Micha, mi Gata en tres tiempos.
Hildegard de Caracas, Venezuela, me escribió un mail contandome la triste historia de Micha que estuvo afectada por el consumo Cat Chow de Purina.


  Un día, hace aproximadamente ocho años, llegó a nuestro hogar un cachorrito extraviado que mi hijo recogió en el área cercana al cafetín de la Universidad Católica Andrés Bello.
 Junto con el cachorro la ternura también llegó: la llamamos MICHA.
 Era tan pequeña que hubo que alimentarla con teterito y le dimos el calor que su mamá no le podía dar. Así MICHA pronto se convirtió en una preciosa gata negra leonada, inteligente, leal, cariñosa, celosa, independiente, curiosa, quien nos devolvió con creces las atenciones que le prodigamos.
 Nuestra gata, perenne compañera, la que nos esperaba detrás de la puerta cuando llegábamos a casa, la mamá gata que nos lamía en las noches como si de sus hijos se  tratara,  la que nos calentaba los pies en la cama, la que nos dejaba acariciar su cola y su panza, la que con el radar de sus orejas  nos avisaba de cualquier ruido extraño; la que se convertía en “Rin Tin Tin” cuando sentía el aroma del arequipe o de alguna otra chuchería que despertaba su alma golosa.
 Poco a poco MICHA se adueñó de nuestra familia y de nuestra casa, nos enseñó su lenguaje gatuno el cual aprendimos perfectamente: usaba una forma de maullido para saludarnos, otra para reprendernos, otra para llamarnos. También usaba el lenguaje corporal con el que nos indicaba lo que debíamos hacer. Conoció a cabalidad el carácter de cada uno de sus familiares humanos y sabía cómo tratarlos (no le gustó nunca el tio Pieter y le encantaba asustar al primo Kostantin).  Con su ronroneo nos hacía saber que nuestras caricias eran bien recibidas y aprendió a pedirlas metiendo su redonda cabeza entre nuestras manos.     
 Recuerdo la vez en que MICHA, refugiada involuntariamente en un saliente de una ventana del edificio y paralizada por el miedo, fue rescatada por los bomberos, con el mismísimo camión-escalera y ante la mirada atenta de todos los vecinos quienes aplaudieron tal hazaña.
 Yo no se si MICHA sabía que era una gata, ella creía ser una persona humana o pensándolo mejor, quizás  creía que los gatos eran como nosotros. Lo que si sé es que yo no puedo distinguir  si el inmenso amor que sentimos por ella era humano o gatuno.     
 Podría contar muchas cosas más sobre mi gata, sus travesuras, sus visitas a la vecina, sus juegos a las escondidas, pero la razón de este relato es la circunstancia que nos ha sumido en una gran tristeza y soledad: MICHA ya no está más, se fue al mundo de los gatitos eternos y nos dejó sin todas esas cosas ricas que nos daba. Devino en un recuerdo.
 Otro día, 1° de febrero de 2005, repentinamente MICHA no quiso comer ni beber nada, solo vomitaba, vómitos verdes. Tan solo ver la comida o el liquido que le ofrecíamos le producía náuseas. Sus ojos se entristecieron y nos veían como pidiendo ayuda. Ese mismo día hicimos examinar por el Dr. Mario Hurtado,  el 4 de febrero la llevamos otra vez, el 5 también fue evaluada, el dia 9  visitó otra vez al veterinario. Le hacíamos el tratamiento indicado por el médico veterinario, le dábamos suero cada media hora y observábamos impotentes cómo su vida se iba extinguiendo. Ya no era  MICHA sino un pequeño ser débil y adolorido, que no comprendía lo que le pasaba, que no se levantaba, que nos decía lo mal que se sentía con un corto maullido como de un gatito pequeño y un leve movimiento de su cola.   
 El domingo 6 de febrero leí el primer comunicado de PURINA y presurosamente los llame, pues MICHA cuando comía, se alimentaba diariamente con CAT CHOW.  La esperanza de que recuperara la salud renació pues ella tenía varios de los síntomas descritos. 
