DICCIONARIO PANHISPÅNICO DE DUDAS

Qué contiene el Diccionario panhispánico de dudas

                         Estructura general 
                         Tipos de artículos 
                         Cuestiones tratadas 
                         Tratamiento de los extranjerismos 
                         Tratamiento de los topónimos 

Estructura general

Esta obra consta de varias partes:

  • I. El diccionario propiamente dicho, formado por las distintas entradas ordenadas alfabéticamente.
  • II. Un conjunto de cinco apéndices, con el contenido siguiente:
  • Apéndice 1: Modelos de conjugación verbal.
  • Apéndice 2: Lista de abreviaturas.
  • Apéndice 3: Lista de símbolos alfabetizables.
  • Apéndice 4: Lista de símbolos o signos no alfabetizables.
  • Apéndice 5: Lista de países y capitales, con sus gentilicios.
  • III. Un glosario de términos lingüísticos que, con definiciones sencillas, aclara los conceptos gramaticales usados en el diccionario a los lectores que lo precisen.
  • IV. La nómina de fuentes citadas, donde se ofrecen, completos, los datos identificativos de las fuentes citadas en los ejemplos de uso. --------------------------------------------------------------------------------

    Tipos de artículos

    En el diccionario se combinan dos tipos de artículos, que se distinguen por el estilo de letra del lema o palabra que los encabeza:

    • Artículos temáticos. Son los que tratan cuestiones generales, como las normas de acentuación gráfica, el uso de los signos de puntuación o de las mayúsculas, las reglas de formación del femenino o del plural, el dequeísmo, la concordancia, etc. El lema de estos artículos aparece impreso en versalita negrita.

    • Artículos no temáticos. Son los referidos a palabras concretas que plantean algún tipo de duda en lo que respecta, por ejemplo, a su acentuación, su forma gráfica, su forma de plural o de femenino, su régimen preposicional, etc. El lema de estos artículos aparece impreso en redonda negrita, salvo que se trate de extranjerismos crudos, cuyo lema está escrito en cursiva negrita.

    Cuestiones tratadas

    Los artículos del diccionario dan respuesta a cuestiones lingüísticas de muy diverso tipo:

  • • Letras del abecedario y sonidos que representan.
  • • Uso de la tilde.
  • • Palabras con doble acentuación admitida.
  • • Palabras de acentuación dudosa o frecuentemente errónea.
  • • Verbos que plantean dudas sobre la acentuación de algunas de las formas de su conjugación.
  • • Palabras con variantes gráficas admitidas.
  • • Vulgarismos gráficos frecuentes.
  • • Voces o locuciones que admiten o rechazan su escritura en una o en varias palabras.
  • • Uso de los signos ortográficos.
  • • Uso de mayúsculas y minúsculas.
  • • Escritura y uso de abreviaturas, siglas y símbolos.
  • • Escritura y uso de las distintas clases de numerales (cardinales, ordinales, fraccionarios y multiplicativos).
  • • Uso de números arábigos y romanos.
  • • Expresión de la fecha y de la hora.
  • • Latinismos simples y locuciones latinas de uso frecuente.
  • • Palabras que plantean dudas sobre su género gramatical o sobre su forma de femenino.
  • • Palabras que plantean dudas sobre su forma de plural.
  • • Superlativos irregulares.
  • • Parejas de adverbios como adelante/delante, adentro/dentro, afuera/fuera, etc.
  • • Adjetivos y adverbios que plantean dudas en el uso de sus comparativos (mayor/más grande, menor/más pequeño, peor, mejor, etc.).
  • • Pronombres y adverbios relativos e interrogativos.
  • • Pronombres personales átonos y tónicos.
  • • Dudas relacionadas con el uso del artículo.
  • • Dudas sobre concordancia nominal y verbal.
  • • Verbos irregulares.
  • • Verbos regulares que plantean dudas de construcción y régimen.
  • • Voseo.
  • • Dequeísmo y queísmo.
  • • Leísmo, laísmo y loísmo.
  • • Distinción y uso de las oraciones impersonales y de pasiva refleja.
  • • Forma y uso de numerosas construcciones y locuciones.
  • • Voces de forma similar, pero sentido diverso, que se confunden con frecuencia en el uso.
  • • Voces usadas con sentidos impropios.
  • • Calcos semánticos censurables.
  • • Neologismos.
  • • Extranjerismos de uso corriente en español.
  • • Topónimos y gentilicios de grafía dudosa o vacilante. Tratamiento de los extranjerismos

    Todos los idiomas se han enriquecido a lo largo de su historia con aportaciones léxicas procedentes de lenguas diversas. Los extranjerismos no son, pues, rechazables en sí mismos. Es importante, sin embargo, que su incorporación responda en lo posible a nuevas necesidades expresivas y, sobre todo, que se haga de forma ordenada y unitaria, acomodándolos al máximo a los rasgos gráficos y morfológicos propios del español.

