ARGENTINA, CUATRO PALABRAS
QUE TERMINAN CON UNA FANTASÍA
“... el estruendo de las cacerolas lo despertó. Estaba en la calle. Un vecino, a su lado, le decía que sus ahorros no le pertenecían más, y sus deudas se habían duplicado, que iba a tener que irse del país. Del otro lado un joven desocupado y piquetero también reclamaba, ¿era el mismo que cortaba la autopista pidiendo pan y trabajo?, ¿era el mismo con el que había discutido porqué demoraba su llegada al aeropuerto?...”
(Fragmento de un cuento no escrito de autor desconocido sobre los sucesos en Argentina en diciembre de 2001).
“Inconscientemente tenemos la tendencia a asumir como normal lo que estamos habituados a ver de una determinada manera, y automáticamente pensamos que ese es el único modo de representar la realidad.”
(Víctor Marí Sáez)1
Durante poco más de diez años la sociedad argentina, en especial su clase media, vivió en la realidad (o sueño) que el neoliberalismo le impuso.
Insistentemente, como gota de agua que horada la piedra, el discurso emitido fue penetrando en la mente del argentino medio: “El estado es muy grande e ineficiente, hay que privatizarlo todo, el país va a ganar con ello, la gente recogerá los beneficios.” (Discurso de cualquier político argentino ultraliberal en la década del 80).
Ni siquiera los dictadores de los ´70 habían utilizado un discurso de este tipo. Necesitaban de un Estado fuerte para imponer su ilegítima autoridad.
El primer gobierno democrático resistió, mientras pudo, los embates del discurso neoliberal, hasta que tuvo que irse poco tiempo antes de concluir su mandato.
El segundo gobierno democrático adhirió fervorosamente al modelo y lo implementó, e incluso fue reelecto.
“Fueron muy pocos los países de América Latina que ensayaron la aplicación de un modelo de ajuste neoliberal tan ortodoxo como el que impulsara el gobierno de Menem en un contexto político institucional qué –pese a la rampante corrupción y más allá de sus múltiples limitaciones y distorsiones- puede caracterizársele como un capitalismo democrático”.2
Coincidiendo con la caída de la URSS y la victoria del capitalismo, el modelo neoliberal comienza en 1989 a aplicarse en Argentina.
Las empresas estatales de servicios públicos son entregadas a consorcios internacionales de capitales europeos y estadounidenses. Las comunicaciones y la energía dejan de pertenecer al Estado Nacional. Tarifas más caras y reducciones de personal son las consecuencias más inmediatas de este proceso.
“El poder político de los estados ha quedado hipotecado por las grandes empresas y por los mercados financieros. Los gobiernos son presionados por las empresas para obtener desgravaciones y para reducir la protección social de los trabajadores.” (Josep Mària i Serrano)3
Poco se habla al principio de globalización. Pero se habla. Tanto para exaltar sus bondades, sobretodo en lo que a tecnología y comunicaciones se refiere, o para justificar los problemas. Tal como dice Atilio Borón “los gobiernos neoliberales se desentienden de las consecuencias de sus políticas activas por omisión con el pretexto de globalización”.4
Las comunicaciones y la informática juegan un rol muy importante en la imposición de este modelo. Coincide la década menemista del ´90 con la progresiva popularización a nivel mundial del uso de la informática e Internet, de la televisión satelital y de la telefonía celular.
Rápidamente un sector social de la Argentina se apropia culturalmente de estas tecnologías de la información y la comunicación.
La clase media urbana disfruta de la modernidad tecnológica, computadoras, internet, correo electrónico, teléfonos celulares, televisión por cable o satelital, aparatos electrónicos de todo tipo. Y lo hace no solo como usuarios/consumidores llegando incluso a desarrollar empresas del tipo “punto com”, algunas de las cuales son adquiridas por capitales internacionales.
Al mismo tiempo los medios masivos hablan de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) incorporando secciones de informática y/o internet, o produciendo revistas o programas especializados en el tema.
Un grupo multimedios como Clarín juega fuerte en este tema incorporando la provisión de servicios de internet, telefonía celular, televisión por cable y satelital a su ya poderoso grupo compuesto por diarios, canales de TV y radios.
Signo de estos tiempos de las TIC son las inclusiones de referencias a sitios de Internet, ya sea en publicidades o en columnas de opinión, con direcciones de sitios web o de correo electrónico.
El ciudadano urbano medio maneja mucha información, de diversas fuentes y orígenes, directamente de sus autores, en el mismo momento en que se produce, pudiendo además hacer conocer su opinión (Cinco predicados míticos de la información, Bernardo Díaz Nosty).5
Este ciudadano urbano argentino medio armado del control remoto, el teléfono celular y el teclado de su PC, se siente ciudadano del mundo. Cree que es lo mismo estar en Buenos Aires que en Nueva York, Tokyo o París.
