CAPITULO IV
Ese invierno estaba resultando mucho más duro de lo Chantal podía imaginar. No sólo eran
las fortísimas nevadas que muchos días la dejaban bloqueada, o el frío tan intenso que
congelaba hasta sus dedos, lo mas duro de todo era la tristeza que acompañaba a la joven
todo el tiempo. Desde noviembre no había sabido absolutamente nada de Val, tal vez su
actitud acabó por alejar a la morena de su lado, quizás las dudas que había dicho que
tenía se despejaron completamente tras aquel infortunado encuentro y ahora ya no tenía
sentido siquiera pensar más en ella.
Las Navidades llegaron y pasaron prácticamente desapercibidas para la joven, estuvo en
casa de sus padres apenas los dos días festivos, llevó regalos, recibió los suyos y
antes del anochecer del 26 ya estaba de regreso a su departamento en Boston, aduciendo
que tenía muchísimo trabajo pendiente. Por supuesto ella estuvo el resto de sus días
libres metida en su oficina trabajando como loca, siendo la única, ya que todos los
abogados y sus asistentes estaban de vacaciones por el feriado hasta la semana siguiente,
sólo la acompañaba el personal de seguridad y algún que otro contratista arreglando
algún desperfecto en las oficinas.
Después llegaron las otras celebraciones, esta vez las de Fin de Año. Sus amigas que
regresaron de sus visitas familiares, organizaron una gran fiesta para aquella noche que
se llevaría a cabo en el departamento todavía sin compartir de Karen. Como era de
imaginarse las jóvenes estuvieron muy atareadas con la preparación, Chantal cooperó
totalmente con ellas e incluso la pasó bastante bien y para el momento de los abrazos y
besos de media noche, prefirió no complicarse la vida con recuerdos fuera de lugar y
tras esperar su turno, abrazo con todo el afecto del mundo a sus mejores amigas. Quienes
por su parte estaban muy bien acompañadas por sendas parejas, pero entre ellas sabían
que solo eran acompañantes de turno y que lo verdadero aún no llegaba para ninguna de
las tres, o por lo menos para las dos, ya que Chantal lo había encontrado pero se le
había escurrido por entre los dedos, sin siquiera poder evitarlo.
Pero el Año Nuevo y sus primeras semanas trajeron nuevas y muy ansiadas expectativas
para la joven, en su bufete legal se le estaban presentando grandes oportunidades en el
campo corporativo, era algo que ella siempre soñó y por fin se estaba haciendo realidad,
hasta ahora ella había estado a cargo de asuntos sin mayor trascendencia que no le traían
desafíos ni satisfacciones personales, a pesar de ser muy reconocida por sus jefes y
clientes. Ahora podría dedicarse a lo que consideraba su especialidad y su fuerte,
quería lanzarse de lleno al campo empresarial y todo lo que ello representaba.
Al paso de los meses también en el ámbito personal las cosas estaban mejorando en algo,
en uno de sus complicados casos conoció a otra abogada, la asistente de la Fiscalía.
Esta mujer, apenas dos años mayor que ella, tenía muchas cualidades para motivar a
Chantal a salir de su encierro y obviamente con las consabidas precauciones lo estaba
consiguiendo.
Chantal se juro a sí misma que nunca más en su vida volvería a confiar en alguien tan
ciegamente y tan pronto. Su experiencia con Val le serviría por lo menos para eso y
aunque la herida estaba muy fresca aún, también se prometió que trataría por todos los
medios de darse otra oportunidad, sino con la intensidad que había vivido con la morena,
sí tratando de encontrar alguna alegría en su vida.
Natalie tenía la habilidad de contagiarle sus ganas de vivir, era una joven que gozaba
inmensamente cada cosa que hacía, desde su trabajo que lo realizaba con total y
absoluta pasión, hasta las cosas más sencillas del diario vivir. Así con ella aprendió
a apreciar aún más la naturaleza, ya que la joven era propietaria de un hermoso yate que
solía sacar a navegar los fines de semana. Chantal la acompañaba cada vez más a menudo,
dedicándose al simple placer del ocio en buena compañía, una cena a la luz de las velas
o una película en casa de una de las dos. Sin complicaciones y todavía sin ataduras, sus
días estaban encontrando un nuevo significado.
Joan y Karen habían estado junto a ella en todos los momentos cruciales de su fallida
relación con la morena y la vieron sufrir como nunca antes, en especial luego de su
regreso de Miami, pero a la vez no estaban muy de acuerdo con que Chantal se relacionara
tan pronto con alguien más, quizás era un poco de celos pero no querían verla pasar por
lo mismo, y aún mas... ellas estaban convencidas de que Natalie no era la pareja ideal
para la joven, sin duda era muy buena persona, inteligente, hermosa, la hacía reír, la
entretenía, y era una buena influencia, un poquito posesiva, pero... faltaba algo y
definitivamente no había la chispa, que con la morena no sólo era evidente, sino que
hasta las electrizaba a ellas mismas.
Estaban ya en primavera y por suerte eso también ayudaba a que el carácter de la joven
volviera a su normalidad. Nuevamente la chica seria y responsable, pero no amargada ni
maníaca de su trabajo en que se estaba convirtiendo, quien disfrutaba de sus amistades y
de su trabajo sin exageraciones, quien organizaba todo su calendario para las próximas
semanas sin importarle lo que dijeran las otras dos y sobretodo, la hermosa joven quien
ahora iba a tratar de darle otro giro a su vida sentimental.
*****
-Valentina Di Stefano... -dijo la morena en el auricular.
-Perdón, ¿de qué empresa? -preguntó su interlocutora.
-De Vinícola ViDissa, pero ésta es una llamada personal, señorita...
-Un momento, por favor... voy a ver si la puede atender.
Pasaron unos cuantos instantes y enseguida se escuchó al otro lado de la línea: -Val
amor, ¿cómo estás? Hace tanto tiempo que no sabía de ti... cuéntame, ¿qué ha sido de tu
vida? -preguntaba Richard Steinberg totalmente emocionado.
-Hola Richard, querido... qué gusto escucharte, sí en verdad me perdí por tanto tiempo,
pero ahora estoy aquí y lista para ponerme al día con un buen amigo -dijo la morena.
-¿Cómo... estás aquí, en New York?... ¡no lo puedo creer! Tú que nunca te mueves de tu
amado valle, estas aquí... ¡vaya, eso hay que celebrarlo!
-Síp... es lo que digo yo -contestó Val sonriendo.
Val y su amigo se pusieron de acuerdo para salir esa noche a cenar y ponerse al día en
sus respectivas vidas.
-Amor, en verdad ha pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos, son seis años...
mmm... desde que me dejaste plantado... casi en el altar, pero tú ahora estás aún más
hermosa, si eso fuese posible -le dijo Richard.
-Siempre tan galante... pero sí, son 6 años... una eternidad, ¿verdad?, y tú, ¿qué has
hecho, te casaste por fin?... ¿cómo van tus empresas?, por lo que he oído muy bien,
¿verdad?
-Bueno, la empresa va en realidad 'viento en popa', pero yo... mm... sí me casé hace tres
años... pero no funcionó y estoy divorciado desde hace como uno... no tengo niños y eso
es todo... ¡Ah! ya sabes, yo todavía sigo esperándote...
-¡Ja, qué gracioso!... eso no te lo crees ni tú, pero siento lo de tu matrimonio, no
siempre las cosas salen como uno las planea.
-Ahora cuéntame, ¿a qué debemos el placer de tu visita por estas tierras? -preguntó su
amigo.
Y así transcurrieron varias horas conversando de los viejos tiempos de la universidad,
después recordando cuando fueron pareja y siempre la pasaron tan bien, de sus variados
negocios y buena parte de sus vidas privadas. También Val le comentó que tenía en mente
unas cuantas ideas y podía aprovechar que él era experto en eso.
Richard era uno de los pocos amigos que Val estimaba realmente a pesar de la distancia y
los años, se habían conocido cuando fueron estudiantes en la universidad y enseguida
congeniaron, eran considerados por todos como la pareja más hermosa y más amorosa de los
alrededores. Solo había un detalle que arruinó toda esa felicidad, la orientación
sexual de Val. Ella había tratado de engañarse por mucho tiempo y Richard era el chico
ideal para conseguirlo, hasta que se dio cuenta que definitivamente no podía seguir
manteniendo la farsa y hacerle un daño tal vez irreparable a su amigo del alma. Se
alejaron con algo de drama por parte del joven, y Val desde entonces prefirió no
volverlo a ver, hasta el día de hoy en que ella misma lo buscó.
La morena había tenido que ir a New York por negocios, ya que su tío había sufrido un
accidente hacía unas semanas en una de sus tantas aventuras por los bosques, tenía ahora
una pierna rota y varias costillas que sanar. Val tuvo que irremediablemente reemplazarlo
en una serie de negociaciones importantes y junto con los abogados de ViDissa, tratar de
solucionar los innumerables problemas, pero al encontrarse sola y más nostálgica que de
costumbre, llamó a su viejo amigo.
Ya a media noche Val estaba realmente cansada, había pasado todo el día en conferencias
y citas con las exportadoras, quería ya ir a su hotel, por lo que Richard se ofreció a
acompañarla. Al llegar ella lo invitó por cortesía a subir, el aceptó y entró en su
suite. Tomaron un par de tragos más, Val sentía que su cabeza le daba vueltas, y se
sentía tremendamente vulnerable.
