HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR

Por Met

CAPÍTULO III

Lo realmente difícil era concentrarse en el trabajo y sobre todo, superar de alguna forma la nostalgia de la separación en esta primera semana.

Esa tarde Chantal esperaba ansiosamente la llamada de la morena que le confirmase su viaje para el próximo feriado, tenía que volver a verla aunque fuera por unas pocas horas, eso la ayudaría a seguir adelante.

-Chantal... tienes una llamada de la Srta. Di Stefano, ¿la puedes atender? -preguntó su asistente por el intercomunicador.

-Sí, pásala por favor.

-Hola cariño, ¿cómo está mi abogada preferida? -preguntó juguetonamente Val al otro lado de la línea.

-Bien amor, ¿cómo estás tú?... ¿qué buenas noticias me tienes?... ¿podrás venir?

-Mmm... lastimosamente se me complicaron las cosas por aquí, pero ¡hey nena!, la próxima semana creo que sí estaré libre y disponible sólo para ti... mmm, ¿estás bien? -preguntó la morena al no escuchar ningún sonido de su interlocutora.

-¿La verdad?, ¡no!, me habría gustado mucho tenerte por aquí aunque fuera este par de días, pero si no puedes... ¡esperaré!

-Hey... sólo serán unos días.

Las dos siguieron conversando por unos minutos más a pesar de que el buen ánimo de Chantal se había esfumado, Val no quiso insistir y pensó que lo mejor era dejar las cosas así.

Al cerrar la comunicación, la morena se quedó pensando en los motivos reales para no ir a Boston, era verdad que tenía mucho asuntos pendientes y que un par de ellos requerían de su presencia, pero también sabía que si hubiese querido los habría pospuesto. Entonces ¿¿por qué no lo hizo?? La verdad es que estás aterrorizada por el giro que está tomando este asunto, tienes pavor a enamorarte de Chantal y después complicarte la vida para siempre... pero... mm... ya estás enamorada, ya no puedes dejar de pensar en ella ni un instante, entonces ¿por qué no darte una oportunidad? ¡No! No puedes hacerlo Val, es mejor que mantengas la cabeza en su lugar y simplemente la pases bien, como siempre... esta chiquilla no tiene por qué cambiar el rumbo de tu vida, está bien así, tranquila, con la familia, el trabajo y... tu soledad.

Los días se convirtieron rápidamente en semanas y con un pretexto o con otro, Val siempre daba largas a su visita a Chantal, ésta por su parte, comenzó a sentir ese distanciamiento en la voz de la morena y por ningún motivo quería ser ella la que demostrara debilidad. Y a pesar de sentir una tremenda tristeza por no ver más a Val, se daba cuenta de que su vida tenía que seguir y que lo que pasaron aquel fin de semana fue hermoso, pero obviamente sólo fue eso para Val. Su orgullo tampoco le permitiría 'rogar' a nadie por un poco de atención. Era lógico pensar que las cosas no tendrían mayor futuro... su carrera apenas comenzaba y tenía que dedicarle toda su energía, no podía sacrificar todos esos años de entrega total a sus estudios y a esa vida profesional que despuntaba, por algo incierto que, aunque maravilloso y sin lugar a dudas único, no sabía si tendría alguna esperanza de continuar. Sus intereses eran totalmente diferentes y aunque sentía algo realmente fuerte, no podía negar que la vida real era más complicada que unas pocas horas de fantasías.

Chantal seguía repitiéndose estos razonamientos una y otra vez hasta que llegaran a ser su consuelo y su fuerza, sabía que una vez más su corazón la había traicionado y que aunque se lo había propuesto, no había logrado mantener su mente 'fría y calculadora'. No quería tampoco demostrar cuanto la afectaba frente a sus amigas, recordaba perfectamente las advertencias de Karen y no quería volver a escuchar la famosa frase de 'te lo dije' otra vez, por lo que el sufrimiento se quedó muy dentro de su corazón y las paredes de su habitación, donde podía desahogarse en aquellas largas y solitarias noches en las que el sueño la evadía por completo y podía cubrirse la cara con la almohada para que nadie escuchara su llanto. Por lo menos eso era lo que ella creía.

La llamadas de la morena cada vez se espaciaban más y aunque algunas veces la joven también la buscaba (cuando la tristeza se hacía insoportable), la relación definitivamente no era la misma. Conversaban, reían, se contaban un par de cosas y los lapsos de silencio se hacían cada vez más evidentes, hasta que se despedían con una sensación extraña, como si ni siquiera quedara entre ellas ya ni una bonita amistad.

*****

-Esa jovencita es perfecta para ti, no sé, francamente, qué es lo que te pasa, ¡VALENTINA!... ¿me estás escuchando? Eres la mujer más cobarde que he visto en mi vida... y mira que he conocido a muchas, fíjate que estás punto de perder quizás tu única oportunidad de ser feliz -Vivi gritaba a una puerta cerrada, tras la cual estaba hundida en una montaña de papeles su sobrina.

-Ajá... -fue la única respuesta que la mujer obtuvo y perdiendo por centésima vez la paciencia, pasó refunfuñando hacia su oficina.

Al encontrarse en el corredor con Patty, la secretaría de Val, ésta le hizo un gesto con los hombros en los que demostraba lo desconsolada que también se sentía. Su jefa cada vez estaba peor, lo que al comienzo fueron unas pequeñas sonrisas de ensoñación, pronto se convirtieron en suspiros y miradas melancólicas hasta terminar en arranques de rabia mucho más fuertes de los que nadie le conocía, y que incluso le habían traído serios encontronazos con su tío sin contar los líos con muchos de los trabajadores que se daban casi a diario.

Esas semanas eran de las más duras que Val había experimentado en su vida y todo por su propia culpa, era lo que más la enfurecía. No podía controlar sus sentimientos, pero debía lograrlo... aunque fuera a la fuerza. Chantal saldrá de mi mente por las buenas o por las malas..., pensaba amargamente la morena tratando de consolarse y convencerse a sí misma. Además... si ella sintiese algo por mi... debería ya haberme buscado ¿o no? Se ve que fui sólo una aventura pasajera... ¡¡igual que ella para mí!!

Cuando no podía soportar más su necesidad de hablar con la joven, la llamaba, pero sin poder evitarlo actuaba como una verdadera idiota, lo que en lugar de traerle alegría, solamente le traía más irás y se daba cuenta que con su actitud le causaba a Chantal sufrimiento, por lo que fue reduciendo estas llamadas a lo mínimo indispensable.

Para finales de Noviembre y en vista de aproximarse el día de Acción de Gracias, todo era movimiento en El Rancho, estaba previsto tener varios grupos de visitantes en especial familias del Este que querían aprovechar el buen clima de la zona.

Val estaba más metida que nunca en su organización y por supuesto en todo lo que era la vinícola. Su familia ya casi no la veía por la casa, ella había cambiado su rutina diaria de ejercicios y demás actividades con tal de no encontrarse con sus tíos, evitando así sus reclamos, consejos o preguntas que la estaban volviendo loca, ya que ni ella misma sabía sus respuestas. Y muy dentro de su mente había días en que le daba razón a su tía Vivi y reconocía que era una cobarde... ¿¿pero qué podía hacer??, Chantal ya no la llamaba, bueno prácticamente era ella misma la que había cortado todo intento de la rubia de mantenerse en contacto...

¿Qué sentido tiene hacerlo? seguir diciéndole cuanto la extraño... que me muero por verla... por tenerla en mis brazos... que ya no como ni duermo por este sentimiento que me consume... ¡¡para qué, maldita sea!!... si ella no va a dejar su vida por estar junto a mí... ¡yo no voy a dejar mi mundo por ir a Boston! O... ¿quizás sí?... nunca se lo pregunté, pero no... ¡no hay nada que hacer! Maldita sea, mi cabeza va a estallar...

Por otro lado ya no soportaba más tanta intromisión de su familia, su abuela con su candidez habitual, se limitaba a preguntar cuándo volvía a traer a su linda amiga, sus tíos en cambio no la dejaban en paz con sus consejos y reproches por su actitud y hasta sus primitos a cada rato le recordaban la visita de la joven a su casa.

Algo tengo que hacer o me van a volver loca...

*****

-¿Amor?... hey, ¿me estás escuchando?... ¿¿Chantal?? -de un grito Karen sacó de su nube a la joven rubia.

-¿Mmm?... perdón... ¿qué me decías? -contestó avergonzada.

-Desde hace media hora te estoy preguntando si vas a pasar con tu familia el día de Acción de Gracias, como sueles hacer siempre, o si te quedarás aquí. Tienes que hacer ya las reservas para los vuelos. Este año se reunirán en casa de tu abuela... en California... si te demoras más, ¡no vas a conseguir vuelo! -Karen estaba realmente preocupada por esta actitud de su amiga, ella que había sido la 'planificación' total y absoluta, ahora...

-Me da lo mismo... mmm... creo que... ¡no sé! -se viró para no dejarse ver, ya que para variar sus ojos estaban llenándose de lágrimas.

