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Homenaje a la fundación del periódico La Patria


LA PATRIA nació en un mitin

* Más de un millar de personas tomaron la decisión en la Plaza 10 de Febrero

 

* Es primer y único periódico que nació con respaldo popular el 19 

de marzo de 1919, en medio del auge económico de Oruro

 

Por Humberto Apaza Orozco (*)

El periódico LA PATRIA nació en un mitin, con respaldo popular, después de culminar la manifestación de más de un millar de ciudadanos, dirigidos por Demetrio Canelas, Gabriel Palenque, Francisco Fajardo y Florián Zambrana, en la Plaza 10 de Febrero, para recuperar el Litoral Boliviano.

Canelas planteó la necesidad y la "urgencia de contar con una tribuna de prensa, desde la cual defender los derechos de Bolivia en el Pacífico", impulsados por la proclamación de Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos de 1919, para que los países que hubieran perdido territorios en tierras de conquista, o por tratados impuestos por la fuerza, "tenían derecho a pedir la revisión de ellos".

La concentración popular era inédita. Había respaldo general para lograr la reivindicación de los territorios usurpados por Chile en 1879. La idea de recuperar el mar estaba entre todos los orureños, con respaldo del principio establecido por el presidente norteamericano en la Sociedad de Naciones (SdN).

Era indispensable, sin embargo, tener un medio de comunicación impreso. La idea fue planteada por Demetrio Canelas, ante la atenta multitud que se había reunido alrededor del kiosko de la Plaza de Armas, porque sin una tribuna de prensa, era difícil difundir las iniciativas del pueblo orureño.

La ciudadanía respaldó la iniciativa de Canelas y de inmediato pidió que se haga efectivo el periódico. De entre los asistentes, incluso sugirieron nombres que hagan alusión a la defensa del territorio nacional. Después de breves consideraciones, se llegó a la conclusión que el periódico debía llevar el nombre de LA PATRIA.

Enrique Collazos ofreció su imprenta. La actitud espontánea fue reconocida con un aplauso, porque, sin mucho trámite ni gestiones burocráticas se podía crear un periódico, con respaldo de hombres y mujeres. Era el primer paso fundamental para lograr el objetivo.

Por decisión unánime, el mismo Demetrio Canelas, fue elegido director.

LA EPOCA DEL AUGE MINERO

La manifestación tenía la participación activa de muchos ciudadanos que, sin ser orureños, se habían enraizado en esta ciudad, en el mejor momento de la minería de la plata y el estaño y con un moderno servicio ferroviario que tenía conexión desde el puerto de Antofagasta hasta Oruro.

La industria, el comercio y la actividad cultural era incesante. Oruro era la ciudad floreciente del Siglo XX. Los extranjeros, que se habían anoticiado de la efervescencia de la minería, llegaron desde Inglaterra, Yugoslavia, Estados Unidos, Israel, Alemania y Francia, en busca de nuevas oportunidades de progreso y desarrollo.

Dubrascic y Sabioncello instalaron su ferretería Hinke y Cía., con una variedad de productos para el trabajo de las minas. La Fábrica Zamora y Cía., con cueros de cabra y botas de la mejor calidad, era la principal proveedora de calzados para los mineros de San José, Itos, La Colorada, Huanuni, Uncía y Siglo XX.

Los novedosos camiones de 2 y media y 3 y media toneladas, ya habían ingresado por ferrocarril y parecían unas carretas con cabina, pequeñas, pero listos para ser utilizados. Se llamaban los autocamiones Garford. También se ofrecían a la venta los automóviles sin rival Dort y National, los primeros vehículos que sorprendieron a todos. No había necesidad de tener caballos para viajar de un lado a otro.

EL GRAN EDEN

El Gran Edén ya había adquirido la fama nacional e internacional. Todo extranjero que llegaba a Oruro, tenía su alimentación adecuada en ese restaurant ubicado en la calle Gobierno (Presidente Montes), esquina Alianza (Adolfo Mier).

Era "el mejor local cosmopolita", porque en Oruro se encontraban ciudadanos de varias nacionalidades del mundo, donde contaban sus aventuras, fracasos y triunfos, aquellos que tenían ansias de invertir sus recursos, trabajar y aportar a esta ciudad, con los mejores servicios básicos, como agua potable y energía eléctrica.

El Hotel Edén tenía un comedor para trescientas personas, una sala de bailes, dos grandes salones para billares, una sala de palitroque, una pastelería y un bar, para satisfacer los gustos de los más exigentes estantes y visitantes, convirtiéndose en un referente de la prosperidad y la modernidad nacional e internacional.