Toda esta temporada había sido desastrosa para ella, los negocios estaban más complicados
que nunca, los abogados corporativos estaban resultando ineficaces y precisamente por
eso había tenido que viajar, también tuvieron una mala cosecha este año, lo que les
llevaría a perder millones en la producción de sus vinos, para complicar las cosas su
tío Sam tuvo ese serio accidente y su tía ahora no hacía nada más que dedicarse por
completo a atenderlo; su vida sentimental daba pena ya que por su propia decisión no
había vuelto a ver a ninguna de sus amistades, ni 'conocidas' en el Valle, ni siquiera
había querido buscar desahogo casual en los brazos de nadie.
Por todos esos sentimientos confusos y ayudada en algo por el alcohol, se dejó llevar
cuando Richard comenzó a acariciarla y luego besarla. No lo habría permitido de haber
sido una mujer, era demasiada su ansia por volver a sentir a Chantal que no lo hubiese
soportado, pero al sentir esas manos grandes y fuertes, ese rostro áspero y ese perfume
definitivamente masculino, comenzó a perder la noción de las cosas y quiso sentirse
amada nuevamente, aunque sólo fuera por poco tiempo.
Richard, a pesar de lo que había pasado entre los dos, seguía teniendo sentimientos
fuertes por la morena, sabía que estaba siendo utilizado y se daba cuenta que algo o
alguien muy importante pasaba por la mente de Val en esos momentos, pero no le importaba...
también él la necesitaba como siempre lo había hecho, quería volver a tener a esta
magnífica mujer como antes lo hizo, no importaba si duraba o no.
Al comienzo los dos se entregaron más con dulzura que con pasión, pero al cabo de unos
instantes se encontraban completamente anhelantes por alcanzar esa cumbre, cada uno por
sus propios motivos, sentían una gran pasión que necesitaba ser desahogada.
Val no quería pensar en la rubia, no quería gritar su nombre y prefería morder sus
labios... sólo quería sentir su cuerpo vibrar sin importar en las manos de quién...
sentir su piel bañada en sudor y el movimiento extasiante de aquella danza antigua como
el mismo ser. Pero no pudo evitarlo, al llegar a su clímax y entre dientes apretados
por la desesperación de no querer hacerlo, sólo pudo llamar a Chantal.
Richard obviamente la escuchó pero prefirió darle afecto en vez de cualquier reclamo,
la abrazó tiernamente y secó las lágrimas que comenzaban a caer por el rostro de Val,
lágrimas que esta vez no eran de pasión sino de dolor por lo perdido.
*****
La morena se quedó en la ciudad durante toda la semana, los asuntos de la empresa estaban
complicándose más de lo previsto. Después de la primera noche con Richard, ella trató
de evitar cualquier encuentro íntimo con él, se había dejado llevar por su debilidad
pero ahora no quería causar ningún daño ni crear expectativas que jamás podría cumplir.
Salieron en varias ocasiones, a diferentes restaurantes, también a clubs nocturnos, a
pasear o simplemente a conversar, pero los dos sabían que lo ocurrido no debía repetirse.
Así Val supo de lo hermoso de redescubrir a un buen amigo, sin ataduras ni compromisos.
Lo necesitaba, siempre lo había hecho pero nunca tenía tiempo para nada personal, su tía
era lo más parecido a una verdadera amiga, pero ahora por las circunstancias particulares
por las que estaba atravesando, ella sólo se dedicaba a reclamarle por su actitud para
con Chantal... era algo que ya no quería escuchar más y por ello se había alejado
sensiblemente de su familia.
En la noche que ya era la de despedida, pues Val saldría a San Francisco a la mañana
siguiente, Richard se animó a preguntarle por fin de 'Chantal'... sabía que podía ya
abordar el tema, tenían nuevamente suficiente confianza para hablar de todo.
-Amor, cuéntame ¿quién es 'Chantal'?, que por lo visto te hace sufrir.
-Mmm... ¿quién, de dónde sacaste ese nombre? -se lo dijo sin mirarlo a los ojos,
sabiendo perfectamente de donde.
-¿Sabes? Es mejor que no te recuerde donde lo escuché... ¡eso es malo para mi ego!, pero,
¿quieres contarme el rollo?, soy todo oídos, quizá te ayude en algo desahogarte... -dijo
Richard tomándole de la mano y sonriendo.
-¡Uf!... eso es difícil... pero, quizás tengas razón... mm... Chantal es alguien muy
especial, síp no me mires así y déjame continuar... mmm... a pesar de eso, yo la alejé
de mi... sabes como soy de complicada o más bien dicho, ¡de cobarde! Pasamos juntas poco
tiempo, pero fue lo más intenso, lo más grandioso que he tenido en toda mi vida... hey,
sin ofender al presente, pero me entiendes, ¿verdad?
-Claro nena, siempre te he entendido... dime, ¿qué pasó más tarde? -preguntó Richard
con interés real.
Y así fue Val contándole todo a su amigo, era la primera vez que podía explicar lo que
sentía y ser escuchada sin que nadie la quiera matar, dándole una oportunidad de hablar.
Pasaron largas horas entre relatos y lágrimas y ya casi al amanecer, cuando la morena no
podía más, sencillamente se apoyó al hombro de su amigo y se durmió.
A la mañana siguiente tras darse un baño y prepararse los dos, Richard la llevó hasta el
aeropuerto. Mientras estaban en el trayecto, con todo el cariño del que era capaz le
dijo:
-Lo que yo he sentido por ti en todos estos años, ha sido tan fuerte que aún me cuesta
dejarte ir... siempre me dolió que lo nuestro no haya podido funcionar, y tranquila que
no ha sido culpa de nadie, pero lo que ahora me duele más todavía es pensar que tú no
puedes ser feliz, únicamente por un concepto equivocado de obligación o quizás
realización personal. Amor, ¿cómo puedes querer seguir viviendo en tu valle, con tu
familia, si te falta lo principal?, tu alma, tu mitad... me dijiste que Chantal
es tu vida... entonces, ¿cómo crees que vas a respirar cada día, si te falta ella?, sin
tenerla junto a ti no vas a poder hacerlo... mira que te lo digo por experiencia... -se
lo dijo en un susurro, con su voz llena de emoción.
-Pero... ¿qué hago?... sólo sé causar dolor a los que me quieren... ¡fíjate tú!
-contestó Val con lágrimas en los ojos.
-No amor, no pienses así, tú no me causaste dolor, tú me diste lo mejor y mientras lo
tuve fue magnífico, fue el destino que quiso que no estuvieras junto a mi... pero si yo
hubiese tenido sólo una pequeña oportunidad real de que las cosas hubieran sido
diferentes, jamás... ¡jamás te habría dejado ir! -le tomó fuertemente de la mano.
-¿Por qué no podemos escoger a quién amar? -dijo tristemente la morena.
-Tú ya escogiste y de seguro ella también... por favor, Valentina... búscala,
demuéstrale que la amas... no tengas miedo... ¿qué es lo peor que puede pasar?, creo que
el infierno ya lo estás viviendo desde que se separaron, ahora todo debe ir para arriba.
Acuérdate que lo que realmente vale la pena, siempre nos cuesta.
-¡Soy demasiado testaruda para esto!, y además ella me despreció en Miami, ¿cómo voy
ahora y con mi cara muy lavada me presento?, ¿qué le digo?... mm... ¿y si ella ya
encontró a alguien más?
-Bueno, no creo que haya sido 'desprecio' lo de Miami... más bien a mi me sonó a
'desafío', pero para variar la gran Val no supo como enfrentarlo. Por el resto tendrás
que solucionarlo ahí... ver que pasa en ese momento y... si ella ya tiene a alguien más,
como primer paso tendrás que reconquistarla, no debes darte por vencida, si tu crees que
ella vale la pena... y por lo que me has dicho, ¡estoy convencido de que sí!
-Ajá... o sea... ¿dejar mi orgullo y caer redonda a sus pies?, ¿tú crees realmente que
yo pueda hacer eso?, ¡¡va a ser complicado!! -rió Val con amargura.
-Si la amas y ella a ti... ¡lo vas a hacer!, sin importar ese falso orgullo o lo
que sea. Por favor nena reacciona, ¿sí? ¡Es tu felicidad, es tu futuro... lo que
te estás jugando aquí!
Llegaron al terminal y luego de abrazarse por largo rato y con lágrimas, que despertaban
compasión en aquellos que pensaban que dos amantes se estaban separando, se despidieron,
prometiéndose que esta vez sí se mantendrían en contacto.
*****
El vuelo de la morena hizo una escala en Dallas, y el avión de conexión no saldría hasta
después de dos horas, por lo que Val tenía bastante tiempo para deambular por los
pasillos del inmenso aeropuerto.
Se detuvo en un almacén de música y para pasar el tiempo comenzó a revisar los títulos
de algunos CDs, mientras lo hacía como fondo musical estaban tocando una canción antigua,
en un primer momento no puso mucha atención, pero poco a poco la melodía le atrajo, era
definitivamente una canción que había escuchado muchas veces y era hermosa, cuya letra
hablaba de algo que ella ahora estaba sintiendo con gran intensidad. Decidió comprarlo.
