Sección para niños: Historias Cortas y Rimas.
E L U NI V E R S O L I T E R A R I O D E H U G O
Sección para Niños: Historias Cortas y Rimas

EL ESPIRITU DEL VOLCAN
"En una de esas tardes --muy raras ya en la Ciudad de México-- en las que los cielos son azules y sin rastro de contaminación, me dirigí preocupado a la casa de don Aureliano. Don Aureliano era, mas que un anciano, un hombre que lo había visto todo. Su cabello era blanco y denso, poseía un gran bigote blanco, y las arrugas de su cara eran más de las que podía yo contar. No era muy alto, tenía una barriga que hacía evocar deliciosas y abundantes comidas, y caminaba, aunque despacio, todavía con firmeza. Gustaba de sentarse por las tardes en una silla afuera de su casa, para tomar el aire fresco y ver a la gente pasar. Y así había pasado los últimos años de su vida: viéndola pasar. Por eso, esa tarde me dirigí al pórtico de su casa para hacerle la pregunta que tanto me inquietaba."
--Buenas, don Aureliano, --le dije cuando lo encontré en su silla, como todas las tardes.
--Buenas, muchacho, --me contestó con una sonrisa, y noté que entreabrió sus ojillos azules para saludarme —. ¿Cómo has estado?
--Bien, gracias –contesté con timidez --. Discúlpeme, don Aureliano, pero ¿puedo hacerle una pregunta?
--Desde luego, hijo, ¿qué sucede?
--Pues nada, don Aureliano, que desde esta mañana estoy viendo ese humo negro, que sale de allá, pero que no es la contaminación habitual pues el cielo está muy azul. ¿Sabe usted de donde viene? Mire, es muy negro, mucho más que cualquier otro humo que yo haya visto.
--Ah, el humo, --me dijo, riéndose—viene del volcán, del Xitle.
--¿Es que el volcán puede hacer erupción? ¡Yo siempre pensé que el Xitle estaba inactivo!
--No, muchacho, no-- me dijo, tratando de calmarme--. El humo viene de adentro del volcán, pero no es del volcán. Es una historia antigua. ¿Te gustaría escucharla?
--Pues sí, don Aureliano, -- dije con sorpresa e incredulidad a la vez--. Me gustan sus historias.
"Don Aureliano suspiró profunda y nostalgicamente, como quien evoca agradables recuerdos de su niñez, y comenzó su relato."
"Hace muchos años, tantos que no recuerdo ya cuantos, veíamos desde este mismo pueblo nuestro de San Miguel Ajusto, cómo salían nubes de ese humo negro del volcán Xitle. Pero no había lava, ni erupciones, ni temblores. Y por días siguió saliendo ese humo en tales cantidades, que el aire de de nuestro pueblo empezó a quemarnos la garganta y a hacer difícil la respiración. Tan grave llegó a ser la situación, que decidimos investigar, y para ello la asamblea del pueblo decició mandar a un joven al volcán para traernos informes. Desde luego, dicha tarea me tocó a mí. Pero no pienses que me encargaron este asunto por ser fuerte o valiente. Es que estuve ausente de la asamblea, y como ningún vecino quería ir, les pareció fácil darme el encargo."
"Así que tomé un cayado y me dirigí, a través del bosque, hacia el volcán. El camino fue difícil, había mucha vegetación y alimañas por doquier. Tardé varias horas en llegar a la orilla del cráter. Después de trepar por las últimas rocas, me asomé al interior. Lo que ví entonces hizo que el miedo que ya sentía se convirtiera en pavor: entre las rocas pude ver un cuerpo de serpiente, con escamas de color café, verde y dorado. Sus patas tenían afiladas garras y dejaban ver unos fuertes músculos que le permitirían sacar el mayor provecho de éstas. La cola y la cabeza estaban adornadas con plumas de color azul, rojo y amarillo. Era, en verdad, un dragón emplumado que arrojaba un humo negrísimo de sus fosas nasales. Me quedé un rato contemplándolo, y aunque le tenía miedo, me pareció hermoso."

" De pronto, el dragón volteó su cabeza hacia donde yo me encontraba y me miró con sus ojos color turquesa. Me preguntó: --¿Quien eres? ¿Qué haces aquí? --. Su voz ere ronca y profunda. "
"No supe qué contestarle, y pensé que de no ser porque las piedras me raspaban y por el ardor de ojos que el humo me provocaba, podría creer que aquello era un sueño."
--Me llamo Aureliano, --le contesté después de breves momentos, haciendo acopio de valentía. Y en medio de tal situaciópn, decidí intentar huir del peligro. Pero tenía que ser prudente--. Vine a conocerlo, --le dije--.
--Los que un día me conocieron, me han olvidado ya, --contestó--.
--Pues he venido entonces, para que no lo olviden de nuevo.
