CUENTOS Y LEYENDAS

Las velas encendidas

Aquellos niños me rodean siempre que llego, ellos me narraron punto por punto la historia de esa mujer, agregando que han visto a un señor que se pasea alrededor de una tumba que también desaparece misteriosamente lo que me interesa en esa ocasión es relatarles el suceso sobrenatural que doña Carmen

San Pedro Sula, Honduras 03.04.2009
Jorge Montenegro
redaccion@laprensa.hn

Ya me habían contado los cipotes que a uno de ellos se le apareció una muerta en el cementerio, al principio no les creí nada, usted sabe cómo son de exagerados, mienten en segundos. Dos de mis hijos trabajaban ahí en el jardín de Paz Suyapa cortando grama, regando y arreglando las tumbas, ellos me contaron esto.

La llamaremos Carmen, se trata de una señora humilde que reside en la aldea de Suyapa, lugar donde está ubicada la Basílica de nuestra Señora de Suyapa, Patrona de los hondureños; doña Carmen se puso a platicar conmigo mientras arreglaba unos ramos de flores que ofrecía en venta para los visitantes del cementerio, le dije que yo siempre visitaba dos tumbas, la de mi madre doña Chepita y la de mi pequeña hija Karelia, a quien el Señor llamó cuando faltaban dos días para que cumpliera sus seis años de edad, que también era amiga de los cipotes que ahí trabajaban. Ya los he visto me dijo, corren cuando ven esa pailita suya porque usted los lleva a pasear por las calles del cementerio, los cipotes me dijeron que a usted ya le habían contado de esa muerta ¿verdad?

Asentí con un movimiento de cabeza y señalando a uno de los niños expresé: Aquel chiquitín que está allá también vio a la mujer cuando le pidió a uno de sus compañeritos que le ayudara a arreglar la tumba de su esposo, cortaron la grama, colocaron flores y mientras el cipote arreglaba las flores sobre la tumba la señora y su vehículo habían desaparecido en cuestión de segundos.

Aquellos niños me rodean siempre que llego, ellos me narraron punto por punto la historia de esa mujer, agregando que han visto a un señor que se pasea alrededor de una tumba que también desaparece misteriosamente lo que me interesa en esa ocasión es relatarles el suceso sobrenatural que doña Carmen y sus hijos protagonizaron en el día de los muertos. Mientras se llevaba a la boca un bocado de comida, doña Carmen comenzó su relato.

“Ese día vendí muchas flores, usted sabe cómo es el día de los finados que la gente se alborota para venir a coronar no hay necesidad que traigan flores de otros lados porque aquí se las vendemos.
Recuerdo que ese día los cipotes se ganaron sus fichas halando agua, cortando grama y arreglando las tumbas, en fin todos tuvimos bastante trabajo.

Algunas personas tienen la costumbre de traer comida ese día y se sientan a comer junto a las tumbas de sus seres queridos, ahí están hasta que llega la tarde y se van; los que traen niños, juegan con ellos en las callecitas del cementerio, es un lugar bonito y aseado.

Aquí se ve de todo, personas que lloran a sus muertos aunque hayan pasado muchos años de los fallecimientos si usted se fija también hay tumbas que han quedado abandonadas otras no tienen ni el nombre del difunto, fíjese bien, por aquél muro, no se ven las tumbas por el zacate que ha crecido, no me lo va a creer, aquí hay personas que en vida fueron grandes “trameyas” y ahora nadie se acuerda de ellas, a muchos lo que les interesa es el pisto que dejan los difuntos, nada más, al fin los muertos no saben nada de nada, no sienten nada...o...a saber ¿verdad?... qué sabemos si del otro lado uno puede ver las cosas ya palmado.

Quiere, me dijo doña Carmen ofreciéndome una tortilla con frijoles fritos y queso, yo los freí en la mañana siempre traigo una burra porque me da hambre, agarré las tortillas me las comí tomándome unos tragos de agua de una botella de refresco no retornable que doña Carmen andaba llena del precioso líquido.

Lo que le voy a contar no es mentira, están de testigos mis hijos, mi comadre María y una de sus hijas, con el pistillo que nos ganamos vendiendo flores nos fuimos al super a comprar víveres y otras cositas que utilizamos en la cocina, allá nos quedamos platicando con unas amigas, nos fuimos a comer pollo cerca del hospital Materno Infantil y desgraciadamente nos agarró la noche, como no eran muchas las cosas que llevábamos decidimos regresarnos a pie a Suyapa porque los buses se tardaban.

Cuando pasamos por el puentecito después de la Universidad, vimos unas luces dentro del cementerio y creímos que todavía había quedado gente visitando a sus muertos... seguimos caminando y cuando habíamos avanzado por la calle que conduce a la aldea, nos fijamos en unas luces, el cementerio estaba lleno de candelas encendidas, casi en todas las tumbas había una o dos candelas, ahí... ahí... si nos entró miedo, mi comadre nos dijo a todos que no volteáramos a ver que siguiéramos caminando, de inmediato sentimos un gran miedo cuando llegamos a nuestras casas nos arrodillamos y comenzamos a rezar, si le cuento esto a otra persona va a pensar que estoy chiflada, pero le juro que así fue como se lo estoy contando, vimos esas candelas encendidas sobre las tumbas el mero día de los difuntos.

Me puse a pensar en tantas cosas misteriosas que ocurren y que a veces sólo una o dos personas tienen la facultad de percibirlas, doña Carmen no dejó de estremecerse cuando me relató este suceso sobrenatural.

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