De camino hacia la puerta de salida de su vuelo, regresó a mirar a un grupo de viajeros
que bulliciosamente se dirigían hacia una salida anterior a la suya, regresó a ver por
casualidad a la pantalla que anunciaba su destino y se fijó que el vuelo iba a Boston...
en cuestión de segundos tomó la decisión más importante de su vida.
Luego de cuatro horas de vuelo, el avión aterrizó por fin en su destino. Val alquiló un
auto y fue a registrarse al hotel... no, no iba para su casa... esta vez estaba actuando
por puro impulso y sólo rogaba que esto funcionase.
*****
Chantal estaba regresando de un paseo con Natalie como era últimamente su costumbre,
siendo sábado habían salido desde temprano en el yate y al atardecer fueron a cenar y
caminar por la zona comercial de la ciudad. La rubia nunca había sido muy aficionada a
ir de compras, pero Natalie no le permitía quedarse sola en casa por ningún motivo, y en
vista que Joan tenía planes, ella debía salir también.
Tomadas del brazo estaban caminando por la acera riendo muy animadas, al entrar en su
edificio y al pasar por el lobby, el guardia se acercó a la rubia y le dijo que tenía un
paquete que entregarle, ella fue hasta la recepción y encontró un bouquet hermoso de
flores silvestres junto con un paquetito delgado. Ninguna de las dos cosas traían
tarjeta, por lo que la joven se quedó confundida y preguntó al guardia si estaba seguro
de que eran para ella, el le confirmó que sí, que el encargado que las trajo le repitió
varias veces el nombre de la Srta. a la que debía entregárselas.
-Francamente no me parece muy bueno el sistema de seguridad aquí... podría tratarse
hasta de una bomba... ¿cómo puede ser que ustedes acepten algo sin remitente? -dijo la
amiga de la joven.
-Nat... no exageres -le dijo la rubia tratando de calmarla.
-Después del S11 todo es posible... y nunca están por demás las precauciones.
-La señorita tiene razón, pero nosotros somos profesionales, mi supervisor en persona
llamó a la empresa que hizo la entrega para confirmar si ellos hicieron el control
requerido antes de su entrega... y así fue, UPS revisó y por eso nosotros lo aceptamos
-dijo el joven muy orgulloso por su actuación.
-Ves... no hay de que preocuparse. -Dio las gracias al conserje y tomó sus paquetes.
-Con todo lo que les pagan... es lo mínimo -refunfuñó Natalie.
-Vamos chica.
La joven puso las flores en agua y se las quedó mirando con una sensación extraña pero
grata.
-¡Hey, linda!, más te vale que te guardes esa sonrisita para cuando yo no este aquí -le
dijo Natalie bromeando.
-¿Cuál sonrisa? -preguntó la joven sin darse cuenta que la tenía en sus labios.
-¿Por qué no abres el paquete, no te da curiosidad ver qué es? O ya sabes que es de
algún admirador secreto, ¿mmh?
-Humm, mejor lo abro después, y ten la seguridad que no se de quién es, tal vez algún
cliente agradecido, en el buen sentido de la palabra... ¿quieres tomar algo? -ofreció la
rubia cambiando de tema.
-Mmm... como quieras, y yo no tengo muchas ganas de nada, en realidad estoy un poco
cansada y creo que ya es hora que me vaya... así tú puedes... mm... descansar... -lo
dijo con cierto aire de reproche, que la joven prefirió no hacer caso.
Al momento de despedirse Natalie tomó de la cintura a Chantal y la atrajo hacia ella,
cuando estaba a punto de besarla en la boca, la rubia viró su cara y le dio un cariñoso
beso en la mejilla, esto molestó aún más a la mujer, quien sin poder disimular sus celos,
salió sólo murmurando que se verían al día siguiente.
Chantal se quedó pensando en la reacción de su amiga, no le gustaba sentirse presionada
ni controlada por nadie.
Miró hacia las flores y nuevamente tuvo esa sensación extraña, se acercó a olerlas y sí,
a parte de su perfume natural tenían definitivamente esa fragancia que creyó ya olvidada...
era indiscutiblemente el aroma de Val. Esto le provocó una sonrisa, pero también la
incertidumbre de no saber qué es lo que estaba pasando, su piso nuevamente volvía a
tambalearse.
Fue hasta su cocina por algo de beber ya que súbitamente sintió su garganta seca y
regresó hacia su sala, en donde había dejado el pequeño objeto que estaba dentro de un
sobre característico de UPS. Lo abrió y dentro se encontraba lo que aparentemente era un
CD envuelto en un fino papel de regalo en tonos lilas y una pequeña tarjetita con un
dibujo de una copa de champagne.
Síp... es de Val... pero, ¿por qué me manda algo después de tanto tiempo?... ¿qué
quieres de mí ahora?... ¿por qué has regresado?... mi amor...
Con los ojos nublados, comenzó a abrir el papel y con tanta curiosidad como iras por su
propia reacción, ya que creía haber superado por lo menos en parte su enamoramiento,
sacó el CD de Air Supply. No era un grupo que le llamara mucho la atención y francamente
al momento no recordaba ninguna de sus canciones, pero sin entender aún el mensaje lo
puso en su equipo. En el libretín vio que Val había hecho una suave marca sobre una de
las canciones y una señal más grande en la zona dedicada a las letras de las mismas.
Comenzó a escuchar esa melodía en particular, la recordó de cuando era jovencita y ahora
con la letra en sus manos, comprendió de qué se trataba...
"All Out Of Love"
'Estoy aquí solo, con mi cabeza en el teléfono...
...estoy pensando en ti, hasta hacerme daño... yo sé que tú también estás
herida, pero ¿qué más podemos hacer... atormentarnos y separarnos?...
Estoy totalmente sin amor, estoy tan perdido sin ti... sé que tenías razón...
confiando por tanto tiempo...
...estoy totalmente sin amor, ¿qué soy sin ti?...
no puede ser tan tarde para
decirte que estaba tan equivocado...
Quiero que vengas y me lleves a casa,
lejos de estas largas y solitarias noches... quiero llegar a ti... ¿lo sientes tú
también?... ¿es este sentimiento real?...
...¿y qué dirías si te llamara ahora, y te dijera que no puedo seguir así?...
no hay una manera fácil, se está poniendo cada día peor...
por favor ámame o yo me iré, yo me iré...
¡oh! ¿qué es lo que piensas ahora?....'
Y la canción repetía su coro una y otra vez, mientras las lágrimas rodaban por las
mejillas de Chantal.
Nunca me imaginé que fueras tan romántica nena... bueno y ahora... ¿qué? Debes de
estar aquí en la ciudad... ¿eso significa que pronto te veré?... ¿estoy lista para eso?,
¡NO!... ya no quiero verte... ¡me haces daño mi amor!... no lo entiendes, justo cuando
ya estaba aceptando que no estaría junto a ti... otra vez te apareces... ¡MIERDA, no es
justo!... pero,... me muero de ganas de verte... de tocarte, de sentir tus manos en mi
piel... maldita sea Val, ¿¿por qué??
Eran casi las 9:00 de la noche y Chantal estaba tratando de leer unos documentos de
trabajo, pero cansada por no poder concentrarse, prefirió salir a su terraza a tomar un
poco de aire puro. En ese momento llegó Joan con su amigo de turno, un hombre muy
simpático y tranquilo.
-Hola querida... ¿cómo te fue? -saludó la pelirroja con un beso a Chantal, mientras Bob
también la saludaba.
-Muy bien... ¿qué tal ustedes? -preguntó la joven.
-Nosotros la pasamos de lo mejor, conocí a la hijita de Bob, es una nena preciosa, la
llevamos al parque y toda la historia y luego nos dedicamos a otras cosas muy
entretenidas, ¿¿verdad cielo?? -dijo Joan, provocando que su amigo se pusiera rojo-.
¿Qué raro no encontrar aquí a Natalie, ella que no te deja 'ni a sol ni a sombra',
¿dónde se metió esta vez?
-Se fue hace rato, creo que un poco molesta -contestó la rubia.
-¿¿Molesta?? ¿Por qué?
-Bueno... yo no estoy todavía como para... mm... ¡¡ya sabes!! -hizo un gesto de
exasperación con sus manos, cosa que trajo risas por parte de sus amigos.
-¡Qué bien!... perdón, digo... ¡¡qué pena!! -rió Joan y tomó de la mano a Bob y se lo
llevó hacia la cocina.
Al entrar nuevamente al salón, seguramente Joan se percató de las flores, por lo que
salió corriendo, ella sola.
-Hey... y, ¿esas flores?, ¿son de Nat?... Chantal, ¿de quién son? -preguntó su amiga
con tono de preocupación, algo le hizo ponerse en alerta.
-Mmm... no me vas a creer, pero son de Val, y también me mandó un CD de música
'romántica', ¿te imaginas?
-¿Qué... estás bromeando?, pero dime, ¿¿qué paso... la viste... vino acá??
-Hey, tranquila chica, más tarde te cuento lo poco que sé, ahora ve a atender a Bob,
esta esperando.
-Que espere, ¡¡esto es vital!! No, mejor lo voy a despachar, total ya hemos pasado todo
el día juntos y ese asunto de su hija y demás, me está poniendo un poquito nerviosa,
espérate aquí, ¡¡ya regreso!!
-No, enana, estás loca, no hay nada de qué hablar, no sé nada, sólo que mandó esas cosas
y ya está, yo... mmm... ¡¡no sé qué pasa!! -lo dijo con tono de contrariedad.