El Gran Edén tenía también las más recientes cintas cinematográficas y una orquesta, como en ninguna otra parte de Bolivia.

El cirujano dentista norteamericano Julius Protzel llegó a Oruro y se quedó enamorado de esta tierra, como Bonacci y Petroswi.

Oruro -como decía el poeta Luis Mendizábal Santa Cruz-, era la enamorada del gringo y del gitano, pero cuando traían en sus manos la crispación dichosa del trabajo. Oruro era el centro del poderío económico, social y político, aunque el Palacio de Gobierno funcionaba en La Paz.

Oruro era el bastión del acontecer político de las corrientes institucionalistas. Aquí se fundó el Partido Republicano Genuino, el 3 de enero de 1914, con la participación del general José Manuel Pando, Daniel Salamanca, Bautista Saavedra, Demetrio Canelas, Domingo L. Ramírez, Adolfo Mier, Abel Iturralde, Román Paz, Florián Zambrana, León M. Loza y Rafael Ugarte.

Sin embargo, el 19 de marzo de 1919, Demetrio Canelas, tuvo la certeza que al hacer un periódico con respaldo popular, no podía estar al servicio de ningún partido político, como otros que, en poco tiempo, se perdieron después de varias ediciones.

LA PATRIA fue organizada y salió la primera edición el 19 de marzo de 1919, con el aporte de los primeros redactores, Abel Ascarrunz Peláez, Enrique Condarco, Natalio Peña, Enrique Zeballos Antezana, el administrador Ricardo Vélez y el jefe de talleres, Félix Rodríguez.

La empresa fue consolidada con Demetrio Canelas, Luis Calvo, Florián Zambrana y Casiano Arnéz. Desde entonces, Bolivia tiene el "único periódico que nació con respaldo popular".

No fue una gaceta destinada a defender el Partido Republicano, sino un órgano independiente, para defender el orden constitucional y la libertad de prensa.

Las primeras ediciones del periódico LA PATRIA, tenían características especiales y diferentes de nuestra época. La primera página tenía catorce avisos diagramados a pulso, donde se exponían una variedad de productos de ferretería, minería y calzados. Pero, aunque en menor cantidad, habían en venta pistolas y revólveres, sin control de ninguna naturaleza, para sostener cualquier duelo o para defender los bienes patrimoniales.

La segunda página tenía un breve editorial, con advertencias y crónicas sobre "la vida de la mujer" y "consejos para la madre". No habían títulos grandes ni sensacionalistas.

La tercera página era dedicada a avisos, al igual que la cuarta, mientras que la quinta tenía noticias pequeñas que, entonces se denominaba "información telegráfica del Oruro, el interior y exterior". La página sexta y la octava estaba llena de avisos y la séptima estaba destinada para las "noticias breves".

LA PATRIA nació y se forjó con respaldo popular. Ahora son 83 años de vida, iniciativa y creatividad. La visión es seguir el camino correcto, para servir mejor, con calidad, veracidad y puntualidad, para estar allí donde debe estar, al servicio del bien común, sin sectarismos ni mezquindades.

(*) Periodista de LA PATRIA

 

Más de veinte directores

timonearon LA PATRIA

Por Fabrizio Cazorla Murillo (*)

Menudos y ligeros en su negrilla, encontramos los nombres de algunos directores que LA PATRIA recibiera en su historia. Los periódicos que vimos, mantenían inalterable el carácter tipográfico de su nombre y el imborrable contenido de sus mensajes. Provocados por un esfuerzo temporal, volvíamos siempre a revisar aquellos ejemplares, para arrinconarnos en el viejo escondite de su lectura.

Con el tiempo tratamos de hilvanar los detalles de aquellos directores; aunque en esta tarea de persistente empresa, quedarán muchas personalidades, que el tiempo y la circunstancia se encargaron de olvidarlos.

DEMETRIO CANELAS

En este intento, mencionemos a Demetrio Canelas, primer director y fundador. Personaje de severos razonamientos, conocido en los talleres y redacción con el nombre de "Sarrasqueta". Fue una figura de asignada disciplina, adosado a una intransigente valentía, combativa y orientadora para la formación de opinión pública.

Demetrio Canelas fue considerado maestro del periodismo, forjó ilimitadas condiciones de irreverente cuestionamiento y defendió desde la fundación de LA PATRIA, los legítimos derechos de reivindicación marítima.

Así, dentro la agitada e intervenida existencia del periódico, Canelas fue, seguidas veces, confinado a campos de concentración, queriéndose aminorar la robusta rectitud de sus galvánicos pensamientos, como alguna vez lo dijeran sus biógrafos.