    Con el fin de recomendar soluciones que se ajusten a las pautas señaladas, este diccionario comenta un grupo numeroso, aunque necesariamente limitado, de voces extranjeras habitualmente empleadas por los hispanohablantes. Concretamente, los extranjerismos crudos incluidos en la última edición del Diccionario académico (2001), así como los extranjerismos adaptados que allí se registran cuando aún es frecuente encontrarlos escritos en textos españoles con las grafías originarias. Además, se han añadido algunos extranjerismos no recogidos por el Diccionario académico, pero que son hoy de uso frecuente en el español de América o de España.

    En su tratamiento se han aplicado los siguientes criterios generales:

    1. Extranjerismos superfluos o innecesarios. Son aquellos para los que existen equivalentes españoles con plena vitalidad. En el artículo se detallan esas alternativas y se censura el empleo de la voz extranjera. Ejemplos: abstract (en español, resumen, extracto), back-up (en español, copia de seguridad), consulting (en español, consultora o consultoría).

    2. Extranjerismos necesarios o muy extendidos. Son aquellos para los que no existen, o no es fácil encontrar, términos españoles equivalentes, o cuyo empleo está arraigado o muy extendido. Se aplican dos criterios, según los casos:

    2.1. Mantenimiento de la grafía y pronunciación originarias. Se trata de extranjerismos asentados en el uso internacional en su forma original, como ballet, blues, jazz o software. En este caso se advierte de su condición de extranjerismos crudos y de la obligación de escribirlos con resalte tipográfico (cursiva o comillas) para señalar su carácter ajeno a la ortografía del español, hecho que explica que su pronunciación no se corresponda con su forma escrita. No obstante, en algunas ocasiones no se ha renunciado a sugerir fáciles adaptaciones o posibles equivalencias, que se proponen en segundo término.

    2.2. Adaptación de la pronunciación o de la grafía originarias. La mayor parte de las veces se proponen adaptaciones cuyo objetivo prioritario es preservar el alto grado de cohesión entre forma gráfica y pronunciación característico de la lengua española. La adaptación de estas voces se ha hecho por dos vías:

    a) Mantenimiento de la grafía original, pero con pronunciación a la española y acentuación gráfica según las reglas del español. Así, para el galicismo quiche (pronunciado en francés [kísh]) se propone el uso en español de esa misma grafía, pero con la pronunciación [kíche], de la misma forma que para el anglicismo airbag (pronunciado en inglés [érbag]) se propone la pronunciación [airbág], o para master, la grafía con tilde máster. Estas formas adaptadas a través de la pronunciación y, en su caso, de la tilde se consideran ya incorporadas al léxico del español y, por tanto, su lema aparece en el diccionario escrito en letra redonda, y no en cursiva, como corresponde a los extranjerismos crudos. Esta misma razón explica que voces de origen extranjero como set o box, que no plantean problemas de adecuación al español, se registren en el diccionario con el lema en redonda.

    b) Mantenimiento de la pronunciación original, pero adaptando la forma extranjera al sistema gráfico del español. Así, para el anglicismo paddle se propone la adaptación pádel, y para el galicismo choucroute, la grafía adaptada chucrut.

    Aunque en muchas ocasiones se desaconseja, por innecesario, el empleo de grafías extranjeras, estas nunca van precedidas del signo (marca de incorrección; → SIGNOS), puesto que no son, en ningún caso, formas incorrectas, sino grafías propias de otras lenguas. No se trata, pues, de restringir el derecho de quien escribe a usar voces extranjeras, si así lo desea, siempre que las resalte tipográficamente mediante la cursiva o las comillas. Este diccionario se limita a señalar si su uso se justifica o no en español —es decir, si se trata de extranjerismos necesarios o superfluos— y a recomendar, según los casos, el uso de equivalencias o adaptaciones.

