Fragmento de la novela

Los jardines secretos de Mogador

de Alberto Ruy-Sánchez

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                 1. El jardín más íntimo

                                                                                                              

El poeta Henri Michaux, que era un gran viajero, visitó Mogador y ahí compró una manzana. No dice exactamente dónde. Pero esa noche, en su hotel (presumimos que esta vez viajaba solo), escribió este peculiar deseo de huerta o Jardín frutal que luego incluyó en su obra llamada Magia:

 

Pongo una manzana sobre la mesa. Luego me meto en la manzana. ¡Qué maravillosa tranquilidad!

 

Gaston Bachelard lo cita y analiza durante un capítulo entero de su libro sobre la imaginación poética vinculada a  la tierra y los deseos de intimidad. No deja de compararlo con la sensación que declara Gustave Flaubert sobre todas las cosas de este mundo en las que él se concentra:

 

De tanto mirar una piedra, un animal, o un cuadro siento que entro en ellos.

 

Bachelard dice que, aunque parezca contradicción, el jardín de Michaux es más completo por ser más diminuto. El filósofo está seguro de que en la ensoñación poética sobre la materia hay invariablemente una paradoja: el interior de un objeto pequeño siempre es más grande y emocionante que uno inmenso.

Si pienso fijamente en la manzana de Michaux quiero  salir corriendo al mercado de Mogador para comprar una manzana como la suya y ver si yo también puedo meterme. Ejercicio Zen a la francesa, con comida.

Pero sobre todo pienso obsesivamente en ti. Me viene a la memoria y a la sed del deseo aquel día que desperté y estabas desnuda, a mi lado, con la cabeza al otro lado de la cama. Las sábanas te cubrían casi completamente a la excepción de tu sexo que yo veía desde atrás, dormido como un fruto apetecible, diminuto como el corazón de media manzana. Recuerdo haber pensado intensamente en esa comparación. Estaba enmarcado perfectamente por la forma más redonda de tu cuerpo desde el ángulo en que yo te veía.

 

Pensé que eras mi manzana, mi huerto de tranquilidad, mi jardín más íntimo. Y quería estar ahí adentro plenamente, feliz  como Michaux en su diminuto huerto improvisado de Mogador.


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