"Salté por encima de las piedras al borde del cráter y lo miré, tratando de no titubear. Comencé por preguntarle acerca de su origen, y él, muy extrañado, me relató su historia. Había roto el cascarón del huevo que lo contenía en un tiempo en que toda la zona estaba habitada por indígenas, antiguos moradores de esta tierra. Cuando creció un poco, realizó una serie de incursiones a los pueblos vecinos con desastroso resultado. Casas y personas aplastadas, incendios por doquier, y un gran sentimiento de soledad fueron las consecuencias de semejantes visitas. Sin embargo, hugo algo que empezó a gustarle. Entre los gritos de furia y de miedo de la gente, y el olor a madera quemada que dejaba por donde pasaba, empezó a notar que sus escamas adquirían un color dorado. Y a medida que los daños y el sufrimiento de las personas eran mayores, su cuerpo se cubría cada vez más de un dorado brillante. Por eso visitó todos los pueblos de los alrededores, y sembró la destrucción en toda nuestra tierra. En pocas palabras, el hacer el mal le complacía porque lo hacía verse bellamente dorado."
"Al escuchar tal historia, quise retirarme lentamente, para después huir lo más rápido posible. Al ver que me movía, el dragón, en vez de acabar conmigo, me dijo: --He perdido parte de mi belleza. Visitaré tu pueblo al amanecer."
"Regresé al pueblo y conté a la asamblea lo que había visto. Era un gran peligro, sin duda, y se discutió largamente sobre lo que debía hacerse. De nuevo, se decidió elegir a una persona para enfrentar y distraer al dragón, mientras las autoridades locales evacuaban a la población, ya que no se sabía como enfrentar esta amenaza. Me eligieron para ello, ya que había logrado entablar un diálogo con el y necesitábamos ganar tiempo, aunque no sabía exactamente qué hacer."
"Nos quedaban unas escasas doce horas para hacer algo que impidiera que trajera la destrucción a nuestro pueblo. Así que fui a ver a mi abuelo y le narré lo acontecido pidiéndole una solución. Me encontraba desesperado. Fue entonces cuando mi abuelo se puso de pie y lentamente se acercó a un gran baúl que estaba al pie de su cama. Lo abrió y sacó un objeto que enseguida me entregó."
--Este espejo lo enfrentará consigo mismo. Debes asegurarte que mire su propio rostro en él. Dios te dirá en ese momento lo que debes decirle, --afirmó mi abuelo, que era un hombre de gran sabiduría y experiencia.
"Dormí poco esa noche. Tenía que enfrentarme al dragón al amanecer, antes de que lastimara a alguien. Sentía miedo, pero era mi deber proteger a mi gente. Pensando en esto, me levanté me vestí, y me dirigí a la iglesia, esperando encontrar entre las imágenes de los santos y de la Virgen, el valor que necesitaba para cumplir con esta tarea. Pedí a Dios que me concediera el hacer lo correcto en el momento correcto."
"Estuve en la iglesia alrededor de dos horas. Cuando los primeros rayos del sol empezaron a iluminar los cerros, salí con el espejo entre mis manos y esperanza en el alma. Me dirigí hacia donde terminaba el pueblo, de donde se veía claramente el Xitle. Aguardé ahí al dragón, totalmente erguido, mirando fijamente hacia el volcán y preparado para hacer uso de mi supuesta arma."
"Repentinamente, escuché un batir de alas, y el dragón, que venía volando muy alto, aterrizó suavemente frente a mí. --Empezaré contigo, --me dijo--."
"Mas cuando se disponía a lanzar una gran llamarada sobre mi cuerpo, tomé el espejo y lo levanté por sobre mi cabeza. El dragón miró su imagen y quedó inmóvil. Sus ojos de color turquesa se tornaron de un rojo opaco y un gran abatimiento cayó sobre él. Supe entonces que en su mente había podido escuchar las voces de todos aquellos a quienes había hecho sufrir, se había dado cuenta de que ninguno existía ya sobre la tierra, y una gran soledad se apoderó de él. Y Dios realmente mandó las palabras a mi boca."
--Hablé con Dios esta mañana, --le dije--. Y me dio un mensaje para ti. Te comunica que no debes dañar a estas personas, aunque ello te complazca. Puedes respetarlas y ser su amigo, y así no te sentirás ya solo. Todos te recordarán.
"El dragón se quedó pensativo, y después de un prolongado silencio, respondió:
--Perderé mi belleza, pero tras largos siglos de no tener compañía, valoro mas una buena amistad que mi propia apariencia. Acepto lo que propones. Vendré de tiempo en tiempo y me agradará hablar con la gente y pasear a los niños sobre mi lomo.
Y se fue volando al volcán."
"En adelante, durante un largo tiempo, visitaba al pueblo y conviviá con los vecinos. Todos los niños lo querían. Por su generosidad, Dios le dio escamas de los más bonitos y variados colores, así como muchas y muy vistosas plumas. Sus ojos volvieron a ser de un color turquesa brillante y la alegría volvió a su rostro."
--Ese humo que ves, muchacho, es seguramente el dragón, preparándose para visitarnos uno de estos días."
FIN
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