HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR

Por Met

CAPÍTULO FINAL

El trabajar juntas representó para las dos mujeres un gran reto, el carácter dominante e intransigente de Val junto con la poca paciencia y organización extrema de Chantal las estaba poniendo a prueba a cada instante. Pero también esa temporada les sirvió para conocerse realmente, y luego de sus largas y extenuantes horas de trabajo las dos se habían propuesto que en su tiempo libre iban a dejar absolutamente de lado todo aquello y dedicarse únicamente a darse aquella oportunidad tan deseada.

La familia de Val estaba más que fascinada con la joven, no únicamente por su relación sentimental con la morena, sino también por sus cualidades como abogada, hasta el momento ya los había sacado de más de un enredo y de seguir así lograría lo que todo su equipo de abogados no había conseguido en un buen tiempo. Los negocios volvían a tomar el aire regular y organizado que todos estaban necesitando.

Val al fin podía volver a dedicarse de lleno a sus viñedos, dejando el lado administrativo del asunto a su tío y a Chantal, la cual estaba encantada de poder ayudar.

Habían pasado un poco más de dos meses, desde que las jóvenes llegaron a este 'acuerdo' y al parecer estaba funcionando.

Chantal todavía no había tomado una decisión definitiva respecto a su futuro laboral, seguía vinculada a su antigua firma en Boston, con un permiso temporal. Pero esto no podría durar por tiempo indefinido, su jefe ya necesitaba una respuesta y ella estaba en eso. La familia Di Stefano también le había hecho una propuesta en firme, que a parte de ser extremadamente generosa en el campo económico, la tendría junto a Val en California, pero la joven no quería apresurar las cosas, hasta ahora todo iba bien, claro, dejando de lado las peleas diarias con la morena por su testarudez en los negocios, el resto tendrían que decidirlo las dos.

Para el verano las amigas de la rubia habían tomado unos días de vacaciones, lo que las volvería a reunir, Chantal las extrañaba tremendamente ya que era la primera vez en muchos años que se habían separado, aunque siempre estaban en contacto telefónico, no era lo mismo que tenerlas molestándola todo el día.


En la noche mientras cenaban, la joven pensó que era un buen momento para tratar cierto asunto que le aclararía un poco el camino.

-¿Sabes, amor?, estábamos pensando con las chicas en la posibles actividades para cuando ellas estén aquí de vacaciones y se nos ocurrió que tal vez este fin de semana podríamos ir hasta Malibú a visitar a mis padres, incluso mi viejo me había ofrecido la avioneta de su compañía para mandármela... hmm... ¿qué tal si tú también vienes?, así por fin los conocerías... -dijo la joven tentativamente a Val, tratando de que su voz sonase de lo más casual.

-¡Ah!... mm... nena, no creo que sea muy buena idea... ¡tengo miles de cosas que hacer! -respondió en tono un tanto asustado la morena.

-Hey... ¡tranquila que no te quiero presentar a 'los suegros'!, sólo ir de paseo hasta allá... pero no hay problema, voy yo con Karen y Joan. -Chantal quiso ocultar la decepción en su voz, ésta era una pequeña prueba de que su pareja todavía no estaba lista para nada más serio.

-Nena... amor, perdón... mm... no quise sonar ¡aterrorizada!, pero la verdad es que si me... preocupa un poco esa visita -repuso Val al darse cuenta de que Chantal había bajado la mirada.

-Mmh... te dije que no hay problema... -pero aún así ella sentía que no podía evitar estar preocupada por la reacción de la morena, quizás era sólo ella la que quería tener una relación seria y duradera...

No siguieron hablando del tema que obviamente las incomodaba, y al llegar hasta el departamento de Chantal, ésta prefirió despedirse enseguida, sin invitarla a pasar como era su costumbre.

¡Oh...oh! creo que toqué un punto sensible de Chantal... ni siquiera quiere invitarme para despedirnos como es debido, ¡mierda!, reflexionó Val, también decepcionada por la reacción de la joven.

-Bueno cielo... nos vemos mañana en el Rancho, ¿no? -preguntó Val.

-No se si podré ir para allá, tengo una cita temprano con Roger, para la firma de unos documentos y... después iré al aeropuerto a ver a mis amigas... hmm... pero, yo te llamo al regresar de San Francisco, ¿okay? -Abrió la puerta del auto y comenzó a salir, cuando una mano en su brazo la detuvo.

-Hey... esto no puede ser tan malo, lo que dije antes sobre la visita a tus padres, ¿qué no me vas a dar por lo menos un beso de despedida? -pidió Val con una sonrisa.

Y Chantal a pesar de estar resentida con la actitud de la morena, no pudo evitar sonreírle y darle un tierno beso en sus labios. -Nop... no es tan malo... te quiero... hablamos... -salió la joven sin regresar a mirar.


Al día siguiente, como era de esperar, Chantal únicamente se concentró en su trabajo y en el viaje para ir a recoger a sus amigas.

Después de tanto tiempo sin verse ninguna de ellas paraba de hablar para así tratar de ponerse al día de todas sus aventuras y desventuras vividas en esos meses.

-Oye chiquita... ¿por qué no vino Val contigo hasta San Francisco?... ¿está taaan ocupada? -preguntó Karen a la rubia.

