REPUBLICA DE HONDURAS

Ricardo Maduro Joset
Nacio el 20 de Abril de 1946
En Panama, Panama, CA.
PRESIDENTE DE HONDURAS
Desde Enero del 2002 a Enero del 2006

La controversia ha rodeado la nacionalidad del nuevo presidente de Honduras. Según su biografía oficial, nació en Panamá, de padre panameño y de madre hondureña aunque nacida en Guatemala, pero la comisión especial de juristas nombrada antes de las elecciones de noviembre de 2001 para dirimir la polémica zanjó, con razones un tanto alambicadas, que Maduro es de nacionalidad hondureña.

En virtud de la legislación vigente en cada ocasión y en cada país involucrado, su madre (hija de una hondureña del linaje los Midence, financieros que promovieron el Banco emisor de Honduras, y de un inmigrante alemán) era hondureña de nacimiento en aplicación del derecho de sangre, aun cuando no solicitó expresamente adquirir esa nacionalidad hasta 1980, de manera que su hijo Ricardo adquirió automáticamente la nacionalidad hondureña asimismo por nacimiento.

La confusión se relacionaba también con el hecho de que Maduro, repitiendo el caso de su madre, no tramitó su registro formal como nacional hondureño hasta 1981, aunque a efectos jurídicos ello fuera irrelevante. Eso por lo que se refiere al derecho interno hondureño, ya que según el vigente en el país del istmo, el entonces aspirante presidencial era sin lugar a dudas panameño, conformándose un caso, perfectamente legal, de doble nacionalidad.

A finales de los años cuarenta Osmond Levy Maduro, miembro de una destacada familia de empresarios panameños, se estableció definitivamente con su familia en Tegucigalpa, donde el muchacho realizó los estudios primarios. El padre le envió a Estados Unidos para cursar los secundarios, concretamente en el estado de Pennsylvania, y Maduro prolongó su estancia en el país norteamericano hasta obtener la licenciatura en Economía por la Universidad californiana de Stanford, a la que añadió una formación de posgrado en Ingeniería Industrial.

De vuelta a su país, comenzó una carrera empresarial en el sector privado. Fue gerente general de la delegación de Xerox en Honduras, director ejecutivo de Inversiones La Paz y, finalmente, patrón de sus propios negocios, hasta conformar a comienzos de los años ochenta un emporio familiar que a día de hoy incluye la importación de equipos de consumo, el comercio en los ramos de la alimentación y la automoción, y la acuicultura de camarones, sin descuidar las inversiones en proyectos comerciales, turísticos e inmobiliarios. En 1983 la Cámara de Comercio Hondureña-Americana (HAMCHAM) le nombró Empresario del Año en reconocimiento a su trayectoria innovadora en este campo, y en 1997 Gerentes y Empresarios Asociados de Honduras (GEMAH) le otorgó el premio Boris Goldstein por la misma consideración.

Maduro arrancó una actividad política de relieve en torno a 1984, durante la administración del liberal Roberto Suazo Córdoba, primer presidente democrático tras una década de regímenes militares, en las filas del entonces opositor Partido Nacional de Honduras (PNH), fuerza conservadora que había gobernado directa o indirectamente durante buena parte de la historia reciente del país. El empresario irrumpió con la fundación del movimiento interno nacionalista Unidad y Cambio, con el propósito declarado de renovar las estructuras de una formación que durante muchos años había abrazado actitudes de la derecha reaccionaria.

La corriente de Maduro pronto se afianzó en el PNH y postuló a uno de los suyos, el técnico agrónomo y ex ministro Rafael Leonardo Callejas Romero, para contestar a los liberales. El empresario dirigió las campañas presidenciales de Callejas de noviembre de 1985 y noviembre de 1989; en la primera convocatoria resultó vencedor José Azcona del Hoyo, pero en la segunda, Callejas se impuso a Carlos Roberto Flores Facussé, de manera que el 27 de enero de 1990 tomó posesión de la primera Presidencia del PNH desde 1972.

El flamante mandatario retribuyó a su eficiente colaborador nombrándole presidente del Banco Central de Honduras (BCH) y coordinador del Gabinete Económico. Defensor del libre mercado y de las desregulaciones gratas al modelo neoliberal, Maduro fue el encargado de diseñar y luego supervisar las medidas cambiarias y fiscales decididas por el Gobierno para satisfacer el ajuste estructural de la economía demandado por el FMI.

La profunda devaluación de la moneda nacional, el lempira, la liberalización de los precios, la reducción del gasto público y los despidos en el sector público, tuvieron un reflejo discreto en las variables macroeconómicas, pero las implicaciones sociales fueron extremadamente negativas en un país relegado a la condición de tercero más depauperado de América tras Haití y Nicaragua, además de desencadenar una fuerte contestación sindical. A finales de la década, la pobreza iba a golpear a cerca del 70% de la población, mientras que el 33% iba a encontrarse desempleada o subempleada.

