Si consideramos que un organismo no ha muerto mientras
vivan algunas de sus células, deberá declararse vivo a una gallina guisada si aun sus
huevos fecundados son capaces de
producir pollitos en una incubadora. También surgirán las disputas de en que momento es licito
desconectar el respirador artificial
de una persona en coma profundo e irreversible, a la que por otra parte se le
mantienen el corazón latiendo mediante un estimulador eléctrico, su sangre
circulando con bombas extracorporeas y se le compensan los riñones con
diálisis.
Si alguien considera que un ser humano sigue vivo mientras su
corazón se matenga latiendo y que esta muero en el caso contrario, le deberían
asaltar dudas frente a una persona enterrada desde hace cinco años, pero que
dono su corazón a una persona que ahora contempla tranquilamente su tumba.
Ante esas dificultades en definir la muerte, es aconsejable adoptar una
conducta clara y valiente.
El deseo de una vida sin preocupaciones no se limita sólo al
hombre, también incluye a la naturaleza. El pasto quiere crecer en un
terreno fértil que reciba mucha luz del sol y mucha agua de lluvia; los
pájaros buscan un lugar tranquilo y confortable para estar en paz. Toda la naturaleza
desea vivir en medios pacíficos. A Dios también le gustaría llevar una
existencia pacifica. Solo el hombre se aparta de la naturaleza en su
sufrimiento y su lucha.