fontanero, un carpintero o un electricista estadunidenses ganan entre 28 y 35 dólares la hora es decir entre ¡150,oo a 200 lempiras la hora!!).

Los que no logran llegar hasta Estados Unidos, algunos encuentran la muerte, la cárcel y los atropellos que reciben de posta en posta a medida que son regresados por cordillera desde el norte de Méjico hasta Honduras; además la gran mayoría es estafada por las pandillas de «coyotes» que les roban sus ahorros o dineros prestados que obtienen pensando en la quimera de regresar ricos desde el país norteño.

Cuando de mujeres se trata esta ordalía de viajar «mojadas» representa mayor peligro, humillación y violaciones sexuales frecuentes./h3>

Las mujeres tienen muy pocas esperanzas para realizarse como seres humanos; y a muy temprana edad —porque no hay de otra— se dedican con gran entusiasmo núbil a la función natural de la mujer: La procreación.

Muchos hombres rurales se dedican a seducir las jóvenes rurales, las que pronto son abandonadas con dos o tres hijos igualmente abandonados; estas mujeres tendrán que dedicarse a labores más degradantes a medida que pasan cada vez más deterioradas de galán a galán quienes dejan a su vez su progenie en poder de ellas, hasta que éstas terminan prostituyéndose por cualquier bagatela para comprar alimentos a sus hijos.

Al cabo de pocos años, la mujer rural desvalida a la edad de 30 años semeja ser una anciana desdentada, enflaquecida, macilenta, débil y sin esperanzas de ninguna clase en su futuro.

Su expresión facial sin risa ni optimismo es triste, arrugada y sus ojos apagados reflejan dolor, hambre y desesperanza.

La población del área rural está más desnutrida que la del área urbana, pero la diferencia en términos generales no es muy grande(3). La salud rural es más débil por la carencia de centros de salud apropiados.

3.- La dieta común de un campesino medio consiste de: Tortilla, frijoles, arroz, espagueti, huevo, café, manteca, salsina, especias y sal. Al carecer de tortilla especialmente en el norte, recurre al guineo, la yuca, el plátano, el ñame y otros.

La carne especialmente de gallina la prueba en momentos especiales; o cuando sale de cacería o montear buscando taltuzas, armadillos, iguanas, loras, jagüillas, cuche de monte o pesca bagres, sardinas etc.

Sin embargo la dieta del campesino marginado se basa en frijoles, arroz y bastimento. Antes de la devaluación las compras semanales para una familia de seis personas era de 10,oo lempiras, ahora es de unos 30,oo lempiras para conseguir lo básico.

La dieta de la ciudad en las zonas marginales es enriquecida por el refresco endulzado, el churro, la cemita o un pan de agua; frijoles, arroz, espagueti, pollo de granja ocasionalmente y la supresión de un tiempo de comida es cotidiano, tanto en el área urbana como rural. Eso ha sido lo único concreto del cambio callejista y su neoliberalismo.

La higiene del habitante rural es deficiente, apenas tiene ropa y vive en una vivienda inhóspita que alberga seres humanos, perros, gatos, cerdos, gallinas; piojos, chinches, niguas, garrapatas y otras alimañas tales como: Ratones, murciélagos, arañas, lagartijas, alacranes, sapos, culebrillas, ciempiés, sanguijuelas, etc., que se allegan a la vivienda para vivir de los desperdicios.

Internamente sus organismos trasportan un zoológico de microorganismos, parásitos y enfermedades que asombrarían al más indiferente al tratar de comprender como resisten sus cuerpos minados y socavados los obstáculos y la intemperie de la vida rural.

La tasa de nacimientos del sector rural es mucho más alta que la del sector urbano [posiblemente porque en el sector urbano se practique más el aborto], lo que mantiene una población rural mayor a pesar del éxodo continuo hacia la ciudad.