-Bueno, está bien, pero igual al rato regreso -dijo Joan-. Y por si acaso voy a llamar
a Karen, ella sabrá que hacer.
-¿Para qué llamarla? Yo también sé que hacer, es Val, no es el fin del mundo, ¡creo!
-por lo menos eso es lo que quisiera.
La morena estaba peor que un león en su jaula, no sabía que hacer, quería llamarla, pero
no sabía qué decirle, quería ir a verla, pero temía que le cerrara la puerta en las
narices ... quizás si llamo a Karen para que esta vez también me ayude... pero puede
ser que ella misma venga a matarme... o pruebo con Joan, ella parecía más tranquila...
¡mierda! ¿por qué no pruebo directamente con la interesada?... lo peor que puede hacer
es tirarme el teléfono y así saldré de dudas,¿ verdad?... y, ¿si lo hace?... diablos,
¡antes de nada ya me va a dar un ataque! Val querida, tranquilízate y piensa que para
algo viniste y que tienes que hacerlo, por más que te mueras de ¡¡MIEDO!! ¡Hey! ¿cuántos
años tienes, 16,17 ó 30??... ¡gallina!
Secándose las manos en sus pantalones, tomó el auricular y marcó el número que sabía de
memoria.
Dos, tres timbrazos y nadie contestaba, miró a su reloj y pensó que a lo mejor era muy
tarde, no quería despertar a nadie, cuatro... cinco y en el instante que ella iba a
colgar, se oyó del otro lado una voz que definitivamente no parecía muy despierta.
-Hola... -contestó Joan.
-Mmm... perdón, ¿es la casa de Chantal de Lancel? -al no reconocer la voz, Val dudó de
haber marcado bien, con los nervios y todo eso.
-Ajá... ¿quién habla?
-Soy... mm... soy Valentina Di Stefano, puedo hablar son Chantal, ¿por favor? -lo dijo
todo sin respirar y en lo que parecía una eternidad, no se escuchó nada más, silencio
absoluto. Tras un rato...
-Mmm... Val... soy Joan, perdóname pero... ¿sabes lo qué estas haciendo? Sé que no es
mi asunto... pero, Chantal apenas se está reponiendo de sus... encuentros anteriores,
¿crees que es buena idea volver a buscarla?, ¿¿te has preguntado si es justo con ella
lo que quiera que sea que vayas a hacer?? -Joan siempre había tratado de ser imparcial
en esto, pero la última temporada de verdad vio a su querida amiga muy mal.
-Bueno... yo preferiría hablar con Chantal de todo esto... si es posible, pero... sólo
para tu tranquilidad te digo que nunca en mi vida he estado más segura de nada, como lo
estoy ahora y... por favor no me quites la viada(1),
ya que me costó mucho llegar a este punto -dijo sinceramente la morena, con más
convicción ahora que ya había dado el primer paso.
-OK... voy a buscártela... creo que está todavía despierta -repuso Joan.
-Hey Joan... ¡perdón por la hora!
-No te preocupes... sólo comenzaba a dormirme, después de un día mortalmente agotador
-rió la pelirroja.
Después de un buen rato...
-Hola Val -Chantal, antes de contestar, trató de controlar su respiración y su corazón
que trataba de escapársele por la boca.
-Nena... ¿cómo estás?, hmm... ¡perdón por la hora! -dijo Val conteniendo un gran suspiro
al escuchar por primera vez la voz de la joven, después de tanto tiempo.
-Estoy bien... y no te preocupes por la hora, estaba todavía leyendo... mmm... gracias
por las flores y el disco... te hubiera llamado para agradecértelo, pero no sabía a
dónde.
-¡Ah!, está bien... no puse mi nombre, porque pensé que solo con verlo lo arrojarías a
la basura... mm... quería que de verdad lo escucharas.
-Síp... casi lo hago, o sea casi lo boto, pero la curiosidad me venció... es una hermosa
canción. -Las dos se quedaron por unos instantes en silencio.
-Mm... Chantal, ¿crees que podríamos vernos tal vez mañana, en algún momento que tengas
libre? Me gustaría verte, conversar un poco... ¿¿si es posible?? -el tono de voz era tan
dulce y con tanta expectativa que Chantal sintió que su corazón se comenzaba a derretir
nuevamente.
-Ahmmm... no sé si será muy buena idea, Val... no quiero ser descortés, pero creo que es
mejor no hacerlo... a parte de que tengo algunos planes para mañana... y... -se quedó en
silencio esperando la reacción de la morena, sin saber que más decir.
-Ajá... tienes planes, claro debí imaginármelo -estaba a punto de mandar todo al diablo
y tomar nuevamente sus cosas para salir volando de ahí, pero recordó las palabras de
Richard y trató nuevamente, aunque tuviera que 'dejar su orgullo de lado'-, mmm... pero
quizás si nos vemos sólo unos pocos minutos y luego haces lo que tengas que hacer...
mm... de verdad me gustaría verte, ¿por favor?... no te molestaré más... mierda,
estoy ¡¡suplicando!! gracioso, pero no me cuesta hacerlo.
-¿Estás aquí por negocios? -preguntó la rubia, dándose un poco más de tiempo para pensar.
-Nop... estoy de paso... bueno, en realidad estoy aquí para tratar de ver a una persona
muy especial y convencerla de que ya no soy la bestia que era antes.
-¿Una persona muy especial? ¿Desde cuándo? -preguntó Chantal con un poco más de alivio
en su voz.
-Desde siempre... ¿sabes?, la conocí en San Francisco, y desde ese instante se me clavó
en el corazón... sólo que yo... mmm... ¿¿cómo te diré??, soy un poco lenta o puede que
muy lenta para darme cuenta de algunas cosas... pero ahora, espero con toda mi alma, que
esa persona especial me dé una nueva oportunidad... ¿tú qué crees?... ¿lo hará? -La
conversación había tomado un aire juguetón y ésa era la esperanza de Val para que la
llamada no terminara tan pronto con un sonoro NO.
-No sé... puede ser... pero yo creo que tendrás que esforzarte un poco más... flores y
canciones románticas podrían funcionar -continuó sonriendo Chantal.
-¡¡Ya lo hice!!... tengo un punto a mi favor... ahora, ¿qué me aconsejas? ¿tal vez una
cena de media noche muuuy romántica?, aunque ya es un poco tarde y no se si ella estará
aún disponible a estas horas, y aunque francamente se me hace difícil esperar a mañana...
¿quizás le pueda ofrecer un desayuno energizante y tentador a la orilla del lago?
-jugaba Val con sus opciones.
-Mmm... yo diría que podrías probar con la cena... todo depende de qué sitio le ofrezcas,
por la comida ¡claro está! -Chantal era ahora la jovencita traviesa de antes y Val
sentía un nudo en su garganta por la emoción.
-Ajá... entonces, ¿tengo que ir directo a su estómago?, no es muy romántico, pero...
está bien, probaré con eso... mmm... nena, ¿puedo pasar por ti como en dos minutos?
-¿Qué... estás loca? -dijo asustada la joven.
-Nop... estoy en tu esquina, hablando por mi celular -rió Val.
-¿Estabas tan segura de que aceptaría? -dijo un poco seria la joven.
-No... todo lo contrario, pensé que me mandarías al diablo, pero igual quería sentirme
un poco cerca a ti... ¡eso es todo! Además la esperanza es lo último que muere... dicen
por ahí.
-Ok... deja que me refresque un poco, hoy tuve un día ajetreado... ¿qué tal si bajo en
unos 15 minutos, está bien?
-Más que bien... ¡está perfecto! -cerró la llamada y dio un gran grito dentro del auto
con su puño en alto.
-¡¡¡SÍ... SÍ... esta vez no te perderé amor...!!!
Del otro lado de la línea estaba Chantal con la mirada perdida en la noche.
¿Por qué acepté?... ¡soy una bestia y no tengo salvación!... debí mantenerme en que
no debíamos vernos... pero... mmm... ¡esa voz!... ¡Val me vuelves loca!
Desde la puerta estaba Joan viéndola y esperó a que pasaran unos minutos para salir a
la terraza y preguntarle ¿qué pasó?
-Chiquita... ¿qué fue?
-Nada nuevo... ya sabes... soy una boba, soy tan débil que no pude negarme a verla.
-Bueno, tal vez no es debilidad... quizás sólo necesidad de escucharla, quizás darle una
chance para que s... -la joven la interrumpió.
-Síp... un chance para que ella lo pase bien otra vez y desaparezca por otro medio año.
-¡Hey!... entonces, ¿por qué no se lo dijiste así y se acababa el asunto? -repuso a la
defensiva.
-Ésa es mi rabia... ¡no pude!, comencé... pero luego al oír el tono de su voz, no puede
seguir... ella me mata, tranquilamente me puede matar sólo son su voz... y Joanni... la
necesito tanto... la quiero tanto, ¡maldita sea! -Estaba a punto de llorar nuevamente y
su amiga la tomó en sus brazos para darle algo de ternura.
-¡Sshh! Tranquila nena... mm... ¿entonces?... ¿se verán mañana o qué?
-Nop... nos veremos en 10 minutos o algo así... estoy loca, ¿verdad? -dijo con una
risita llena de amargura.