-Síp... pero les mandó muchos saludos... y de seguro la ven más tarde -le contestó esquivando la mirada, ya que sabía que la morena la conocía y se iba a dar cuenta de que algo pasaba-. Vamos a estar un poco estrechas en mi apartamento, pero ya hemos pasado por peores cosas -trató de cambiar la conversación, sin desviar su mirada de la carretera.

Las dos amigas se regresaron a mirar e intercambiaron un gesto que claramente demostraba su preocupación... definitivamente, algo anda mal, pensó Joan.

Al llegar a Sonoma ya estaba atardeciendo y las chicas querían comer y poder descansar algo, antes de comenzar con sus exploraciones.

-Vamos chicas, les enseñaré el departamento y luego saldremos a cenar... ésta es la sala... -Al pasar por la mesita del teléfono Chantal vio claramente la lucecita de su máquina contestadora, sabía de quién eran los recados, pero no quiso escucharlos frente a sus amigas-. Éste es el comedor... muy funcional, ¿verdad?... y la cocina que todavía no he estrenado, vamos para el otro lado... mm... aquí tenemos mi hermoso dormitorio... y mi ¡baño!

-Hey, ¡esta lindo de verdad!... pero es un poco pequeñito... bueno cada cosa se parece a su dueño, ¿no? ¡AUCH! ¡sigues pegando duro! -dijo Karen al recibir su merecido por el comentario.

-Por acá... vuestro dormitorio... y el baño está en esa puerta... ¿les gusta?, claro que tendrán que acomodarse ya que nada más conseguí este sillón-cama para un espacio así de peque, como se habrán dado cuenta este departamento no estaba planeado para tener cuarto de huéspedes -terminó Chantal.

-Bueno, yo no me quejo y además es verdad que ya antes hemos vivido como 'sardinas', o sea que esto es un lujo... claro que podíamos haber también optado por ir a pasar en algún hostal del Rancho, ¿no? Sólo que no hubiéramos tenido mucha libertad de acción, aunque no sé cuenta actividad podamos encontrar en este pueblito, pero... tú chiquita... ya no puedes compartir con nosotras la 'buena vida' -dijo la morena, ante lo cual Chantal prefirió callar, cosa que provocó nuevamente miradas entre Karen y Joan.

-Mmm... ¿qué tal si nos refrescamos y salimos de aquí?

-Okay... ¿vamos a cenar con Val o sólo nosotras? -preguntó Karen con segunda intención.

-Hmm... creo que nosotras... además necesitamos hablar de nuestras cosas y es mejor... así, ¿no? -dijo la rubia una vez más evadiendo la mirada de sus amigas.

-Bueno ¡ya está!, enana, nos dices qué está pasando o no nos movemos de aquí, ¿verdad Joanni? -espetó Karen ya cansada de tantas vueltas.

-Síp, comienza a hablar chiquita, somos todo oídos -apoyó la pelirroja mientras se acomodaba en un confortable sillón en la sala.

-Hey... no pasa nada, no se a qué se refieren.

-Ja, ja, ¿qué crees?, que no te conocemos, ¡si estás a punto de llorar!, ven aquí. -La morena le tomó de la mano y la atrajo hasta donde estaba sentada ella, colocándola sobre una de sus piernas.

-Mhmm... no es nada, sólo... un pequeño mal entendido... creo -dijo suavemente Chantal.

-Nena... no me digas que es la misma mier... perdón... Val y sus famosa inseguridad otra vez.

-¡No!... es que... mm... soy yo la del problema, creo que estoy siempre presionándola y ella en verdad no esta todavía preparada para ningún compromiso... eso es todo -dijo la rubia.

-Claro... o sea sí es el mismo rollo de siempre, pero ¿qué pasó?, hasta hace un par de días que hablamos nada había pasado... es más, estabas toda emocionada con la 'bendita', y ¿¿ahora?? -comentó Karen.

-Es que... mm... ayer le dije que este fin de semana iríamos a visitar a mis viejos a Malibú y si quería venir con nosotros, ella no quiso hacerlo y definitivamente eso a mi me hizo volver a poner los pies en la tierra.

-¡Hey, espera un minuto!, han pasado más de dos meses, prácticamente viviendo juntas y me dices ahora que ella todavía no esta segura de sus sentimientos, ¿tú qué eres?, mmm... ¿¿su pasatiempo??... ¡no entiendo!... tú cruzaste medio mundo para estar con ella y... y... -dijo la morena confundida y furiosa.

-¡No!... yo no soy su pasatiempo... ella me ama... estoy segura, pero es que... no está lista para compromisos a largo plazo. Yo siempre lo supe, pero aún así... quise intentarlo y ahora no sé si deba... seguir haciéndolo. -Bajó su mirada para ocultar las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos.

Joan la abrazó tiernamente y le hizo un gesto a Karen para que se callara, no era buena idea seguir 'poniendo leña al fuego'.

A la noche salieron a cenar y la pasaron bien sin volver a tratar el tema de Val. Después decidieron ir a tomar unas cervezas y celebrar su re-encuentro en un bar cercano.

Al regresar a su departamento, Chantal vio la señal de otro par de llamadas en su máquina y prefiero volver a ignorarlas, pero no así Karen.