En la zona rural, los valores morales son observados y conservados un poco más; los lazos familiares y locales son más fuertes que en la ciudad, aunque las aberraciones sociales como: el alcoholismo, la paternidad irresponsable y el analfabetismo son más patentes.

Las condiciones actuales de la vida rural no poseen un aliciente para sus pobladores que les dé esperanzas, trabajo y bienestar para desarrollar sus vidas plenamente. Más bien, el panorama es frustrante y deprimente.

El mensaje social que llega por medio del radio transistor es deformante pues lo estimula hacia un consumismo destructivo que le impide satisfacer las necesidades personales y familiares en forma prioritaria.

La influencia musical de origen mejicano siembra en sus mentes y actitudes, el machismo exacerbado convirtiendo al varón en un ser dominante que ignora conscientemente los derechos humanos y sociales de la mujer.

Es muy común en nuestro medio rural encontrar al marido montado a caballo, cargando a los hijos pequeños en brazos y a la mujer caminando cansadamente tras el jinete, llueva, truene, relampaguee o haga un sol calcinante(4).

4 La mujer rural mientras es joven, lozana y túrgida es apetecida desde muy temprana edad por el hombre rural. Quien, una vez poseída y llevada al escuálido hogar, comienza una vida de privaciones y responsabilidades si tiene la suerte de encontrarse un marido responsable pare comúnmente una vez al año pero con tan mala suerte que muy pocos de sus hijos llegan a los tres años.

Es reciente la influencia de la música afrocaribeña que por otro lado trata de festejar la vida alegre, parrandera y llevadera, donde el trabajo es menospreciado y el andar enamorado es la regla de la vida, sin pensar cómo se viva, se coma o se muera.

La mayoría de la gente rural de lo poco que obtiene de su trabajo personal, o de alquilar su fuerza de trabajo, lo invierte en: Alcohol, parranda, comida, ropa y medicinas. En ese orden. Y así mantiene su tren de vida hasta que llega al final de ésta. Dejando a su prole sin esperanza ni futuro asegurado.

Sus hijos inician, a su vez —desentusiasmadamente— su propio ciclo de desarrollo y así sucesivamente. ¿Hasta cuándo?

Lo único positivo — si se quiere considerar así— es que al no marcharse a la ciudad la gente rural se libra del hacinamiento que infesta las villas miseria citadinas que degradan la dignidad del ser humano, que corrompen las conciencias y alimentan la violencia, la frustración, el odio y la desunión familia.

Pero el ser humano rural, al quedarse en el campo, en las condiciones actuales, debe resignarse a una vida sin futuro, a una vida vegetativa, poco remunerada, abúlica y exasperante. Su mente se anquilosa, tiende a no pensar en abstracciones improductivas para sus necesidades inmediatas. Su tema cotidiano es la abundancia o carestía de las lluvias, de cosechas y los precios de venta de sus productos. Lo demás huelga.

¿QUE ENCUENTRA EL HOMBRE DEL CAMPO EN LA CIUDAD?

En la búsqueda de una vida mejor para él y su familia, el ser humano del campo se encuentra con problemas socioculturales y económicos diferentes y profundos. Esa masa migratoria nacional intestina se encuentra con los famosos cinturones de miseria radicados en los suburbios aledaños de la ciudad.

Los suburbios son barracas, chozas, pocilgas, cuchitriles construidos con desperdicios de madera, cartón, cinc, náilon, etc. Se erigen, de la noche a la mañana, sin plan ni orden, en los lugares menos pensados de las afueras o lotes baldíos internos de la ciudad. No cuentan con alcantarillado, agua potable ni luz eléctrica.

Las villas miseria son ciudadelas cuasi medievales donde el crimen, la prostitución, el alcoholismo, el vicio, la lipidia, las enfermedades, la insalubridad, el analfabetismo, la drogadicción y el hacinamiento marchan de la mano hacia un futuro no muy halagüeño.