El primer director de LA PATRIA, condujo la vibrante campaña de sus ideales, en cuatro oportunidades. Fue en aquellos atrincherados años, cuando el fuego incendiario de sus palabras, lo llevó más tarde, a fundar nuevas tribunas del pensamiento.

DECADA DE LOS VEINTE

En los románticos pero a la vez convulsionados años veinte, de políticos y de pugilatos partidistas entre republicanos, liberales y conservadores, LA PATRIA orientó su misión conductora, inicialmente en la dirección de Joaquín Espada y luego en la de Enrique Zeballos Antezana. El primero asumió una dirección motivada por la aguda corrección que su fundador había dejado; el segundo por una dirección de elocuente criticidad y rebeldía, de confesa aversión por lo mezquino e insubstancial. Enrique Zeballos, más allá de su efímera dirección fue uno de los más consecuentes colaboradores del periódico. Por más de cuarenta años, sus artículos engalanaron las ediciones especiales y cotidianas de LA PATRIA, dejando que su astro poético, tenga permanencia de lujoso esplendor.

Celebrando el Centenario de la Independencia de Bolivia y la centenaria creación del departamento de Oruro, asumieron el timón vigilante de LA PATRIA los periodistas Alejandro Vera, Julio César Canelas, (hermano del fundador); Rodolfo Montaño; Víctor León; Israel Becerra y Fernando Loayza Beltrán.

De éste último, señalar que fue director en seis oportunidades, siendo además escritor y ensayista. Loayza Beltrán se dedicó a sembrar conciencia reflexiva sobre nuestra identidad. Polemizó cuestiones pedagógicas y supo abordar los temas nacionales con natural correspondencia. Caminó junto a LA PATRIA por las oscuras imprevisiones de las instituciones, inquietas y reaccionarias ante el flagelo de su palabra. Loayza Beltrán fue recordado por sus colegas como el periodista de vocación y disciplina ejemplar; fue evocado como el director que supo dirigir con singular acierto el periódico, que por varios años, recibió de su talento e inquietudes, un buen raudal.

LOS AÑOS TREINTA

Ingresando al terreno de los belicosos años del Chaco, aparecen otras personalidades del periodismo y la cultura. Mencionar a Casto Quezada Palma, el recordado Licenciado Vidriera. El periodista de refinado y culto humorismo, quien asumió en 1930 la dirección de LA PATRIA.

Quezada Palma fue muy recordado por su columna nimiedades, un espacio que el cruceño con raigambre orureña, consagró al escenario de las más supremas polémicas de nuestra sociedad.

Fue un periodista recordado, no sólo por su desprendimiento y ágil renovación en el ejercicio de la profesión; sino porque al igual que otros colegas, abandonó la máquina de escribir por aquel empuñado fusil, que un día esperó el último disparo, para anunciar su trágico desenlace.

Aquellos treinta fue para LA PATRIA, el tiempo de las agonizantes y conmovedoras noticias de la guerra. En aquellas ediciones se contaron como directores a Jorge Salinas, Abel Ascarrunz, Eduardo Zapcovich y Luis Romero Amézaga, de quienes ahora fuera imprescindible reconstruir su básica semblanza.

En ese tiempo apareció también la figura de otro notable orureño: Eduardo Ocampo Moscoso. Muy joven en 1934 asumió la dirección del periódico, ya antes se había destacado como escritor y poeta, y ahora la oportunidad le asistía para formar conciencia pública en la sociedad orureña. Más tarde como escritor en temáticas de historia, literatura y otras de su vasta producción recordaba a LA PATRIA con entrañable nostalgia. En su obra Historia del Periodismo Boliviano le dedicó un espacio privilegiado.

Ya en lo postrero de esos años, LA PATRIA contó como director al poeta y consagrado escritor Luis Mendizabal Santa Cruz, quien años antes le había dotado de vitalidad a la página literaria.

Así también asumió la dirección Rodolfo Salamanca La Fuente, y Natalio Peña, ambos testigos de los destierros, confinamientos y torturas propiciadas por las airadas e inconformes instituciones políticas, que se valieron de la violencia para acallar y censurar las voces de legítima responsabilidad.

AÑOS CUARENTAIniciando la década de los cuarenta, aparece en la dirección del periódico el activo periodista Luis Gutiérrez Monje, autor de la columna "Mentirijillas". Le siguió el cuentista e historiador Rafael Ulises Peláez, Felipe Iñiguez, David Ríos Reynaga, Luis Téllez Herrero y Luis Herrero.