-Mierda... soy capaz de ir yo misma hasta San Francisco... para dar un par de trompones a la infeliz de... -comentó entre dientes con todo el odio del mundo, pero la morena no pudo seguir al ver que estaba haciendo sufrir más a su amiga-. Bueno... hmm... lo cierto es que tu mamá habló conmigo hace un par de horas y me pidió que te recordara el asunto, ella también está preocupada... mmm... ¡ah! ¿sabías que vienen tus tíos de Francia para esta celebración?, por lo que se ve que este año la van a festejar en grande... -Karen desistió de hablar sola, Chantal ya no le estaba prestando atención y estaba de pie junto a la ventana de su oficina con la mirada perdida, como era su costumbre últimamente.

-Nena... tienes que decidirte lo antes posible, avísame si quieres que yo llame a la agencia para arreglar el asunto, de todas formas yo tengo que pasar a retirar mis pasajes porque salgo el Miércoles para Miami... ¡¡humm... qué rico, por fin un poco de sol y calorcito!! ¡Hey, se me acaba de ocurrir una gran idea!, ¿por qué no vienes tú conmigo a donde mis viejos? Ellos te adoran, y acuérdate que yo he ido mil veces a tu casa y tú casi nunca a la mía... vienes, sí... ¿por favor?

La joven se volvió a mirarla por primera vez. -¿Sabes?, tal vez esa sí puede ser una buena idea, en verdad no tengo muchas ganas de ir a... al Oeste, aunque quisiera ver a la familia... pero, creo que prefiero ir contigo -dijo sonriendo-, ¿lo puedes arreglar por mí?

-¡Pero claaaaro!, haz de cuenta que ya está hecho. -Salió corriendo de la oficina de Chantal, a buscar a su secretaria para que hiciera los cambios necesarios y a contar a Joan las buenas noticias. Por fin había conseguido que la joven sonriera y que mostrara interés en algo.

¡Ah chiquita!, y tú que crees que nosotras no nos hemos dado cuenta de lo duro que te está resultando este rollo... ojalá que el fin de semana de descanso te sirva de algo, iba pensando la morena.

*****

-Todo está en orden, los grupos, el transporte, los guías y todo en mi oficina marchará como de costumbre. Sólo... mmm... tengo que salir de aquí, por lo menos unos pocos días -explicó Val con aire cansado a su tío.

-Sí chiquita, lo comprendo, y creo que será bueno para ti... pero ¿por qué tan lejos? No sería mejor ir a Sacramento o si quieres playa, por ejemplo a ¿San Diego? ¿Por qué tiene que ser al otro lado del país? Y ¡sola!

-No sé... pero tengo ganas de irme bien lejos, por favor no te preocupes. No conseguí reserva para las Bahamas, entonces por lo menos voy hasta... Miami.

-Ok, Giorgio te acompañará a San Francisco, y ¡no me digas nada! Yo lo quiero así, no me gusta que manejes sola. -Se acercó a la morena para abrazarla tiernamente.

-Está bien, no me queda otra, ¿verdad? -sonrió-, y apenas llegue a... mmm... algún sitio los llamo. -La morena se despidió de la familia y salió hacia el auto que la estaba esperando.

Su acompañante era una gran persona y lo conocía desde hace muchos años, siempre había tenido toda la confianza del mundo con él, pero últimamente no podía conversar con nadie, estaba bloqueada, por lo que el trayecto hasta el aeropuerto lo hicieron prácticamente en silencio.

El vuelo no tuvo inconvenientes, aunque sí estaba muy cansada porque había pasado casi todo el día viajando. Al atardecer ya estaba registrándose en el Ocean Point, que como siempre lucía hermoso. Ella había reservado una espectacular suite, cuya ubicación era en la esquina del lujoso hotel, por lo que tenía una maravillosa vista al mar y del otro lado se apreciaba la ciudad con su silueta que comenzaba a pintarse de luces.

Bueno, mi querida Val, ahora a ver como te desintoxicas de una cierta jovencita que no te deja vivir en paz, primero una llamada a la familia y luego ¡a disfrutar del no hacer nada!


A esa misma hora Chantal y Karen estaban llegando a casa de la familia de esta última, habían trabajado hasta medio día y salieron para la Florida ya en la tarde. Como era de imaginarse todos las recibieron de lo más emocionados y comenzaron enseguida con las preguntas de sus respectivas vidas, ya que ninguna de las dos se había aparecido por esta zona en mucho tiempo. Después de un merecido descanso las jóvenes decidieron aceptar la invitación de unas primas de la morena para cenar y dar un paseo por la pintoresca zona latina, cuya música encantaba a Karen.

Disfrutaron de una deliciosa variedad de platos típicos cubanos y más tarde fueron hasta un bar en el que había un espectáculo de bailes. Las jóvenes se estaban divirtiendo mucho con el cambio de clima y ambiente. Era algo que definitivamente Chantal estaba necesitando y sus amigas lo sabían, las primas de Karen estaban ya al tanto de toda la historia detrás de esa mirada triste de la rubia y trataban por todos los medios de animarla.

Decidieron tomar unas copas al aire libre en uno de los bares que estaban ubicados frente al mar. Tras hacer sus pedidos, vieron en la mesa junto a la suya a otro grupo de jóvenes mujeres que las miraban insistentemente, Chantal no sentía ni la más mínima curiosidad por el asunto, pero no así su traviesa amiga Karen, que enseguida comenzó a lanzar miradas picaronas y guiños a las muchachitas, seguida por una de sus primas, Jennifer, que compartía los mismos gustos de Karen y Chantal. La otra de sus primas, Annie, prefería a los jovencitos del sexo opuesto, pero al igual que Joan no tenía problema en pasarlo bien con las chicas.

Al rato ya habían hecho una sola mesa grande en la que todas se estaban divirtiendo mucho, con excepción de Chantal. Karen con su instinto de conquistadora empedernida estaba dándose gusto, ya que aparentemente no sólo tenía una admiradora sino dos, por su lado Chantal trataba de no lucir demasiado aburrida o descortés, pero casi no podía evitarlo, por lo que las otras jovencitas centraron su atención en Jennifer y en su hermana Annie, que a pesar de ser menor que todas estaba a la altura de la diversión.

Mientras todas estaban de lo más entretenidas, la rubia decidió separarse un rato del grupo e ir hasta la barra a pedir otro trago. Pero al estar lejos de su grupo y de tanta algarabía prefirió caminar un poco hacia la playa y admirar el esplendor de la noche, la cual estaba totalmente despejada y un poco fresca, lo que le ayudaba a pensar mejor. Sin alejarse demasiado por cuestiones de seguridad, caminó hasta poder quitarse sus zapatos y mojar sus pies en el mar. Ésta era una sensación tan relajante y suave.

Del otro lado de la acera y aún a unos cuantos metros de distancia estaba caminando una mujer alta, de cabellos obscuros y cuya mirada estaba totalmente perdida en la multitud. En el trayecto se le acercaron varias veces tanto hombres como mujeres, tratando de entablar conversación con ella, pero no consiguieron interesarla. Llegó hasta el bar y se sentó a la barra desde donde pidió un 'Tequila Sunrise' ya que no tenía intención de tomar nada fuerte esa noche, estaba demasiado cansada y sólo había salido a dar un pequeño paseo para luego poder conciliar el sueño. El sitio estaba totalmente lleno y por lo que se podía observar, sus clientes lo pasaban muy bien. A lo lejos escuchó lo que le pareció una risa conocida... pero es imposible que yo conozca a alguien en este sitio, pensó la morena sin regresar a mirar el área desde donde venía esa risa en particular. Al cabo de unos cuantos minutos, pagó su trago y se levantó, y al hacerlo vio a distancia lo que decididamente era un grupo muy divertido de mujeres, por segundos las envidió. La silueta de una morena que estaba un tanto en la penumbra le resultaba familiar, pero por la poca luz y la cantidad de personas no pudo distinguirla con claridad, se giró hacia la salida.

Su hotel estaba a pocas calles de donde se encontraba, por lo que prefirió caminar.

En el instante que Val salía del local, Karen se giraba para buscar al mesero y vio a alguien que con casi con toda seguridad era la morena causante de todas las desventuras de su amiga del alma, que por cierto no estaba por ningún lado... Logró recuperarse de la impresión y en segundos dijo algo al oído de su prima y se levantó inmediatamente para seguirla.

Al salir trató de ubicar a la morena, pero en las aceras había gran cantidad de gente caminando en todas las direcciones, lo que la confundió por unos momentos. Hasta que la divisó a la distancia, enseguida corrió y la tomó por el brazo ya segura de que era ella misma.

-¡HEY! -dijo Val asustada.

-Nos teníamos que volver a encontrar... ¿tú qué pensaste, qué te ibas a salir con la tuya y que nadie te lo iba a cobrar? -Karen estaba gritando y aún la tenía agarrada fuertemente del brazo.

Pasado el primer susto, la morena se dio cuenta de quien era y al mirar a los ojos a Karen entendió todo el odio que ésta sentía, la vergüenza la invadió pero no podía dejar que nadie la increpara de esa manera.

-¡Suéltame inmediatamente! -le gritó también.

