La idea de
reacción química lleva a veces a suponer que el proceso progresa de los
reactivos hacia los productos, y que se detiene cuando se agota el reactivo que
se encuentra en menor proporción. Este tipo de reacciones se denominan
irreversibles. Sin embargo, con mayor frecuencia sucede que, a medida que los
productos van haciendo su aparición en la reacción, tanto mayor es su capacidad
para reaccionar entre sí regenerando de nuevo los reactivos. Cuando esto es
posible en una reacción química, se dice que es reversible y se representa
mediante una doble flecha, indicando así que la reacción puede llevarse a efecto
tanto en un sentido como en el inverso:

Cada proceso posee
una velocidad propia que va variando con el tiempo. Así, en los comienzos, la
velocidad de la reacción directa es mucho mayor que la de la reacción inversa,
debido a la diferencia de concentraciones entre reactivos y productos; pero a
medida que estos últimos se van formando los reactivos van desapareciendo, con
lo cual ambas velocidades se aproximan hasta hacerse iguales. A partir de tal
instante sucede como si la reacción estuviera detenida, pues las proporciones de
reactivos y productos se mantienen constantes. Se dice entonces que se ha
alcanzado el equilibrio químico.
El equilibrio químico tiene un
carácter dinámico, pues no implica que la reacción se paralice en ambos sentidos
como podría pensarse, sino que, en cada unidad de tiempo, se forman y
desaparecen el mismo número de moléculas de cualquiera de las sustancias que
intervienen en el proceso. Si algunos de los productos pueden desprenderse y
abandonar el sistema, se rompe el equilibrio y la reacción se verifica sólo en
un sentido, hasta que los reactivos se hayan transformado totalmente.
La ley del equilibrio químico
El principio de Le Chatelier permite predecir en qué manera se desplazará el
equilibrio químico de una reacción reversible, pero no en qué medida. Una
descripción cuantitativa del equilibrio fue efectuada por primera vez en 1870
por los químicos noruegos Guldberg (1836-1902) y Waage (1833-1918), que la
expresaron en forma de ley. Así, para una reacción genérica del tipo:
aA + bB « cC + dD
la ley de Guldberg y Waage se expresa matemáticamente en la forma

en la cual los coeficientes estequiométricos a, b, c y d que se obtienen tras
ajustar la reacción, aparecen como exponentes de las concentraciones de
reactivos y productos; K toma, para cada reacción, un valor constante y
característico que sólo depende de la temperatura y que se denomina constante de
equilibrio.
La ley de Guldberg y Waage se conoce también como Ley de acción de masas (L.A.M.)
debido a que, en el enunciado original, sus autores aludieron a conceptos tales
como «fuerzas de acción» y «masas activas». Aunque el descubrimiento de esta ley
fue el resultado de análisis de datos experimentales, algunos años más tarde
pudo ser explicada teóricamente a partir de las leyes de la termodinámica.
La Ley de acción de masas permite hacer cálculos y predicciones sobre el
equilibrio. Así, el efecto de la concentración puede explicarse como sigue: si
en un sistema en equilibrio se aumenta la concentración de un reactivo, [A] por
ejemplo, la reacción ha de desplazarse hacia la derecha en el sentido de
formación de los productos para que el cociente representado por K se mantenga
constante.