La pastoral vocacional es deber de todo el pueblo de Dios; pero principalmente de nosotros los sacerdotes, mas no sin el origen de las Familias verdaderamente Cristianas que son el primer Seminario.
Yo considero que esta es la mejor tarea, aunque no la más fácil, que me ha tocado servir en mi ministerio sacerdotal. El Seminario en Morelia está para animar a jóvenes que aspiran al Sacerdocio Ministerial a pensar en alguna de las Diócesis que tienen pocos sacerdotes.
Comencé como Padre Espiritual y durante veinte años, procurando que se sintieran cuantos por aquí pasaron, en una Segunda Buena Familia que ayudara a su desarrollo humano, cristiano y sacerdotal, colaborando con el Padre Enrique Cortés Elizarrarás sin interés de nada material o económico y sin embargo me sentía muy gratificado.
Después de haber salido del Seminario a trabajar como Párroco en Capuchinas, Salvatierra; donde colaboré como confesor en el Seminario de Operarios del Reino de Cristo, pasé a la Parroquia del Señor del Hospital en Salamanca, donde el Colegio de Acólitos llegó a tener once seminaristas de los cuales ya hay un presbítero, algunos estudiantes en teología y otros en filosofía y en el curso introductorio son de la Nueva Diócesis de Irapuato, significándome eso grande satisfacción que a Dios agradezco.
Por eso cuando el Señor Arzobispo Don Alberto Suárez Inda me pidió volver a este Seminario como Padre Rector me desapropié de mis feligreses y me manifesté dispuesto a la tarea que nuevamente tengo en dedicarme a la formación de candidatos al Sacerdocio Ministerial o al responsable amor conyugal, empeñado en la madurez humana de los alumnos para una opción muy suya libre y responsable.
El carácter de este Seminario como Obra Misionera de Morelia que quiere compartir las vocaciones al sacerdocio con Diócesis Necesitadas, me hace amar mucho mi tarea, pues está en la petición del Concilio Vaticano II que dice: "es deber de la pastoral vocacional trascender los límites de la Iglesia Diocesana y aún de las fronteras de la Patria".
Aprecio la presencia muy creativa aún del Padre Fundador Don Enrique y creo que Mons. Estanis1ao Alcaráz y Figueroa, que de Dios goce, pues decretó la Institución Diocesana del Seminario, nos ayudará desde el cielo.
También aprecio la colaboración del Padre Guillermo Juárez Vega Vicerector, que tiene muchos años colaborando en esta empresa y la muy dinámica llegada de los jóvenes Padres Diáconos Miguel Ángel Gaona Pineda y Norberto Juárez Moncada, haciéndonos ahora un Equipo Formador muy potenciado, que cuenta además con la colaboración de hombres y mujeres como maestros acreditados generosos y personas que nos asisten en los servicios de cocina y jardinería.
Muchos son los buenos frutos del Seminario: sacerdotes que trabajan en distintas Diócesis y laicos de bien en los asuntos temporales de la comunidad humana con sentido cristiano, que no cabe en esta ocasión enumerar.
Eugenio Ponce de León Murillo.
Padre Rector.