-Sí... claro que sí... pero, es hermoso estar loco de amor, ¿no?... ve a alistarte -le
dio un pequeño empujón para moverla hacia su habitación-. Chiquita, dale una oportunidad
y tú también date una... ¿quién sabe si esta vez sí funciona, y sino es así...
¡a la mierda con todo... y nos hacemos monjas!, ¿ok? -rió Joan.
Al cabo de unos minutos, Chantal salía de su edificio con el cabello aún mojado y las
rodillas que parecían gelatina. Enseguida vio a Val que estaba frente a su puerta,
apoyada a un BMW gris y luciendo más hermosa que nunca, aunque un poco pálida. Traía
puesta su chaqueta negra de cuero, unos jeans muy apretados, un top claro y botas negras.
Apenas sintió que se abría la puerta del edificio, Val sintió que el corazón se le había
detenido. Chantal estaba preciosa, como siempre, pero el mirarla después de tantos meses
le daba un aire especial a todo. Llevaba unos jeans negros que como siempre también, le
quedaban perfectos, una blusa blanca con sus mangas alzadas (Val sonrió para sí misma al
recordar que alguna vez Chantal le había comentado que siempre las usaba así, no por
moda sino por que al parecer sus brazos eran más cortos que los demás mortales, siempre
las mangas le quedaban muy largas) y en su mano traía una chaqueta de napa. Enseguida
se acercó a la joven y le tomó de la mano, acercándose apenas para darle un beso en la
mejilla. Chantal sólo sonrió.
Le abrió la puerta del auto y dio la vuelta para acomodarse en su sitio.
-Espero no haberte sacado de la cama... -dijo tímidamente Val.
-No pero casi... estaba en la terraza aprovechando el aire cálido, ya sabes que nuestros
inviernos son fatales, entonces apenas comienza a calentar... todos salimos disparados...
-la joven sabía que estaba casi balbuceando por los nervios.
-Ajá... es una noche hermosa, pero palidece ante ti... mi amor -terminó para sí
la morena.
-¿Últimamente estas muy romántica?
-Eso trato... mmm... pero para hablar de cosas más 'románticas', ¿qué tal si vamos a
comer o a un bar?... ¡lo que tú prefieras! -Las dos sonrieron.
-Podemos comer algo y después ir a un bar... ¿qué tal? -dijo la rubia.
¡Uau... estoy lista!, pensó Val.
-Sólo dame las indicaciones... o ¿prefieres que yo te guíe en tu ciudad?... aunque no lo
creas conozco un par de sitios, como mi hotel y los restaurantes que están ahí, también
un bar en el que estuve hace un par de años, conozco el malecón a lo largo del puerto...
-No déjamelo a mi... ¿en qué hotel estás? Es cerca de aquí o ¿tuviste problema en
encontrar mi casa?
-Estoy en el 'Boston Harbour', no tan lejos, y por suerte soy muy buena para orientarme...
entonces... mm... usted dirá madame.
-¿Te gusta la comida japonesa?, creo que alguna vez me dijiste que sí... o tal vez algo
más exótico... como la Thai... ¡a mi me encanta! -dijo Chantal emocionada.
-¡Entonces Tailandesa será!
Al poco rato y con las indicaciones de la joven llegaron al sitio, estaba hermosamente
decorado al estilo oriental y a pesar de estar repleto, ellas no tuvieron que esperar
mucho.
Las acomodaron y pasaron los menús, mientras ya les ofrecieron diferentes entremeses y
una bebida especial de bienvenida.
Disfrutaron mucho de sus respectivas comidas y a pesar de que todavía estaban las dos
nerviosas, la estaban pasando bien conversando de nada en particular. Al terminar
decidieron ir a un pequeño bar cercano, que era de unos amigos de la joven, aprovechando
que estaban en una zona turística y todavía había mucho movimiento en las calles.
Escogieron un sitio un poco alejado de bullicio y pidieron un par de tragos. Val sentía
que su estómago no había aceptado muy bien la comida o ¿serían los nervios? Por lo que
prefirió no tomar nada más y simplemente disfrutar de la buena compañía y de la música.
-¿Te pasa algo Val? -le preguntó Chantal un poco preocupada por el silencio de la
morena, que hasta hace poco había estado de lo más animada.
-Hmm... no, no creo que sea nada... quizás sólo algo de la comida que me hizo daño
-contestó Val tomando un sorbo de agua.
-¿Qué sientes?... ¿quieres que nos vayamos?
Mierda... ahora que todo iba tan bien, ¡tenía que hacerme daño la maldita comida!
¿Qué manera de desperdiciar la noche? - se dijo Val ya comenzando a sentir fuertes
dolores.
-No, tranquila que no es para tanto -dijo tratando de olvidar la náusea que estaba
dándole vueltas.
Pasaron unos minutos y la morena no estaba participando mucho de la velada, cada vez se
la veía más pálida.
-Hmm... Val, vamos... ya habrá otra oportunidad de salir juntas, ahora necesitas
descansar y quizás tomar algo -le dijo Chantal mientras se ponía de pie.
Era inútil tratar de disimular, el dolor y la náusea eran cada vez más fuertes e
inclusive al tratar de pararse, sintió un dolor tan intenso que se dobló por la cintura
y Chantal tuvo que abrazarla para sostenerla.
-Esto está peor de lo que nos imaginamos, ¿verdad amor? -se le escapó a la rubia el
término sin poder evitarlo. Diablos... ¡yo y mi bocota otra vez!
Val que le había escuchado perfectamente, apenas pudo sonreír, porque ya no tenía fuerzas
para hablar y sin saber qué pasaba, alcanzó a agarrar la mano de la joven antes de que
todo se le pusiera negro.
Chantal sintió que el alma se le escapaba cuando Val se desplomó, no tenía las fuerzas
suficientes para sostenerla y sólo alcanzo a apoyarla por instantes hasta que el mesero
que pasaba las vio y corrió a ayudarla. Enseguida la acomodaron en el suelo y una joven
fue a llamar al 911, los jóvenes dueños del bar que eran sus amigos inmediatamente
estuvieron junto a ella, la administradora les había avisado que había problemas.
-¿Qué pasó linda? -le preguntó preocupado el joven.
-No tengo idea... ¿ya pidieron ayuda? -dijo casi gritando Chantal visiblemente exaltada,
mientras suavemente pasaba su mano por la frente de la morena que estaba húmeda y fría.
-Sí, sí claro... ya está en camino... toma un sorbo de agua, porque parece que tú
también estas a punto de desmayarte -le ofreció el otro muchacho amigo.
Al poco rato llegaron los paramédicos y decidieron trasladar a la mujer al hospital, aún
no había recobrado el sentido y eso estaba desesperando a la joven.
Chantal no podía mantener la calma y estaba comenzando a temblar, su amigo Patrick la
tomó entre sus brazos, mientras acomodaban a Val en la camilla. El joven pensó que
quizás era buena idea llamar a algún familiar de la morena.
-¿Quieres que haga alguna llamada para avisar a sus familiares Chantal? -preguntó el
chico.
-No... ella está sola aquí... es de California... pero déjame llamar a Karen y Joan...
-trató de utilizar su celular, pero estaba temblando, por lo que su amigo tomó el
teléfono y llamó.
Después de algún tiempo ya estaban en el hospital y Val era llevada a emergencias para
ser examinada. Chantal apenas la pudo ver despertándose, antes de que desapareciera por
los corredores.
Las amigas de Chantal llegaron también al hospital y enseguida la tomaron para tratar de
tranquilizarla. Karen fue hasta el mostrador de las enfermeras a pedir información,
pero nadie sabía nada todavía.
Tuvieron que llenarse de paciencia y esperar, después de casi dos horas, salió el doctor
que la estaba tratando y con tono muy serio preguntó por algún familiar de la Srta.
Valentina Di Stefano.
Chantal inmediatamente se puso de pie y fue hasta donde él se encontraba, seguida de
sus amigas.
-Nosotras estamos con ella, no tiene aquí familiares... por favor, ¿cómo está? -preguntó
angustiada.
-¿Usted es...? -preguntó el médico.
-Soy... soy Chantal de Lancel... una amiga.
-Ajá... bueno la Srta. Sebastián tuvo una seria intoxicación, seguramente algún marisco
que comió o algo así... ya se le realizó el tratamiento de rutina y se está recuperando
de eso... mmm... la cuestión es que con los exámenes que le hicimos, hemos detectado
algunos problemas más... mmm.
-¿Qué pasa?... ¡dígamelo a mí! -ordenó la joven con total autoridad. Este doctorcito ya
la estaba cansando, Joan la abrazó por los hombros para darle apoyo.
-Perdón pero no se si usted esté autorizada para... -a lo que la joven lo interrumpió.
-Soy su pareja... su amante o como quiera llamarlo... ¿qué más autorización necesita?
-lo dijo casi gritando, por lo que atrajo más atención de la necesaria de la gente que
estaba cerca.
Karen se acercó un poco más al doctor y en voz muy suave le dijo:
-Creo que mi amiga está un poco nerviosa, pero con razón... no lo cree, ¿qué tal si nos
da la información completa y así nosotras se la podemos pasar a los familiares?, no será
algo tan grave, ¿verdad? -lo dijo poniendo su sonrisa más encantadora posible.
