|
Andamarca, es decir Pallasca...
Félix
Álvarez Brun
Andamarca,
es decir Pallasca, fue pueblo eslabón en la ruta de los Incas
por la sierra andina. Por él pasaron los señores del Cuzco -Túpac
Yupanqui y Huayna Cápac- escoltados por nutridos séquitos de
servidores nobles y por los invencibles ejércitos imperiales,
camino hacia nuevas conquistas o para regalarse en el ameno y
deleitoso valle de Tomebamba. Hasta Andamarca llegó el
infausto hijo del Sol, Huáscar Inca, prisionero de los
generales del usurpador Atahualpa, y ahí fue muerto
ignominiosamente y su cuerpo arrojado a las aguas del río que
perpetuó su nombre. La muerte del legítimo sucesor de los
Incas, ocurría al momento en que hombres extraños venidos de
lejanas tierras, caminaban ya por el suelo de sus ilustres
antepasados. Posteriormente, llegan a ese rincón de los
Andes: Hernando Pizarro, primero, y Francisco Pizarro, después.
El uno de paso al templo de Pachacámac y el otro, con su
hueste triunfante, rumbo al Cuzco, corazón del Tahuantinsuyo.
Fúndase muy pronto sobre el villorrio indígena, la ciudad
española de Pallasca, poniéndola bajo la advocación
patronal de San Juan Bautista. Desde entonces también, los
curas y misioneros levantan una iglesia y convento para desde
allí apurar la conversión de los naturales.
A
fines del siglo XVI, la más alta dignidad eclesiástica del
Virreynato, el futuro Santo Toribio de Mogrovejo, posa sus
plantas en la humilde villa serrana, en dos oportunidades. La
población cobra auge muy pronto por la bondad de su suelo y
por la riqueza de sus minas de oro y plata, convirtiéndose en
una ciudad con marcado predominio de la gente blanca
sobre la indígena. El mestizaje se acelera rápidamente, pero
ello no impide que algunos españoles siguiesen haciendo
ostentación de limpieza de sangre y hasta de títulos
nobiliarios, con escudos que graban en los altares barrocos de
la iglesia matriz; y que, de otro lado, los indios del
barrio de "quichuas" continúen manteniendo la
prestancia de su estirpe nativa. En esos años coloniales,
Pallasca, es decir Andamarca, crece en importancia no solo por
la explotación de sus ricas minas de oro, plata y cobre, sino
también por su floreciente industria de tejidos, talabartería
y alfarería; por la cría de ganado vacuno, caballar, porcino
y lanar; por el cultivo de cereales y otros productos para los
que la tierra se mostró siempre muy propicia y generosa.
Durante
aquellos años la lengua general de los Incas desaparece,
dejando lugar al castellano que poco a poco cubre toda la región.
Muchos años más tarde, en el siglo XIX, Raimondi comprueba
la total ausencia del quechua en la provincia de Pallasca,
mientras que en el resto de la sierra ancashina todavía seguía
hablándose, al mismo tiempo que el idioma importado. El sabio
no encontraba explicación clara al respecto, y hoy todavía
muchos ignoran el motivo de tal fenómeno. Recientes
investigaciones lingüísticas tratan de demostrar que una
vieja lengua indígena, llamada Culli, floreció entre
Pallasca y Cajamarca. Por consiguiente, el quechua, que fuera
impuesto sobre esa lengua nativa en los últimos años del
incario, no se hallaba suficientemente arraigado al momento en
que llegaron los españoles. La sustitución de una lengua
antigua por otra más reciente que no ha tenido tiempo para
fijarse en el grupo, determina lógicamente que la última
quede condenada a desaparecer ante la presencia de una lengua
posterior. Tal sucedería con el quechua que, luego de
imponerse al Culli es sustituido por el castellano.
Pasa
el tiempo de la Colonia y viene la lucha por la Independencia.
