Un día, hace
aproximadamente ocho años, llegó a nuestro hogar un
cachorrito extraviado que mi hijo recogió en el área
cercana al cafetín de la Universidad Católica
Andrés Bello.
Junto con el cachorro la ternura también llegó: la
llamamos MICHA.
Era tan pequeña que hubo que alimentarla con teterito y le
dimos el calor que su mamá no le podía dar. Así
MICHA pronto se convirtió en una preciosa gata negra leonada,
inteligente, leal, cariñosa, celosa, independiente, curiosa,
quien nos devolvió con creces las atenciones que le prodigamos.
Nuestra gata, perenne compañera, la que nos esperaba
detrás de la puerta cuando llegábamos a casa, la
mamá gata que nos lamía en las noches como si de sus
hijos se tratara, la que nos calentaba los pies en la cama,
la que nos dejaba acariciar su cola y su panza, la que con el radar de
sus orejas nos avisaba de cualquier ruido extraño; la que
se convertía en “Rin Tin Tin” cuando sentía el aroma del
arequipe o de alguna otra chuchería que despertaba su alma
golosa.
Poco a poco MICHA se adueñó de nuestra familia y de
nuestra casa, nos enseñó su lenguaje gatuno el cual
aprendimos perfectamente: usaba una forma de maullido para saludarnos,
otra para reprendernos, otra para llamarnos. También usaba el
lenguaje corporal con el que nos indicaba lo que debíamos hacer.
Conoció a cabalidad el carácter de cada uno de sus
familiares humanos y sabía cómo tratarlos (no le
gustó nunca el tio Pieter y le encantaba asustar al primo
Kostantin). Con su ronroneo nos hacía saber que nuestras
caricias eran bien recibidas y aprendió a pedirlas metiendo su
redonda cabeza entre nuestras manos.
Recuerdo la vez en que MICHA, refugiada involuntariamente en un
saliente de una ventana del edificio y paralizada por el miedo, fue
rescatada por los bomberos, con el mismísimo
camión-escalera y ante la mirada atenta de todos los vecinos
quienes aplaudieron tal hazaña.
Yo no se si MICHA sabía que era una gata, ella
creía ser una persona humana o pensándolo mejor,
quizás creía que los gatos eran como nosotros. Lo
que si sé es que yo no puedo distinguir si el inmenso amor
que sentimos por ella era humano o
gatuno.
Podría contar muchas cosas más sobre mi gata, sus
travesuras, sus visitas a la vecina, sus juegos a las escondidas, pero
la razón de este relato es la circunstancia que nos ha sumido en
una gran tristeza y soledad: MICHA ya no está más, se fue
al mundo de los gatitos eternos y nos dejó sin todas esas cosas
ricas que nos daba. Devino en un recuerdo.
Otro día, 1° de febrero de 2005, repentinamente MICHA
no quiso comer ni beber nada, solo vomitaba, vómitos verdes. Tan
solo ver la comida o el liquido que le ofrecíamos le
producía náuseas. Sus ojos se entristecieron y nos
veían como pidiendo ayuda. Ese mismo día hicimos examinar
por el Dr. Mario Hurtado, el 4 de febrero la llevamos otra vez,
el 5 también fue evaluada, el dia 9 visitó otra vez
al veterinario. Le hacíamos el tratamiento indicado por el
médico veterinario, le dábamos suero cada media hora y
observábamos impotentes cómo su vida se iba extinguiendo.
Ya no era MICHA sino un pequeño ser débil y
adolorido, que no comprendía lo que le pasaba, que no se
levantaba, que nos decía lo mal que se sentía con un
corto maullido como de un gatito pequeño y un leve movimiento de
su cola.
El domingo 6 de febrero leí el primer comunicado de PURINA y presurosamente los
llame, pues MICHA cuando comía, se alimentaba diariamente con CAT CHOW. La esperanza
de que recuperara la salud renació pues ella tenía varios
de los síntomas descritos.