-No te voy a soltar... ¡eres una maldita infeliz!, te aprovechaste de la dulzura y de la inocencia de Chantal para pasarla bien, la ilusionaste y luego cuando ya la conseguiste la dejaste de lado como una muñeca que ya no te divertía más, mientras ella... -Karen sentía tanta rabia, pero también tanto dolor que no podía contener las lágrimas y las palabras se le hacían difíciles de pronunciar.

Val no sabía que decir, ya que Karen tenía razón en creer que eso fue lo que ella tenía en mente desde el inicio. Tampoco podía hablar y únicamente trató de zafarse del fuerte agarre de la morena, lo hizo y comenzó a caminar nuevamente, sin decir nada.

Karen la siguió y le dio un fuerte empujón.

-¡Contéstame, MIERDA! ¡Dime algo...! Chantal está desecha por ¡TU CULPA! ¿Por qué le hiciste eso? -estas últimas palabras las dijo en voz muy baja antes de sentarse al borde de la vereda y poner su cabeza entre sus rodillas casi sollozando.

Val se volvió y sintió tanta pena y tanta culpa por todo lo que había pasado que no pudo seguir caminando, se sentó pesadamente junto a la morena y limpió sus ojos con la manga de su blusa.

Las dos se quedaron así por un buen rato, Karen tratando de controlar sus sentimientos, no quería que Val la viera de esta manera. Val en cambio, sin poder disimular más sus emociones, dejó que sus lágrimas cayeran por primera vez desde que decidió no buscar más a Chantal y desde que se dio cuenta que su corazón estaba irreparablemente roto por su propia testarudez.

-Hmm... es bueno verte llorar también a ti -comentó Karen con tono sarcástico-, pero estas lagrimitas no me van a convencer de que no eres una infeliz.

-No... no quiero... convencerte de nada... yo... yo sólo... ¡ya ni se lo qué me pasa!

-¿Cómo que no sabes qué te pasa? ¿Estás loca a parte de todo lo demás?

-No creo que éste sea el mejor momento de mi vida y tal vez sí estoy loca... pero, tampoco quiero hablar de eso contigo... ni con nadie. -Comenzó a ponerse de pie y Karen la detuvo dándole un tirón hasta que se sentara nuevamente.

-Yo creo que sí, sí tienes que hablar, y si no conmigo, entonces con Chantal.

Val alzó la mirada y con una expresión de sorpresa y a la vez temor le preguntó: -¿Chantal está aquí? ¿Dónde? Ella no va a querer verme y yo... yo no puedo verla tampoco. -Bajó su mirada.

-¿Qué es lo que te pasa...? -Karen se dio cuenta de que la morena no estaba actuando así por ser una bruja simplemente, había algo más, entonces bajó el tono de su voz y de acusador pasó más bien a ser de confidente-. Hey, dime qué está pasando en verdad. Ya sé que no soy tu mejor opción, difícilmente puedo ser objetiva en este caso... pero puedo escuchar, dicen que soy buena para eso... aprovéchame antes de que me ponga otra vez furiosa -le guiñó un ojo- y ¡esta vez si te parta en dos!

Val la regresó a mirar y le dijo desafiante, pero con una sonrisa en sus labios: -A ver si puedes.

-Hablando en serio, podríamos conversar... o por lo menos hablar sin gritarnos -propuso tentativamente Karen, el ataque de rabia se le estaba pasando y quería realmente saber cuál era la explicación de la morena, ¡si es que la había!

-Hmm... tanto como conversar, no creo... pero si pienso que tienes algún derecho a estar furiosa conmigo y quizás hasta pueda tratar de ponerle palabras al rollo que es mi vida ahora... verás... mmm... lo que sé positivamente es que estoy enamorada hasta las 'patas' de tu amiguita... ¡hey no me mires así y déjame seguir! Sé que suena irracional, pero es mi verdad, también sé que mi mente me dice que no puedo estarlo... ¡qué no debo estarlo!, no es bueno para ella, no es bueno para mí... no puedo forzarla a algo que ella no esta lista a hacer, no puedo tampoco yo dejar mi vida en el aire y salir corriendo detrás de ella como una adolescente impulsiva. Además ella era consciente de lo que estaba pasando, ¡no es una niña! -exclamó en tono defensivo, para proseguir-. Pero lo peor de todo es... que al parecer esto nos está causando mucho daño... ¿qué hago?, dime, ¿¿QUÉ hago?? -había desesperación en la voz de Val, mientras se le volvía a quebrar.

-¡Oh, Oh! Esto es más complicado de lo que pensaba. Yo tenía... perdón, nosotras teníamos la idea de que SÓLO te interesó pasarla bien y luego 'chaito contigo', era horrible y por eso mis ganas de cortarte en trocitos. Ahora resulta que no es así, tú estás 'realmente' enamorada de mi amiga y ella de ti, pero... mmm... resulta que no sabes que hacer con esos sentimientos y piensas que es más fácil esconderte como una hermosa y gran avestruz, ¡¿por cobardía?!, ¿lo resumí correctamente?

-Síp... creo que sí -pronunció con voz muy suave Val.

-Oye... y ahora que me acuerdo, ¿tú qué haces aquí? ¿Acaso escapándote de alguna otra conquista? -preguntó Karen.

-¡Ja, ja! ¡Qué graciosa! ¿Y qué haces tú aquí? La verdad en mi caso es que no tenía ganas de ver tantas caras sonriendo a mí alrededor, y fíjate mi suerte, ¡te vengo a encontrar a ti! Justo lo opuesto.

-Hey... sin sarcasmos, ¿no? -protestó Karen.

-Pero en serio, ¿está aquí también Chantal?

-Síp, pero como tú misma dijiste, no creo que te quiera ver... es más... no lo voy a permitir. Ella está muy dolida y no sacaría nada bueno en verte.

-No... yo tampoco quiero verla... o sea... sí quiero... pero no debo, ¿verdad?

-Mmm... bueno... creo que es mejor que regrese al bar, ya deben de estar preguntándose dónde desaparecí, y además si todo me sale bien, creo que esta noche tendré un hermoso asunto entre... mmm... manos -lo dijo haciendo un gesto con sus manos para demostrar las curvas de su 'programa'-. Oye chica, ¿dónde te estás hospedando? Quizá tú y yo podamos seguir con esta charla con un poco más de tiempo.

-Primero me quieres matar y ahora ¿quieres conversar?... ¡y después me dices que yo estoy loca! Llegué al Ocean Point, el que está aquí enfrente, y se supone que me quedaré hasta el domingo, aunque ahora no sé si es muy buena idea.

Karen comenzó a ponerse de pie y sacó una tarjeta de su billetera para entregársela a Val.

-Éste es mi número de teléfono para cualquier cosa, ya sabes... sola en una ciudad desconocida y bla-bla, nosotras estamos en casa de mis padres, no muy lejos de aquí.

Val también se levantó. -Gracias, por escucharme y por la tarjeta. -La tomó entre sus dedos y la golpeó suavemente en su otra mano.

Karen sonrió y le hizo un guiño antes de alejarse.

... Puede que no todo está perdido aún chiquita... pensó.

En el bar las chicas habían estado un tanto preocupadas por la salida casi en carrera de la morena, sólo su prima mayor sabía a donde fue o lo que más o menos entendió de la veloz explicación que le dio al oído -"voy a matar a la maldita bruja que tiene atormentada a la enana... no digas nada... ya regreso"- y eso había sido hace bastante rato. Las jovencitas que habían conocido todavía estaban con ellas a excepción de dos, que se dieron cuenta que estaban sobrando, ya que Chantal y Annie no parecían interesadas en nada más. La rubia había regresado de su pequeña caminata hacía rato y por supuesto preguntó enseguida por Karen, pero al no recibir una respuesta muy clara, pensó que lo mejor era esperar a ver en qué diablura se había metido su amiga esta vez.

Hasta que por fin la susodicha apareció con una sonrisa de 'oreja a oreja' y con un aire de inocente que ni ella mismo se lo creía, la única explicación que dio fue que había visto a un cliente que andaba tratando de localizar desde hace tiempo, de reojo dio un guiño a Jennifer.

Después de un buen rato y de más tragos en sus respectivos organismos, decidieron dar por terminada la noche, las dos primas se pusieron de acuerdo con sus nuevas conquistas en volver a verse al día siguiente apenas pudieran escapárseles a sus familiares. En otras circunstancias Karen habría desaparecido sin pestañar con su nueva 'amiguita', pero ahora sentía que no podía dejar sola a la rubia, además lo otro podía esperar... por lo menos unas horas, Chantal la necesitaba ahora.

A la mañana siguiente, Karen se debatía entre contar a su amiga el encuentro de la noche anterior o simplemente actuar por cuenta propia, optó por esto último y comenzó a pensar en un 'encuentro sorpresa' entre las dos, para ver qué pasaba, ojalá no se maten entre ellas o lo que es peor, ojalá no me maten a mi... mm... mejor llamo a Jenni a ver si se le ocurre algo, pensaba la joven mientras su madre le informaba de los últimos chismes familiares y Chantal desayunaba en silencio en el otro extremo de la mesa que estaba colocada en una terraza que daba a la piscina.

