Octavo Día:
Lectura bíblica:
"Se presentaron unas personas
que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre
Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.
Él les respondió: ´¿Creen ustedes que esos
galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los
demás?. Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos
acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho
personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé,
eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?.
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán
de la misma manera´."
(Lucas 13,1 - 5)
Reflexión:
Muchas veces cuando vemos que alguien
sufre pensamos: "algo habrá hecho" o "el que las
hace, las paga" y nos quedamos tranquilos creyendo que nosotros pertenecemos
al bando de los buenos.
Pero algunos de los males ajenos son anticipo de lo que a todos los hombres
nos sucederá si no nos convertimos de corazón, reconociendo
que Dios es Padre de todos los hombres y que nosotros somos todos hermanos.
La tierra que Dios creó para todos se reparte entre unos pocos;
cuando algunos se mueren de hambre, otros lo hacen por indigestión;
mientras muchos pasan frío, las polillas engordan comiendo los
vestidos que nosotros hace tiempo no usamos...
Cambiemos nuestra forma de pensar, ¡convirtámonos hoy!, y
no permitamos que Dios se arrepienta de haberle entregado al hombre las
llaves de la tierra.
Oración:
Señor, Dios nuestro,
que, no por nuestros méritos,
sino por tu gran misericordia,
nos creaste y nos ofreces la salvación;
concédenos por intercesión de San Expedito,
mártir, ser constantes en la tribulación
y convertirnos sinceramente,
ya que todo lo esperamos de ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
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