JOSE TRINIDAD CABAÑAS FIALLOS

PALABRAS DEL LIC. MIGUEL CALIX SUAZO, COORDINADOR DE LA COMISION NACIONAL ORGANIZADORA DEL BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE JOSE TRINIDAD CABAÑAS FIALLOS.

Señor Presidente de la República Por Ley
Señor Ministro de Educación
Invitados especiales
Señores representantes de los medios de comunicación
Señoras y señores:

Desde comienzos de este año, los integrantes del Instituto Morazánico de esta Comisión Nacional Organizadora hicimos un juramento sagrado, ante la memoria de José Trinidad Cabañas Fiallos, el ilustre Bayardo de Centroamérica o el Cid Campeador, como lo llamó el dos veces Presidente de Costa Rica, don Cleto González Víquez, de que íbamos a cumplir y hacer cumplir el Decreto Nº 213-2004, emitido por el Congreso Nacional en la madrugada del 29 de diciembre de 2004; igual juramento hicimos ante la memoria egregia de Morazán, de hacer hacer que se respete el Decreto Nº 109-2004 que el Congreso Nacional ratificó constitucionalmente, por unanimidad de las cinco bancadas, después que el Presidente Maduro lo vetó; promesas ambas que reiteramos hoy en compañía de los restantes miembros de la Comisión; y por tanto, manifestamos que además de hacer que se lleven a cabo las tareas expresas en dichos Decretos, nos esforzaremos en que se haga lo siguiente en el ámbito nacional: a) Dar a conocer el pensamiento de Cabañas mediante la edición y reedición de libros, revistas y folletos; conferencias en centros educativos a nivel nacional; conversatorios, foros, simposios y charlas en diferentes sectores sociales, económicos, políticos y militares; exposiciones documentales y fotográficas; exposición de manuscritos hasta ahora desconocidos; concursos en diferentes temas sobre Cabañas, como ser un Código de Conducta, ensayos históricos sobre su vida y obra, pintura histórica, poesía, cuento, obras de teatro y música. También procuraremos que la Cancillería haga gestiones ante el Gobierno de los Estados Unidos para obtener manuscritos de Cabañas que existan en las Bibliotecas y Universidades de dicho país.

Asimismo, haremos todo lo que sea posible para que se realicen obras materiales, como ser: la inauguración de los trabajos de restauración de la casa en que vivió y murió José Trinidad Cabañas Fiallos en Comayagua, para lo cual exigiremos que el Ministerio de Finanzas cumpla con su deber de poner los fondos a que se refiere el Acuerdo Nº 131 del Presidente de la República tomado el 27 de julio de 2004 y publicado en La Gaceta del 9 de octubre de 2004; colocar placas alusivas en el sitio en que nació Cabañas en Tegucigalpa y en la Avenida Cabañas en Comayagüela; construción de un jardín alrrededor del busto de Cabañas en el Parque de La Merced en Tegucigalpa; erección de un Parque Cabañas en Tegucigalpa; bautizar con el nombre de José Trinidad Cabañas Fiallos la Carretera Omoa-Guatemala o el Canal Seco, etc.

En el campo internacional, trataremos de que los gobiernos centroamericanos participen con algunas actividades en memoria de Cabañas, especialmente El Salvador, donde se le venera en lo que vale; trataremos de que se haga una Exposición de Manuscritos sobre José Trinidad Cabañas en la Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane, New Orleáns; y realizaremos la búsqueda de documentos sobre Cabañas en otras Bibliotecas y Universidades de Estados Unidos.

Finalmente, elaboraremos y publicaremos la Memoria de Actividades de la Comisión Nacional Organizadora del Bicentenario, y este será el mejor testimonio de lo que la Conciencia Nacional logró hacer en el Bicentenario del Nacimiento de Cabañas para recordar, honrar, emular y superar la conducta del Caballero sin Tacha y Sin Miedo.

Pero nada de esto se podrá llevar a cabo, señor Presidente, si usted no nos brinda su apoyo entusiasta y decidido, impartiendo y haciendo que se cumplan las órdenes del caso; y la Historia será implacable con su Gobierno si desafortudamente no sucede tal cosa.

