Según Aristóteles
existen TRES CLASES de amistad en donde, en cada una de
ellas, se la la reciprocidad no desconocida: amistad por interés, amistad por
placer y amistad por utilidad.
Por Interés:
Los que se quieren por interés no
se quieren por sí mismos sino por los beneficios que pueden alcanzar. El cariño
obedece al propio bien de ellos. Además, señala Aristóteles, las amistades que
reposan en el interés suelen se objeto de reclamaciones y disputas ya que los
amigos se tratan con vistas a la utilidad por lo que cada uno de ellos exige
cada vez más y cree recibir menos de lo que le corresponde.
Por Placer:
Los que se quieren por placer,
solo piensan en aquello que les resulta agradable y, por ello, son personas
frívolas. El cariño obedece a su propio gusto y no al modo de ser del amigo.
Según Aristóteles, en los jóvenes la amistad puede tener más su base en el
placer que en la utilidad, ya que éstos persiguen sobre todo lo que les es
agradable y lo presente. Por eso los jóvenes suelen hacerse fácilmente amigos
pero también suelen muy fácilmente dejar de serlo.
Por Utilidad:
También puede darse amistad por utilidad.
Según Aristóteles la amistad por utilidad está presente sobre todo en los viejos
ya que a esa edad ya no se busca lo agradable o placentero sino lo útil.
La amistad perfecta, según
Aristóteles, es la de los hombres buenos e iguales en virtud ya que éstos
quieren el bien el uno del otro. Los que quieren el bien de sus amigos, por
causa de ellos mismos, son los mejores amigos, puesto que es por su propia
índole por lo que tienen esos sentimientos y no por accidente como
sucedía en las clases de amistad señaladas anteriormente. Aristóteles afirma que
tales amistades son raras, ya que los hombres de este talante son pocos. Además
requieren tiempo y trato para poder conocerse a fondo. En las amistades
perfectas, producto de la virtud, no suele haber, según Aristóteles,
reclamaciones ni reproches ya que ningún verdadero amigo tiene envidia de los
éxitos del otro. Tampoco suelen darse quejas en las amistades que buscan el
placer, puesto que ambos obtienen lo que desean, si se complacen en el mutuo
trato, y resultaría ridículo quien reclamara contra el que no le agrada pudiendo
no pasar el tiempo con él.