-Bueno en realidad no es tan grave, pero... se trata de un caso muy severo de anemia,
que está ocasionando trastornos a su hígado, en general a todo su sistema hepático,
tiene que ser tratada lo antes posible. Ya avisé a nuestro laboratorio para que le
realicen otra serie de pruebas... eso tomará un par de horas, luego será internada por
lo menos hasta mañana... y después dependerá del especialista o si ella quiere tratarse
en otro sitio -terminó con aire cansado.
-¿Puedo pasar a verla? -dijo la rubia y el doctor movió su cabeza positivamente.
-Está bien... muchas gracias doctor -Karen le extendió la mano y Chantal hizo lo mismo,
entonces Karen se giró y miró seriamente a la joven.
-Hey, tranquilízate chiquita, o te van a sacar de aquí a patadas... y, ¿qué es eso de la
'amante'?... ¿te gustó el título? -le dijo sonriendo mientras caminaban hasta el
cubículo en el que se encontraba la morena.
Chantal no le contestó nada, solo se apoyó a su brazo. Entraron a ver a Val y ésta se
veía tan indefensa, que la rubia sólo pudo dar un suspiro. Se acercó y suavemente tocó
el rostro demacrado, ésta inmediatamente abrió los ojos y sonrió, Chantal hizo lo mismo.
Karen y Joan que se habían quedado atrás, cruzaron una mirada y una sonrisa al constatar
que esta era LA verdadera razón de ser de su amiga.
-Hey... chica, a ver si la próxima cita la tienen en un sitio un poco más simpático, y
que no huela a desinfectante -dijo Karen riendo y aliviando así la tensión.
-No te preocupes... este fiasco no se repetirá -dijo suavemente Val, tomando de la mano
a Chantal.
-¿Cómo te sientes...? -preguntó la joven.
-Estoy bien... nena, no te preocupes -y mirando a sus amigas dijo-: esto va a demorar un
poco según me dijo la enfermera, ¿qué tal si llevan a Chantal de regreso a su casa?
-Claro... no hay problema -repuso enseguida Joan.
-Un momento... yo no me voy de aquí... ¿cómo crees que te voy a dejar sola... en todo
caso mis dos escoltas si pueden ir a descansar -dijo con mucha seguridad la joven.
-Pero amor... no es necesario, ya me siento bien y tengo que estar aquí por rutina
-aseguró Val.
-Humm... esto de 'amor' ¿¿es nuevo?? -preguntó inocentemente Karen con una sonrisa
pícara.
-¡Karennnn! -exclamó la rubia muy abochornada.
Todas rieron y después de algunos minutos las dos amigas se despidieron, ofreciendo a
Val pasar primero por su auto que lo dejó en el bar, y quedando también en recogerlas
al día siguiente.
Cuando estas salieron, Chantal las siguió a despedirse y acercándose a Joan le pidió que
por favor se comunicara a la mañana siguiente con Natalie y le avisara que no podía
salir con ella, como habían quedado de acuerdo. Joan sonrió y le dijo que no se
preocupara, que ella lo arreglaba todo.
Al acabar los exámenes previstos, Val fue llevada hasta una habitación privada donde
tendría que pasar la noche.
Todavía muy débil para moverse por si sola, fue ayudada por la enfermera y por Chantal a
acostarse y enseguida le cambiaron con un nuevo suero para la deshidratación. Tenía
mucha náusea, y peor aún con el movimiento, por lo que sin poder evitarlo y con toda la
vergüenza vomitó frente a Chantal, la enfermera la ayudó a pesar de sus protestas. Le
trajeron una nueva bata para que se sintiera fresca y Chantal con manos temblorosas
quiso cambiarla.
Val a pesar de su estado no podía evitar sentir las manos suaves y cálidas de Chantal
en su piel, y a cada movimiento de la joven ella contenía su respiración. Por su lado
Chantal estaba en las mismas condiciones, el cuerpo de Val era todo lo que ella
recordaba y aún más, no podía evitar mirarlo y aunque trataba de hacerlo rápido, el
trámite estaba tomando más tiempo del previsto.
-Nunca me imaginé acabar esta noche en un hospital... ¡tenía otros planes! -rió
nerviosamente la morena.
-Yo tampoco... pero... quizás fue mejor.
-¿¿¡¡Qué!!??... ¿mejor?, o sea que la próxima, ¿dónde esperas que termine?
-No me refiero a la enfermedad, boba... lo estoy diciendo en el sentido práctico de las
cosas... no sé a donde hubiéramos llegado en nuestra cita... y no sé si yo, o mejor
dicho, si nosotras estábamos preparadas para nada más -dijo la joven.
Acabó de arreglarla y le ofreció unos sorbos de una bebida que le trajeron. Val lo tomó
y sintió que ya no tenía fuerzas para mantenerse despierta. Entonces cerró sus ojos,
pero antes de dormirse se llevó la mano de Chantal hasta sus labios y le dio un tierno
beso.
Pasaron así la noche, con Val muy inquieta y necesitando ayuda a menudo y la joven
recostada en un sillón junto a su cama.
A la mañana siguiente, comenzaron las enfermeras a revisar a Val a cada momento,
lastimosamente ahora tenía fiebre por lo que se presagiaba una infección más fuerte de
la esperada, también la visitó el médico y entre otras cosas volvió a recomendarle que
se pusiera en tratamiento, para la salida debía esperar a la tarde en que estarían
listos sus resultados y ella se sentiría también más fuerte.
Cuando todos se fueron, la joven se acercó a su cama y le tomó nuevamente la mano.
-¿Cómo te sientes ahora? ¿Un poquito mejor? ¿Sabes que me diste un gran susto al verte
desmayada ahí en el piso? Prométeme que te vas a cuidar, que vas a consultar al médico
para un tratamiento adecuado, ¿si? -le pidió Chantal casi con lágrimas en sus ojos.
-Nena... de verdad no te preocupes por favor, por nada hubiera querido darte un susto
así, ni tampoco quería que me vieras en estas condiciones... perdóname, ya no quiero
causarte más daño. -Bajó la mirada y sin poder contenerse sus lágrimas comenzaron a
caer.
Chantal la abrazó con todo el amor del que era capaz, quería que Val lo sintiera en
este momento más que nunca. Pasaron unos minutos así juntas, confortándose mutuamente y
sin decir nada más, no hacía falta.
Val volvió a dormir un poco, toda la emoción la había debilitado y la fiebre no estaba
cediendo. El médico volvió a revisarla y comenzó con otro tipo de medicinas para tratar
de aliviarla y que así pudiera salir a la tarde. Chantal aprovechó esos minutos para
darse un rápido baño. Al salir su amiga ya había despertado y se la notaba extraña.
La morena estaba muy preocupada, pero no por su salud sino más bien por sus tíos. Tenía
que estar en El Rancho el lunes a más tardar, necesitaba hacer miles de cosas en vista
de que por ahora toda la responsabilidad la tenía ella. Pero, ¿qué podía hacer?, estaba
bloqueada en una cama de hospital, sintiéndose horriblemente mal y tan débil que no
podía llegar sola ni al baño.
Chantal sintió de alguna manera la angustia por la que estaba pasando Val.
-¿Necesitas algo amor?... ¿te sientes mal? -le preguntó.
-Mm... no, es sólo que... no sé que voy a hacer con mi trabajo... ahora sí que estoy
complicada. Anoche no te pude contar pero... mi tío tuvo un accidente y no está
trabajando, justamente es por eso que yo hice el viaje a New York a entrevistarme con
varios grupos y sus abogados, que son un asco... ¡ups perdón! no quise ofender a tu
gremio. Lo planeado era que me quedara dos o tres días, luego resultó que las cosas no
estaban saliendo bien y tuve que quedarme toda la semana, en realidad en casa me
esperaban ayer.
-¿Fue un accidente grave el de tu tío? -preguntó la joven.
-Más o menos... tiene rota la pierna y tres costillas... por lo que no se podrá mover
por un buen tiempito.
-Ajá... y ¿Vivi?
-Ella casi se muere del susto, pero ya está bien y dedicada por completo a cuidar a su
marido, claro que en estos días no le quedó más que regresar a la oficina.
-Sabes que no puedes viajar por ahora, por lo menos debes esperar un par de días, según
lo recomendado por el doctor -advirtió Chantal.
-Pero me necesitan... -refutó Val.
-Y tú necesitas curarte... y yo... también te necesito -lo dijo tan suavemente que la
morena casi no la escuchó.
-Nena, mi amor... tenemos que hablar de todo esto muy seriamente... sólo deja que me
reponga un poco, ¿ok?... mientras qué tal si para variar... me ayudas a vestirme, dentro
de poco vendrán tus amigas a recogernos.
Y de hecho las jóvenes llegaron a los pocos minutos, y ya con la orden de salida,
recogieron sus cosas y salieron al hotel. Chantal le había ofrecido a Val su casa para
quedarse mientras se recuperara, pero la morena no quiso molestarlas y dijo que estaba
bien si la llevaban al hotel.
Joan había preparado un pequeño maletín para su amiga, sabiendo que de seguro ella no
querría dejar sola a la morena en estas condiciones. En un momento que Val fue al baño,
Karen tomó del brazo a la rubia y le preguntó muy bajito:
-Chiquita... ¿qué crees que estás haciendo?, ¿estás involucrándote tremendamente con la
morena nuevamente?, ¿estás segura de que lo quieres hacer? ¿Y qué pasó con Natalie?
Amor, ¡más vale que pienses bien las cosas!