El hombre rural una vez instalado en la villa miseria, aunque vive casi en la urbe y parece disfrutar de las comodidades y servicios —así lo ve desde lejos el hombre rural que no ha emigrado aún— que ofrece la ciudad. No todos tienen un verdadero acceso a la educación primaria y secundaria, ni mucho menos a la universitaria.

Obtiene trabajo en las fábricas e industrias como peón u operario semicalificado. Sus ingresos económicos aunque aparentemente son más altos que el ingreso rural, en realidad es muy bajo si se considera con su ingreso real.

Este ambiente de recibir ingresos inadecuados impulsa al hombre rural recientemente emigrado a buscar ingresos adicionales en otras fuentes de trabajo, ya sea honrado o ilegal, inmoral o perverso, criminal u honesto5.

5.- La situación sociocultural de este estrato social hondureño el más grande, del universo poblacional nacional era de por sí muy crítica antes de la aplicación de las medidas neoliberales del gobierno de Rafael Callejas, porque el crecimiento demográfico vegetativo estaba provocando un aumento de las villas miserias.

Pero al dejarse al pueblo depauperado desamparado ante el embate de las medidas neoliberales la crisis pasó a un estado de alerta roja. La ciudadanía incauta está alarmada por el incremento de la criminalidad y por la bestialidad de los crímenes.

Ahora clama por la «pena de muerte» y la «cadena perpetua», sin darse cuenta que la corrupción y la violencia social es un cáncer social que abarca todos los estratos de la administración pública y privada; y a todos los estratos sociales, desde el juez hasta el policía fusepiano.

Gran parte de esta violencia se origina en la injusticia social que vive el tercer mundo; esta violencia irá en ascenso hasta desencadenar en un terremoto sociocultural con connotaciones económicas profundas.

Esta masa emigrada hacia la ciudad es obligada a abandonar sus escasos valores por los valores brillantes pero nugatorios de la cultura occidental debido a la influencia del cine, la radio, la televisión y otros medios de impacto sociológico. Esto la prepara para aceptar los cambios bruscos y abruptos en su comportamiento humano, social y familiar.

La prostitución y la delincuencia juvenil es muy común; el alcoholismo y la drogadicción está alcanzando niveles insospechados y la ruptura con los patrones de la sociedad tradicional es clara y definida.

La amenaza del sida, las enfermedades venéreas menores como la sífilis, chancro y gonorrea, también en aumento, no alarman ni detienen a la población.

La tendencia consumista es más palpable en la zona urbana y debido a la presión propagandista fomentada por la empresa basada en el lucro sin ver las consecuencias socioculturales obliga a esta masa alienada a desarrollar necesidades innecesarias que la impulsa a desear cosas, bienes y servicios que en realidad puede prescindir de ellas. La propaganda consumista trasforma su modo de pensar, de actuar y de vivir.

Esta sobrecarga de valores importados inclina a esta masa alienada a rechazar los valores propios, los que considera pobres, faltos de brillo y emoción, pasados de moda y subdesarrollados o tercermundistas.

Esta masa cree liberarse al hundirse en ese marasmo de nuevas emociones, estilos e ideas, cuando en realidad lo que logra es despersonalizarse y destruirse.

¡DEBE HABER UNA MANERA MEJOR Y MAS JUSTA!

Es claro que la solución de este grave problema social consiste en llevar al área rural las condiciones que existen o se piensan instalar en la ciudad.

Si el área rural contase en todas sus aldeas, pueblos y caseríos, con los suficientes medios de comunicación terrestre y telecomunicativos; con los centros de salud equipados con medicinas modernas y criollas naturales, médicos, paramédicos y curanderos reconocidos; con escuelas y colegios artesanales, técnicos y vocacionales; con energía abundante; con facilidades crediticias para la micro y pequeña industrias (artesanal y de trasformación); pudiera ocurrir que estas actividades fuesen predominio del área rural, ya que tendría menos costos de operación debido a la vida más barata que disfruta la aldea y el pueblo interiorano hondureño.

