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EL ENCUENTRO


Él era negro y fuerte, su cuerpo era un libro abierto, y en él estaba escrito la dureza y crueldad de las calles donde había tenido que vivir desde que nació. Nunca conoció un lugar seguro, o algo que pudiera parecerse vagamente a un hogar.  Solamente tenia el instinto, el pelear por la vida para sobrevivir.

Ella era profesional, blanca, frágil y tímida. Su hogar era frió he indiferente, así que desde pequeña se había refugiado en los libros y en los estudios, y ahora, después de madurar, compartida su apartamento de 180 Mts2 con  una compañera demasiado fría y discreta: La soledad.

Para él, la vida comenzaba al anochecer, y desde hacia un tiempo la había observado llegar, - entre distraída y apurada – a la puerta de aquel edificio del vecindario. Era para el un ritual el velar su retorno a casa y verla desaparecer tras la puerta de cristal de la entrada, (no podía negar que le gustaba) y luego recorrer los basureros buscando algo de comer.

Ella nunca noto su presencia; Estaba demasiada ocupada llenando su vida de rituales para mantener a la soledad alejada de su puerta; Sin embargo, por más rápido que caminara, ella siempre le daba alcance. Día y noche era una sucesión de segundos, minutos y horas.. nada más.

Una tarde, tímidamente el se acerco un poco más, no tenia grandes intenciones, solamente poder llevarse un poco del aroma de su piel cuando ella pasara. Ella simplemente no lo vio, estaba refugiada en sus pensamientos, de los cuales fue despojada súbitamente al tropezar y caer sobre él.

Él estaba demasiado adolorido, pero noto con alegría como ella lo miro con curiosidad; No hubo disculpas ni ninguna palabra. Ella simplemente lo miro fijamente, y él siguió sus pasos.

El apartamento era pequeño y acogedor, un hogar que el nunca conoció. Se sentó tímidamente en un sillón de la sala, esperando un rechazo violento hacia tan gran osadía, sin embargo, ella se sintió complacida.

Ella preparo algo de comer para los dos, Él sintió un poco de desconfianza, pero estaba hambriento.

Ella comenzó a hablar, y él le presto la mayor atención posible, aunque nunca pudo entender lo que ella decía, simplemente estuvo allí durante toda la noche, sin acercarse, sin tocarla, solamente acompañándola, hasta que ella se desvistió y quedo profundamente dormida.

El velo su sueño, y cercano al amanecer salió despacio, sin hacer ruido.

Y este extraño ritual se repitió al día siguiente, y también los días posteriores. Ella comenzó a acariciarlo, mientras él la acompañaba, y escuchaba atentamente sus palabras. Siempre velaba sus sueños hasta el amanecer.

Ella comenzó a ser más comunicativa, y descubrió como paulatinamente la soledad dejaba de visitarla con tanta frecuencia. Comenzó a ser notada en su trabajo, a hacer amigos, pero nunca olvido la cita que tenia puntual, cada noche.

Una noche, cenaron como siempre, y después de ver algo de televisión, la acompaño a su cama, y como siempre velo su sueño..

Sin embargo, él había decidido que esa seria su ultima noche, no sabia él porque, pero muy dentro de sí, sabia que no podía darle todo lo él hubiese deseado para ella, él la amaba, y dentro de su limitada naturaleza, le había dado lo mas preciado que tenia, era algo que el observaba con satisfacción ahora en el rostro delicado de esta mujer ahora dormida, era parte de su propia naturaleza, era su sonrisa de gato.

Se deslizó delicadamente entre las sabanas, y con su pelaje negro acaricio su cuerpo y lamió delicamente su rostro, ella no despertó, y su sonrisa pareció acentuarse ligeramente..Era feliz.

Se subió ágilmente a la ventana, y antes de irse, la miro largamente... Se retiro sin ruido, tal como había llegado....


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