Fue Herrero quien prolongó la vida de LA PATRIA por unos años más. Con él terminó una época, y empezó otra con don Enrique Miralles; el periodista visionario que adquirió la acciones del periódico, en compañía de Cristóbal Molina.

ENRIQUE MIRALLES

Desde 1946, Enrique Miralles le concede otra fisonomía al periódico. Quedó atrás las corrientes político partidistas que se manifestaron en sus primeros años; ahora comenzaba la etapa del servicio a la región y a sus más elevadas aspiraciones. Don Enrique Miralles nos decía: "Cuando recibimos LA PATRIA, parecía que querían cerrarla. Nosotros realizamos transformaciones y recibimos del pueblo de Oruro, su representación. Por eso defendemos los intereses de Oruro y por eso LA PATRIA se constituye en la voz de Oruro".

(*) Periodista de LA PATRIA

 

De Canelas a Miralles

Dos épocas de LA PATRIA

Por: Pdsta. Elías Delgado Morales

Un 19 de Marzo de aquel lejano año de 1919, se fundó el Diario LA PATRIA, al influjo de los irrenunciables principios de la reivindicación marítima boliviana.

Una multitudinaria concentración humana en la plaza "10 de Febrero", acunó el nacimiento del Sub-Decano de la Prensa Nacional, bautizándole precisamente con el nombre-símbolo que todos invocamos en los momentos supremos de la vida civil: LA PATRIA, o cuando escuchamos las vivificantes notas de nuestro Himno Nacional, o cuando vemos ondear nuestra hermosa tricolor.

LA PATRIA -ya lo dijimos alguna vez- devino de algo así como la conciencia de Oruro. Su actual director sentenció más enfático: ES SU VOZ Y SU LATIDO...!

Esta casona solariega, tuvo sus luces y sombras. También altibajos, como todo emprendimiento social y colectivo.

En esta ya larga andadura soportó ataques desembozados, empastelamientos crueles y comedidas afrentas de gobiernos, que fundaban su administración en la intolerancia político-partidaria y la excesiva suspicacia. Sus periodistas también fueron víctimas de la inquina y varios marcharon 

camino de una ostracismo injusto, por defender los inmanentes principios de la Libertad, o en su caso, los superiores intereses regionales, siempre subalternizados y venidos a menos, por los detentadores de la fuerza y el abuso de poder.

Pero, a pesar de todo, el Diario orureño siempre fue Tribuna, cuando no Trinchera de Lucha de las preocupaciones colectivas, tanto que su fundador y primer Director, el repúblico y formador de generaciones, Dr. Demetrio Canelas, abanderó en su época con varonía e inteligencia la justiciera causa marítima boliviana. Y el actual, don Enrique Miralles, gestó básicamente la creación del primer núcleo cívico orureño, que también perdurará por el tiempo y el espacio, como instrumento de reivindicación de la vida de nuestro pueblo. Entonces, a través de estos 83 años, LA PATRIA sustenta enhiesta la llama votiva de la 

Dn Demetrio Canelas

 

Dn Enrique Miralles B.

defensa de los intereses regionales y nacionales, amén de haberse convertido por natural gravitación, en evidente escuela formadora de periodistas, hoy diseminados en todos los ámbitos de la geografía nacional, todos imbuidos de innegable carga emotiva de servicio, a base de comprobada capacidad profesional, estupendo bagaje cultural y visión analítica, gradaciones que no se alcanzan en las aulas académicas, sino merced a lecturas consumadas y cotidianas.

El ejemplo y obra del 900 de Canelas, fructificó edificante en el tiempo, echando profundas raíces en el pueblo y la opinión pública, sus destinatarios naturales. Y desde el año de 1946, en que asume su actual timonel, consolida ese enraizamiento en el corazón y el alma del pueblo, abriendo un amplio abanico de credibilidad y confianza.

Son dos momentos o dos estados definidos -por así decirlo- que identifican primero, el paso del prócer fundador, y después, el norte que señaló su actual conductor, que dicho sea de paso, ya ha rebasado el medio siglo a la cabeza del Diario orureño, secundándole con propiedad su hijo Marcelo Miralles Bová.

Al margen de pre-eminencias políticas de la época, Canelas supo separar lo uno de lo otro. Eso se explica cuando escribía en uno de su editoriales: "La independencia de un Diario, es el estado que se origina en la independencia conciencial de un escritor y en la independencia económica de la empresa editora. El primer requisito es de naturaleza moral. El nivel de la moral pública de cada época, se refleja en el grado de entereza y probidad intelectual del escritor".

