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El contrabando con Animales

El contrabando con Animales

La gran variedad de animales salvajes que hay en América del Sur ha convertido a esta región en el principal centro de operaciones de los traficantes de especies, una de las actividades ilícitas más rentables del mundo, sólo detrás del tráfico de drogas y de armas. Las organizaciones ambientalistas World Wild Found (WWF), Traffic y la española Red Nacional de Combate al Tráfico Ilegal de Animales Salvajes (Renctas), aseguran que 47 por ciento de los animales capturados por los traficantes en todo el mundo proviene de Sudamérica. De ese porcentaje, a Brasil, el país con la mayor biodiversidad en el planeta, le corresponde 37; el otro 10 por ciento, a Perú, Argentina, Venezuela, Paraguay, Bolivia y Colombia.

Como en otros negocios del crimen transnacional, en éste los contrabandistas cuentan con la complicidad de las autoridades. Sus ganancias anuales alcanzan los 15 mil millones de dólares anuales, según las ONG especializadas, cifra que sin embargo es sólo una parte mínima del ingreso total generado por esa industria. Únicamente en Estados Unidos, uno de los principales países de destino, la venta de animales en los mercados irregulares produce otros 300 mil millones de dólares. Lo más solicitado son los primates, las aves, los peces tropicales y las pieles de reptiles.

Los traficantes encuentran en EEUU, Europa y Asia, principalmente los países árabes y los del Lejano Oriente, un mercado amplio para sus mercancías. Sus clientes: millonarios excéntricos que buscan aumentar sus colecciones, a veces verdaderos zoológicos privados; personas que prefieren las mascotas exóticas; los laboratorios farmacéuticos que pagan una buena cantidad por cada ejemplar; compañías fabricantes de ropa; parques de diversión, y circos. Buena parte del comercio ilegal depende de un grupo de países que actúan como intermediarios. Hasta hace algunos años, el marfil procedente de 30 mil elefantes muertos por cazadores furtivos pasaba a través de Burundi -en el camino hacia los Emiratos Árabes Unidos- donde se otorgaban los permisos necesarios para legitimar el botín. Los Emiratos son uno de los centros más importantes del mundo en el comercio ilegal de vida salvaje. En Latinoamérica, la Guyana Francesa, Bolivia y Paraguay sirven de intermediarios para el movimiento de hasta 150 mil loros que cada año van a parar a las tiendas de pájaros en territorio estadunidense.

Como resultado de esta depredación, más de 700 especies están a punto de desaparecer y 2 mil 300 animales y 24 mil plantas se encuentran seriamente amenazados. En el mundo, cada año se venden 50 mil primates, 5 millones de aves vivas, 10 millones de pieles de reptiles, 15 millones de pieles de mamíferos, 350 millones de peces tropicales y 4 millones de cactus. Desde la década de los sesenta, las organizaciones defensoras de los animales han buscado detener ese comercio localizando y denunciando a los criminales. En una conferencia sobre el tema realizada en julio de 2001 en Brasilia, Brasil, los participantes -ONG, representantes de gobiernos, asociaciones de veterinarios y amantes de la naturaleza- establecieron las bases para crear un banco de datos de traficantes y organizar una red de cooperación por Internet. Así, por ejemplo, Traffic cuenta con 15 centros en los que se realizan investigaciones y alerta a los funcionarios aduanales sobre las acciones de presuntos contrabandistas. WWF España se ha especializado en perseguir a las redes de contrabando de especies, en colaboración con las fuerzas de seguridad del gobierno español. Sin embargo, su esfuerzo es neutralizado por el desinterés que muestra la mayoría de los gobiernos para aplicar la ley de protección de animales y por la corrupción que involucra a gran número de funcionarios.

El año pasado, científicos británicos advirtieron que la humanidad será responsable de una extinción de especies de animales y de plantas semejante a la ocurrida en la catástrofe que hace 65 millones de años eliminó a los dinosaurios. La extinción de pájaros y mamíferos en nuestra época se estima entre cien y mil veces más rápida que la ocasionada por millones de años de historia. "Hay pocas dudas de que nos encontramos al borde de la sexta ola de extinción en la historia de la vida en la tierra. La única diferencia de las otras es que ésta no es causada por eventos externos, sino por nosotros", señalan los especialistas. Según un informe de la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte (CCA), "la mitad de las regiones con mayor biodiversidad se están degradando; la fragmentación de los hábitats y las pérdidas de bosques amenazan a muchas especies migratorias".

Para el veterinario boliviano Christian Molina, la falta de acción para prevenir el tráfico de animales a pequeña escala puede tener serias consecuencias: "Eventualmente, todos los animales van a correr peligro de extinción porque todo el mundo los caza ya sea para comerlos o venderlos y nadie hace nada para acabar con esto".

Los expertos afirman que, al irse extinguiendo las especies o reduciéndose su población, el equilibrio de la naturaleza se altera gravemente. La desaparición de una especie puede desestabilizar una cadena alimentaria, trastornar el delicado equilibrio entre una especie depredadora y otra, y causar una multiplicación de las plagas de insectos. Además, apuntan, diezmar una especie tiene también un efecto devastador en la economía de un país. En las naciones en desarrollo, las poblaciones locales a menudo dependen de la venta de productos procedente de animales y plantas silvestres para sobrevivir, mientras que los gobiernos dependen de los impuestos y aranceles obtenidos por la exportación de estos productos.

Negocio sucio, como la droga y las armas

El tráfico internacional de animales vivos alcanza en el mundo una gran cantidad de dinero en negro. En muchos casos, representa una seria amenaza a la supervivencia de los animales. Contrariamente a lo que se puede creer, el rol de los zoológicos en este mapa es poco significativo, ya que solamente el 1 por ciento del comercio mundial va a este tipo de instituciones. El resto se reparte entre las reservas privadas y el tráfico. Considerando los volúmenes de dinero que se manejan, el contrabando de animales ocupa e tercer lugar en el mundo, detrás de los tráficos ilegales de armas y drogas. Argentina es el cuarto país proveedor de especies animales y vegetales, cueros y pieles al mercado negro. Se estima que por año se comercian unos 50 millones de pesos en el intercambio legal de especies, mientras que el contrabando mueve más de 350 millones.

 

 

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