En las elecciones de noviembre de 1993, el candidato nacionalista, Oswaldo Ramos Soto, fue batido fácilmente por el liberal Carlos Roberto Reina Idiáquez, en muestra del profundo malestar que las reformas liberales habían provocado, agravando la división interna en el PNH ya aflorada antes de los comicios. Los nacionalistas volvieron a tropezar cuatro años después con la candidatura de Alba Nora Gúnera de Melgar, alcaldesa de Tegucigalpa cuando la administración de Callejas y viuda del dictador militar Juan Alberto Melgar Castro (1975-1978), ahora frente a Flores Facussé, que se tomaba la revancha de su derrota en 1989.

En 1993 Maduro hubo de aparcar su propósito de conquistar el mandato de diputado nacional a petición de Callejas, que quería mantenerle al frente del BCH, aunque el presidente no puso impedimento a su inscripción en los comicios al Parlamento Centroamericano (Parlacem), donde sí obtuvo el escaño. Tras el cambio de Gobierno en enero de 1994, regresó a sus negocios empresariales y dentro del PNH se desempeñó como primer vocal de su supremo órgano dirigente, el Comité Central.

La muerte el 1 noviembre de 1998 del respetado alcalde de Tegucigalpa, César Castellanos Madrid, al estrellarse el helicóptero desde el que inspeccionaba la devastación causada en el Distrito Central por el huracán Mitch, y que entonces se perfilaba como el aglutinador de las distintas facciones del nacionalismo y el precandidato para las presidenciales de 2001, dejó un hueco que Maduro accedió a ocupar.

El 4 de agosto de 1999 anunció su decisión de presentarse a las primarias del PNH y las encuestas rápidamente le colocaron, con amplia diferencia, a la cabeza de los presidenciables, reflejo de una popularidad y una respetabilidad generales que en parte se relacionaban con la tragedia personal que le había tocado vivir dos años atrás: el 23 de abril de 1997 su hijo Ricardo Ernesto, de 25 años y regente de la cadena de supermercados que la familia tenía en San Pedro Sula, fue tiroteado, gravemente herido y secuestrado por unos delincuentes cuando conducía su vehículo en compañía de un guardaespaldas en las proximidades de esta ciudad sita a 165 km al norte de Tegucigalpa, y dos días después su cadáver fue encontrado en una zona próxima a Choloma, en el departamento de Cortés.

El país entero se solidarizó con Maduro, el cual había implorado a los secuestradores el respeto de la vida de su hijo, y el funeral del joven se convirtió en una masiva manifestación de duelo e indignación populares por el último episodio de una ola de delincuencia que, en forma de atracos, secuestros, robos de vehículos, asaltos callejeros y crímenes no esclarecidos, asolaba por igual a pobres y ricos.

La familia erigió luego la Fundación Ricardo Ernesto Maduro Andréu (FEREMA), que, con el lema "Educar para vivir", se ha centrado en elaborar estudios sobre la situación de la enseñanza en Honduras, donde el 26% de la población es analfabeta. Maduro padre, que ya estaba divorciado de su esposa y al que le quedaban tres hijas, presidió la fundación a la memoria de su hijo hasta que entró en la carrera presidencial.

El 24 de mayo de 2000 la plataforma de Maduro, Arriba Honduras, se registró para la interna partidista de finales de año, pero en ese momento su principal preocupación era la ofensiva que el oficialismo liberal, con el ex presidente Reina Idiáquez y su hermano Jorge Arturo a la cabeza, dirigía contra su candidatura con el argumento de que no era un ciudadano hondureño. La cuestión acaloró extraordinariamente el debate político y puso a prueba los cauces de la democracia hondureña para el desenvolvimiento del juego de partidos.

A instancias del presidente Flores, el 3 de noviembre de 2000 los líderes del PLH, el PNH - incluido Maduro-, el Partido Demócrata Cristiano de Honduras (PDCH) y el Partido Innovación y Unidad-Social Democracia (PINU), firmaron un "acuerdo patriótico" para el establecimiento de una comisión especial de juristas que dictaminara sobre la nacionalidad del precandidato liberal. El 30 de noviembre dicha comisión resolvió que Maduro poseía efectivamente la nacionalidad hondureña por nacimiento y que por tanto cumplía con los requisitos constitucionales para ser presidente de la República.