Al hacerse eso, la migración interna cesaría, pues el bienestar —por ahora ilusorio— que se busca en la ciudad estaría también en el campo.

La actividad de los políticos en Honduras se ha deformado tanto que sólo piensan en la actividad política per se y se olvidan del rol mayor de la política. Por ello vemos que el centro político nacional: Tegucigalpa, es una verdadera olla de grillos; olvidan las propias necesidades de la ciudad y de sus pobladores. Comienza a notarse un éxodo callado de capitalinos o allegados a esa ciudad desde hace algún tiempo hacia San Pedro Sula, donde la libre empresa con la actividad de las zonas maquileras de Choloma, Villanueva y Puerto Cortés están logrando mejorar los ingresos de la masa obrera.

Las ciudades que sufren la migración interna son incapaces de solucionar todas las necesidades de servicios básicos de los nuevos pobladores marginales que no tributan, en su mayoría, pero exigen se les cumpla con dichas necesidades.

Desde principios de los años 80 se nota un interés nacional —en realidad promovido por el AID6— de extender la infraestructura básica por casi todo el país. Ya en el 92, se pudo apreciar que las zonas de mayor potencial agropecuario, económico y agroindustrial en el corredor privilegiado de Honduras [Choluteca, Tegucigalpa, Comayagua, San Pedro Sula, La Ceiba] ya cuentan con dicha infraestructura7, no obstante, las regiones más atrasadas del país desde tiempos seculares: Los departamentos de Lempira y Gracias a Dios siguen con el aislamiento acostumbrado. En este último la depredación forestal está causando daños importantes en la reserva húmeda de la nación.

6.- Desde que Bill Clinton se perfilaba como el candidato demócrata que se enfrentaría a Bush comenzó a cuestionar las ayudas al exterior a través de AID. En octubre del 92, AID informó a los países pedigüeños que la ayuda iría disminuyendo hasta quedar casi a cero.

7 En el valle del Aguán, prolongación del mencionado corredor, ocurre la paradoja que la infraestructura ya existe desde hace unos cinco años, pero las condiciones de las fuerzas de producción no están emparejadas con el reto que presenta la infraestructura estatal; hace falta inversiones, población y el empuje empresarial moderno.

El autor lo señala en la revista «Realidad Desconocida» editada por el mismo en octubre de 1989 la que pretende mostrar una fotografía geográfica, sociocultural y económica de los diez municipios que conforman al valle del Aguán.

LA URBANIZACION RURAL

El gobierno hondureño, hasta 1989, y las empresas privadas de la construcción, han estado embarcados en proyectos multimillonarios para dotar de vivienda a los hondureños que carezcan de ella.

Utilizan materiales caros con el resultado que las viviendas son caras, tanto por los materiales con costos crecientes, como por los jugosos y altísimos sueldos de los asesores nacionales e internacionales, personal administrativo y burocrático de dichos proyectos urbanísticos.

Importamos la tendencia de construir con materiales caros y despreciamos los materiales tradicionales que con estética y adecuado aderezo moderno podemos presentar construcciones habitacionales novedosas y baratas.

No hay un método único de construcción de casas de habitación. El hombre disperso por todo el mundo por tradición construye con los materiales que encuentra a mano.

De la cultura española aprendimos a construir con adobe, cal y arena; de nuestros antepasados americanos aprendimos a construir con piedra (cantera). Lo hemos estado repitiendo por 500 años, pero en las últimas décadas nos hemos inclinado a construir con materiales más caros y modernos como: el cemento, el ladrillo, el bloque de cemento, el asbesto, el plástico, el vidrio y el aluminio.

El campesino, por su parte, construye con bahareque, que consiste en utilizar tierra y barro, fibra de zacate, rajas de guama, corozo o coyol, caña brava o varas comunes, bejuco para amarre y tierra blanca como repello para darle alegría y estética a su casa. Para techo utiliza manaca, teja o cinc.