Canelas trazando una suerte de ideario legó para siempre, algo que todos los periodistas tendrán presente, cuando sentenciaba: "No hay nada que hacer cuando los hombres practican la profesión periodística, están movidos por el interés, la codicia, el servilismo o el temor. Entonces la depravación de la prensa, no es sino el corolario de la depravación general".

Sentencias profundas y punzantes, que darán que pensar a más de un practicante del periodismo de nuestros días, lejos ya del viejo periodismo, que estaba casi unimismado con la praxis política, debido al febril temperamento de lucha de la época.

El paso del tiempo provocó nuevas corrientes de trabajo, otros estilos de servicio a la opinión pública. Por eso y con mucha propiedad, Miralles escribió en su primer editorial, al diseñar la nueva línea principista de LA PATRIA: "Una estructura completamente diferente. Nada de política. Servicio social. Toda la verdad debe ser expresada con claridad y objetivamente".

Esta fue y es la matriz de comportamiento del vocero orureño, donde desde fines de los 50 forjamos nuestra formación periodística, naturalmente que de la mano del insigne Sr. Miralles y de otros experimentados diaristas como Augusto Dávila Sanabria, quien fue nuestro primer Jefe de Redacción.

Este octogésimo tercer aniversario de nuestro Alma Mater espiritual, nos da pie para evocar a otros colegas que ya partieron en el viaje sin retorno, con quienes compartimos labores e inquietudes, como don Cristóbal Molina Rodríguez, Gerente de la vieja casona; Julio Rodríguez Orihuela, que además era abogado y buen colega; el polifacético Eduardo López Rivas, que con la misma destreza enfocaba artículos sobre economía o arqueología; don Alex Irahola, especialista en información internacional; Víctor Flores Barrientos, que compartía sus deberes cotidianos de prensa con la musicología; don Luis Lazzo Quinteros, experto en información deportiva, al igual que el empeñoso Juan Molina Rodríguez, que distribuía su trabajo periodístico con la docencia en varios establecimientos educativos; luego Javier Echenique Alvarez, que de improviso incursionó en la lides político-partidarias, el inolvidable colega y gran orureño Roberto Munguía Béjar, que por muchos años desempeñó la Corresponsalía en La Paz.

Todavía quedamos en este "valle de lágrimas", aparte de don Enrique y el Dr. Dávila, el colega Luis Enrique Dorado Vásquez, que reside en Santa Cruz, con quien compartimos una sostenida lucha universitaria; José Eduardo Loza, avecindado en Tarija; José Zabaleta Navia, hace tiempo residente en el Brasil; el leal amigo y compañero de estudios universitarios, Roberto Molina Rodríguez (hoy alejado de las actividades periodísticas); el inefable Angel Copa y el creativo José Luque Medina, ambos diestros en la caricatura, el último residente en el Ecuador.

Un hermoso mosaico concebido por el extraordinario pincel de Luque "P.P." y que luce en la Redacción del Diario, con fecha 18 de mazo de 1959 testimonia este recordatorio, como visión inmarcesible de aquella generación de periodistas, forjados en la escuela de la honradez, la verdad y el supremo ideal de servicio al pueblo.

 

Recuerdos de mi infancia

Por: Estela Miralles de Bedregal

No puedo decir exactamente cuántos años tenía, cuando subía "al periódico" colgada de la mano de mi papá, quien me tarareaba sones de una diablada y me estiraba de la manito para que salte:

- Tan tan tan taran taran tan tan ...

Yo subía alegre porque era una aventura ir a visitar "al Cristóbal" (a Don Cristóbal Molina, el Sub Director), o ir a saludar "a la Martha" (Doña Martha Aramayo, la contadora).

También era interesante observar cómo trabajada Abraham Portillo, en su "horno", donde fundía plomo para hacer las planchas de las tiras cómicas y las fotos.

Entrar a investigar en el hueco debajo de la rotoplana (cuando no estaba funcionando), o mirar cuando se imprimía el periódico, tenía algo de mágico ver cómo entraba el papel en blanco y salía el periódico impreso y dobladito, tan rápido que no podíamos contar.

Otra maravilla era observar a los linotipistas, que a medida que tecleaban, con leves toques, iban cayendo las matrices en filita, para salir luego las palabras fundidas en plomo para ser armadas en las cajas. Salían calientes y había que esperar que enfríen. Nuestros amigos linotipistas (recuerdo a José Méndez) escribían nuestros nombres y luego nos obsequiaban nuestro sellito. Tal vez, éramos los únicos niños que tenían un sello con su nombre.

Los correctores pasaban un rodillo con tinta a los artículos ya armados, hacían muestras en papel y revisaban que todo esté correcto (a veces habían líneas cambiadas). Lo malo era que uno nunca salía de allí sin una marca de tinta ya sea en las manos, la ropa o los zapatos.