-Chiquita... más vale que hables con ella, ya sabes que el esconderse no soluciona ningún problema.

-¿Qué... de qué me hablas?... yo no me estoy escondiendo de nadie, nada más quiero pensar un poco... ¡diablos!... bueno ya basta, vamos a dormir... mañana tenemos que levantarnos temprano.

-Amor... creo que esto no es buena idea. ¿Val sabía que ibas a San Francisco por nosotras, verdad? -preguntó la pelirroja.

-Ajá.

-¿Y no te parece que ya es un poco tarde y ella debe estar preocupada sin saber como te fue? Después de todo tenías que tomar la carretera y al ver que pasan las horas... y tú nada de llamarla... mm... estoy segura que éste no es el mejor momento para castigarla... o por lo menos no es la mejor forma, ¡sé que yo estaría al borde del ataque!

-No sé...

-Si supieras que Val tiene que hacer un viaje y pasan las horas sin que ella te llame para avisarte de su regreso, ¿cómo te sentirías... aún estando enojada? -dijo Joan.

-¡Esta bien... ya entendí!... voy a llamarla... ¿contentas? -afirmó la rubia, con aire cansado.

-Síp -contestaron al unísono.

-Voy a mi dormitorio.

A pesar de haber entendido perfectamente a sus amigas, igual ella no estaba del todo convencida de la necesidad de hacer esta llamada y mientras tenía el teléfono en su mano, este sonó haciéndole saltar del susto.

¡Diablos! -¿Hola?

-Nena... ¿cómo estás?... ¿pasó algo?... ¿por qué te demoraste tanto?... ¿todo está bien? -preguntó asustada Val desde el otro lado de la línea-. Tu celular está apagado... traté de llamarte varias veces... -continuó al no escuchar ninguna respuesta.

-Tranquila... no pasó nada, estamos bien... es sólo que... mmm... -Chantal se mantuvo en silencio unos cuantos segundos, sin saber qué decir.

-¡Ah!... entiendo... es sólo que no querías hablar conmigo... perdón no quería molestar tu reunión con tus amigas... quería saber si todo estaba bien, nada más... mmm... ahora que sé que es así... ya no te molesto más, ¡adiós! -y sin dar tiempo para nada colgó.

Val no podía contener más la rabia, y tampoco las lágrimas.

-¡¡Mierda!!... volvemos a lo mismo, Chantal, yo no me merecía esta angustia... no hice nada. ¡TAN tremendo! -decía mientras guardaba su celular y caminaba atropelladamente hacia los corrales, aprovechando la casi total obscuridad de la zona dejó que sus lágrimas cayeran.

Por su lado Chantal se mantuvo con el auricular en la mano, sin saber cómo reaccionar, este asunto se le estaba escapando de las manos y no sabía que hacer para evitarlo, sobre todo para entender y aceptar la actitud de la morena sin sentirse decepcionada. Lo que sí entendió es que no había necesidad de haberla hecho preocuparse por su demora, era lógico que ahora la morena estuviera enojada... ¡Todo se está complicando!, pensó con tristeza.

Salió de su habitación y vio a sus amigas en su pequeño balcón, tomó un refresco y se unió a ellas.

Por la mañana y siendo viernes, ella todavía tenía que ir a la oficina por algunos asuntos y aunque no pensaba pasar por el Rancho casi era seguro que tendría que hablar con Val, primero se comunicó con su madre para informarle de sus planes y ponerse de acuerdo con lo del transporte de ser posible para temprano en la tarde, luego despertó a Joan y le dijo que volvería en un par de horas.

Las cosas en su trabajo se desarrollaron con normalidad, alistó todo para no tener ningún problema por tomar la tarde libre y llamó a Sam para informarle que saldría de la ciudad por ese fin de semana.

-Hey, Chantal ¿cómo está mi abogada preferida? -saludó Sam al el otro lado de la línea.

-Todo bien... ¿cómo estás tú?, ¿qué tal la terapia?

-Muy bien linda, gracias por preguntar... dime, ¿a qué debo el gusto de tu llamada?

-Voy donde mis padres esta tarde y quería avisarte que no estaré por aquí hasta el lunes o martes... ¿está bien?

-Pero por supuesto, no hay problema, pero qué raro, esta mañana la nena no nos comentó nada... por supuesto que ella va contigo, ¿verdad? -dijo en un tono preocupado.

-Nop... esta vez no viajamos juntas... seguramente es por eso que no se lo dijo... mmm... Sam, me tengo que despedir... saludos en casa para todos y nos vemos la próxima semana, ¿okay?

-Si claro, saludos también a tus padres y que espero tener la oportunidad de recibirlos por aquí en una de estas, ¿sí? Adiós linda... -Sam cerró la comunicación aún más preocupado que antes.

Bueno... ahora lo inevitable, pensó la joven.

-Buenos días... ViDissa a sus órdenes... -contestó la secretaria.

-Hola Patty... ¿está Val por ahí, por favor?

-Mmm... hola Chantal... sabes, Val no está en este momento... salió a las cavas, ¿quieres dejarle algún mensaje? -dijo muy animada la secretaria de la morena.

-Sólo dile que llamé... mmm... o mejor avísale que estoy saliendo para donde mis padres y que hablaremos a mi regreso, ¿okay?