Si una persona interesada en construir diferente y tiene dinero para hacerlo con pompa y boato podría utilizar materiales caros, raros y futuristas. Empero, el ciudadano común no cuenta con los medios económicos suficientes para hacer estos caprichos por lo que tiene que ser práctico y objetivo.

Aún los cuchitriles de cemento fundido de algunas colonias son tan caros y sencillos que los inquilinos después de la euforia de contar con un techo, se arrepienten de su decisión y prefieren perder el pago de enganche y las cuatro paredes, que continuar viviendo en ellas y pagar un precio exorbitante por un error de planificación gubernamental y de la empresa privada.

SISTEMA DE CONSTRUCCION «TIPO GAUTAMA»

Una manera fácil y barata para urbanizar las zonas rural y urbana, sería la aplicación del método de construcción Tipo Gautama, que no es otra cosa que el sistema rural de construcción tradicional innovado y mejorado.

El ciudadano Gautama Fonseca Zúniga con una firme visión futurista de Honduras está dando la respuesta real al problema de la vivienda rural y urbana en nuestro país.

Gautama utiliza técnicas basadas en la construcción rural del campesinado hondureño; ha logrado mejorar el estilo, la estética y el sistema de construcción, creando modelos de casas de habitación con una fachada moderna, espaciosas cómodas, decentes y muy baratas.

Algo que los ingenieros y arquitectos, que sólo van a las universidades a anquilosarse, a aprender normas rígidas y dogmáticas, se niegan rotundamente a creer y aceptar que un abogado aplique métodos revolucionarios en la construcción de viviendas con un resultado espectacular.

Fonseca Zúniga desde hace años ha dejado de lado la discusión bizantina sobre este tópico y demuestra con hechos que su teoría es válida8. Construye casas hermosas de habitación para grupos campesinos de algunos departamentos hondureños como: Cortés, Yoro, Atlántida, Colón y otros.

8.- Lo que Gautama necesita es publicar en forma de libro o folleto el sistema de construcción para que la ciudadanía aplique esos conocimientos en sus propias construcciones. La falta de este instructivo popularizado ha detenido en los primeros años del 90 el avance de esta técnica.

Los efectos deletéreos de las medidas neoliberales obligará al que quiera construir barato a buscar el sistema gautamiano debido a que el cemento, el cinc, los bloques, los ladrillos, la varilla, el vidrio, los plásticos, el aluminio y el hierro suben constantemente de precio; en cambio, la tierra, la fibra y los demás elementos de la técnica Gautama es fácil de recoger del ambiente natural.

Esas casas tienen una distribución parecida a las de las colonias de clase mediamedia, cuentan con: Sala, comedor, cocina, tres habitaciones, baño privado, porche y lavandero. Antes de la devaluación los precios oscilaban entre 3.000 y 5.000 lempiras la unidad.

Amuebladas, el costo asciende hasta los siete mil lempiras. Casas similares se vendían entre 30 mil y 40 mil lempiras antes de la devaluación.

A finales de 1988 el Sr. Gautama construyó una casa ubicada en el barrio Suyapa de San Pedro Sula para su hijo, con una calidad y belleza que si se utilizaran los materiales acostumbrados por los urbanizadores nacionales la casa valdría cuatro o cinco veces más del costo de Gautama.

¿No sería más beneficioso que el gobierno adoptara el Sistema Gautama para proporcionar viviendas baratas, amplias y cómodas a todos los hondureños que carezcan de un techo?

Los arquitectos y los constructores tendrían que buscar nuevos horizontes y sistemas para su sustento, porque es necesario detener ese despilfarro de dinero9 en materiales de construcción caros, escasos e importados.

9.- Nuestra sociedad acostumbra a consumir y comprar productos importados sin importar el precio. Parece olvidarse de los productos sucedáneos y los artículos tradicionales innovados.