Otra cosa, muy distinta era estar en la redacción y quedarse horas observando cómo la nueva máquina, la Teletipo, "escribía solita", y por más que mirábamos, no encontrábamos "al enanito que tocaba la campanilla cuando llegaba una noticia importante".

También recuerdo a muchas personas; había un señor que le decían "el arrocito" (no recuerdo su nombre). "Don Lucho" era el señor Luis Lazzo que hacía deportes; Roberto y Juan Molina, don Luis Díaz ("El Luchito"), Javier Echenique, a don Víctor Flores Barrientos, Edmundo Rocabado (entonces fotógrafo); don Augusto Dávila.

Entrar en el taller de fotograbado era todo un misterio, el olor de los reactivos, su lavandería, la cámara oscura (donde no podíamos entrar) y la maravillosa ampliadora que achicaba o agrandaba las imágenes, el archivo de fotos donde siempre era interesante curiosear.

También nos gustaba jugar a las escondidas en el mesón donde don Simón Arias contaba los periódicos, para repartirlos a los voceadores. Cuando había imprenta, nuestro lugar favorito era "la guillotina del Lucho" (Luis Sahunero), quien nos regalaba tiritas de papel para jugar o nos permitía revolcarnos en las virutas de papel. Observar cómo el operario manejaba la prensa plana, sacando las hojas impresas una por una, había que estar lejos, "si metes tu mano te puede sacar un dedo", nos advertían. Había una máquina perforadora de orificios pequeños, perforando hojas dobladas que salían como"tapetitos". Era lindo observar a los empastadores, armar libretas y talonarios.

Trepar donde estaba la leña apilada (para el horno) y corretear por encima de las bovinas de papel, a las que llamábamos "papel higiénico de gigantes", eran grandes desafíos.

Recuerdo en especial dos fiestas de LA PATRIA (19 de Marzo); una que fue en el taller, mi hermano Miguel y yo tomamos vino con agua y azúcar como refresco, no nos dejaron tomar mucho, porque estábamos chispeados y reíamos mucho. En otra ocasión la fiesta fue en la imprenta, cuando recién llegó la Heidelberg, a alguien se le ocurrió hacerse una sotana de papel y ofició un matrimonio en sátira (de mis papás).

Cuando se editaba "EL MOSQUITO", íbamos a casa de Pepe Luque a pedirle los dibujitos. También Angel Copa dibujaba.

Mi papá era Zacarías Rocha y mi mamá Zoila Picazón. Entonces las visitas de don Jorge Barrón eran frecuentes, ideaban juntos las tomadas de pelo y reían mucho. Jorge Barrón tenía la risa fácil y contagiosa. Don Pablo Arrieta (cuya autobiografía leí años más tarde en su libro "Crónica de un niño solo"). El me decía Estelaberinto, y en mi inocencia de niña no entendía por qué don Pablo me cambiaba mi apellido y me decía Berinto.

También recuerdo a los porteros, que vivían en el periódico con sus familias, sus hijos eran mis compañeros de juego.

Recuerdo también a los Arevillca y a Palma. El primero criaba conejos, con los cuales jugábamos, o acompañar a sus hijos a comprar kerossene o a rezar la novena.

A los 15 años, mi primer trabajo fue como recepcionista de avisos en el periódico. Había que asentar los títulos de los avisos en un libro grande y luego llevar control de los mismos, llevaba la caja chica y ayudaba en la facturación, entonces doña Martha y doña Herminia Velasco eran mis colegas. Don Abel y don Cristóbal eran mis jefes.

Los años pasan, la magia se va esfumando, las cosas que parecían tan grandes, tan grandes se van achicando o tomando una dimensión más real. Pero esas experiencias donde todo es un juego, o todo parece mágico, cuando todos son tus amigos y los tuteas como si nada, o hasta los consideras como tus familiares, quedan vivos en el rincón del corazón. Es algo que por estar tan cerca no lo percibes, pero personas que están afuera, sí lo aprecian con más facilidad.

Es la magia del amor de una persona que a todos trata como si fueran de su familia, que al embajador, al periodista extranjero, al reportero local o al portero, los trata con la misma cordialidad e igual respeto.

Es la magia de un hombre que te mira, te sonríe, te abre su corazón y se asegura de que te quedes en él.

Es el genio creador de mi papá ENRIQUE MIRALLES, que de una empresa que podía ser fría e impersonal, hizo un hogar donde habitaba una gran familia.