-¡Hey Jenni, dame una mano en esto! Tú vives aquí y puedes organizar algo para que se encuentren, tenemos por lo menos que intentarlo, ¿por favor? -le pedía Karen a su prima unos minutos después del desayuno.

-Pero... estás segura de que valdrá la pena arriesgarnos a morir así de jóvenes ¡por metidas!, por lo que oí a Chantal ella ya no quiere saber nada de la morena y según lo que me contaste, tampoco la 'bruja' aquella quiere ver a la enana... no sé, ¡me parece como una causa perdida! -dijo Jennifer al otro lado de la línea.

-Lo que pasa es que tú no las has visto juntas, ese par son dinamita pura, es increíble la química que tienen y no sólo eso, ahora estoy convencida que lo que sienten la una por la otra es verdadero, si no fuera así yo no movería ni un dedo para ayudar, en especial a Val, pero no es justo que por su condenada cobardía, todo esto se arruine... mm... vamos a darles un empujoncito, ¿ok?... y si no resulta, ¡yo misma me mato!... prometido.

-Primita... eso no va a ser necesario, te lo puedo yo asegurar. Te llamo más tarde, cuando se me ocurra algo, ¡ciao!

Chantal notaba algo extraño en la actitud de Karen, pero pensó que se debía al hecho de estar en casa de los padres de ésta, tenía que comportarse un poco decente y eso le estaba afectando.

En la mañana salieron a comprar las últimas provisiones, que la madre de Karen necesitaba para los preparativos de la cena de esa noche, al regresar a la casa encontraron a las primas en la sala.

-Hola chicas... ¿cómo les va? Veo que vienen llenas de cosas ricas. Ven Annie, vamos a ayudar a acomodarlas -apenas pudo Jenni, tomó a su prima y la separó un poco para que la rubia no la escuchara-. Creo que a Annie se le ocurrió algo bueno... encuéntrame en el garaje en un rato.

Y así en unos cuantos minutos, las dos se reunieron a puerta cerrada en el garaje, Annie se iba a encargar de entretener a la rubia en la cocina.

Jennifer habló enseguida...

-Con Chantal no hay problema... basta decirle que vamos a algún sitio de paseo y ya está, el asunto es conseguir que la morena caiga en la trampa, tiene que ser buena... mmm, por ejemplo lo que se le ocurrió a mi hermana, decirle que le pasó algo a Chantal, que tuvo un accidente o ¿algo así?

-¡Estás loca! Después, cuando se de cuenta que fue una mentira, nos mata con sus propias manos. Tú todavía no le has visto la pinta, es como de 1.85 de alto y debe pesar cantidades, con un trompón nos saca hasta las muelas -le advirtió Karen.

-Y ¿entonces? Algo como una reunión a la que Chantal no irá porque estar cansada o 'despechada', cosa que es muy probable, y que tú le invitas a ella para seguir conversando o porque te da pena que esté aquí solita, hasta que de pronto le dices que tienes una linda prima que le quieres presentar, cosa que es verdad, ¡¡por supuesto!!

-Quizá eso funcione... ¡no lo de la prima!, pero sí lo de reunirnos a seguir conversando... sólo que todo esto tiene que ser mañana, hoy está el rollo de la cena familiar. Tenemos que actuar rápido, porque tendrán únicamente tres días para pelear un poco, reconciliarse y ¡pasarla de lo lindo!, ojalá vayan en este orden las cosas. -Karen estaba comenzando a emocionarse con la idea.

-Magnífico... ahora vamos a ayudar a mi tía, porque ella sí nos puede estar matando si no hacemos nada. Hey, y ¿dónde se hospeda la supuestamente hermosa Val? -le preguntaba mientras regresaban a la cocina.

-No es supuestamente hermosa, es definitivamente 'espectacular', ya la verás... y como todos, también te quedarás con la boca abierta. Está en el Ocean Point de South Beach. -contestó Karen.

-¡Uau... nada menos que en el Ocean! Debe de tener mucho dinero la tipa, ¿no?

-Ni te imaginas cuanto.


Esa noche todo fue conmoción en la casa de Karen, su familia era mucha y todos igual de bulliciosos y juguetones que ella, por lo que Chantal pasó un buen momento en compañía de tanta gente simpática. La mayoría de los familiares que venían desde fuera de Miami, ya tenían previstas sus acomodaciones, ya sea en casa de otros parientes o en hoteles cercanos, solamente estaba una tía, su esposo y sus dos niños que llegaron inesperadamente, y que no tenían aún un sitio donde quedarse, obviamente los padres de Karen estaban tratando de solucionar el problema a fin de que todos cupieran en su propia casa, que a pesar de ser muy grande ya estaba llena.

A Karen se le iluminó su cerebro al percatarse de que este imprevisto giro de las cosas podía ser beneficioso para sus planes, es más, podía de hecho cambiar todos sus planes.

-Oye madre... ¿qué te parece si Chantal y yo buscamos un hotel sólo para esta noche? Y así dejamos a los tíos que ocupen mi habitación con tranquilidad y los pequeñitos pueden dormir en el sofá de la sala, junto con los otros primos que se están quedando aquí, ¿tú que dices Chantal? ¿No te molestaría hacerlo? -preguntó inocentemente la morena.

-No, para nada, creo que es una buena solución -contestó la rubia.

-Están locas... ¡no!, ni pensarlo, ya nos acomodaremos, no se preocupen -dijo la madre de Karen.

-Y ¿saben?, no van a conseguir nada en ningún hotel, todo está lleno con las festividades, nosotros antes de llegar aquí, ya hicimos varias paradas para tratar de conseguir aunque fuera una habitación... nada que ver... ¡todo está lleno! -anunció la tía.

-Bueno... por aquí cerca tal vez no haya nada, pero quizá en Miami Beach sí podamos encontrar algo, quizás en uno de los grandes, sólo por una noche, total para qué se hizo el dinero... hmmm... para gastarlo, ¿no Chantal? -se le estaba complicando un poco el asunto y tampoco quería presionar mucho a la joven para no despertar sospechas-. Hey Jenni, ¿qué tal si las dos hacemos unas llamadas para ver si hay algo libre?, ¿me ayudas? -Salió casi corriendo de la sala antes de que su madre pudiera decir algo más.

Las dos primas se pusieron a hacer las supuestas llamadas... claro que únicamente les interesaba comprobar el Ocean.

-¡Madre mía, qué caro! Con razón que aún tienen habitaciones libres... ¡son unos ladrones! -dijo Jenni al escuchar el precio que deberían pagar por una noche en dicho hotel, con los impuestos y demás casi llegaba a los u$s 800 y únicamente se trataba de una habitación estándar-. ¿Estás segura de que quieres gastar todo eso sólo para tratar de conseguir que esas dos se encuentren? -preguntó la prima.

-Eso y más si es que puedo conseguir que se vuelvan a unir, no te quepa la menor duda... por mi chiquita, lo que sea -dijo Karen mientras esperaba que la recepcionista tomara sus datos y su número de tarjeta de crédito, indicándole que más o menos en una hora estarían por ahí.

Regresaron con los demás que seguían disfrutando de la velada con cuentos y anécdotas familiares, de las que todos reían.

-Bueno, está listo, conseguimos un hotel en South Miami y ya no hay de qué preocuparse -les contó Karen.

-Entonces, ¿por qué no vamos nosotros allá? y así no las incomodamos... nos cedes la reserva y yo te doy el dinero, no hay ningún motivo para que ustedes gasten en hotel... además viniste de vacaciones a tu casa, querida -propuso su tío rápidamente con una gran sonrisa.

-¡¡NO!!... digo... mmm... no es necesario, además para nosotras será una aventura, ¿cierto chiquita?... estaremos más cerca de la acción -dijo Karen juguetonamente alzando sus cejas y tratando de disimular su ansia.

-Karen... Karen... hijita, siempre pensando en hacer travesuras, ¿no?... ya estás grande para esas cosas -dijo el padre de la morena con aire resignado, pero sonriendo a su niña.

-Ajá... ya estoy grande... ¡por eso ahora las travesuras las hago también en grande!

Todos rieron y tras un poco más de protestas, aceptaron la solución de Karen para esa noche. Las dos amigas prepararon un pequeño maletín con algunas cosas y al rato se despidieron de la familia, prometiendo que por lo menos aceptarían la cena del día siguiente por cuenta de sus tíos.

-Hey... Karen, ¿por qué tanta insistencia en que vayamos al hotel nosotras? Yo no tengo problema en eso, pero... mmm... me resulta un poco exagerado de tu parte, ¿qué te traes mhh? -preguntó Chantal mientras dejaban el auto con el valet y entregaban su reducido equipaje al botones.

-¿Yo?... nada... ¿qué puedo traerme? Mira, vamos a registrarnos mientras llegan mis primas, para armar una buena farra luego... ¿qué te parece? -le preguntó Karen, tratando de evadir las miradas de su amiga.

