LOS MAYAS

El desarrollo socioeconómico antiguo

Bandas de Cazadores: Muchos imaginan a los indígenas como personas que visten taparrabo, portan arco y flechas y deambulan por selva y montañas, pero ningún grupo indígena se encontraba en este primitivo estadio al momento de constituirse Honduras como ente histórico. Los arqueólogos han encontrado indicios, cerca de La Esperanza, Intibucá, y en Río Pelo, El Progreso, de puntas de flechas que se corresponden a este momento de desarrollo socioeconómico, datados hacia el año 8000 a. C., la que podría ser por los momentos la fecha más antigua en la historia de los hondureños.

En Honduras estos primitivos habitantes del territorio provenían, como todos los del continente, de las bandas que, desde el Asia, habían ingresado por el estrecho de Behring, allá por el 50 000 a. C., para desparramarse lentamente por todas estas tierras.

Tribus: Empieza entonces lo que el historiador inglés V. Gordon Childe llamó "la revolución neolítica", cuando aparece la agricultura. En su primera etapa transicional los elementos menos útiles para la cacería: mujeres embarazadas, ancianos y niños, observan y descubren la fertilidad de la naturaleza y comienzan a cultivar plantas. La caza y la pesca aún son la actividad primordial pero el grupo empieza a aglutinarse en núcleos familiares extensos. Surgen así las tribus, etapa de transición entre el nomadismo y el sedentarismo, entre la caza y la agricultura. Las culturas del área Intermedia en Honduras se encontraban en el siglo XVI en este estadio de desarrollo: su cultivo principal era la yuca, se nutrían en abundancia de la pesca y cambiaban de residencia a lo largo de los ríos del extremo oriental del país.

Señoríos:

Triunfo pleno de la revolución neolítica. En Mesoamérica, y concretamente en Guatemala, se han encontrado evidencias de maíz domesticado hacia el 3500 a. C., y para el año 2000 el uso de la cerámica aparece ampliamente en las excavaciones arqueológicas. La revolución neolítica mundial implicó el advenimiento de toda una serie de avances tecnológicos que cambiaron radicalmente la vida humana. Torno de alfarero, objetos de cerámica para cocinar y para almacenar alimentos, aumento del índice de seguridad alimentaria, aumento de la población, uso de plantas textiles y del telar para la vestimenta, excedente agrícola para comerciar, uso de narrias y embarcaciones a vela para el transporte, adobes y ladrillos para viviendas y edificios públicos.

Entre los años 300 a. C., y 500 d. C., los señoríos mesoamericanos del territorio hondureño están constituidos en prósperas comunidades agrícolas. Estos indígenas no fueron habitantes de lugares enmontañados e inhóspitos sino cultivadores que vivían en los valles y cercanos a los ríos. En una escala progresiva podríamos calcular un número de cien personas por banda de cazadores, mil para una tribu semisedentaria y hasta diez mil para una comunidad agrícola. En Honduras los lugares más investigados para este período son Los Naranjos, en el Lago de Yojoa (posiblemente cultura Tolupán), y Yarumela en el valle de Comayagua (posiblemente cultura Lenca). En Los Naranjos hay evidencias de una fosa defensiva de más de cinco kilómetros de largo; en Yarumela, vestigios de una pirámide de una altura equivalente a siete pisos. A los señoríos se les denomina también cacicazgos: su población y sus realizaciones materiales en forma de cerámica o de edificaciones indican una sociedad compleja, estratificada en clases, con autoridades superiores permanentes, o caciques.

El Estado: No todas las culturas mesoamericanas alcanzaron igual nivel. En el territorio hondureño cupo a los mayas de Copán haber logrado el máximo desarrollo, organizando una Ciudad-Estado. Influyó poderosamente el hecho de haber ingresado los Mayas desde Guatemala con su avance cultural ya conseguido, para imponerlo en el occidente de Honduras sobre un señorío o cacicazgo posiblemente Chortí. Entre los años 425 a 820, o sea durante cuatro siglos, los Mayas de Copán fraguaron con sus diez y seis reyes una de las más impresionantes culturas del mundo antiguo.

La élite dominante, desde sus monumentales palacios y templos construidos por los campesinos como pago de su tributo, lleva debida cuenta de la actividad comunitaria, esto es, registros de productos y de tributos valiéndose de signos de escritura y signos de numeración. La élite, dedicada a administrar ha tenido tiempo de comprobar la relación entre los astros del cielo y el ciclo agrícola y confecciona así un calendario que preside sobre la vida del campo. La escritura, que al registrar los hechos de los reyes origina la historia, los números y las pesas y medidas que dan pie a la matemática, el calendario y la observación hacia los cielos que posibilitan la astronomía son los signos, entre la arquitectura monumental y los fastos religiosos, de esta revolución urbana, que condujo en distintas partes del mundo al surgimiento de la civilización.

Los beneficios que la conducción de la élite reporta a la subsistencia y seguridad de la comunidad son atribuidos a su sabiduría, que suele divinizarse, y a la protección de los dioses tutelares, de quienes la dirigencia actúa como vocero. Por eso hay un fuerte lazo de gratitud, no exento de temor, por parte del común poblador hacia sus conductores, por eso accede a entregar los tributos extraídos de sus cosechas y el esfuerzo de su trabajo para las obras de la ciudad, por eso también los grandes eventos religiosos sellan esa unión del pueblo con sus dirigentes y, a través de estos, con sus dioses. Entre todas las culturas del mundo antiguo los Mayas de Copán supieron crear soluciones que figuran entre las más inteligentes y elegantes de todas las primeras civilizaciones.

© La Prensa Honduras, C.A.
1999 Derechos Reservados
REGRESAR A MAYAS