Desde siempre, por supuesto, estaba con él su amada ELENITA, alentándolo en sus proyectos, celebrándole sus ocurrencias, atendiendo cordialmente a sus visitas y haciendo callar a los chicos "porque el papá está trabajando". Siempre ella, ella presente con su amor incondicional, callada, pero firme, expresado en su incansable vocación de servicio, en su eterna sonrisa, en el brillo de sus ojos, y en esas miradas tan especiales que sólo tenía para él, mi papá.

 

19 de marzo de 1919 - 19 de marzo del 2002

Con la tinta en la sangre LA PATRIA se moderniza

Por:Juan Mejía Cisneros (*)

La historia de una empresa periodística aquí, allá o en cualquier parte del mundo, está salpicada de acontecimientos invalorables contadas por hombres y mujeres, que se involucraron hasta ser parte de ella, para después pintar lienzos que expresen sentimientos y orgullo al retrotraer a la memoria, el transitar de un periódico a través del tiempo y contar, cómo poco a poco, se hace grande.

LA PATRIA, sin duda es una de esas palpitantes y emocionantes historias vivientes en el tiempo y en el espacio, que se hizo grande haciendo patria desde su terruño, gracias al empuje de hombres visionarios que supieron desde el principio que la aventura del periodismo, era eso, una aventura para escarbar hechos y escribir la historia de los pueblos y las gentes.

UNA CAJA

Escribir noticias desde una "caja" por los denominados "cajistas", fueron los primeros pasos que empezó a dar LA PATRIA, en realidad fue su primer sistema tipográfico, que consistía en unos compartimentos con el abecedario, sus aditamentos, signos, números, para construir textos de derecha a izquierda de modo que cuando se imprimía, el lector tenía la oportunidad de ver en forma el texto.

Los textos se componían en antiguos tipos manuales acondicionados sobre un mueble de madera denominado "chibalete", que contenía letras agrupadas en pequeñas cajas para separación alfabética, según cuenta el comunicólogo orureño, Luis Ramiro Beltrán, que fue reportero de LA PATRIA desde sus 12 años.

Los trabajadores en este sistema debían tener muy buenos conocimientos de ortografía, pese a eso la corrección era necesaria, labor que cumplía Luis Cordero Aguila, eminente profesor y conocedor de ortografía quien, con lápiz rojo en la mano, hacía notar los errores que se habían cometido, recordó Don José Méndez, linotipista que todavía trabaja en este octogenario matutino.

Según don Paulino Choque, uno de los últimos "cajistas", que trabajó desde sus 12 años en el arte gráfico y en sus 35 años (1966-2000) en el periódico, la "caja’ consiste en el armado de textos letra por letra, utilizando las llamadas letras gordas o flacas que permitían resaltar los titulares de las noticias más importantes.

"Había que ser diestro y muy letrado, porque si faltaba noticias los cajistas teníamos que completar con noticias que llegaban por la teletipo y a la fuerza se aprendía ortografía", comentó, mientras cavilaba en su vida pasada en LA PATRIA.

Una de las características del armado en "caja" era que el "cajista" escogía las letras al tacto y sin cometer errores y así evitar, que alguna letra vaya a parar a una casilla distinta, "las letras conocíamos por el tacto y sin ver, cada día era interesante", recuerda orgulloso don Paulino, hoy jubilado.

La caja era un sistema introducido por la imprenta Gutenberg, todavía y pese al avance de la tecnología, hoy en día algunas imprentas continúan trabajando con este sistema.

LA LINOTIPO

La linotipo, una máquina histórica del 1900, aproximadamente, y de fabricación norteamericana, se ha convertido en una de las principales herramientas en los talleres de toda industria gráfica de esos tiempos y como no podía ser de otra manera también de la LA PATRIA, que introdujo este nuevo sistema sin dejar de lado la "caja", que todavía se ha utilizado por mucho tiempo especialmente en el armado de titulares y publicidad.

La linotipo tenía tres funciones fundamentales: la composición o el "tipeado" de originales, la fundición de las letras matrices en plomo caliente y la distribución de letras, que se tenía almacenada y distribuida por una barra milimétrica.

"Una máquina compleja pero efectiva que fue hecha para transmitir y traslucir el pensamiento en un medio de comunicación escrito como es el periódico", comentó José Méndez.

Méndez explica que la composición en líneas se transmitía a través de un mecanismo denominado "quijada" al sector de un disco para el armado de columnas las mismas que eran empalmadas. La irrigación del plomo se recibía en un crisol a un temperatura de 440 grados centígrados.

Las palabras de los manuscritos, al teclear de tableros que llamaban las matrices, se convertían en pequeños lingotes compuesto de plomo en un 75 por ciento, de estaño en un 15 por ciento y de antimonio en un 5 por ciento, que caían desde sus almacenes al crisol.