Al entrar a su habitación, las cuatro se quedaron impresionadas por lo hermosa que ésta era e inmediatamente todas se dirigieron a la terraza para apreciar la vista, también tomaron frutas que estaban en una canasta adornando una pequeña salita de estar. En una hielera estaba enfriándose una botella de vino blanco, por cortesía de la casa.

Las chicas se sirvieron y se acomodaron en los sillones que estaban en la terraza para admirar la noche y organizar alguna actividad ya que aún era temprano.

Karen aprovechó y dijo que iba a hacer una llamada a las muchachitas con las que estuvieron la noche anterior, a ver si ellas ya se habían desocupado de sus respectivas familias y querían salir. Chantal no se sentía con ganas de ese tipo de programa, pero no quería ser la 'agua-fiestas', por lo que no dijo nada.

En verdad Karen quería tratar de localizar a Val y cruzaba los dedos para que ésta no hubiera salido del hotel, llamó a recepción para preguntar por el número de habitación de la morena.

Lastimosamente en la habitación de Val no había nadie, o ésta no quería contestar la llamada, por lo que Karen tuvo que dejar únicamente un mensaje.

-Hey, chica... soy Karen, quería saber si tal vez te interesaba tomar una copa en el bar del hotel, llámame a mi celular si quieres... ciao.

¡Diablos! Dónde podrá estar, justo ahora que tengo a Chantal tan cerca de ella... mierda, ¡esto de hacer de Cupido apesta!, pensó la morena un tanto despechada, pero para alegrarse hizo la llamada a su conquista para convencerla de que ella y su amiga fueran al hotel.

Como era de imaginar, al poco rato esas jovencitas estaban entrando al lobby del lujoso hotel, listas para la acción.

El grupo comenzó con la diversión, y como las cosas iban subiendo de temperatura en la habitación -que aunque era muy grande, no daba para tanto- Chantal pensó salir a quemar ella también algo de energías. Se acercó a su amiga en un instante que Susan la dejó libre y le dijo que iba a la piscina por un rato. Karen sólo logró mover su cabeza porque enseguida ya estaba en brazos de su efusiva amiga, además la morena sabía que ya nada más podía hacer hasta que no ubicara a Val.

Chantal tomó su traje de baño y una bata del hotel y se dirigió a los ascensores, revisó las opciones y escogió una piscina cubierta que estaba en la terraza del último piso, el sitio contaba además con un completo gimnasio y a sus costados había salas de masajes, jacuzzi y baños saunas. En vista de la hora y el día especial, las instalaciones estaban desiertas, pero al ingresar una hermosa jovencita se le acercó para indicarle que si necesitaba asistencia 'de cualquier tipo' se lo hiciera saber, ella estaría en su escritorio hasta media noche.

Bueno, bueno, puede ser una interesante alternativa, pensó Chantal mientras sonreía para sí misma.

Entró a los vestidores y se cambió, por suerte se había acordado de guardar sus trajes de baño desde su maleta en la casa de Karen. Éste era un traje de una pieza, negro y muy revelador, pero no había problema... estaba sola y a ella le gustaba como lucía. Dejó su ropa en uno de los casilleros.

Al entrar en el área de la piscina, vio a lo lejos una figura que estaba girando en el fondo para salir nuevamente a flote y continuar con sus sincronizadas brazadas. Chantal se quedó mirando desde el borde de la piscina sin saber por qué, mientras la figura se iba acercando rápidamente a ella.

Al llegar hasta donde la rubia estaba parada, la figura alzó la cabeza para tomar aire y girar nuevamente, cosa que no pudo hacer porque su mirada se quedó clavada en la magnífica silueta que tenía frente a si, al recorrerla con su mirada comenzó a sentir que su cabeza daba vueltas y que la respiración se le había detenido, jamás podría olvidar esas formas, esa piel que había acariciado con sus manos y labios... pero tenía que ser sólo una alucinación.

La joven estaba también inmovilizada, antes de que la persona dejase ver su rostro, ella la sintió... sabía quién era... conocía y había repasado en su mente durante los últimos meses cada uno de los espectaculares músculos que formaban el cuerpo de Val, en los pocos segundos que tomó a la morena alzar la vista hasta encontrarse con los penetrantes ojos de Chantal, ésta había contenido su respiración.

Val volvió en sí y para no hundirse, se sostuvo del borde de la piscina, tomó un par de bocanadas de aire y se incorporó, dejándose apreciar en todo su esplendor, mientras el agua resbalaba a lo largo de su cuerpo, ésta se abrazó a si misma sintiendo un inesperado escalofrío. Chantal que tenía un nudo en la garganta y los ojos nublados por las lágrimas, le extendió la bata de baño que traía consigo.

Se quedó por unos momentos con la mano extendida ya que Val no había reaccionado, hasta que por fin ésta tomó la bata y sólo la abrazó hacia ella, no se la puso. Chantal trataba con todas sus fuerzas de disimular la impresión y no dejarse ver como una 'niñita sentimental' a punto de llorar... pero las cosas se estaban poniendo difíciles. Se giró y ordenó a sus piernas que se movieran... tenía que salir de ahí, no soportaba más la mirada de la morena y su corazón estaba a punto de explotar. Al comenzar a caminar Val la tomó suavemente del brazo, una descarga eléctrica recorrió a las dos mujeres, la joven regresó a ver la mano de la morena, pero no podía articular palabra alguna... no quería volver a verla a los ojos.

-Nena... perd... -comenzó a decir Val, pero fue interrumpida drásticamente por Chantal.

-No digas nada... no tiene sentido -dijo la rubia, que sabía que no podría decir nada más sin ponerse a llorar, por lo que retiró su brazo para seguir hacia la puerta, tenía que hacerlo de la manera más digna posible.

-Chantal... no puedo justificar nada de lo que hice... ni yo misma me entiendo, pero... -comenzó a hablar la morena, mientras la joven seguía caminando. Al llegar a la puerta la encargada muy gentil se la abrió y ella siguió hacia los ascensores.

-Hola, nuevamente... ¿no te gustó la temperatura de la piscina? Quizás quieras probar la de abajo, es un poco más fresca... -comentó la chica sin darse cuenta del dilema de la rubia.

-Mmm... no gracias, todo está bien... adiós -dijo Chantal entrando en el ascensor que había llamado, sin escuchar a la chica preguntarle por su ropa y sin preocuparse de que únicamente traía puesto su bañador.

Val, que por unos instantes se había quedado paralizada, salió corriendo hacia el vestíbulo logrando poner su mano para evitar que las puertas del ascensor se cerraran, entró en él.

-¿Qué quieres? -inquirió la rubia entre dientes y ahora comenzando a sentir una gran rabia.

-Tenemos que hablar, por favor -pidió Val.

-Hablar... ¿de qué?... por qué ahora se te ocurre hablar... todas estas semanas no querías hacerlo... por favor olvídate que me viste, sigue con tu vida como yo sigo con la mía -alzó su mano para presionar el botón de su piso, pero Val no se lo permitió aplastando ella el botón que detenía el ascensor.

-Nena... sólo déjame decirte que lo siento... no quería causarte daño, ¡te lo juro!... no quería yo misma causarme tanto daño... pero, ¿qué podía hacer?, tú al otro lado del país y con tu carrera comenzando, yo con mis rollos y mi familia, mi mundo, no puedo dejarlo todo, esta relación... mmm -nuevamente le interrumpió la rubia.

-Síp... esta relación no tiene sentido... entonces mantente en eso... lo 'nuestro' fue sólo cosa de un fin de semana, las dos la pasamos bien y PUNTO! -lo dijo mucho más fuerte de lo que deseaba, y las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas, por lo que bajó su cara.

Val la alzó delicadamente y no pudo evitar limpiarle las mejillas con sus dedos, lo que hizo que la rubia sin pensarlo se apoyara a su mano aceptando el gesto como lo que era, una caricia.

Enseguida Val soltó la bata de baño que tenía con su otra mano y con ésta ahora libre rozó apenas el brazo de Chantal, al ver que la joven no se retiraba siguió hacia el hombro y luego a la cara. Con sus dos manos en el rostro de la rubia, la acercó suavemente hasta que sus labios llegaran a Chantal, quien con un fuerte suspiro que casi era un gemido se dejó llevar por la deliciosa sensación.

Fueron apenas unos segundos de ternura y necesidad de sentirse mutuamente, hasta que Chantal despertó como de un hechizo, se retiró bruscamente y usando todas sus fuerzas cruzó de una bofetada el rostro de Val.

-¿Qué te has creído? ¿Que puedes tomarme el rato que te de la gana? ¡Estás muy equivocada! -Secando sus lágrimas y con una mano temblorosa quiso presionar el botón para que el ascensor bajara hasta su piso.

Val sólo pudo poner su mano en la mejilla que ahora tenía la seña de los dedos de la joven y comenzaba a arder, sin saber qué decir y actuando por instinto, empujó a Chantal hacia el fondo de la cabina y ahora con sus dos manos fuertemente apoyadas a la pared le dijo:

-Puede ser que esté equivocada... ¡pero siento que TÚ también lo quieres! -y la besó con tremenda pasión.