 Sin embargo, esa esperanza duró poco tiempo, la respuesta de PURINA  a través de una recepcionista fue “Llévela al veterinario y hágale un examen de “química sanguínea”.  Un único detalle: era domingo de carnaval, no conseguimos ningún laboratorio, tampoco el lunes ni el martes.  Angustiados llamamos a PURINA y otra voz aparentemente juvenil, nos informó que ellos no prestaban ese tipo de servicio. Llamamos al Centro de Especialidades Veterinarias, nos atendió la Dra. Diana Chinchilla a quien no conocíamos personalmente pero quien demostró gran preocupación por nuestra situación y nos recomendó ese domingo, previa lectura del referido comunicado PURINA, un tratamiento preventivo de daños en el hígado hasta que le hiciéramos el examen ordenado.
 El 9 de febrero le hicieron ecosonograma, radiografía. El resultado del examen de la sangre lo conocimos el 10 de febrero, ese mismo día MICHA murió...
 Paulatinamente retiraron del mercado los alimentos para mascotas producidos por la Planta de PURINA y hasta cerraron dicha fábrica. 
 Ahora PURINA si tiene una terna de ilustres veterinarios quienes, luego de un minucioso estudio  y con alguna suerte para nosotros, podrían ordenar estrictamente el reembolso de los gastos en que incurrimos, podrán suministrarnos otra mascota y  hasta nos ofrecen ayuda por parte de eminentes psicológos, no así cuando nuestra gata y nosotros lo requeríamos: el domingo de carnaval.
 La pérdida de MICHA nos ha ocasionado un gran dolor,  impotencia y angustia al no poder hacer más de lo que hicimos por salvar  su vida, además de la horrorosa impresión de haberla envenenado con la que considerábamos la mejor comida, la más confiable, en lugar de alimentarla. 
 Hoy día pregunto: ¿Cómo  y cuando será reparado el daño moral y material que se nos ha ocasionado? ¿entregándonos otro gato?, ¿Por qué clase de negligencia falló el control de calidad en una empresa que reconoce públicamente que lotes del producto fabricado por ellos, con el que alimentábamos a  nuestra MICHA,  estaba contaminado con hongos tóxicos?, ¿Serán capaces de reconocer que la muerte se produjo por el alimento o evadirán responsabilidades dictaminando otra causa a pesar de la sintomatología?, ¿Si la negligencia en el control de calidad se hubiera producido en alimentos para niños, me darían otro niño?¿Cuántas familias están afectadas por  la misma situación que nosotros?, ¿Cuántos no habrán podido hacer examinar a sus mascotas por no tener cómo pagar los costosos exámenes ordenados?, ¿Cuántas mascotas han muerto?, ¿Están verdaderamente dispuestos a reparar los daños ocasionados por su negligencia o se trata solo de recuperar el mercado? , ¿A pesar de la situación, seguirán las mascotas consumiendo los mismos  alimentos?

 Pedimos a Dios y a quien corresponda, las necesarias y justas respuestas a estas interrogantes.
 Agradecemos infinitamente la ayuda y el apoyo moral que nos ofrecieron el Dr. Mario Hurtado y  la señora Carmen, de la Clínica Veterinaria El Pinar, la Dra. Diana Chinchilla, del Centro de Especialidades Veterinarias, quienes demostraron su gran vocación y amor por sus pacientes del reino animal. 
 Hago pública esta pequeña, alegre y triste historia como homenaje a nuestra MICHA,  esperando que la experiencia narrada nos haga solidarios y fuertes.  

Hildegard Prince y familia.
Caracas. Venezuela
Quiero agradecer públicamente a Gabriela por su amabilidad al publicar la pequeña historia sobre mi gata MICHA y tambien a todas las personas que con su solidaridad nos han brindado apoyo a través de la red. Felicito a Solo Gatos por esa página tan hermosa.
Saludos desde Caracas.


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