Las otras máquinas con tamaños de letras 8, 14 y 24 puntos, servían para componer avisos y titulares de una, dos o columnas empalmadas, se podía lograr además espacios para separar palabras con el mecanismo del "cuadretín", "medio cuadretín" y "pelo de cuadretín", que servían para elaborar tablas de posiciones y el tabulado, "era un deleite hacer con este mecanismo el horóscopo y sus figuras zodiacales. Era como un juego de ajedrez", recordó, sonriendo, Méndez.

El linotipista ingresó a trabajar a LA PATRIA el 7 de agosto de 1959, ahora se siente parte del modernismo, pese a las numerosas anécdotas y el trabajo en familia, "desde LA PATRIA hemos hecho patria por el bien del país", comentó con orgullo.

FOTOGRABADO

En las lides periodísticas, junto a la "caja" y la "linotipo", está esa otra labor que embellece las páginas de un periódico, como es la fotografía, un lenguaje que en estos tiempos de la cibernética, se ha convertido en un verdadero lenguaje periodístico sin palabras.

Don Jorge Arnéz Carpio, que llegó a LA PATRIA en 1966, habla del fotograbado, que consistía en grabar una fotografía en planchas de zinc, "era convertir la fotografía en planchas o clichés, eran dibujos lineales sin tonos preparados en tacos de madera, que luego se llevaba al taller del armado de páginas", contó.

Recordó que el fotograbado se hacía en unas 6 horas, "era toda una odisea que ha pasado a la historia para ser reemplazado por el sistema de la fotomecánica en los años 90, siendo utilizado por unos 10 años, ingresando luego al sistema del tratamiento de fotos en computadora, que consiste en un scanner para mostrar la imagen en pantalla".

Don Jorge narró que en LA PATRIA, hubo un tiempo en que ya no había químicos ni hojas de zinc para el fotograbado, se había llegado a una etapa muy crítica, se utilizaba soda cáustica para habilitar planchas de zinc usadas e incluso se empalmaba para fotos grandes, por lo que las fotos en el periódico habían bajado de calidad, pero, haciendo una pausa para construir su historia, dijo como una bendición llegó el sistema offset, "aunque se sacaba por partes las fotos y luego se armaba, pero era un sistema nuevo y un trabajo más limpio", apuntó.

Así en 1991 llega a LA PATRIA una nueva fotocomponedora y de tamaño de una página standar, don Jorge señala que primero y a manera de hacer pruebas se sacaron guias de COTEOR.

LA ERA DE LA COMPUTACION

LA PATRIA, no podía cerrar sus puertas al ingreso de la computación en el trabajo periodístico, tenía que alinearse a los demás periódicos del país que ya habían entrado en la modernidad mucho más antes, por lo tanto, era justo y necesario que el muy querido y apreciado matutino orureño, debía remozar equipos con tecnología de punta.

El 4 de abril de 1991 aproximadamente se publicó la primera edición de LA PATRIA elaborada en este nuevo sistema, previos 3 a 4 meses de prueba. El cambio como en cualquier medio de comunicación escrito, fue en principio traumático y resistido, claro no era para menos ya que redactores, correctores, cajistas, linotipistas, fotograbadores y todos quienes trabajaban en LA PATRIA habían vivido toda una vida en medio de la linotipo, de las planchas de zinc y especialmente en medio de las máquinas de escribir.

Todo el personal de LA PATRIA sin excepción, tuvo que volver a aprender para mirar un nuevo frente de lucha en esa emocionante actividad llamada periodismo.

A la gente no le faltaba capacidad ni entrega, codo a codo se internó en la maraña de la computación para acomodarse perfectamente y empezar una nueva era en el subdecano LA PATRIA.

Los trabajadores del primer y único diario orureño, recuerdan que se trató con mucho entusiasmo los tiempos de verdadero cambio, pero fue la fortaleza y el empuje de una mujer, Doña Miriam Iporre de Miralles, la que realmente se plantó en la línea entre el pasado y el futuro para imponer un cambio optimista, porque ya era hora de cambiar la vetusta máquina de la linotipo por la computadora.

La visión de la Sra. Miriam, fue apoyada por la familia Miralles y los trabajadores. El paso fue gigante, fue simplemente excepcional, con la era de la computación se han superado muchas deficiencias, el tiempo se ha reducido. El periódico LA PATRIA sigue andando y desafiando a los rápidos y vertiginosos tiempos cambiantes, porque su misión es escribir historias de pueblos y gentes.

(*) Periodista de LA PATRIA