Las dos comenzaban a reaccionar al estímulo, Chantal se sentía traicionada por su propio cuerpo... en segundos estaba pasando del orgullo, de la rabia, a la total sumisión, y eso la enfurecía aún más... pero lo deseaba tanto, quería sentir a Val otra vez. ¡Maldita sea... estoy perdida!, fueron los últimos pensamientos coherentes que tuvo.

-Te necesito... y tú a mi -susurró la morena mientras la devoraba a besos.

Las manos de Val ahora acariciaban todo el cuerpo de la joven, sin dejarla siquiera respirar y sobre todo sin dejarla pensar, la seguía llevando hacia donde sólo ella sabía hacerlo. En lo que parecía una eternidad, pero apenas eras instantes, las dos estaban con su respiración entrecortada y sus cuerpos en llamas, a punto de llegar al éxtasis total... y en la cabina de un ascensor.

Val logró poner nuevamente en movimiento el ascensor y esta vez hacia su suite... no quería que este momento especial, soñado y ansiado desde hacía tanto, pasara en un sitio así, incluso sabiendo que había cámaras filmándolas.

Al detenerse y abrirse las puertas dos pisos más abajo, Val se agachó a recoger la bata que estaba en el suelo, después tomó de la mano a Chantal y dándole un beso en ella le dio un pequeño tirón, que sacó de su estupor a la joven.

Chantal dio un par de pasos aunque sentía que sus rodillas le temblaban y luego se detuvo.

-No... Val,... no puedo... todo esto me ha hecho mucho daño... éste no es el mejor momento ni la mejor manera de aclarar las cosas -dijo como en un murmullo la rubia.

-Pero... mm... está bien nena... quizá podemos conversar... ven conmigo... aunque sea sólo por un ratito -estaba suplicando y lo sabía, pero no le importaba. Val había llegado a ese punto en el que el orgullo quedaba de lado y únicamente contaba el ahora.

Chantal dudó, sabía a lo que se arriesgaba y lo que esto le podía costar, pero también sabía que Val tenía razón, ¡lo necesitaba... lo deseaba... lo quería hacer!

La joven tomada aún de la mano de la morena aceptó su invitación, entraron en la suite y en ese momento la rubia se percató de su poca vestimenta, se le había olvidado retirar su ropa del casillero por el apuro de escapar de Val. Aunque ésta se encontraba en las mismas circunstancias sólo que mojada, su traje era de aquellos específicos para hacer deporte, pero de todas formas seguía siendo de lo más tentador.

-Déjame traerte algo para que te pongas, hace un poco de frío... -dijo Val notando la incomodidad de Chantal, aunque ella personalmente hubiera preferido mil veces no cubrir con nada toda la hermosura de la joven, que ahora estaba claramente expuesta. Ese traje que llevaba era tan pequeño que se podían ver cada uno de los encantos de la rubia, su busto perfecto cuyos pezones se mantenían erectos, ya sea por la corriente de aire o por la estimulación que antes habían sufrido, sus bien formadas caderas que la llamaban a gritos para tocarlas, todo en Chantal era tentador.

La joven se mantenía casi en la puerta, abrazándose ella misma para cubrirse hasta que la morena le pasó una camiseta. Se la puso y miró directamente a Val, que todavía estaba con el traje totalmente adherido a su piel, logrando con esto el efecto deseado en la joven... ella quería mantenerla con una sensación de ardor que podría aprovechar más tarde, en la guerra y en el amor todo vale, pensó Val.

-Ven... siéntate... ¿quieres tomar algo? Quizá un coñac, para calentarnos. ¡Cómo si a mi me hiciera falta!, se dijo a si misma.

-No gracias... tal vez, preferiría un té... si puedes pedir eso, gracias -dijo tímidamente Chantal.

-Claro, no hay problema... ¿quizás algo de comer?

-No... no gracias.

Inmediatamente Val ordenó el té y unos bocadillos para que los trajeran a la habitación. La morena optó por el sillón opuesto al que había tomado Chantal. Se acomodó sentándose en una de sus piernas, y la otra la recogió un poco sobre el asiento.

-Mmm... perdóname la curiosidad, pero me resulta realmente extraño haberte encontrado por aquí -dejó en el aire la pregunta para ver si la joven se animaba a contestársela.

-Estoy aquí con Karen, vinimos a pasar el 'Día de Acción de Gracias' con su familia, ellos viven en Coconut Grove, pero su casa esta noche estaba llena... y... a ella se le ocurrió venir para acá... mmm... y tú, ¿cómo estás tan lejos de tu 'mundo'...? -preguntó con cierto tono sarcástico.

-¡Já!... mi 'mundo'. Bueno, la verdad es que vine para acá escapando de él... síp... y escapando de tu recuerdo, es irónico, ¿no?

-No sé si irónico, pero... creo que el destino está jugando con nosotras. Y... mm... ¿tan malos recuerdos te traigo, para que tengas que escapar de ellos?

-No, en absoluto... más bien todo lo contrario...sólo que yo y mis benditos temores...

-¿A qué tienes miedo, Valentina? -le preguntó con la expresión totalmente seria.

-Mhmm... a muchas cosas en realidad... pero sobretodo a una... mm... al amor.

Chantal se quedó pensativa, mientras saboreaba su bebida caliente que acababa de llegar. No quería tener ningún tipo de expectativas en cuanto a este encuentro, era mejor mantenerse a distancia y observar como se desenvolvía la morena. Antes ya dio un paso en falso y le estaba costando aún reponerse del emotivo choque, más aún teniendo a Val tan cerca y tomando en cuenta que ésta no estaba ayudando en nada con su atuendo y actitud.

En estos pocos minutos Chantal se había hecho un propósito... ¡oh sí! esta vez seré yo la que tome las decisiones... mi querida Val... y si las cosas no resultan... ¡qué pena!

La morena se acomodó en un sillón grande luego de servir el té, y llevando las cosas aún más lejos, esta vez se recostó ligeramente luciendo sus atributos en toda su gloria. Chantal casi no podía evitar mirarla, con toda su fuerza de voluntad y cerrando los ojos por unos instantes, respiró profundamente y se puso de pie... caminó hasta donde se encontraba Val hasta rozarla con su rodilla y agachándose levemente le dijo:

-¿Sabes Val?... es una pena que te hayas dejado vencer por tus temores. Gracias por el té. -Le devolvió la taza que todavía tenía en sus manos e inmediatamente se dio la vuelta dirigiéndose a la salida, ya con la puerta abierta y en un rápido movimiento se sacó la camiseta que la morena le había prestado, manteniendo siempre la espalda a Val colocó la prenda sobre un jarrón que estaba adornando la entrada y cerró la puerta tras de si.

Durante todo este intercambio, Val se había mantenido casi con la boca abierta y más sorpresa tuvo al ver que en efecto Chantal se había ido.

¿¿Qué pasó aquí??... ¿en qué momento se me viró la torta?... pero se suponía que yo tenía que lograr que ella se rindiera a mis pies... o ¿no?...¡uau!... qué mujer, ahora necesito un baño de agua bien fría... diablos, ¡¡mejor helada!! Val se dirigió hacia el baño y no le quedó más que tomar en sus propias manos la solución de su pequeño problemita... ¡Ah nena, cuánto te quiero!


Chantal estaba todavía temblando por el encontronazo, no sabía como había logrado salir de la suite de Val sin haber sucumbido a sus instintos más básicos, pero tenía que ser fuerte a pesar de que eso era lo más difícil que se había propuesto en los últimos años. Mi amor...¡ cuánto te quiero!

Tomó el ascensor y fue directamente a la piscina para retirar su ropa, esperaba que aún estuvieran abiertas las instalaciones, porque de lo contrario resultaría un poco extraño que ella llegara a la habitación casi desnuda.

La habitación estaba vacía, al parecer las chicas prefirieron seguir con la fiesta por otro lado. Se acercó al teléfono ya que la luz de mensajes estaba prendida, eran dos, el primero era Karen avisándole que se 'demoraría' un poco en regresar, pero que no se preocupara.

El otro mensaje era una voz por demás conocida.

-Mmm... nena... podríamos salir mañana a algún sitio... hmm... si es que quieres me das una llamada... ¿por favor?... que duermas bien.

Una sonrisa pícara se dibujo en el rostro de Chantal y con las última palabras de Val en sus oídos fue hasta su baño para prepararse a dormir, de seguro esta noche sus sueños serían mucho más tranquilos que antes.

Quien no estaba disfrutando nada de la noche era la morena, no podía conciliar el sueño y seguía preguntándose si en realidad tuvo en sus brazos a Chantal, aunque fuera por unos breves minutos, o si fue todo producto de su imaginación, después, al sentir su mejilla que conservaba todavía rasgos de su 'encontronazo' con la mano de cierta rubiecita explosiva, supo que sí, que era real. Sonrió para si misma y se admiró de que hubiera podido sobrevivir todo este tiempo sin tener cerca a Chantal. Esa mirada intensa en esos ojos verdes profundos... esos labios tan suaves y hermosos... ese cuerpo tan... basta Val, duérmete ¡¡ya!!