Las casas tipo Gautama son sencillas de construir, toman poco tiempo en edificarse, son asísmicas y se repellan con cal y arena (materiales inagotables en Honduras). ¡El resultado es increíble! El autor personalmente ha visto varias casas construidas por Gautama Fonseca inclusive la de su hijo en San Pedro Sula.

Hay interés en algunas organizaciones sociales benéficas en utilizar el método del abogado Gautama Fonseca Zúniga —quien gustosamente lo ofrece a quien lo solicite— para hacer proyectos habitacionales baratos para personas de escasos recursos en todo el país.

¿ADOPTARA EL GOBIERO ESTA IDEA REVOLUCIOARIA?

Por los años 87, 88 un alto ejecutivo de la vivienda estatal que fungía como coordinador entre el AID y el INVA, Elio Flores Ábrego, informó al causante que hay consenso por parte de técnicos del gobierno —después de haber sido convencidos palpablemente— que el tipo de casas Gautama es factible.

Agregó este ejecutivo que "los costos de Gautama son menores porque mucho personal de supervisión trabaja sin sueldo en sus proyectos pequeños. Los proyectos estatales "continuó" "serían moderadamente más altos por los gastos de supervisión, administración y burocráticos".

También, el AID, el BID y el BIRF no otorgan préstamos para construcciones de adobe, ladrillo de tierra y los materiales tradicionales de construcción. Ello obligaría a los hondureños a buscar fondos nacionales o financiamientos especiales con otras instituciones de financiamiento internacional.

Concluyó Flores, que personas interesadas en el Sistema Gautama han llevado planos y diseños hasta Costa Rica, donde se han hecho varios proyectos. El INVA, por su parte, ha aceptado la idea de Gautama, pero…

Un gobierno que piense primero en los intereses hondureños podría hacer ley la construcción de los edificios públicos de una o dos plantas, como: escuelas, centros de salud, hospitales generales modulares, oficinas gubernamentales, colegios y viviendas populares rurales y urbanas. Honduras se ahorraría enormes cantidades de dinero y de tiempo.(10).

10 Un ejemplo: El Ministerio de Educación anunció en los meses de agosto de 1985 que había construido dos escuelas por un valor de $375.000,oo dólares. Con ese dinero, utilizando el Sistema Gautama pueden construirse entre 30 y 50 escuelas.

Lo mismo aconteció con el rosarios de aulas de bloque de cemento, artesón de hierro y techo de asbesto calculadas en $5.000,oo dólares; con Gautama se hubiera podido construir entre tres o cuatro veces más aulas.

¿COMO SERIA HONDURAS SI ESTO FUERA REALIDAD?

Si el área rural contase con la infraestructura esencial para su desarrollo, las agroindustrias, las industrias, las fábricas y demás centros de producción podrían ubicarse a una distancia equidistante del campo y de la ciudad.

Los obreros, oficinistas, profesionales, maestros y alumnos, una vez concluidas sus labores y actividades diarias se trasladarían, en su mayoría, a sus hogares en trasportes colectivos cómodamente.

Honduras tendría ciudades más pequeñas, una vida rural más intensa, cómoda y llevadera, un índice superior de salud, una tasa de alfabetización tendiente a cero, un ambiente ecológico balanceado y limpio, más bosques, lagos, centros de recreación sanos y amenos,

parques forestales, ríos sin polución, una atmósfera limpia sin humo niebla, sistemas de regadío para la agricultura, etc.

Israel es una nación pequeña, con desiertos y pocas tierras de vocación agrícola, está arrebatando tierra al desierto y exporta frutas y verduras a Europa compitiendo con calidad y cantidad con países que están en mejores condiciones ambientales.

LAS COMUNICACIONES TERRESTRES HONDUREÑAS Y SU DISTRIBUCION

Honduras cuenta con 21 mil quilómetros de carreteras. Menos del 10% son carreteras asfaltadas y el 50% son caminos de tierra transitables en todo tiempo; el 40% restante lo constituyen las carreteras de verano.