Maduro delegó en su jefe de campaña, Luis Cosenza Jiménez, el encabezamiento de Arriba Honduras a la espera de que el Tribunal Nacional de Elecciones (TNE) tomara en consideración el dictamen jurídico y le permitiera inscribirse. En las primarias nacionalistas del 17 de diciembre Cosenza arrasó a sus tres rivales, Héctor René Fonseca, por Patria Nueva, Elías Asfura, por Avance, y Carlos Kattán Salem, por Nueva Estrella. El 12 de marzo de 2001 la mayoría liberal del Congreso aprobó una lectura constitucional que validaba la aspiración de Maduro y al día siguiente el TNE aceptó la renuncia de Cosenza e inscribió a Ricardo Maduro como ganador de las primarias nacionalistas. De inmediato, la Convención Nacional del partido le aclamó formalmente como su candidato a la jefatura de la nación y le eligió presidente del Comité Central.

Durante la campaña Maduro se destacó en su perfil de economista competente, bilingüe y con perspectiva internacional, capaz de vender Honduras hacia el exterior y de atraer inversiones hacia los sectores del turismo y el ensamblaje industrial, las maquiladoras, y de atender con un conocimiento de primera mano las necesidades del microempresariado nacional.

Propuso un gobierno que sentara las bases de una "verdadera transformación nacional" y presentó un programa que perseguía: la participación pública y la toma de responsabilidades por la ciudadanía como medios para controlar el poder estatal y fortalecer la democracia; la apertura de las instituciones; la descentralización administrativa; la estabilidad macroeconómica; la competitividad y la productividad como fórmulas impostergables para insertar a Honduras en las tendencias globalistas, y la prioridad de las necesidades sociales, si bien en este capítulo, por lo demás de obligada inclusión, no fue tan explícito, excepción hecha de la cuestión educativa.

Aunque ferviente partidario de la apertura económica y del rigor financiero, Maduro señaló que Honduras debía recibir un tratamiento asimétrico del FMI, que recomendaba la reconversión del sector bancario, el servicio civil y el sistema tributario, así como una cautelosa política de salarios, en atención a su incipiente estructura productiva, casi totalmente basada en las exportaciones agrícolas, en especial las del banano y el café. El candidato nacionalista abogó por impulsar un crecimiento económico del 7%, un punto por encima del registrado en 2000, y rebajar el déficit fiscal del 7,5% al 3% del PIB. En Honduras, la necesidad de aumentar los ingresos del Estado resulta imperiosa desde el momento en que más de un quinto del exiguo producto nacional se destina a pagar sólo el servicio de la deuda externa, la cual asciende a 5.000 millones de dólares.

Pero las cuestiones estrella del programa de Maduro fueron la corrupción y la seguridad de las personas y los bienes, para cuyo tratamiento el empresario ofrecía plena credibilidad por su imagen de honesto y el padecimiento en sus carnes de los estragos de la delincuencia. Éstos temas conformaron el eje de la campaña, y ahí Maduro, con su plan de "tolerancia cero" con la inmunidad legal de los corruptos y la violencia, supo contactar con un electorado para el que el principal problema del país era, por delante de la endémica precariedad económica, el flagelo del crimen organizado. Maduro explicó que sin resolver el gravísimo problema de la inseguridad interna no habría posibilidades para el desarrollo y la prosperidad.

El candidato oficialista, Rafael Pineda Ponce, un educador de 70 años de extracción rural y actualmente presidente del Congreso, no acertó a replicar los eslóganes de su contrincante, de regusto populista pero acertados desde la perspectiva de campaña, como el de "terminar con la fiesta de los delincuentes", y a capitalizar la relativamente buena nota ganada por el presidente saliente por su actuación durante la emergencia nacional causada por el Mitch. Al decir de los observadores, los liberales se desacreditaron con su agresivo intento de descalificar a Maduro para los comicios, a quien más bien convirtieron en un mártir.

De esta manera, el 25 de noviembre Maduro se alzó con la victoria con el 52,2% de los votos; Pineda se quedó con el 44,2% y los otros tres candidatos de los partidos minoritarios que tradicionalmente se han disputado las migajas dejadas por los partidos hegemónicos, apenas sumaron el 4%. En las legislativas, el PNH obtuvo 61 de los 128 diputados de que consta el Congreso Nacional. El 27 de enero de 2002 Maduro tomó posesión como sexto presidente constitucional de Honduras y el segundo nacionalista desde la restauración de la democracia en 1982, en una ceremonia a la que asistieron los presidentes de Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Belice.

Maduro se puso a trabajar inmediatamente en la ejecución de su principal divisa electoral, y a los pocos días ya hubo resultados espectaculares, contradiciendo a los que habían sospechado demagogia en sus promesas de campaña: el 8 de febrero la Policía se incautó de un formidable arsenal, incluidos lanzacohetes, que escondía una banda de secuestradores y atracadores que opera en coordinación con los cárteles de la droga de México y Colombia, y que tiene su base de operaciones en Lempira, cerca de la frontera salvadoreña. Al capturado jefe de la organización, el salvadoreño José Benedicto Villanueva Ortiz, se le imputó un plan para asesinar a Maduro el 25 de enero, aprovechando su venida a San Pedro Sula para presenciar la toma de posesión del nuevo alcalde.



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