-Yo sé lo que hago, esta vez no la voy a perder -le dijo totalmente seria, dando así por
terminada la discusión... y se viró hacia Joan que había comenzado a decirle.
-Hey chica... hablé esta mañana con Nat, le dije que teníamos una amiga enferma y que
pasaríamos el día en el hospital con ella, ¡cosa que casi es verdad!... claro que no se
quedó muy convencida e incluso me dijo que podría ella también acompañarnos, yo la
convencí de que no era necesario, me dijo que te llamaría luego, por lo que te
recomiendo que pienses en que le vas a decir cuando lo haga... ya sabes que esa nena es
bien celosita -dijo Joan sonriendo.
En ese momento escucharon un fuerte ruido de algo que se rompía en el baño y las tres
salieron corriendo.
-Val, amor, ¿estás bien... qué pasa? -dijo asustada la joven golpeando la puerta.
-No pasa nada... sólo me apoyé en algo sin darme cuenta y se cayó... pero ahora sí me
puedes dar una mano, entra por favor -le pidió.
Chantal entró y la encontró sentada en el borde de la tina de baño, con sus shorts y su
camiseta a medio poner, la morena se había duchado y al querer vestirse ya no tuvo más
fuerzas.
-Pero, ¿por qué no me llamaste antes?, ¿cómo pudiste bañarte sola? -terminó de vestirla,
la joven.
-Si te llamaba antes... de seguro tampoco me hubiera podido bañar y peor vestir, quizás
sólo desvestir... mm... ¿no lo crees? -dijo moviendo sus cejas.
Chantal se ruborizó ya que sabía que eso era verdad... pero tenía que disimular.
-Val... no seas niña, primero cúrate y después hablamos, ¿sí?
Esta vez fue el turno de Val para ponerse roja.
Todas las amigas se quedaron en el hotel hasta la noche, Val las invitó a comer en su
misma habitación, estuvieron conversando y bromeando por varias horas. Pero ya era tarde
y se notaba que Val necesitaba descansar, las chicas decidieron irse y la disyuntiva
estaba en si Chantal se quedaba o no.
-Ve tranquila nena, tú mañana tienes que trabajar y yo en realidad ya me siento bien...
-comenzó a decir la morena.
-Mmm... preferiría quedarme cuidándote todavía esta noche... si no te molesta, claro
está -dijo tentativamente la rubia.
-¿Molestarme?... nunca, es que no quiero que pases más incomodidades por mi culpa, y
peor aún si mañana debes trabajar. -Sus ojos estaban iluminados con la esperanza de no
tener que despedirse aún de Chantal.
-Puedo hacer algo... Karen, ¿qué tal si mañana le dices a mi jefe que no puedo ir a
trabajar por un par de días, yo lo llamo luego para hacerlo oficial, de todas formas
tengo mis vacaciones acumuladas por meses, unos días no importarán, ¿verdad? -sonrió
viendo a sus amigas.
-Mmm... nop... no importarán, pero, ¿estás segura chiquita? -y con esas palabras
Karen estaba preguntando mucho más.
Val ya no cabía de la felicidad y sólo logró acercarse a Chantal, que estaba sentada en
un sillón y le puso su mano en el hombro apretándoselo un poco, la rubia alzó a mirarla
y sonrió.
Joan le dijo que había traído un maletín con algo de su ropa, por si quería quedarse...
ella la conocía más que nadie. Chantal le sonrió en agradecimiento, no únicamente por
la ropa sino más bien por su comprensión.
Las dos mujeres se quedaron viendo algo de televisión, sentadas una junto a la otra en
un sillón grande de una salita de su mini-suite, la situación era un poco incómoda pero
prefirieron no hablar de nada serio por ahora.
Val tenía que hacer una llamada a su casa y la joven, para darle algo de privacidad,
fue a alistarse para dormir.
-Hola tía... ¿cómo están todos por allá? -preguntó la morena-, me alegro... ¿qué tal la
terapia del tío?... sí, yo sé que es testarudo, pero paciencia, ¿no?... yo... mmm... más
o menos, no podré llegar mañana... espera que te explique... estoy bien, bueno casi...
¡hey! tranquila, lo que pasa es que me intoxiqué con algo que comí y ahora estoy un poco...
ya sabes... tengo que esperar a poder viajar... no... no estoy en New York... estoy en
Boston... sí ¡Boston!... vine a visitar a... Chantal... no te me emociones, pero creo
que algo bueno saldrá de esta enfermedad, eso espero... ¡por lo menos eso deseo con todas
mis fuerzas!... ¡hey! déjame hablar... síp, ella está bien... más hermosa que nunca...
sí tía yo le digo, pero te llamé pasa avisarte que iba a demorar... ¡diablos déjame
acabar por lo menos una frase....! -y así siguió Val por largo rato, incluso Chantal ya
salió del baño y la morena todavía seguía hablando.
Ésta le hizo una señal para que la joven se acercara y tomándole de la mano la sentó en
sus piernas, Chantal en un primer momento se quedó inmóvil, a pesar de haber pasado
tanto tiempo juntas, hasta ahora no habían tenido mayor contacto físico, pero ahora ella
estaba ahí... a centímetros de Val, sentía su calor, su mano acariciándole la espalda,
sus labios moviéndose al hablar y reír con su tía, sus maravillosos ojos azules fijos en
los suyos y que luego bajaban a fijarse en su boca... ¡definitivamente tengo que
cambiar de posición o haré algo de lo que después me puedo arrepentir!, pensó la
joven concentrándose en controlar su respiración.
-Ok, sí tía, está bien... hablamos mañana entonces... adiós y besos para todos... -cerró
la comunicación.
-¡Puff! Sí que habla hasta por los codos, acabé más mareada que antes..., casi le da un
ataque al enterarse de que yo no podría estar en casa mañana, pero luego al saber que
estaba aquí... contigo... me dijo que no me preocupara, que ya se las arreglará, que
loca... ¿¿verdad??... ahora confirmó que no me necesita... ¡sólo me quieren tener de
esclava! -rió Val.
-No lo creo... pero lo importante es que ya se quedó más tranquila y por ende tú también,
ahora no querrás pasar por alto las indicaciones del doc... y, ¡¡por supuesto las mías!!...
y hablando de eso, ya es hora de que vayas a dormir... ¡nena! -sonrió la joven topándole
la nariz con la punta de su dedo.
-Mmm... no me parece muy buena idea... yo me siento bien y preferiría quedarme así,
contigo tan cerca, esta es una sensación única... y... mm... me hacía tanta falta... ¿a
ti no? -le preguntó la morena, mientras con una mano seguía el trayecto por su espalda
y con la otra comenzaba a acariciarle el cabello.
Chantal había cerrado sus ojos, no podía evitarlo, esto era totalmente embriagador. Y
sin pensarlo dos veces la morena la acercó hasta que sus labios se unieron en un beso
tentativo, suave, tímido al comienzo, para luego dar paso a toda esa pasión guardada
por tanto tiempo, esta vez las dos lo estaban disfrutando sin temores ni rencores.
Ésta era la oportunidad que ambas necesitaban para demostrarse cuanto se amaban, Chantal
se sentía en una nube de placer y no podía ni quería bajar de ella, apenas eran poco más
de 24 horas desde que se habían vuelto a ver, pero a la joven no le importaba nada, no
quería pensar con lógica y prefería dejarse llevar por todas esas fascinantes
sensaciones que Val siempre había sabido despertar en ella. Sólo Val y siempre Val.
-Mmm... esto es demasiado bueno -dijo entre suspiros la morena, alejándose apenas de los
labios de la joven y acercándose a su oído-, ... mmm... nena... estoy segura que dentro
de poco no podré detenerme... amor, dime que podemos seguir... por favor, te necesito y
sé que tú a mí.
Chantal no podía escuchar nada más que los latidos de su corazón... pero dedujo lo que
la morena le estaba susurrando al oído y lo único que pudo hacer en respuesta fue
separarse lo necesario para ponerse de pie y darle una mano para ayudarla a levantarse
también, aún sosteniéndola, conducirla hasta la habitación y allí lentamente llevarla al
borde de la cama... con un suave empujón hacerla caer en ella y con esa hermosa
perspectiva, comenzar a quitarse la poca ropa que traía encima, primero su camiseta,
dejando al descubierto sus hermosos pechos y después su short de franela, no tenía nada
más. Dejó pasar unos instantes para que así Val la pudiera apreciar en su totalidad y
luego se acercó a la morena hasta poder sentirla vibrar al contacto con su piel.
-Déjame ayudarte con tu ropa... antes te la puse... ahora, ¿puedo quitártela?... tú
estás débil y debes guardar tus fuerzas para... mm... más tarde -sugirió Chantal a la
vez que con sus pequeñas manos iba trazando cada músculo de la morena, mientras retiraba
sus prendas.
Esto era más de lo que Val podía imaginar, tener a Chantal en sus brazos, como desde
hace meses lo había soñado, sintiéndose seducida y temblando de deseo... definitivamente
era magnífico.
La morena se dejó desnudar y sólo ahora comenzó a utilizar sus manos para acariciar a la
joven, esa piel tan tersa y con aquel aroma delicioso que era sólo Chantal, una mezcla
de delicado perfume y su esencia misma... la estaba volviendo loca. Su condición física
no le ayudaba mucho en este momento por lo cual se dejó llevar, la joven sabía como
hacerle sentir todo lo inimaginable.