-Pero... mmm... bueno yo le aviso. Adiós y ¡buen viaje! ¡Qué raro! Dios quiera que no estén peleadas... ¡porque no podría soportar más ataques de iras de mi jefa!

La rubia cerró la comunicación y con los ojos nublados por las lágrimas, se puso sus gafas, tomó la cartera, su portátil y salió de la oficina hacia su auto.

Esto me duele tanto amor, ¡pero es lo mejor para ti! -se dijo a si misma Chantal.

*****

-¡Hey... Val!, llamó Chantal hace un par de horas... y... mm... dijo que... -la secretaria de Val ya se imaginaba como la morena tomaría esta noticia y para ser sinceros no quería tener que enfrentarla en esos momentos, pero...

-Dijo ¡¡¿¿qué??!! -gritó la morena, que estaba ya entrando a su oficina después de una extenuante mañana con los trabajadores de los viñedos, no tenía mucha paciencia por lo general y menos en este momento.

-Que... mm... se iba a donde sus padres -lo dijo todo de una sola y cerró los ojos para esperar la reacción de su jefa.

-¿Hoy mismo?... mm... bien... -dijo suavemente la mujer, dejando con la boca abierta a su asistente.

Val cerró la puerta de su oficina y con un suspiro se dejó caer en el sillón tras su escritorio.

-Es lo que tú quieres Chantal... bueno, ¡ahí lo tienes! -comentó para si misma y enseguida se volvió a levantar tomando las llaves de su jeep.

-No me busques por nada ni por nadie. -Salió de las oficinas sin decir nada más.

¡¡Sí que me fue bien!!... ¿qué pasaría entre estas chiquillas?, parecía que todo iba de lo mejor... -se dijo Jane admirada de su buena suerte.


Hace rato que Chantal y sus amigas habían tomado su vuelo privado para ir hacía Malibú, llegarían hasta un aeropuerto pequeño de la zona y ahí las estaría esperando el chofer de la familia.

Durante el trayecto, Chantal se mantuvo bastante callada y sólo de vez en cuando hacía un comentario o respondía a alguna pregunta de las chicas, las cuales por supuesto estaban poniéndose cada vez más nerviosas con la actitud de la joven rubia.

Por su lado la morena había ido directamente hacia su rincón preferido en la colina, desde ahí apreciaba todo el paisaje del valle, se sentía más cerca de la naturaleza y ahora ella necesitaba pensar y tratar de tranquilizarse. En ese instante estaba furiosa por el viaje de la joven, se suponía que debían salir al siguiente día, sin embargo había decidido irse antes de lo pensado y ni siquiera se despidió personalmente. ¿Qué te está pasando Chantal?, actúas como una niña caprichosa y todo por una simple visita a los famosos 'suegros'... yo no quiero conocerlos... aún no... no quiero que me presionen.

Dejando que el viento jugara con su hermosa cabellera, comenzó a recordar momentos vividos con la abogada, cuando por primera vez la había traído a este mismo lugar hace tanto tiempo atrás para enseñarle las maravillas del Rancho y confiarle así su escondite de niña, la había conocido apenas hacía pocos días, pero se sentía segura y confiada en los brazos de la joven. Gracias a sus inseguridades la había perdido y con ello vivió muchos malos ratos y sufrimientos, hasta que por un juego del destino volvió a tenerla junto a sí y ahora se suponía que estaban tratando de construir un futuro juntas... pero, ¿en qué momento las cosas volvieron a cambiar?, ahora nuevamente se sentía confundida y triste... estos últimos meses habían sido magníficos, ni siquiera sabía como describirlos... ella se había sentido completa.

Sin temor a equivocarse sabía que amaba absolutamente a Chantal, entonces ¿por qué quería arriesgarse a perderla definitivamente?... su tan preciada independencia, su autonomía, ¿valían la pena?... ¿podía correr con este riesgo y por su propio egoísmo alejar la felicidad de su lado y peor aún hacer sufrir a quien era su vida?

Llegó el anochecer y Val pudo apreciar una vez más esa gama indescriptible de colores maravillosos, estaba sentada junto a su árbol favorito y dejó que la noche cayera antes de pensar en volver a su auto. Al incorporarse sintió frío, pero no era un frío físico el que la hacía temblar, era el sentirse sola... esta vez estaba realmente sola.

Chantal, amor... quizás no querías presionarme, sólo viajar también conmigo y aprovechar la visita para... presentarme a los viejos... quizás yo malinterpreté todo... mm... ¿por qué yo quise que tú conocieras a mi familia inmediatamente?... era la primera vez que yo llevaba a alguien a casa de mis tíos... y sin embargo tú no saliste corriendo, podías haberte también negado a hacerlo, y con mayor razón ya que apenas nos conocíamos, pero no lo hiciste porque era sólo eso, una visita, pero... de alguien importante para mí... mm... ¡tú sí lo entendiste!... yo en cambio... ¡soy una bestia!... ¿¿cuando aprenderé??

Y lentamente fue dibujándose una sonrisa en su rostro, una sonrisa ya que por fin entendía que es lo que le pasaba, lo que en un inicio fue temor, ahora era aceptación y necesidad de depender de esa otra parte de su ser, ya no había por qué huirle a la realidad, ella necesitaba a Chantal, tanto como al mismo aire para respirar y era maravilloso, saber que la joven estaba junto a ella y que las dos se complementaban de tal manera, era definitivamente maravilloso.

