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Internautas por la Paz y La Libertad

 Es difícil expresar mediante la palabra tanto sentimiento que invade el alma. Después de todo, esa trama a la que llamamos lenguaje es sólo una más de nuestras invenciones. ¿ Cómo puede uno de nuestros juguetes trascender a nuestras almas ?. De hecho, esto no es posible. Menos aún para alguien que nunca tuvo educación en lo que hemos dado en llamar arte.

Una enorme frustración y al mismo tiempo alivio surca a diario mi oscura mente. Porque: ¿ soy un libre pensador, un músico innato, un aspirante a poeta, o tan sólo un grandísimo impostor ?. ¿Porqué no encuentro la más mínima respuesta que me permita descansar de esta cavilación que horada mi ego ?.

Tengo la sospecha que es mejor no buscar más respuestas a preguntas que quizá no tienen solución. ¿ Acaso todo en este mundo debe tener un porqué ?, ¿ que problema hay en seguir como hasta ahora ? saltando del lugar donde me encuentre y escribiendo en cualquier trozo de papel las líneas que me llegan de improviso, como si un ente invisible las susurrase a mi oído.

Al menos tengo la satisfacción de encontrar un sentido a estas letras, pues cada vez que leo estas bocetos de canciones repaso un instante de mi vida. Ratos buenos y otros que no lo fueron Momentos que no necesariamente deben ser gráficos, después de todo la vista puede engañarnos. Hay quienes guardan fotografías, otros dibujamos, muchos viven de un recuerdo que puede variar bajo la decadencia de la memoria.

Yo vivo de las manchas de luz que inundan mi refugio interno. El día que esto ya no me sea posible quedará muy poco para animarme a seguir con vida, preferible sería sentarme a escuchar el ruido eterno de la ciudad y sus afanes hasta languidecer y borrarme de la memoria colectiva.

A lo largo de los años he pasado desde el furor de una juventud ignorante de la verdadera naturaleza humana hasta el sombrío espectar de un futuro lejano e impredecible. Hay etapas de la vida en que ya no podía soportar el peso de las expectativas que muchos se habían hecho con respecto a mí y a mi porvenir. Fácil hubiera sido seguir la corriente y dejarme arrastrar por las pasiones ajenas, esculpiendo cada faceta de una vida por demás ajena y completamente distinta a lo que yo esperaba. Llega un momento en que puedo mirar atrás y darme cuenta que lo poco o mucho que ha sido mi vida es completamente mío, con excepción de lo obviamente atribuible a mis padres y hermanos. No le debo a nadie nada, mis triunfos y fracasos son propios de principio a fin, con la absurda complicidad del diario vaivén y el golpe que significó salir del colegio y tomar conciencia que sólo era uno más. Y nadie me preparó para crecer. Sólo tuve las mentiras piadosas con que nos llenan la cabeza mientras salimos del capullo, muchas de ellas falsedades con la más intensa y pura de las intenciones, pero mentiras al fin y al cabo.

Si alguien lee estos párrafos alguna vez, podrá darse cuenta de la evolución de mi existencia. Es casi como un estudio sobre mí mismo. Se puede observar mis ratos de sentimentalismo, -del cursi y del brutal- mis figuras de ocio, una que otra preocupación social que acepto tener, y los recuerdos ajenos.

Recuerdos ajenos, así defino a las señales dejadas en mi interior por personas desconocidas, que con su paso fugaz aportan experiencias lejanas a mí, tontamente ajenas y paradójicamente cercanas en esencia.

¿Y qué del amor?, inquietud completamente normal para otros, y obsesión compulsiva para mí, bajo el acoso de una sociedad que asume que para cada persona existe un complemento ideal en algún lado, sin detenerse a pensar en las circunstancias que dirigen el curso de cada quien. El miedo a la soledad se hace algo cotidiano, empujándonos a relaciones casuales que nada aportan a nuestro derrotero. Muchos llegan al final de su vida con la mente plagada de malos recuerdos, basura que nadie más quiso en su memoria, y que sólo algunos incautos recogen, con la vana esperanza de poder encontrar lo que conocemos como amor Finalmente, cuando llegamos a la playa del romance no encontramos las aguas calmadas que nos habían descrito. Estamos condenados una y otra vez a batallar en las aguas turbulentas de las relaciones de pareja, cruel balanza donde perdemos un poco de vida creyendo ganar experiencia para el futuro, sin darnos cuenta que cada amor es un caso diferente, y que lo que podamos haber aprendido nos servirá de poco la siguiente vez, pues por alguna razón fuimos sentenciados a la repetición perpetua de nuestra insensatez.

Pero al final creo en el amor. Algo tan absoluto que nos es imposible percibirlo normalmente, parte del paisaje que pasamos por alto sin tomarnos la molestia de escudriñar. Te quiero, como expresión incondicional, A veces y Despedida, el amor que rebasa las fronteras de la muerte, y Compañera de Viaje, sin duda alguna mi mayor acercamiento al universo de una relación que puede resurgir de sus cenizas.

Mis preocupaciones sociales. Hace ya mucho que pasó el tiempo de los músicos de protesta, quienes al final protestaban y nada sugerían para cambiar. Pero todos tenemos el derecho, mejor aún, todos deberíamos de vez en cuando detenernos y reflexionar sobre el rumbo que tomamos, pues a menudo sucede que nos fijamos tanto en lo cotidiano que perdemos el objetivo final. Sacrificamos nuestros escrúpulos, vendemos el alma, armamos maquinarias sociales de las que nadie escapa. Guerras y rumores de guerra, como el aserto bíblico, que sin mayor razón ni fundamento pretende empujarnos al temor latente de la confrontación. El sistema esclavizante y sin embargo el que impera en el mundo como lo mejor que tenemos: Capitalismo e Intoxicación.

Y qué decir de los rezagos de una educación judeo cristiana, que me han dejado profundos temores sobre la salvación, sobre la validez de nuestros argumentos mientras sirvan para los propósitos más convenientes para nosotros. Oración (a punto de acabar), Ruega por mí, y El Camino, surgen como los más claros exponentes de dichos arrebatos, donde también podría mencionar a Historia Suicida, y Mirando al ayer. Además el temor a la muerte y la futilidad de nuestras obras tiene un desahogo en Nada es eterno y La Nada, teniendo a Las Sendas del Mal ( Nada queda II ) como el más claro exponente -a mi parecer -; sin dejar de mencionar a La Fuga y La Copa del delirio como lo más alucinado de mis noches de ocio.

Algunos fragmentos nunca han tenido ni tendrán melodía que les acompañe, sólo están ahí, como los hijos que nadie planeó traer, y nada se puede hacer para cambiarlos o borrarlos.

¿ Intento provocar a alguien al escribir esta basura ?. No. Asumo que esto podría tener escaso o nulo valor artístico o intelectual. Pero en lo más profundo puedo sentir ese temor a pasar y no ser recordado por este mundo. Insisto: ¿ todo lo que hacemos debe tener algún sentido concreto ?. Cada vez me convenzo más de que hemos perdido el gusto de hacer las cosas sólo por la satisfacción de realizarlas. Nos convertimos en voceros de la decepción y el escepticismo a medida que crecemos.
Aquí están, sin ningún orden en especial, excepto el estado de ánimo y una vaga cronología.

 

(Prólogo de Tendencias suicidas, compilación de temas y escritos varios, enero de 1997)