Sin embargo, esa esperanza duró poco tiempo, la respuesta
de PURINA a través de una recepcionista fue
“Llévela al veterinario y hágale un examen de
“química sanguínea”. Un único detalle: era
domingo de carnaval, no conseguimos ningún laboratorio, tampoco
el lunes ni el martes. Angustiados llamamos a PURINA y otra voz
aparentemente juvenil, nos informó que ellos no prestaban ese
tipo de servicio. Llamamos al Centro de Especialidades Veterinarias,
nos atendió la Dra. Diana Chinchilla a quien no
conocíamos personalmente pero quien demostró gran
preocupación por nuestra situación y nos recomendó
ese domingo, previa lectura del referido comunicado PURINA, un
tratamiento preventivo de daños en el hígado hasta que le
hiciéramos el examen ordenado.
El 9 de febrero le hicieron ecosonograma, radiografía. El
resultado del examen de la sangre lo conocimos el 10 de febrero, ese
mismo día MICHA murió...
Paulatinamente retiraron del mercado los alimentos para mascotas
producidos por la Planta de PURINA y hasta cerraron dicha
fábrica.
Ahora PURINA si tiene una terna de ilustres veterinarios quienes,
luego de un minucioso estudio y con alguna suerte para nosotros,
podrían ordenar estrictamente el reembolso de los gastos en que
incurrimos, podrán suministrarnos otra mascota y hasta nos
ofrecen ayuda por parte de eminentes psicológos, no así
cuando nuestra gata y nosotros lo requeríamos: el domingo de
carnaval.
La pérdida de MICHA nos ha ocasionado un gran dolor,
impotencia y angustia al no poder hacer más de lo que hicimos
por salvar su vida, además de la horrorosa
impresión de haberla envenenado con la que considerábamos
la mejor comida, la más confiable, en lugar de
alimentarla.
Hoy día pregunto: ¿Cómo
y cuando será reparado el daño moral y material que se
nos ha ocasionado? ¿entregándonos otro gato?, ¿Por
qué clase de negligencia falló el control de calidad en
una empresa que reconoce públicamente que lotes del producto
fabricado por ellos, con el que alimentábamos a nuestra
MICHA, estaba contaminado con hongos tóxicos?,
¿Serán capaces de reconocer que la muerte se produjo por
el alimento o evadirán responsabilidades dictaminando otra causa
a pesar de la sintomatología?, ¿Si la negligencia en el
control de calidad se hubiera producido en alimentos para niños,
me darían otro niño?, ¿Cuántas familias
están afectadas por la misma situación que
nosotros?, ¿Cuántos no habrán podido hacer
examinar a sus mascotas por no tener cómo pagar los costosos
exámenes ordenados?, ¿Cuántas mascotas han
muerto?, ¿Están verdaderamente dispuestos a reparar los
daños ocasionados por su negligencia o se trata solo de
recuperar el mercado? , ¿A pesar de la situación,
seguirán las mascotas consumiendo los mismos alimentos?
Pedimos a Dios y a quien corresponda, las necesarias y justas
respuestas a estas interrogantes.
Agradecemos infinitamente la ayuda y el apoyo moral que nos
ofrecieron el Dr. Mario Hurtado y la señora Carmen, de la
Clínica Veterinaria El Pinar, la Dra. Diana Chinchilla, del
Centro de Especialidades Veterinarias, quienes demostraron su gran
vocación y amor por sus pacientes del reino animal.
Hago pública esta pequeña, alegre y triste historia
como homenaje a nuestra MICHA, esperando que la experiencia
narrada nos haga solidarios y fuertes.
Hildegard Prince y familia.
Caracas. Venezuela
Quiero
agradecer públicamente a Gabriela por su amabilidad al publicar
la
pequeña historia sobre mi gata MICHA y tambien a todas las
personas que
con su solidaridad nos han brindado apoyo a través de la red.
Felicito
a Solo Gatos por esa página tan hermosa.
Saludos desde Caracas.
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***Para
informarte mas del tema...
...Sitio de
Purina
Venezuela...