-Dios, haz que no sea demasiado tarde, que Chantal pueda perdonarme... una vez más. Trataré con todas mis fuerzas que esta sea la última vez que me comporto como una imbécil... no quiero hacerla sufrir -lo dijo en voz alta, mientras limpiaba de sus ojos las lágrimas que no le dejaban ver claramente el camino.


A cientos de kilómetros de distancia, la joven rubia estaba apoyada en la ventana de la limusina de su padre, pensando en cierta alta y hermosa morena que llenaba sus días y noches desde hacía más de un año.

Val, amor... ¿quizás sin darme cuenta sí te estaba presionando?... no quiero que esto nos traiga problemas, no podría otra vez perderte... esta vez no. Yo tengo la culpa de que hayas actuado así... a cualquiera le da terror el conocer a sus 'suegros' y yo debí entenderte... ¿podrás perdonarme?... ¿podrás aceptarme nuevamente a tú lado, después de haberme comportado como una niña caprichosa?... espero con todo mi corazón que sí, al llegar a casa tengo que llamarte para disculparme... por favor Dios haz que no sea tarde...


Luego de los abrazos y saludos de rigor con su madre, Chantal se disculpó y subió inmediatamente a su antigua habitación para llamar a Val.

Las amigas se quedaron junto a la señora De Lancel, a la cual conocían desde mucho tiempo atrás y sabían que era una persona muy amigable y que realmente las apreciaba. Conversaron de muchas cosas y la señora les comentó que su esposo llegaría en un momento más para la cena, mientras les indicaría a ellas sus habitaciones por si querían refrescarse.

Mientras subían las escaleras, la madre de Chantal un tanto preocupada tomó suavemente del brazo de Karen y le preguntó:

-¿Sabes por qué Chantal está tan callada?, es extraño en ella... apenas si saludó y enseguida desapareció.

-Mmm... bueno... no sé, pero creo que algo raro esta pasando entre ella y Val, eso la tiene un poco sensible... pero ya nos contará qué le pasa o mejor dicho ya se lo sacaremos... ¿¿no Joanni?? -dijo sonriendo a Anne tratando de bromear, pero ella misma ya estaba preocupada por su amiga.

-Síp claro... no debe ser nada -corroboró Joan con la misma sensación extraña.

En su habitación Chantal paseaba nerviosamente mientras su celular marcaba por tercera vez el número de la casa de Val.

-Nada... ¡maldita sea! -dijo lanzando su pequeño aparato sobre la cama-, sólo la contestadora. -Volvió a recoger su teléfono y esta vez marcó directamente al celular de la morena, el cual anunció que estaba fuera de servicio y que podía dejar su mensaje.

-Mierda... no quiero dejar mensajes... quiero hablar contigo, necesito hablar contigo Val, ¿nena donde te metiste? -dijo, limpiándose con rabia las lágrimas que comenzaban a caer por sus mejillas, se acercó a la ventana tratando de tranquilizarse. Alzó su mirada y contempló el sol que estaba ocultándose en el mar, era hermosa la vista pero ella no la estaba disfrutando, sabía que estando ella ahí sola todo esto no era más que una hermosa postal.

Un escalofrío recorrió su espalda y entendió todo... estaba sola, sin Val ella estaba incompleta, era una realidad atemorizante... depender tanto de otra persona debía dar miedo, sin embargo ella sentía que Val no era otra persona, era sencillamente parte de su propio ser.


Esa noche, en casa de la joven abogada, todo era alegría ya que era algún tiempo en que los padres de Chantal no habían visto a su hija. Siempre se mantenían en contacto telefónico pero ninguna de las partes había podido viajar para reunirse.

George Hughes III, aún después de tanto tiempo, seguía manteniendo las esperanzas de que su hija volviera a tener una vida 'normal' y que cualquier día les comunicase que se iba a casar y por supuesto que les daría muchos nietos. Pero a pesar de sus sueños frustrados, trataba con todas sus fuerzas de resignarse y apoyarla de la mejor manera. Para Anne De Lancel las cosas eran más fáciles, siempre había tenido una vida llena de aventuras y cosas cambiantes a cada instante, su madre no era nada convencional y menos aún su abuela, ella entendía de diversidades y todo esto no representaba ningún esfuerzo, inclusive cuando la jovencita que apenas estaba por cumplir sus 17 años y ya se disponía a comenzar su universidad, les comunicó sobre su orientación sexual, ella sólo se movió para darle un beso en la frente y decirle que tuviera cuidado porque las nenas a veces eran más traviesas que los nenes... y, ¡¡que se lo decía por experiencia!!, comentario que produjo un cruce de miradas entre padre e hija, preguntándose mutuamente de qué tipo de travesuras estaría hablando la señora De Lancel.

Durante la cena y al salir a la terraza para tomar un bajativo, todos estuvieron muy animados conversando y disimuladamente Karen daba algún que otro codazo a Chantal para que participara a menudo. Anne estaba intrigada por saber más del asunto con Val, todas las ocasiones en que ellas conversaban por teléfono, su hija parecía fascinada con la mujer y varias veces ella misma había intercambiado algunas frases con Val. Ahora de repente algo andaba mal y ella no quería que su nena sufriera una vez más. La conocía y sabía de su carácter extremadamente sensible. Pero Chantal evadía el tema a toda costa y cada vez que su madre trataba nuevamente, ella buscaba un pretexto para no contestarle directamente.