“Quienes han accedido a las TIC y no han quedado al margen viven de forma realmente “global”: viajes de negocios y turismo, cultura musical, cinematográfica, literaria e informática mundial”. (Josep Mària i Serrano).6
Pero en un país de distribución asimétrica de las riquezas, como es la Argentina, no a todos llegan de igual modo las bondades de las TIC.
Manuel Castells les llama “agujeros negros del capitalismo informacional”7. Son áreas geográficas enteras del territorio argentino que quedan excluidos de los beneficios de las TIC. Provincias enteras como Jujuy, Salta, Formosa, Chaco, Corrientes o algunos conglomerados urbanos del Gran Buenos Aires conforman esos “agujeros negros”.
El proceso de expansión de las TIC sigue esa conducta. Llegan primero, en mejor calidad de servicio y menor precio, a las grandes ciudades como la Capital Federal, Córdoba, Rosario o Mendoza. Luego a ciudades menores con menor calidad y mayor costo. Finalmente llegan o rozan la periferia de esos “agujeros negros”
La clase media urbana argentina vive durante diez años en lo que Manuel Castells llama “cultura de la virtualidad real”. Donde la virtualidad está dada por “los inputs culturales que el usuario recibe por vía informática (Internet, correo electrónico o chats), vía juegos de ordenador, vía TV o cine. Es real porque influye realmente sobre los estilos de vida (valores, actuaciones concretas) de quienes acceden a ella”.8
Uno de los propósitos del modelo neoliberal y a la vez consecuencia de vivir en la “virtualidad real” en el marco de este “welfare state tecnológico”, es la pérdida de interés de esta clase media por la participación, lo colectivo, lo comunitario, la vida política.
Como sostiene Serrano “creer en ideales “fuertes” y arriesgarse por ellos es más difícil, sobretodo si la persona vive en una situación acomodada y está lejos de los dramas humanos”.9
A este punto del análisis llegamos a la Argentina de diciembre del 2001. Una realidad feroz, de deuda externa infinita e impagable, de un Estado/Nación desaparecido, de desocupados y marginados, de ausencia de valores, de falta de seguridad y justicia, de destrucción de la salud pública, la educación y la seguridad social.
Dice Roberto Aparici, “Las nuevas tecnologías no hablan a los futuros ciudadanos y ciudadanas del contexto social y económico que ha creado la mundialización de la economía. Les hace creer que con unos conocimientos tecnológicos van a estar preparadas o preparados para insertarse en la dinámica social de la inseguridad, el desempleo y la injusticia social”.10
Realidad que no se construyó en los treinta días de diciembre sino que pieza a pieza fue armándose en los diez años del neoliberalismo menemista y que sistemáticamente fue negada por esta clase media urbana, apenas beneficiada por el goteo que desbordaba el vaso de los opulentos dueños del modelo.
Bastaron pocas medidas del gobierno de turno (mucho más inocentes que las del menemismo) para que cacerola en mano este grupo social saliera a protestar.
Temían que alguien pronunciara esas cuatro palabras tan temidas y que finalmente fueron dichas “fin de la convertibilidad”11, hay devaluación del peso argentino.
Se acaba el plan económico vigente, el envoltorio mediático se hace trizas y se pone telón final a la irrealidad de la “virtualidad real” que el plan neoliberal necesitaba y los medios cómplices impusieron.
Ahora solo quedan deudas, ahorros lejanos, aparatos inútiles, sueños enterrados y la realidad ... tan real.
- Roberto Aparici, “Mitos de la Educación a Distancia y de las Nuevas Tecnologías”.
- Atilio Borón, “La globalización, ¿Fase superior del imperialismo?, prólogo del libro “La sociedad global, educación, Mercado y Democracia de Noam Chomsky y Heinz Dietrich, Oficina de publicaciones del CBC, Universidad de Buenos Aires, 1997.
- Josep Mària i Serrano, “La globalización”.
- Atilio Borón, “La globalización, ¿Fase superior del imperialismo?, prólogo del libro “La sociedad global, educación, Mercado y Democracia de Noam Chomsky y Heinz Dietrich, Oficina de publicaciones del CBC, Universidad de Buenos Aires, 1997.
- Víctor Manuel Marí Sáez, “Globalización, Nuevas Tecnologías y Comunicación”, Ediciones de la Torre, Madrid 1999.
- Josep Mària i Serrano, “La globalización”.
- Josep Mària i Serrano, “La globalización”.
- Josep Mària i Serrano, “La globalización”.
- Josep Mària i Serrano, “La globalización”.
- Roberto Aparici, “Mitos de la Educación a Distancia y de las Nuevas Tecnologías”.
- CONVERTIBILIDAD: Plan económico vigente en Argentina desde marzo de 1991 hasta diciembre de 2001. Por Ley del Congreso Nacional se establece la paridad del peso argentino con el dólar norteamericano en 1 a 1. Permitió terminar con la inflación e iniciar un proceso de estabilidad económica, pero a costa de mayor endeudamiento externo, mayor cantidad de importaciones, caída de la producción nacional y aumento de la desocupación.
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