    Tratamiento de los topónimos

    La mayor parte de las dudas sobre topónimos se plantean cuando surge la necesidad de nombrar lugares nuevos o ausentes del repertorio toponímico tradicional. A ello se añaden los cambios de denominación impuestos por las nuevas realidades geopolíticas o reclamados por los Gobiernos locales, que a menudo chocan con las denominaciones tradicionales. Muchos topónimos provienen, además, de lenguas que utilizan alfabetos no latinos o que carecen de representación escrita, los cuales han de transcribirse y adaptarse siguiendo en lo posible los usos ortográficos propios, con el fin de que su grafía refleje adecuadamente su pronunciación.

    Por ello, este diccionario se ocupa también del léxico toponímico, ofreciendo orientación sobre la forma gráfica más adecuada en español de los topónimos y gentilicios cuyo uso actual presenta frecuentes vacilaciones. La selección de los registrados en el cuerpo del diccionario se ha hecho a partir de las consultas recibidas en las distintas Academias y de las listas incluidas en los libros de estilo de los principales medios de comunicación. A ellos se han añadido, en un apéndice específico, los nombres de todos los países reconocidos por la ONU, con sus capitales y gentilicios.

    En el tratamiento de los topónimos se han conjugado, equilibradamente, los siguientes criterios: transcripción y adaptación de acuerdo con las normas ortográficas del español (hispanización); aceptación de grafías no adaptadas o semiadaptadas, pero asentadas en el uso; y reconocimiento de los cambios de denominación oficial, sin renunciar, cuando existen, a las formas tradicionales plenamente vigentes. Así pues, cada uno de los topónimos registrados ha recibido un tratamiento diferente de acuerdo con su adscripción a uno de los siguientes grupos:

    1. Topónimos con forma tradicional plenamente vigente en español, que, no obstante, aparecen con cierta frecuencia en los medios de comunicación con nombres o grafías propios de otras lenguas. Se prefiere la forma española, a no ser que haya caído en desuso o se haya producido un cambio de denominación: Amberes (no Antwerpen ni Anvers), Ciudad del Cabo (no Cape Town), Milán (no Milano) o Nueva York (no New York).

    2. Topónimos que carecen de forma adaptada al español y se emplean tradicionalmente con la grafía propia de la lengua local o con la grafía correspondiente a una lengua puente. Se respetan estas grafías, incluso en lo concerniente a su acentuación, por tratarse de formas ya asentadas en el uso: Canterbury, Ottawa, Washington o Copenhague (del inglés Copenhagen, en danés København).

    3. Topónimos cuya forma tradicional en español ha caído en desuso en favor de la forma local. Se da primacía a la forma local: Ankara (antes Angora), Bremen (antes Brema) o Maastricht (antes Mastrique).

    4. Topónimos con cambio de denominación oficial en favor de la forma local, pero que cuentan con una forma tradicional española plenamente vigente. Se prefiere la forma española: Calcuta (no Kolkata), Moldavia (no Moldova), Bombay (no Mumbai) o Esmirna (no Izmir). Solo en aquellos casos en que se ha producido un verdadero cambio de nombre (y no una mera reivindicación de las formas locales de este) se recomienda la nueva denominación, que debe sustituir a la anterior: Burkina Faso (antiguo Alto Volta) o Sri Lanka (antiguo Ceilán).

    5. Topónimos que se emplean a menudo con grafías que responden a la transliteración o representación en otras lenguas (normalmente el inglés o el francés) del nombre local, perteneciente este, por lo general, a lenguas que utilizan alfabetos no latinos o que carecen de escritura. Se propone la adaptación de esas formas al sistema gráfico del español de acuerdo con la pronunciación más generalizada entre los hispanohablantes: Zimbabue (no Zimbabwe), Punyab (no Punjab) o Buriatia (no Buryatia).

    6. En el caso de topónimos pertenecientes a lenguas que utilizan alfabetos no latinos, se recomienda la forma gráfica que resulta de aplicar las normas de transliteración de esos alfabetos al español y se reconocen, si las hay, otras grafías asentadas: Qatar o Iraq (también Irak). Las formas transcritas se acentúan gráficamente de acuerdo con las normas ortográficas del español: Shanghái, Taipéi. En cuanto a los topónimos que responden al estándar «pinyin»1, se prefiere, si la hay, la forma tradicional española: Pekín (no Beijing), Cantón (no Guangdong [provincia] ni Guangzhou [capital]) o Nankín (no Nanjing).

    1 Sistema de transliteración de los caracteres chinos al alfabeto latino, desarrollado en China a partir de 1958 y puesto en práctica oficialmente en 1979 con el fin de unificar los diversos sistemas de transcripción del chino aplicados hasta ese momento.



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