Esa noche ninguna de las dos mujeres pudo conciliar el sueño totalmente, Val desde su casa en el Rancho y Chantal desde la playa.

*****

Para Val, la rutina de la mañanas había cambiando desde que Chantal vino a California, estaban las veces en que ella se quedaba en la noche en Somona con la joven y otras en que ésta venía hasta el Rancho. Lo cierto es que los trotes al amanecer habían quedado prácticamente reducidos a nada, a Val no le importaba y trataba de mantenerse activa haciendo un poco de ejercicio en el gimnasio del complejo por lo general en las tardes antes de reunirse con la joven abogada y en los fines de semana nadaba con sus primos, siendo éste el ejercicio más completo que se podía nadie imaginar, ya que los niños no la dejaban descansar ni un instante.

Esa mañana, muy temprano, Val decidió ir a casa de sus tíos como había sido su costumbre, entró directamente por la parte de atrás que daba a la cocina y sin más preámbulo se sentó en una de las sillas del desayunador.

-Hola gente... -es lo único que dijo y comenzó a servirse café.

-Bambina mia... ¿come stai?... su, vieni, ¡vieni con la nonna! -le decía su abuela abrazándola fuertemente, a lo que Val respondió con una gran sonrisa y un beso en la cabeza de la mujer mayor.

-Hey... ¿cómo que 'hola gente'? Ven a darme un beso muchachita... hace tiempo que no pasabas a desayunar con nosotros... ¿donde está Chantal?... ¿se quedó en Sonoma? -preguntó su tía.

-Hola preciosa -saludó su tío alzando la mirada del periódico y sonriéndole cariñosamente.

-¿Dov'é il mio angelo? -preguntó por la joven rubia enseguida también la abuela.

-¿Qué pasa nena?... ¿por qué esa carita... donde esta Chantal? -dijo Vivi.

-¡Hey déjala en paz... no la molestes! -contestó defensivamente su tío.

-Mmm... lo peor es que sí pasa algo... y creo que yo tengo la culpa. -Bajó su mirada y comenzó a jugar con su desayuno, que ya le había servido su abuela, mientras sentía la mano de su tío apoyarse suavemente sobre su brazo.

-Tú pareces muy tranquilo, hey Samuel, ¿acaso ya sabías algo de esto o qué? -dijo irritada Vivi.

-No, yo sólo sé que Chantal salió por un par de días a visitar a sus padres... debe de ser eso, ¿no? -dijo a la defensiva Sam.

-Claro y ¿por qué no me avisaste?... yo soy la última en enterarse siempre de lo que pasa en esta casa...

-Sólo me llamó a despedirse, pensé que no era mayor cosa y se me olvidó contártelo -miró Sam a su sobrina como pidiendo ayuda.

-La verdad tía yo tampoco sabía que Chantal iba a viajar ayer, ¿recuerdas que sus amigas estaban por llegar de Boston a pasar unos días?, bueno... decidieron ir a Malibú a pasar el fin de semana y eso... parecía todo.

-¡Sin ti!... esa reacción me parece extraña en Chantal... ¿qué le hiciste?

-Ella quería ir conmigo... fui yo la que... no quiso ir... -dijo la morena casi en un murmullo.

-¡¡¿¿Qué??!!... ¿cómo que tú no querías ir... por qué... no entiendo, qué te pasa? -dijo asustada su tía.

-Calma Vivi, déjala respirar siquiera... -y dirigiéndose a su sobrina-, nena, desayuna tranquila... yo contengo a este ¡huracán!

-Nah... está bien... me lo merezco, pero tía, no te preocupes... salgo en un par de horas para Malibú, sólo deséame suerte y que no vuelva a meter la pata.... -sonrió la joven a su familia.

Después de la conversación con sus tíos, la morena fue hasta su casa y preparó una pequeña maleta. Tomó su jeep y salió hacia el aeródromo de Sonoma, allí tomaría una pequeña avioneta que había contratado horas antes y la llevaría hacia el sur de California.

*****

Temprano en la mañana ya se escuchaba movimiento en la mansión de los Hughes-De Lancel, las jóvenes siempre traían ruido y conmoción a la inmensa propiedad. Luego de desayunar se despidieron de George y las cuatro mujeres salieron a pasear y hacer compras, su pasatiempo preferido.

Anne tenía del brazo a su hija, sintiendo que la joven necesitaba de su apoyo. Para mediodía estaban de regreso y quisieron disfrutar del día junto al mar. La cocinera preparó deliciosos sándwiches y cosas ligeras para las bañistas, un joven mesero las acomodó en la zona destinada de la playa privada, para que las chicas almorzaran cuando tuvieran deseo.

La madre de Chantal de despidió por el momento y dijo que iba a hacer compañía a su esposo dentro de la casa, también estaba esperando la llegada en cualquier momento de su hijo menor, que al saber que su hermana iría decidió darle alcance. Sería un hermoso fin de semana con sus dos pequeños, ¡¡si Chantal no estuviese tan triste!!, se repetía la mujer.