Pallasca, en esta nueva etapa, no permanece al margen de los
hechos. Al contrario, da su cuota patriótica en hombres y
pertrechos para la constitución del ejército libertador en
el norte del país. Pallasca, como provincia colindante con
las de La Libertad, estaba llamada a jugar un papel de gran
importancia en la formación de las tropas patriotas, y así
fue. Por entonces también el Libertador Bolívar pasa y
repasa por el suelo pallasquino y descansa en él para
"respirar el aire puro de las montañas", entre
"nieves y vicuñas", que su gran imaginación añade
con el fin de dar más colorido al ambiente vernacular del
pequeño pueblo que lo cobija en aquella hora vecina a la
libertad de América. Cruzan luego por Pallasca los ejércitos
patriotas que fueron cuidadosamente preparados entre
Huamachuco y Trujillo, y que van a dar las batallas finales de
la Independencia en Junín y Ayacucho.
En
la época de la República suceden hechos diversos en la
tierra pallasquina. Algunos caudillos revolucionarios pasarán
por ella y en cierta ocasión concluirá en la propia ciudad
de Pallasca toda una esperanza política de resonancia
nacional. De vez en cuando escuchará el trote de caballos de
los montoneros, que se agitan al mismo ritmo del convulsionado
Perú republicano. Algunas rebeliones indígenas encontrarán
eco inmediato en el pueblo pallasquino que siempre se erguirá
en favor de los derechos sociales, de la libertad y de la
justicia. En la guerra con Chile se resistirá a colaborar con
el enemigo y, en consecuencia, sufrirá fuertes cupos y
castigos. Cáceres, el héroe de la Breña, se hará presente
en dos y acaso más oportunidades en Pallasca, de donde irá
también a dar la batalla de Huamachuco, último encuentro
importante frente a los invasores.
|

Cabeza
Clava, Cultura Pallasca |
Pero
entre estos hechos que podrían ser o no trascendentales para
Pallasca, ha cabalgado un sino poco venturoso a través de
casi toda su historia. Durante la República, Pallasca decrece
en importancia como ciudad y es víctima de la deficiente
organización político-administrativa del Estado, como ha
ocurrido con otros pueblos del territorio nacional. A ese daño
hay que agregar el producido por la explotación inhumana de
que han sido objeto sus hijos por parte de los gamonales de
Tambo Real, La Rinconada y otras haciendas costeñas que, con
promesas falaces, atrajeron por muchos años a los pobladores
humildes de la sierra pallasquina para diezmarlos en los
trabajos forzados de los arrozales y cañaverales, tan
fecundos en paludismo endémico. Otros, los capitalistas, los
contrataban para llevarlos a las minas de tungsteno y a, los
lavaderos de oro, lugares en los cuales con el sudor de su
rostro y con su trabajo mal remunerado, contribuían a
incrementar los fondos de los detentadores de esos bienes, que
no les dejaban otra cosa que el mísero jornal de cada día.
Por otra parte, las autoridades civiles y políticas de los
gobiernos republicanos aprovechaban de la fuerza política que
les imponía en los cargos públicos para mandar a esa misma
gente a trabajos que les eran ajenos tanto particular como
colectivamente. Y, por último, los representantes
parlamentarios buscaban conseguir, en nombre del pueblo que
los eligió, partidas y beneficios del presupuesto nacional
para llenarse los bolsillos. Estos y otros muchos hechos han
constituido un conjunto de realidades difíciles de liquidar,
y que hoy, acaso por imposición del tiempo y las
circunstancias, se hallarían en vías de concluir.
En
las primeras décadas del siglo XX, Pallasca no ha registrado
sucesos importantes. La incuria y hasta la falta de prestancia
intelectual y moral de quienes fueran ungidos por el voto
popular pallasquino -salvo honrosas excepciones- han dejado
que ella permanezca casi olvidada, si es que no han
contribuido a su lamentable atraso, divirtiendo en usos
particulares los fondos que la nación le dedicara. Los azares
de la política no le han sido por cierto favorables a
Pallasca, no obstante el espíritu emprendedor y entusiasta de
sus hijos.
(Tomado
de: "ANCASH, una historia regional peruana")
___________
_________
Recomentamos
leer el siguiente Documento
histórico acerca
de la nobleza señorial de Pallasca haciendo clic en la
antorcha:
Parte
del Coronel Chileno Alejandro Gorostiaga que prueba la resistencia
heroica del pueblo de Pallasca frente al invasor en la Guerra del
Pacífico.
|