Ver el cuerpo humano de un
ser querido metido entre el ataúd, no significa haber comprendido el misterio
de la muerte. La Verdad es lo desconocido de momento en momento. La Verdad
sobre la muerte no puede ser una excepción.
El mí mismo yo no tiene
muchas ganas de morir. El "yo" quiere continuar. El "yo"
le tiene mucho miedo a la muerte. La Verdad sobre el misterio de la muerte
sólo puede ser conocida a través de la experiencia directa. Quien quiera saber la Verdad sobre la muerte debe indagar,
experimentar sobre sí mismo, buscar como es debido. Sólo así podemos descubrir
la honda significación de la muerte. Quienes deseen continuar temen a la
muerte, y sus creencias y teorías sólo les sirven de narcótico.
La muerte en sí misma nada
tiene de aterrador, es algo muy hermoso, sublime, inefable. Mas la mente
embotellada en lo conocido, sólo se mueve dentro del círculo vicioso que va de
la credulidad al escepticismo. Cuando realmente nos hacemos plenamente conscientes
del hondo y profundo significado de la muerte, descubrimos entonces por sí
mismos mediante la experiencia directa que la vida y la muerte constituyen un
todo íntegro, unitotal. Lo que es la Verdad sobre la muerte, lo que es el
intervalo entre muerte y concepción, es algo que no pertenece al tiempo y que
sólo mediante la ciencia de la meditación podemos experimentar.
El misterio de la
muerte