La joven rubia trataba de disfrutar del paseo y del mar junto a sus queridas amigas, pero no podía dejar de preocuparse por Val. Varias veces había tratado de llamarla nuevamente, sin poder conseguir comunicarse en la noche. Apenas se despertó también la llamó, obteniendo el mismo resultado... su máquina contestadora.

Cuando George y Anne se disponían a sentarse a la mesa, el mayordomo les interrumpió para informarles que tenían visita, la señorita Valentina Di Stefano estaba en el portón principal y el guardia solicitaba la autorización para hacerla pasar.

La visita sin lugar a dudas era inesperada y más aún después de la pequeña conversación que mantuvieron la noche anterior con su hija, en la que ella les dijo que estaba un tanto confundida sobre su futuro con la morena, no se imaginaron que dicha mujer podía estar a su puerta.

El padre de Chantal dijo que enseguida la hicieran pasar y que la llevaran hasta el salón en donde ellos se encontraban listos para ir hacia el comedor.

Al entrar Val, los padres de Chantal se quedaron gratamente sorprendidos, la mujer era en verdad espectacular y su sonrisa demostraba cierta timidez que la hacía lucir aún más encantadora.

-Pasa Val... espero que nos acompañes a un ligero almuerzo... estamos por sentarnos a la mesa -dijo cortésmente Anne, acercando su mejilla a la joven para saludar con un delicado gesto como era lo acostumbrado.

-No quiero molestar, perdón por haber llegado en un momento inoportuno... -se disculpó Val respondiendo al saludo de la señora e inmediatamente dirigiéndose al padre de Chantal, extendiendo su mano para saludarlo.

-Hola... mucho gusto Sr. Hughes -dijo tímidamente la morena.

-El gusto es nuestro... y llámame George, por favor, pero no interrumpes nada, ven... pasemos al comedor.

-Gracias. -Val caminó con sus dos anfitriones hacia el comedor que ya estaba listo para recibirlos. La morena se sentía muy nerviosa, pero no quería que ellos se dieran cuenta y trataba con todas sus fuerzas de no mirar a su alrededor buscando a la joven rubia-. ¿Podría ir un momento a refrescarme?

-Pero claro, disculpa nuestra falta de sentido común... vienes de un viaje... Rosario te indicará donde están las facilidades -dijo cortésmente Anne.

Al regresar Val, los dos ya se habían sentado y con su mano Anne le señaló el lugar que ella debía ocupar. Sin poder contener más sus nervios Val dijo: -Mmm... ¿dónde está Chantal?... podría hablar con ella, ¿por favor?

-Está abajo en la playa y me imagino que después podrás hablar con ella, pero que tal si primero los tres aclaramos un par de cosas... -dijo el padre en tono amistoso, pero serio.

Ante lo cual la morena sólo pudo tragar sonoramente. ¡Oh, oh. llegó la hora del interrogatorio!, pensó la mujer.

La conversación a partir de aquel momento fue muy informativa, para la morena las cosas podían haber estado peor y luego de los nervios del primer momento se dio cuenta de que los suegros no eran tan mala gente. También para los padres de la joven, sus inquietudes estaban siendo resueltas de la mejor manera, siendo una tranquilidad para ellos comprobar que la mujer con la que su hija se había involucrado era una persona de principios, seria y que estaba dispuesta a recibir un buen jalón de orejas por parte de Chantal, con tal de ser disculpada.

Sólo en este momento supieron el por qué de la actitud reservada de su pequeña desde que llegó la noche anterior y entendieron en algo los temores de Val, y lo que esto representaba para ella. Estaban muy satisfechos en ver que la mujer había reconsiderado su posición y que de hecho estaba aceptando dar el siguiente paso en toda relación y de la forma más natural posible.

Al terminar se retiraron hacia la piscina, desde donde se podía ver hacia la playa. A lo lejos se escuchaba las sonrisas de las chicas e incluso se podía distinguir con facilidad las siluetas de cada una de ellas. Estaban jugando en el mar.

Val se puso sus gafas para así abiertamente poder observar a Chantal. Se la ve tan linda... más que eso... se la ve hermosa, es una mujer definitivamente espectacular, pensaba con la mirada perdida en la joven rubia.

La pareja se había sentado en los sillones que estaban cubiertos del sol, y disimuladamente observaban a Val que estaba apoyada sobre sus codos al filo de la terraza.

Casi en un murmullo, George comentó a su esposa: -¡Uau!... qué buen gusto de nuestra chiquita, ¿no?

-Pícaro... y por si acaso... el buen gusto es de ambas partes -contestó Anne.

-Obvio... ¡pero yo sólo puedo ver de este lado! -dijo alzando sus cejas juguetonamente.

Por lo que recibió un golpe en su brazo, por parte de su esposa. Los dos rieron animadamente.

-Sabes a lo que me refiero ¡tonto!... nuestra nena es también muy hermosa.

-Claro que es preciosa, ¡salió toda a mí!... perdón... ¡salió totalmente a la madre! -se corrigió inmediatamente al ver la mirada de Anne, se acercó y le dio un suave beso en la mejilla.

