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SOLO TU, SEÑOR.

Los humanos somos de naturaleza pecaminosa,
pues desde que entró el pecado por un hombre,
dice la Escritura, “todos pecaron”.
El cambio de nuestra naturaleza solo puede hacerlo Dios.
No es precisamente la transformación que
hace la serpiente cuando está en la metamorfosis,
que muda de piel, pero sigue siendo serpiente.
El cambio en nosotros debe ser el que hace la oruga para convertirse en mariposa:
primero es un gusano que se arrastra en el polvo;
después este gusano se envuelve en un capullo,
y al cabo de cierto tiempo el capullo se rompe y da salida a una bella mariposa
que ya no se arrastrará como un gusano, sino que volará y ascenderá a lo alto.
Solo tú, Señor, puedes hacer la transformación en mí.
Tan fácil que me resulta a veces transformar mi casa, arreglar el jardín,
y aunque se nos haga difícil nos sacrificamos y lo hacemos y transformamos muchas cosas materiales.
Pero cuando se trata de cambiar nuestro carácter,
nuestro amor carnal y nuestras tantas flaquezas,
nos cuesta tanto, como dice el himno: “Tomóle una semana esta tierra formar”;
pero yo, que soy la obra más grande de la creación; yo, que tengo un alma que salvar,
está obrando aún en mí. El sabe que soy barro sin moldear”.
Solo tú, Señor, harás la transformación que necesitamos.

SER PERFECTO EQUIVALE A HABER CAMBIADO MUCHAS VECES.
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por: Unidos en Jesus