Al observarse la distribución vial en un mapa adecuado de Honduras, se notaría que hay zonas en la república que prácticamente no tienen carreteras.

Entre esas zonas se pueden observar las siguientes: La Mosquitia, el norte y el noroccidente de Olancho, la zona del Patuca, la zona central que involucra a los departamentos de Yoro (occidente), Comayagua (nororiente), Francisco Morazán (norte); la gran región occidental compuesta por el sur de Copán, Ocotepeque, el occidente de Sta. Bárbara y enteramente los departamentos de Lempira e Intibucá..

Prácticamente el 60% del país. Estas zonas marginadas si fueran conectadas por carreteras transitables en todo tiempo tendrían un crecimiento acelerado en muchos campos de la actividad humana.

Asimismo, podría ocurrir el fenómeno que ciertos pueblos y comunidades desaparecerían al ser intercomunicadas a un sistema vial troncal, aunque el efecto sería esporádico y sin mucha incidencia.

Estas zonas de momento no son consideradas importantes desde el punto de vista de desarrollo macroeconómico para volcar en ellas grandes inversiones estatales de infraestructura y mucho menos de inversión privada; porque los diseñadores de las pautas de desarrollo —si es que existen— no conocen el país verdaderamente, carecen de visión futurista y de estadismo. Parecen sólo interesarse en decisiones políticas que afectan cuestiones económicas e ignoran las sociológicas.

También las fuentes internacionales de financiamiento imponen conductas anti hondureñas o totalmente extrañas a nuestra idiosincrasia.

Se sabe que la región oriental del país que representa un 30% de la extensión nacional tiene un potencial agropecuario enorme con capacidad para alimentar a los países centroamericanos.

Las comarcas más conocidas son: El valle del Aguán, La Mosquitia, el valle de Sico, la zona media y alta del Patuca, todo el nororiente de Olancho y parte de la llanura costera del Atlántico.

La población rural sin tierras podría poblar estas regiones—como efectivamente lo está haciendo junto con políticos y militares voraces— para iniciar un proceso de desarrollo socioeconómico que se sueña fuera funcional, formando nuevos pueblos y ciudades pequeñas con todo lo indispensable para el bienestar de sus pobladores, como: Hospitales, escuelas y colegios técnicos, más los demás servicios públicos fundamentales como la energía eléctrica y las telecomunicaciones.

Estos pueblos y ciudades distribuidos en focos o lugares adecuados por su importancia geográfica por toda esa región se conectarían entre sí y el resto del país con buenas carreteras integrándose al desarrollo y empuje nacional. ¿Estará el gobierno preparado para cubrir las necesidades anticipadamente de estas nuevas fronteras? ¿O seguirá actuando tardía e improvisadamente como es la costumbre inveterada de la burocracia y los dirigentes tradicionales hondureños? Es más seguro que la segunda proposición será la valedera aunque no la más adecuada.

Esta región oriental es todavía el pulmón de Honduras por lo que hay que evitar los errores tradicionales que destruyen el equilibrio ecológico y etológico de la flora, fauna y tierra11 al destruirse irracionalmente los recursos renovables y no renovables.

11 El gobierno de Rafael Leonardo Callejas ciegamente dispensó concesiones de regiones forestales a madereros nacionales y extranjeros abusando de la idea neoliberal que el bosque debe estar en manos privadas. Pero ojalá fuesen manos privadas responsables.

La explotación de esta región se está realizando con tanta insania, velocidad y ceguera que es muy posible que dentro de 15 o 20 años esas reservas —pulmón húmedo de Honduras— la última, por cierto, se convierta en otra biosfera tan seca, deforestada e inhóspita como se está convirtiendo el centro de Honduras durante los meses de estío.

Hay que preservar las enormes reservas de agua de esa zona, especialmente en La Mosquitia, el Patuca y Sico.

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