POMPILIO ORTEGA

EL COME LENGUA

Por Pompilio Ortega.
(Historia hondureña acaecida en 1947)

¿Será el "Come Lenguas" de los '40s el "Chupacabras" de los '90s? "Casos se han visto en que más de una docena de hombres armados hasta las uñas, velaban en los hatos de ganado, en acecho perpetuo, y después de todo encontraban al animal, muerto, sin lengua, sin sangre y sin que ellos se dieran cuenta de cómo había sucedido todo."

Después de que el público de Honduras leyó la primera edición de Patrios Lares, hemos tenido conocimiento de nuevo material, tan interesante como el anterior; pero nada nos ha fascinado tanto como la descripción del famoso "Come Lenguas" que nos la han dado los señores don Federico Castillo y don Miguel Anariva, el primero dio caza a este tenebroso producto de la Naturaleza en la montaña de Tascalapa, jurisdicción de Trinidad, en el departamento de Santa Bárbara, y el segundo acá en Comayagua.

Siempre nos llamó la atención el caso de que en los lugares donde hacía daños el Come Lenguas nunca dejaba rastro visible; nunca se supo de lucha entre la fiera y la víctima, ni el más ligero ruido.

Casos se han visto en que más de una docena de hombres armados hasta las uñas, velaban en los hatos de ganado, en acecho perpetuo, y después de todo encontraban al animal, muerto, sin lengua, sin sangre y sin que ellos se dieran cuenta de cómo había sucedido todo. Pero bien es de suponer que las fantásticas leyendas que se han tejido alrededor del Come Lenguas, han hecho que los encargados de darle caza tengan más temor que deseo de encontrase con él.

El espíritu maligno ha estado en función en este asunto, que lo ha llevado a cabo un horripilante vampiro de los que sólo se producen en las tétricas cavernas del continente africano, y posiblemente en las escabrosidades del Amazonas.

Dichosamente hay quien asegure que sólo fueron tres de una bandada de gigantescos quirópteros, los que se desbandaron del continente negro para venir a las tierras de Centro América, donde no hay ni constrictores, ni las grandes tarántulas, ni las voraces hormigas, que con el célebre vampiro Come Lenguas y el escorpión de nueve pulgadas, son el terror para la especie humana de aquellas tierras.

El vampiro Come Lenguas es un murciélago gigantesco, el cuerpo varía de tamaño, antes y después de chupar la sangre del animal, siendo más o menos del tamaño de un pavo o jolote, las alas extendidas son como la brazada de un hombre, tiene dos estómagos, lo que le da semejanza a los rumiantes; tiene una vesícula enorme, de más de cinco centímetros en forma de huevo que segrega un líquido viscoso de penetrante olor a azufre y de gran poder narcotizante. Tiene dentadura completa: cuatro dientes grandes, dos arriba y dos abajo anchos y con filo de navaja; los molares son gruesos y los colmillos largos como los del barraco o como los del cerdo salvaje, que se cruzan por fuera a los lados de las mandíbulas. La piel está cubierta de pelo. Las patas, que en la forma y posición semejan a las del pato; tienen uñas tan sutiles que, como si estuvieran provistas de bombas, se agarran aún del pelo del ganado. En el extremo de la mandíbula superior tiene una punta a manera de bisturí, con la que corta la arteria debajo de la lengua de la res, y sobre la cabeza una roseta sin pelaje, con raras rugosidades, que posiblemente sea el RADAR, de que ya se ha dicho, están provistos los murciélagos.

Por una rara coincidencia y para deleite de mis lectores, los dos especímenes del Come Lenguas, que dejaron de chupar sangre en nuestras haciendas, fueron cazados por dos señores que el mismo día se dieron cita en mi Escuela de Coyocutena, en el mes de noviembre del año del Señor de 1947. Me consta que estos dos amigos son hombres de pelo en pecho, y sin embargo, don Federico asegura que lo que él sintió cuando mató uno de estos macabros animales, no desea volverlo a sentir. Y mi compadre Miguel, quien en vez de arma de fuego usó su daga de crucero, tuvo el buen cuidado de hacer una cruz en el aire al asestarle el primer machetazo; y cuando su esposa le gritaba que no tocara aquello que parecía el mero Satanás, pues el enorme vampiro estaba prendido con todo el volumen extendido a lo largo del corredor de su casita, él le contestó: "Pues si este es el Diablo, que se confiese, porque le llegó su última hora". Sin que por eso dejara de engrifársele el pelo, cuando la daga en vez de cortar, respingó como cuando con fierro sin filo se da sobre una vejiga de agua. Esto sucedió en la aldea de Montañuelas, en el departamento de Comayagua, próxima a la hacienda de don César Zavala, donde el Come Lenguas acababa de chupar la sangre de su última víctima. Como aquello de que solamente había tres vampiros y que el tercero es posible que emigre cuando se vea solo, no es cosa que se puede comprobar; pues como pueden haber venido de Africa, también es posible que hayan salido de las ignotas y espantosas selvas de la cuenca del Amazonas, de donde pueden seguir viniendo, es necesario que se sepa cómo se les puede cazar; cosa que puede ser muy del gusto para los buscadores de aventuras. El cazador debe meterse entre el ganado donde está haciendo daño, de tal modo que ni las vacas lo sientan; cuando el ganado está en perfecta quietud, y la noche obscura, viene bajando hasta llegar a la cabeza de la res, sin dejar oír el más mínimo ruido, ni el más ley viento. Al llegar a este lugar el vampiro vacía la glándula dejando salir chorros finos cerca de la nariz, que el animal absorbe sin darse cuenta. Este líquido que al salir de la glándula se convierte en vapor, adormece la víctima, y como si esto fuera poco, la sombra se mueve tres y cuatro veces sobre ella, lo que da idea de que el vampiro tiene fuerza magnética que utiliza a voluntad; con esto el animal casi en estado cataléptico saca la lengua, como para lamerse los labios, y este es el momento en que el pico en forma de bisturí, se introduce por debajo de ella y corta la arteria; el vampiro se chupa la sangre y por último corta la lengua que traga lentamente, pues por largo rato permanece el extremo visible, como el tapón de una gran botella.

Los murciélagos son tan sutiles en su labor de chupar sangre, que sobrepasan toda ponderación. En nuestras cercanías, la familia de un campesino se vio asediada por uno de estos animales, desesperado el padre por no poder darle caza, un día se propuso estrujarlo con su propia mano. Por la noche cubrió bien cada miembro de la familia, dejándose él la cara descubierta, pero con la mano lista para cogerlo cuando se le aproximara. Sintió cuando el murciélago entró a la casa por el tabique, y poco después oyó el ruido que indicaba que salía; y fue hasta entonces que sintió que la oreja le sangraba. El animal había sacado de él la dosis de sangre que necesitaba y el encolerizado cazador había sido burlado tristemente.
Se comprende, pues, que el cazador del Come Lenguas, debe colocarse muy cerca de donde el vampiro verifica estas operaciones. Yo solamente le aconsejo que se amarre los pantalones, no sea que vaya por lana y salga trasquilado.

(1) La prensa publicó un telegrama de Guaimaca, el año pasado (¿1947?), en el que se decía que un hombre había estado a punto de ser víctima de un enorme vampiro, quien ya un poco desvanecido logró dar muerte. Es el único caso que conocemos a este respecto en Honduras.

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