Chantal sentía que su resolución de prolongar este placer no podría durar, era demasiado
intenso lo que estaba viviendo e intuía que la morena estaba en igual condición. Sus
pieles comenzaron a fundirse en movimientos suaves y sensuales que iban acrecentándose
al contacto de sus manos y labios, mientras saboreaban mutuamente sus cuerpos, hasta que
juntas en un solo grito de pasión encontraron su realización, sellándola con besos
llenos de ternura.
*****
A la mañana siguiente extrañamente fue Chantal quien se despertó primero.
Mi amor... con todo lo débil que estás y yo...'abusando de ti, pensó la joven
admirando los rasgos pálidos de su pareja y dándole un suave beso en el hombro en el
cual tenía apoyada su cabeza, se levantó lo más delicadamente para no despertarla.
Tras realizar un par de llamadas telefónicas, entró a ducharse y esperar a que Val
despertara para pedir el desayuno.
Mientras estaba lavándose el cabello, sintió una pequeña corriente de aire en la ducha y
enseguida unas suaves manos que la tomaban por la cintura... no necesitaba girarse y
únicamente apoyó su cabeza en aquellos hombros fuertes que la sostenían y una boca ávida
comenzó a besar su cuello.
-Mhmm... amor, no se supone que... mm... debes estar en la cama reponiendo fuerzas...
-dijo entrecortadamente la joven, a la vez que unos largos dedos acariciaban su abdomen.
-Estoy... reponiéndolas... aquí... ¿no te gusta que lo haga? -Val lo dijo con cierta
preocupación en su voz, deteniendo por instantes el movimiento de sus manos.
-Me encanta... que estés... aquí, es sólo que me preocupa tu salud... -y afirmando sus
palabras puso sus propias manos sobre las de Val, invitándola a continuar y olvidando
por completo cuales eran sus preocupaciones, entregándose en aquellos brazos tan ansiados.
-Ajá... -fue lo único que pronunció la morena, antes de dejarse absorber totalmente en
la pasión que siempre despertaba Chantal en su alma.
*****
Joan estaba en su oficina con Natalie, la mujer se había aparecido por ahí en busca de
Chantal y al enterarse que había tomado días de vacaciones, fue a buscar a su compañera
de apartamento.
-¿Pero no sabes o no me quieres decir dónde esta Chantal?... le pasó algo... ¿está bien?
-decía algo molesta la mujer, ya que la rubia no había contestado a sus llamadas en dos
días.
-No... no es eso, ella está bien... -¡¡es más súper bien!!, pensó la pelirroja-,
pero no creo que sea oportuno que la busques hoy, estoy segura de que en el transcurso
del día ella se pondrá en contacto contigo y te contará todo... por lo menos eso
espero...
-Mmhú... ya veo... ¿es esto algo así como un 'secreto de estado'?
-¡Já... qué chistosa!... no, lo que pasa es que la chiquita tiene que resolver un par de
cosas por ella misma y luego ya verás que todo te resultará muy claro... Dios, ¿se
lo digo todo o sigo hablando boberías? ¡Chantal te voy a matar cuando te vea esta noche!
Y de hecho al llegar Joan y Karen al hotel esa noche para una pequeña visita a la
'enferma', lo primero que hizo la pelirroja fue tomar del brazo no muy suavemente a
Chantal y sacarla al corredor para hablar.
-Enana del diablo, no sabes en la que me estás metiendo... te dije que llamaras a
Natalie a explicarle donde te habías metido, esa tipa me tiene loca con tantas
preguntas, inclusive hoy se apareció en la oficina, y por suerte se encontró conmigo y
no con Karen... ya sabes como es ella de 'boquisuelta' -le reclamaba Joan a su amiga.
-Perdón cielo... lo que menos se me ocurrió hoy fue pensar en Nat, soy una bestia
egoísta, ¿verdad?... pero hoy todo fue tan... tan...
-Ni me digas nada chiquita... se te ve en la cara, parece que estás flotando... ¡pero
ojo que las caídas pueden doler!, y no quiero ser pesimista, pero... -dijo Joan.
-Tranquila, esta vez será diferente, me lo prometí a mi misma... ¡hey, ya vamos adentro...
no sea que ese par se estén matando! -entraron en la habitación riendo.
Las cuatro salieron a cenar a un sitio cercano, la conversación durante la velada fue
alegre y cordial y a pesar de que Karen tenía una ganas locas de enfrentar a la morena
por todo lo que había hecho en el pasado y sobre todo preguntarle lo que pensaba hacer
en el futuro... se aguantó las ganas al ver a su amiga tan feliz.
Al salir fueron a recorrer el área del muelle y enseñar a Val las maravillas de los
alrededores de la zona. La morena lucía algo cansada por lo que decidieron regresar al
hotel, cuando estaban acercándose al ingreso comenzaron a despedirse las jóvenes y Val
tomó de la cintura a Chantal y le preguntó al oído si se quería quedar también esta
noche con ella, ante lo cual la joven la miró y le dio un rápido beso en los labios.
Se giró y con una gran sonrisa les dijo a sus amigas que estaban junto a ella: -Chicas,
creo que aquí yo también me despido... tengo todavía un 'asuntito' pendiente arriba...
Al llegar a la suite, Val tomó de la mano a Chantal, la dirigió hasta un sillón en donde
se sentó y la atrajo para que se sentara sobre sus piernas y con una mirada muy profunda
y su voz seria comenzó a decirle:
-¿Sabes nena?, he estado pensando mucho en lo que nos ha pasado en estas últimas horas y
definitivamente tenemos que conversar seriamente sobre lo que queremos hacer con nuestras
vidas. Yo... yo te amo y esta vez no quiero perderte... mmm... ¿no se qué piensas tú?...
¿qué podemos hacer?... no quiero presionarte, pero... ya mañana debo regresar a San
Francisco, tengo cosas que resolver allá... esos problemas con los abogados me están
matando...
-Síp... tenemos que decidir qué hacer -dijo Chantal mientras con su mano acariciaba
suavemente el cabello de la morena-, tú sabes que yo también te amo, nunca he tenido
problema en decirlo ni en aceptarlo... ¡hey! no lo dije como reproche -al ver la
expresión dolida de la morena, la joven la acercó en un tierno abrazo-, es sólo que
ahora yo no estoy dispuesta a perderte y si tú también estas convencida de ello, podemos...
mmm... no sé... darnos un tiempo y organizar las cosas en nuestros respectivos trabajos...
tal vez lo más fácil sería que yo pida una licencia temporal sin sueldo, viajar a
California y estar contigo a ver cómo funcionan las cosas... porque sabes que eso de
'amor a la distancia'... ¡realmente apesta! Yo necesito estar cerca de ti, conocerte,
saber como es tu vida diaria y que por supuesto tú me conozcas a mí, tal como soy... no
sólo en las 'buenas'.
-Realmente 'buenas'. -La morena la beso con gran pasión, pero Chantal necesitaba todavía
aclarar algo.
-Mmm... amor, lo que no quiero es que tú pienses que esto es una atadura irreversible,
no quiero que otra vez te... asustes... Yo podría rentar un sitio en Sonoma y vivir ahí
y así poco a poco ir construyendo una relación verdadera, no solo una serie de cortos
encuentros, hermosos e intensos, pero que básicamente han sido sólo encuentros sexuales...
dejemos que esto que sentimos crezca... que sea grande y fuerte hasta que nada ni nadie
nos pueda separar, ¿ok? -le propuso suavemente la rubia.
-Eres realmente una buena abogada... ¿has perdido alguna vez un caso? -sonrió Val.
-Nop... bueno... sí, perdí uno temporalmente... ¡porque no me dieron chance de defender
mi causa!... pero estoy convencida que valió la pena esperar y ahora volver a intentarlo
-dijo Chantal con emoción en su voz y sus ojos llenos de lágrimas.
Se abrazaron por varios minutos dejando que sus temores se desvanecieran.
-Amor... hay un pequeño detalle en todo esto... ¿qué vas a hacer mientras estás en
California?, aparte de amarnos... ¡claro está!, tú eres una persona muy activa y sé que
el dinero no es un problema, pero no creo que te conformes con quedarte en un departamento
esperando a que yo llegue a la noche o recorriendo conmigo todo el día los viñedos,
quizá para un par de días esté bien y ¿luego?
-No sé... ya se nos ocurrirá algo -dijo pensativa la joven ya que sabía que Val tenía
razón.
-Mmm... ¿qué tal si acepto tu oferta, tu maravillosa oferta... con la condición de que
tú aceptes algo que te voy a proponer... mmm... que se me está ocurriendo en este instante?
Debo madurar la idea, pero podría ser algo así, yo te contrato 'temporalmente' como mi
asesora legal, para toda esta cuestión de la empresa y sus corporaciones, ya sabes, ese
rollo que me llevó hasta New York la semana pasada, ya que de verdad necesito a alguien
especializado, así tú tendrías tu oficina con el grupo de nuestros abogados... ¡que creo
voy a despedir en un futuro cercano!... y a la vez estaríamos juntas... mmm... ¿qué te
parece? -con toda la expectativa en sus ojos y su voz, Val sostenía fuertemente a
Chantal.
-Ves... ¡ya se nos ocurrió algo! -y sin más que hablar por el momento, pasaron a
demostrarse cuan bien podían 'colaborar' la una con la otra.
Continuará...