Para conocer hoy sólo dos aspectos del pensamiento político y social de Cabañas, quiero, primeramente, llamar la atención de los presentes, pero muy especialmente de los señores representantes de los medios de comunicación, sobre un planteamiento de ese insigne prócer que lo identifica plenamente con las ideas de Morazán, que trajo la imprenta a Honduras en 1830. Dijo Cabañas: “Hay un derecho constitucional en el pueblo inherente a su soberanía, y el fundamento supremo de todas las libertadades públicas; este es el derecho de la prensa libre. Yo debo manifestaros en este punto mi programa y mi principio. En la disensión de la política y de la administración pública, no hay limitación posible, no hay formas prohibidas. El público es el juez, y toda coartiva (sic) es un ataque a la soberanía y a la ilustración del pueblo. Los escritos sin razón, sin pudor o sin verdad caen por si mismos desechados por la razón pública, o tienen alguna justicia y fundamento, y sirven de ilustración al Gobierno. ESTOY PERSUADIDO QUE NO HAY CASO EN QUE CONVENGA LA REPRESION: si no es en los que toquen el sagrado de la conducta privada…Yo deseo, pues, que la libertad de la prensa sea de hecho ilimitada, y que mi Administración sea censurada de cualquier manera, siempre que ella desagrade a mis conciudadanos. Para que yo pueda conocer la opinión, para que pueda saber mis extravíos, os encargo que me ilumineis con la razón de vuestros escritos, que me corijais con vuestra censura. LEJOS DE REPRIMIR, NI AUN INDIRECTAMEN-TE, VUESTRO SOBERANO DERECHO, me aprovecharé de vuestras luces y opiniones, VERÉ CON LA TOLERANCIA MÁS COMPLETA AUN LOS DESAHOGOS DE LA PASIÓN Y LA CAUSTICIDAD DE LOS PARTIDOS. ¿Y por qué?. Es por que siempre deben servirme de norte aun las opiniones de los que pudieran ser mis enemigos; es por eso que estoy seguro del buen sentido y de la justicia del pueblo hondureño; es por que quiero que mi conciencia pública nada tenga que temer del juicio de mis conciudadanos; pero sobre todo, es por que quiero siempre concertar mi Gobierno y medirlo en la balanza de la razón pública”.

“Y yo os protesto, conciudadanos, que si por accidente llego a comprender y a convencerme por el examen diario que me propongo hacer del estado de la opinión, y para el cual quiero que ésta se manifieste francamente, aunque sea desbordándose, que el juicio de la generalidad o de la mayoría desaprueba mi administración; o bien por que crea que me he separado de mis deberes y de mi programa, o por que éste no satisfaga sus deseos, y sus esperanzas, os protesto digo, que en cualquier época de mi período volveré sereno a mi vida privada sin turbación y sin escándalo. No seré yo, a fe, el que permita en mandaros contra vuestra voluntad o pérdida ya de vuestra confianza. Yo tornaré tranquilo a mi elemento natural que es el hogar doméstico, y vosotros me llamaréis para emplear mi espada a favor de vuestra libertad, siempre que la creais amenazada”.

“NO PERDERE JAMAS VUESTRO FAVOR AUN CUANDO DIFIRIÉRAMOS EN OPINIÓN. Vosotros me comprendeis, y yo os comprendo. Bien sea en el Gobierno; bien en lo privado, o en el campo de batalla, vosotros reconocereis tres cosas en mi corazón y en mis hechos: EL PUEBLO HONDUREÑO, LA LIBERTAD Y LA NACIONALIDAD”.

Ahora bien, si para los hombres de prensa escribió estas maravillosas palabras, que estoy seguro no eran conocidas por muchos de los presentes, su carta del 30 de junio de 1851, en que renuncia a una pensión vitalicia otorgada por la Asamblea Legislativa de Honduras, es otra joya de su ejemplar conducta, que esperamos sea leída, especialmente por nuestros políticos, siquiera unas tres veces al día, como si fuera una receta médica, para contagiarse un poquito de suinmarcesible honradez. Esta misiva fue escrita en el momento más crítico de su vida, pues desde hacía cinco años se hallaba proscrito y exiliado en El Salvador y con grandes calamidades económicas. En tales circunstancias, sin embargo, renunció irrevo-cablemente a esa pensión vitalicia (que hubiera disfrutado por veinte años y que después de muerto, su viuda o su madre o sus hijos legítimos si los hubiera habido, habrían disfrutado en el 50%). Al leerse dicha carta se podrá constatar tres razones para tal renuncia: 1) “Todos los ciudadanos tenemos la más extrecha obligación de ser útiles a la Patria, y defenderla cuando se vea amenazada de algún peligro; y cuando hemos tenido ocasión de prestarle algún servicio señalado NO HEMOS HECHO MÁS QUE LLENAR NUESTRO DEBER… (las Cámaras) me han dado ya el más lisonjero galardón en el decreto de 11 de mayo, que me condecora con el título de SOLDADO DE LA PATRIA: declaratoria que es un premio más que suficiente por los servicios que yo haya prestado, y que deja mi ambición superabundantemente satisfecha, no siendo después de esto dable que acepte una pensión. 2) Los enemigos del orden, que siempre están en asedio de cuantos pasos dan los defensores de los derechos populares, para desvirtuarlos, no dejarán de levantar el grito, ya inculpando a las Cámaras por su benevolencia hacia mí, ya calumniando mis intenciones, interpretando mis acciones siniestramente, como hijas de miras interesadas en que el egoísmo calculista hubiera cifrado su futuro bienestar. 3) NO OLVIDO TAMPOCO EL ESTADO DEFICIENTE EN QUE SE HALLA EL ERARIO; y yo que desearía tener cuantiosas riquezas que suministrarle; a fin de que cubriese tantas y tan importantes atenciones a que no es posible acudir por falta de medios. ¿Cómo habría de querer aumentar sus apuros gravándolo con aceptar una pensión?”

Estos han sido sólo dos muestras del pensamiento del Cabañas injustamente olvidado durante 200 años y que las fuerzas oscurantistas lograron silenciarlo durante los primeros cinco meses de este Bicentenario.

Muchas gracias.

Tegucigalpa M. D. C., 13 de mayo de 2005.



REGRESAR AL INDICE