No te detengas, Sigue Adelante
Se
cuenta que un maestro oriental que vió como un alacrán se estaba ahogando,
decidió sacarlo del agua; pero cuando lo hizo, el alacrán le picó.
Por la reacción al dolor el maestro lo soltó y el animal cayó al agua y de nuevo
estaba ahogándose. El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el alacrán le
picó. Y de la misma manera cayó nuevamente al agua.
Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:
-“Perdone, ¡Pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que lo intente sacar
del agua lo va a picar?”
El maestro respondió: “La Naturaleza del alacrán es picar… y eso no va a cambiar
la mía, que es ayudar”.
Y
entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le
salvó la vida.
Esta historia me recuerda el versículo de Gálatas 6:9 que dice: “No nos cansemos
de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”.
En la vida muchas veces nos vamos a enfrentar a la tentación de dejar de hacer
el bien, por que las personas a las que estamos ayudando parecen ser los más
desinteresados en nuestro obrar, o sencillamente porque nos sentimos atacados y
heridos. Con frecuencia hemos escuchado a dirigentes de la iglesia decir con
desilusión: “Nadie aprecia mi trabajo”, o “Nadie sabe como la estoy pasando en
realidad”, y con tristeza hemos visto a muchas personas tirar la toalla.
No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; cuando te asalten los
pensamientos de desanimo y desilusión, cuando la tentación aparezca para tirar
todo por la borda y dejar que otro haga tu labor, recuerda a Jesucristo,
cargando la cruz por nosotros, piensa en Él, clavado en la cruz por nuestros
pecados, mientras los fariseos y Satanás mismo le tentaban con bajarse de la
cruz. “Déjalo todo”, “No vale la pena”.
Él podía bajarse de la cruz y regresar al cielo, mientras nosotros moríamos…
pero no lo hizo. Incansable pagó mi deuda y la tuya, con visión soportó el
escarnio y la burla, con amor pensaba en mí y en ti, viviendo la eternidad junto
a Él. ¿No te parece maravilloso?
¡Que
Dios te bendiga!
Ptr. David Reyes F. |