*****

A la mañana siguiente, Chantal sintió movimiento en su cama y alguien que sin la más mínima delicadeza se metía entre sus sábanas.

-¡Diablos Karen, tienes los pies helados! ¿Por qué me despiertas de madrugada? -preguntó entre sueños la rubia desde el fondo de su almohada.

-¡Ja!... ¿¿madrugada??... ya son las 10 chiquita, levántate y vamos a comer algo, me muero de hambre y de ¡¡SED!!

La joven se despertó un poco y se incorporó en su cama, en verdad el sol ya estaba muy arriba.

-¡Hey! y tú, ¿dónde te metiste anoche? -dijo Karen.

-Lo mismo podría preguntar yo... -contestó la rubia evadiendo el tema.

-Je, je... lo mío fue una noche de locura... regía la pelada que me conseguí, ¿no?... bueno, el asunto es que decidimos ir al departamento de Susan, así se llama mi nena, a terminar la 'fiesta', también Jenni se fue con su amiguita y dejamos a Annie en su casa. Como tú no aparecías por ningún lado, te dejé un recadito.

-Ajá... vamos a prepararnos para desayunar o ¿almorzar?

-Pero, no me has dicho ¿dónde andabas? -insistió Karen.

-Mmm... no quiero hablar de eso ahora... aunque, pensándolo bien sí tengo algo que preguntarte... ¿¿tú sabías que Val estaba en Miami, más específicamente AQUÍ, en este mismo hotel??

-¿Yo?... ¿yo?, ¡estás loca! -contestó fingiendo sorpresa e indignación-, ¿cómo se te ocurre eso, quién te dijo que ella está aquí? -Karen era la personificación de la inocencia.

-Mmm... no sé, sólo se me ocurrió por un instante que tú estabas al tanto de eso -le dijo no muy convencida-. Bueno, el rollo es que Val está aquí y me la encontré anoche.

¡¡Gracias Dios!!, pensó Karen. -Pero y ¿qué... qué pasó? -preguntó ansiosamente.

-Nada, nos vimos, ella como siempre lanzada y queriendo solucionarlo todo con un par de besos, luego yo le di una bofetada... y nada, estoy aquí, rumiando mis penas... pero ya pasará también esto -esta última frase lo dijo sólo para tranquilizar a Karen, ella sabía que estos sentimientos no pasarían así de fácil.

-Madre mía... ¿le diste una bofetada?... y, ¿no te contestó? ¡¡mira que si lo hizo yo la mato!!, pero, ¿cómo fue... qué te dijo? ¡Mierda, cuéntame todo!

-No ahora, por favor, Karen, te dije que no tenía ganas de hablar del asunto y además tengo hambre yo también... voy a ducharme y salimos, ¿sí?

-OK... pero algún rato tendrás que contarme qué más pasó.

La rubia entró al baño e inmediatamente Karen tomó el teléfono para marcar la habitación de Val, no le importaba si ésta la culpaba de metida o qué, pero quería tener también la versión de la otra 'interesada'.

-Hola... -contestó al primer timbrazo la morena, al parecer estaba pegada al teléfono.

-Hey, tranquila... soy sólo yo... Karen.

-¡Ah!, ¿qué hubo? Chantal te pidió que me llamaras, ¿para mandarme al diablo? O ¿es por iniciativa propia? -dijo Val un tanto molesta.

-Nop... la chiquita no me pidió nada... es más, no sabe que estamos hablando... hey, dime, ¿qué pasó anoche?, ¿cómo se encontraron?

-¿Cómo sabes tú que nos encontramos?

-La enana me lo dijo... pero no quiere hablar más del asunto.

-Por algo ha de ser, pero tú dime una cosita, ¿cómo vinieron a parar ustedes dos aquí?, ¿no me habías dicho que estabas en casa de tus padres?, ¡me está oliendo algo raro!

-Será que no te has bañado, ¡porque aquí no huele nada mal! Mi casa parecía un hotel de última, repleto, y decidimos buscar alojamiento más cómodo por una noche... y voilá, aquí estamos. -Karen ya estaba preparándose para la 'batalla' que de seguro se le presentaría después con su amiga, que tampoco se quedó muy convencida de su candor.

-¿Alojamiento cómodo? Perdóname pero el Ocean no sólo es alojamiento cómodo.

-¡Hey, no había más hoteles disponibles en toda el área! Y por si lo dudas, yo también puedo pagar esta 'pocilga'... y, ¿a qué viene tanta preguntadera? ¿¿me estás acusando de algo?? -interrogó airada Karen.

-Está bien, está bien, te la voy a dejar pasar por ahora, ya volveremos sobre el asunto... ¡¡luego!!, pero ahora cuéntame, ¿qué te dijo Chantal de mí? Algo habrá comentado, o ¿no?... -preguntó afanosamente.

-Siento decírtelo, pero no dijo nada... démosle un poco más de tiempo a ver qué hace, ¿ok?, lástima que tengamos que irnos de esta hermosura a la tarde, o sea que si quieres conseguir algo... me refiero a ALGO decente, ¡tienes que moverte! Bueno, más tarde la puedes buscar en mi casa también, pero en realidad aquí sería más fácil, y ahora que me acuerdo... ¿POR QUÉ estoy yo tratando de hacerte los planes con MI amiga?

-Buh... tal vez porque te diste cuenta de que soy buena gente a pesar de mis boberías y que la ... mm... amo de verdad... ¡mierda ahí lo tienes! Te lo dije, considérate afortunada, eres la primera persona que escucha una declaración de ese tipo de Valentina Di Stefano, ni siquiera yo me la había 'escuchado' antes.

-Ajá... bien, así me gusta... ojalá mi chiquita te haga sufrir bastante por todo lo boba que te has portado, y ya tengo que cerrar, la enana acabó de bañarse, ¿no me envidias?, ¿¿hmm??, yo la voy a ver en segundos tal y como Dios la trajo al mundo, bueno casi... 'Quien ríe al último ríe mejor'... decía mi abuela, ¡¡adiosito!!

Val se quedó una vez más con la boca abierta... ¡sólo de imaginarse la escena!


-¿Lista chiquita? -recogieron un poco sus pertenencias y salieron de la habitación.

-Oye... ¿a qué hora tenemos que entregar la habitación?.

-A las 4 pm, aprovechemos hasta entonces, ¿no? Jennifer quedó en pasar por aquí para el almuerzo, si es que logra despertarse... ¡esa enana si que bebió anoche! Y tú... mm... ¿qué piensas hacer con Val, la vas a ver más tarde, quedaron en algo? -preguntó tentativamente la morena.

-Nop... no quedamos en nada, y no pienso llamarla tampoco... si ella quiere verme, que me busque... -dijo segura Chantal.

-Hey... ¿estoy escuchando algo como un 'desafío' en tú voz?, si es así me alegro infinitamente y ojalá la despampanante, alta y morena capte el reto, esto lo tengo que ver... -dijo Karen más para si que para su amiga.

-Ni te emociones... no tengo ningún plan, es sólo que ya me cansé de sufrir y ella tiene que darse cuenta de eso, es todo.

*****

Las chicas recibieron la llamada de los familiares preguntándoles a qué hora iban a regresar al hogar, ellas no tenían mucha intención de hacerlo en un futuro inmediato, por lo que quedaron en volver a llamarles. Por su lado, Chantal recibió varios mensajes de la morena, pero no quiso contestar todavía.

Era un poco antes de medio día y las jóvenes estaban tomando sol en una de las piscinas del hotel, justamente frente al mar. Se había reunido todas y formaban un grupo bastante bullicioso y divertido, Chantal también estaba divirtiéndose, en especial de las travesuras de su amiga que parecía una niña... claro, una niña bien grandecita y de lo más lanzada.

Mientras ellas tomaban unas refrescantes bebidas, Annie se acercó a Chantal a conversar un poco más tranquilamente, y para poder escucharla sobre los gritos de la gente de alrededor, la jovencita se le acercó y puso su mano en los hombros de la rubia en una posición muy íntima, las dos seguían hablando y riendo de vez en cuando. Chantal puso una de sus manos sobre la rodilla de la chica y así se mantuvieron por algún rato. Luego la rubia se recostó y la jovencita comenzó a ponerle crema, extendiéndosela por toda la espalda y las piernas, con suaves masajes y con la camaradería que esto implicaba.

Desde uno de los ventanales que daban a la piscina, Val las estaba viendo.

Chantal estaba resplandeciente, tan hermosa con ese aire juvenil que la había conquistado por completo, con aquella sonrisa dulce y sensual a la vez, dando toda su atención a esa niñita. ¡¡Una niña que apenas habrá salido del colegio, y que no le quita las manos de encima!!

Val no pudo contenerse más y decidió ir hacia la piscina, no quería hacer el papelón de la mujer celosa, pero no podía evitarlo, peor aún cuando Chantal estaba a punto de virarse y la niñita le tendría que poner crema en... ¡no!, eso no podía soportarlo.

La morena traía puesto un bikini azul brillante que no dejaba nada a la imaginación y un pareo amarrado a la cintura, de los mismos tonos de su traje.

Se puso sus gafas oscuras, que las tenía colocadas en la cabeza, y dando un respiro profundo salió.

