Como los apóstoles, el sacerdote tiene el inefable don de ser ministro de Cristo para la redención del mundo con una triple función:
La misión de enseñar: El sacerdote, como colaborador del Obispo, tiene como primer deber el anunciar a todos el evangelio de Dios.
La misión de santificar: los presbíteros santifican a la iglesia con su oración y trabajo, por medio del ministerio de la palabra y de los sacramentos.
La misión de conducir: el sacerdote es también servidor del sacerdocio real de todo el pueblo de Dios, de todos los bautizados.