Círculo Político
Foro de discusión
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A los fines de centrarnos en un determinado tema, nuestra propuesta consiste, en principio, en debatir a partir del artículo que adjuntamos más abajo. No obstante, pueden sugerirnos diversos objetos de discusión y/o enviarnos textos al respecto. Estos últimos deberán ser, en lo posible, de actualidad y con alguna trascendencia internacional.
A partir del interés surgido, la intención es ir cambiando el eje del debate cada quince días aproximadamente. Para que finalmente, con las apreciaciones y diversos puntos de vista recibidos, podamos lograr un pequeño compendio que luego será publicado en esta página, donde se marcará debidamente quiénes son los autores de las respectivas opiniones y el país de procedencia de los mismos. Para esto, les pedimos que por favor inscriban su nombre y país en el formulario que se encuentra más abajo.
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El artículo que escogimos, en esta oportunidad, trata la problemática situación que hoy sufre Colombia. El mismo fue publicado en el diario La Nación (Buenos Aires) el viernes 3 de septiembre del corriente. En este caso puntual valoraremos en gran medida las opiniones de nuestro visitantes colombianos y desde ya, contamos con la colaboración de todos para que esta resulte, de algún modo, una actividad fructífera.
¿Intervenir en Colombia?
por Vicente Massot *
La intervención norteamericana en Colombia es, a esta altura de los acontecimientos, un hecho cantante y sonante. A semejanza de lo que ocurrió en Vietnam, y aun cuando haya entre uno y otro escenario diferencias notables, los Estados Unidos han dado comienzo, al parecer sin prisa pero sin pausa, a su escalada, brindando al gobierno de Bogotá información satelital, apoyo intensivo de inteligencia y logístico, la ayuda financiera y asesoramiento militar.
La clave del problema queda cifrada en una triple evidencia, a saber:
De aquí a definir la crisis colombiana como de seguridad hemisférica hay sólo un paso, que Washington ya ha dado.
Pero la naturaleza del conflicto no es específicamente militar (si lo fuese, su resolución, para una superpotencia como los Estados Unidos, sería relativamente simple) ni tampoco exclusivamente diplomática. Por de pronto, es un conflicto doméstico colombiano que se arrastra desde hace varias décadas. Baste recordar que la violencia como forma de dirimir supremacías está presente desde la época de la Independencia; que las FARC nacen en la década del 60; que el Estado colombiano nunca tuvo un control absoluto sobre su territorio y que los carteles del narcotráfico, si bien son posteriores en su gestación a los movimientos guerrilleros, se consolidaron hace veinte años, poco más o menos.
Conflicto internacionalizado
Reconocer que el conflicto tiene orígenes domésticos no significa que siga conservando hoy esas características. Cuando estalló, en plena Guerra Fría, ni las FARC, ni el ELN representaban una forma de poder capaz de desafiar al Estado de igual a igual. No tenían, tampoco, la capacidad de mantener y equipar un ejército de partisanos susceptible de realizar operaciones en distintos frentes con un importante respaldo logístico. Algo que sólo encuentra explicación a partir de sus vínculos con las mafias de la droga.
Recién ahora la alianza táctica del narcotráfico y la guerrilla marxista ha obrado un verdadero salto cualitativo en el desarrollo del conflicto: su internacionalización. No es, por supuesto, un dato anecdótico que Colombia linde con Ecuador, Venezuela, Brasil, Perú y Panamá, cuando el primero de estos países se encuentra al borde de la anarquía; el segundo ha quedado sujeto al curso que decida seguir un caudillo "providencial"; el tercero ha fijado su prioridad estratégica en el área amazónica; el cuarto, de la mano de Fujimori, decide movilizar parte de su ejército hacia la frontera con Colombia, y en el último está pendiente el retiro de las tropas norteamericanos, que dominan el canal interoceánico, fijado para el próximo 31 de diciembre.
Las FARC y los carteles de la droga atraviesan, en términos de poder, por su mejor momento. Si semejante dato se enmarca en una crítica realidad subcontinental, como la descripta más arriba, están dadas las condiciones para una intervención por parte de los Estados Unidos, y otros países del continente, que no es por ahora explícita en la medida en que le falta legitimidad, entendida como consenso latinoamericano.
La legitimidad es un principio de justificación que sólo puede ser pensado a partir de los criterios políticos, sociales y éticos vigentes en una época determinada. Al momento de intervenir en Vietnam, los Estados Unidos no necesitaron cobijarse bajo el paraguas de legitimidad que requirió su participación decisiva en la Guerra del Golfo y luego en la de Kosovo. Es que, por sobre la Carta de las Naciones Unidas, hubo en el curso de los últimos cincuenta años dos "constituciones fácticas" en el mundo: la de la Guerra Fría y la de la globalización. Lo que era necesario hasta la caída del Muro no lo es hoy. La legitimidad era una entonces y es otra ahora.
Consenso latinoamericano
Así como no resultaba concebible una intervención abierta norteamericana en Kosovo sin el apoyo de los principales países europeos que forman la OTAN, tampoco lo es en Colombia en la medida en que el despliegue militar, al momento de ponerse en marcha, no goce del respaldo colombiano y subcontinental al propio tiempo.
Una radiografía del caso colombiano nos mostraría que, de momento, la internacionalización del conflicto lo ha convertido para Washington en un problema de seguridad hemisférica. Esto, a su vez, ha gatillado una intervención norteamericana encubierta o, si se quiere, homeopática, a la espera de los resultados que pudiese obtener el presidente Pastrana en su negociación con la guerrilla.
Si la negociación fracasase (y es difícil imaginar cómo podría verse coronada por el éxito), el "derecho de injerencia humanitaria" cubriría las formalidades normativas que exige la posguerra fría para justificar una intervención en toda la línea. Faltaría, entonces, el consenso de las naciones que hablan castellano y portugués.
En medio de un hecho extraordinario, que conmocionase al subcontinente, ¿le costaría mucho a Washington, en caso de proponérselo, sumar voluntades entre sus vecinos cercanos y lejanos al sur del Río Grande? La pregunta deberían formulársela los dos candidatos presidenciales, Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa. En cuanto al doctor Carlos Menem, no dudo de que tendría, si se presentase tamaño escenario, una respuesta semejante a la de agosto de 1990, cuando Irak atravesó la frontera de Kuwait.
* El autor es director ejecutivo del diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca. Ex secretario de Estado de Defensa.Nota: Este artículo fue publicado en el diario La Nación de Buenos Aires, Argentina (http://www.lanacion.com) el viernes 3 de septiembre de 1999.