Todo este intercambio había pasado desapercibido para la morena que estaba totalmente concentrada en el bikini de Chantal y en toda la piel que éste... no cubría. A lo lejos escuchó que alguien aclaraba su garganta y aparentemente le volvía a preguntar algo, ella se giró y vio al joven salonero con unas cuantas bebidas. Agradeció y tomó una ya que realmente necesitaba refrescarse.

Al parecer las chicas se alistaban a regresar, Karen estaba secándose y las demás recogían sus cosas. Chantal se amarró en su cadera un pequeño pañuelo, el cual inmediatamente se pegó a su traje mojado. Como si supiera que alguien la estaba observando, la joven alzó su mirada y casi sintió que sus piernas no la sostendrían por más tiempo. Junto a ella estaba Joan que rápidamente se le acercó y le preguntó qué le pasaba...

-Mira quién esta ahí arriba... -le dijo suavemente la joven rubia, cubriendo sus ojos con unas gafas oscuras.

-Ajá... ¡tu dulce tormento!... bien... oye, Karen mira quién ha llegado -le hizo un gesto con la cabeza a la morena para que ella también mirara.

Por supuesto Karen no era la imagen de la discreción, todo lo contrario... por lo que comenzó a pegar gritos.

-¡Hey... Val... ya era hora de que te aparecieras! -gritó, mientras subía rápidamente las pocas gradas que separaban la playa de la piscina. Las otras dos amigas la seguían caminando lentamente.

Apenas llegó junto a Val se le acercó y le dio un pequeño beso en la mejilla, pero con su mano también le dio un golpe en su brazo a manera de reclamo... las dos sabían que la morena se había ganado eso y más.

Al oído le murmuró: -Más te vale que arregles este mal entendido... ¡sino ya sabes lo que te espera! -Y disimuladamente se alejó hacia la mesa de las bebidas, para tomar una de ellas.

-Hey George, cuéntame cómo van los negocios... ¿y qué tal mis acciones... están subiendo? -se recostó pesadamente en unos de los sillones, tratando de desviar la atención de las chicas.

Enseguida subieron Chantal y Joan, la cual saludó a la morena también con un beso en la mejilla, pero sin decir ni una palabra se retiró hacia donde estaban los demás, dejando solas a Val y Chantal.

Sin poder evitarlo Chantal sentía que sus ojos estaban llenándose de lágrimas y que en cualquier momento comenzarían a bajar por sus mejillas, ella no quería que Val las notara.

-Hola amor... ¿cómo estás? -le dijo suavemente Val a la joven, no sabía si acercársele a darle un beso o mantener su distancia.

-Mm... hola... no me imaginé verte aquí -le contestó Chantal en lo que era claramente una voz entrecortada.

Las mujeres estaban muy concientes de que tenían cuatro pares de ojos clavados, y eso las estaba poniendo más incómodas.

-Podemos conversar... en algún otro sitio, ¿por favor? -dijo tentativamente Val.

-Mmhú... ven. -Se giró y disimuladamente limpió su mejilla de unas cuantas lágrimas.

Chantal comenzó a bajar nuevamente hacia la playa, la morena se agachó para quitarse sus sandalias y las dejó al filo de las gradas.

La joven rubia estaba apoyada en la baranda esperando por la morena, ésta se enderezó y no pudo evitar acercársele... se la veía tan indefensa y todo por su culpa. Comenzó a extender su mano para alcanzar la de la joven, pero Chantal inmediatamente la retiró y volvió a caminar alejándose. Val sólo bajo su cabeza y la siguió.

-Es hermoso este sitio, ¿verdad? -dijo la joven sorprendiendo a la morena.

-Síp... es muy bonito... mm... nena, yo quería... mm... disculparme.

-Te estuve llamando ayer y esta mañana... yo también necesitaba... mm... escucharte... y disculparme. -Se detuvo por fin la joven y se quitó sus gafas.

-¿Tú disculparte?... ¿por qué? Si fui yo la que estuvo fuera de lugar... yo con mis miedos... -se quedó en silencio, tratando de disimular el nudo que se había formado en su garganta-. Espero que una vez más me perdones, trataré con todas mis fuerzas de que ésta sea la última vez, amor... sólo quiero que sepas que por nada quiero perderte... no puedo permitir que esto se acabe... por un mal entendido. -Val no pudo contener más sus emociones y bajó su cara dejando que sus lágrimas cayeran libremente.

Chantal que se había mantenido en silencio alzó su mano y tomó delicadamente la cara de Val, acarició sus húmedas mejillas y se acercó.

-Sabes lo que creo... somos un par de bobas que no sabemos aprovechar lo que tenemos, debemos ya dejarnos de estos jueguitos que nos hacen daño... y nada más... amarnos, ¿verdad? -Se acercó un poco más hasta sentir que su cuerpo aún mojado rozaba con el de la morena.

Era todo lo que Val necesitaba y sin dudar ni un instante más, la tomó con todas sus fuerzas cubriendo con cientos de besos la cara de la joven, que reía feliz.

Desde la terraza de la mansión cuatro personas muy satisfechas veían la interacción de la pareja, abajo en la playa, por fin también ellas pudieron respirar con tranquilidad y decidieron que era el momento de saborear y brindar con una deliciosa copa de su champagne preferido... 'Chateau De Lancel'.

FIN

Febrero '04

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