La primera en verla fue Jennifer, sin saber que era la 'famosa' Valentina dio un codazo a su prima para que viera al hermoso espécimen, que por supuesto ya había cautivado la atención de la mayoría de los presentes, incluso un joven muy bien parecido había comenzado a acercársele.

Karen tras quejarse del golpe de su prima, regresó a ver y sonrió.

-¡Hey, cierra la boca, que te van a entrar las moscas! -le dijo a Jenni-, te advertí que era sensacional, tenía razón, ¿verdad?

-¡Uau... esa es 'LA' Val...!, con razón Chantal está como está... yo estaría igual -le dijo acercándose al oído de la morena para que sus respectivas 'parejas' no las escucharan.

Val siguió caminando a lo largo de la piscina, en el trayecto despachó a un par de admiradores y llegó hasta donde estaban las jóvenes.

Chantal tenía los ojos cerrados disfrutando del masaje de Annie y no se dio cuenta de su llegada.

Val le hizo señas a Karen poniendo su dedo sobre sus labios para que no dijera nada, y se alzó nuevamente las gafas para lanzar una mirada 'matadora' a la niña que estaba junto a su amor, ésta la vio y entendió todo, logrando tragar sonoramente, se levantó de donde estaba.

La alta morena le extendió la mano, pidiéndole con el gesto la crema que Annie aún tenía en su mano, ésta sin decir una palabra se la dio.

Val se puso un poco en las manos y se las frotó para calentarlas algo, y enseguida se arrodilló a un lado de la rubia, comenzó a masajear sus hombros y poco a poco fue bajando sus movimientos. Rozó con la yema de sus dedos el costado de la joven hasta casi topar su busto, luego siguió hacia el centro de su espalda únicamente usando sus pulgares ejerciendo presión, y bajando suavemente hasta el borde del traje, que siendo prácticamente una tanga tenía un escote muy profundo, dejando apreciar sus perfectos glúteos. Val siguió enseguida con las piernas de la joven, dedicándoles toda la atención del mundo, con sus manos apoyándose en los sitios justos y un poco más allá... sentía que la piel de la rubia quemaba y no era precisamente por el sol.

Todo este proceso era seguido atentamente por todas las amigas, las que no podían dejar de envidiar a la joven rubia, con o sin querer ellas estaban con la respiración entrecortada y tenían los ojos clavados en las manos de Val y en el trayecto que éstas iban recorriendo. Y por otro lado también querían ver que iba a pasar cuando la joven se diera cuenta de quién estaba dándole tal tratamiento.

Chantal notó inmediatamente la diferencia, ya no se trataba de que Annie le estuviera extendiendo la crema bronceadora, era mucho más... una sensación familiar y deliciosa, un masaje sensual y totalmente embriagador, lo que provocó que se le escapara un suave gemido, sin poder evitarlo, estaba casi temblando. Pero enseguida se percató de lo que había hecho y que era Annie quien la estaba excitando irremediablemente, eso no se lo podía permitir, es sólo una niña y es la prima de mi amiga, no son las manos de Val... ¡estoy alucinando!, pensó la rubia y abrió los ojos para girarse.

Frente a su cara encontró a la más hermosa de sus pesadillas, Val y su cuerpo escultural, la cual frotándose sus manos estaba lista para continuar con su masaje en el frente de la rubia.

La joven se levantó tan bruscamente que casi pierde el equilibrio y también la parte superior de su traje ya que se lo había zafado para darle mayor comodidad a Annie en su trabajo.

Tomando una toalla de la silla se cubrió apenas y se giró furiosa hacia donde venían las risas de sus amigas, que al verse descubiertas se ocuparon repentinamente en interesantísimas actividades a su alrededor.

Se giró nuevamente hacia donde estaba Val, quien tenía también una sonrisa pero de travesura. Tratando de ajustar el sostén de su bikini de la mejor forma, y con su cara totalmente roja de la ira y la vergüenza por la broma que había sido objeto, hizo lo único digno que se le ocurrió, se lanzó a la piscina.

En ese momento estallaron las risas de todas, incluyendo las de Val. Sabían que Chantal no las podía oír dentro del agua. Se tranquilizaron e invitaron a Val a que se sentara con ellas. Karen hizo las presentaciones del caso, su prima pequeña estaba ocultándose detrás de su hermana, por si acaso...

-Esa que esta ahí escondida es mi prima Annie, pero tranquila que a ella no le gustan las nenas, como a nosotras, por lo que no tienes que mirarla así... pobrecita, ¡se va a desmayar! -le dijo riendo.

-Suerte la de ella que no comparte nuestros gustos, ¡porque sino...! -también sonrió Val alzando su ceja amenazadora.

-¡¡Si que tienes agallas!! Chantal ya estaba furiosa contigo antes de esto... ahora ¡prepárate! -le advirtió Karen a la morena.

-Síp, me imagino lo que querrá hacerme... o lo que es peor lo que ya no querrá hacerme... diablos, debí pensar primero en eso.

-Oigan... ¿pedimos otra ronda de bebidas? -Karen hizo un gesto al salonero para que se acercara a ellas.

-Esta invito yo -dijo Val.

Desde donde estaban sentadas se podía apreciar la natación sincronizada de la joven, que parecía estaba tratando de cumplir con una media maratón con tal de no ir a la superficie y tener que enfrentar a la morena, pero ese momento llegó y no le quedó más remedio que salir.

En el borde estaba lista Val para ofrecerle una toalla, quitándosela prácticamente de las manos Chantal se cubrió y con aire muy altivo fue hasta sus amigas. Tomó un sorbo de su refresco, se puso sus gafas y sin pensarlo dos veces se zafó las tiras de su traje para acomodarse nuevamente en el sillón y sólo en ese momento se viró sobre su estómago, regresando a ver apenas hacia Val y señalándole la crema le dijo: -Ahora sí, pónmela...

Todas se quedaron paralizadas, el tono de voz de la rubia era frío y calculador, perfecto, pensó Karen al verla tan desenvuelta dejándose admirar aunque fuera por breves instantes, fue también... perfecto, lo pensaron todas.

Val no podía creer lo que estaba pasando, ¿donde estaba su Chantal? La que tenía enfrente era una mujer diferente en el cuerpo de su nena, pero igual... ¡¡me encanta!!, pensó.

Comenzó su dulce 'tarea' y esta vez era ella a quien le temblaban las manos, no sólo por la actitud de la rubia sino también por la emoción de tocarla.

Cuando la rubia consideró que era suficiente y sin cruzar palabra con la morena, tomó de su bolso un disc-man y se colocó los audífonos, dando por terminada la labor encomendada. Val que sí se sentía realmente 'acalorada', aceptó la invitación de Annie para ir a nadar.

Todas estaban hambrientas, prefirieron pedir algo en el mismo sitio, al cabo de unos minutos se lo trajeron y todas disfrutaron su comida, fue Val quien se encargó de firmar la factura, a pesar de las protestas de las chicas. Chantal ya había recobrado su buen humor y estaba pasándola bien con sus amigas, claro que ignoraba a la morena.

Ya se estaba haciendo tarde y las dos amigas debían dejar su habitación en poco más de una hora, por lo que Karen tomó de la mano a Susan y les informó a las demás que se iba a 'preparar' y que francamente era mejor sino subían por un buen rato, se lo dijo mandándoles un guiño.

Todas rieron entendiendo la indirecta. También Jennifer y su pareja decidieron despedirse y preguntaron a la más pequeña si quería que la dejaran en algún sitio en particular, ella les dijo que por su casa, ya que unos amigos la irían a visitar más tarde.

-¿Nos vemos en la casa de mis tíos en la noche? -preguntó Jenni antes de irse-. Val, tú también vas, ¿verdad? Y oye, gracias por todo chica.

Val y Chantal se quedaron solas e incómodas por lo inesperado de la situación. La rubia sabía que no podía ir hasta su habitación por ahora, pero no se imaginaba que las otras amigas también la iban a dejar tan pronto.

-Si tienes que irte... hazlo, no te preocupes por mí. -Le aclaró la rubia a Val.

-Nop... no tengo nada que hacer y ya sabes que prefiero mil veces estar contigo.

Chantal no volvió a decir nada más. Tomó una revista y comenzó a hojearla pero sin mayor interés, ya que en verdad su atención estaba en otro lado, por suerte tenía puestas sus gafas, así no se delataba, ya que Val se había recostado en un sillón junto a ella y se estaba poniendo también bronceador.

Cuando eran casi las 3:30, un joven salonero se acercó a las mujeres con un teléfono en sus manos y se lo pasó a la rubia. Era Karen que le avisaba que ya estaba 'lista' y que si quería ella también podía subir, "claro, si no tienes otros planes, chiquita", le había dicho.

La joven se levantó, tomó su bolso guardando en él sus cosas y regresó a ver a la morena.

-Creo que ya no nos veremos más, adiós Val... y que en 'tu mundo', ¡todo vaya bien! -le dijo y sin esperar su respuesta, comenzó a caminar sintiendo que tenía clavada la mirada de la morena.

-¡Hasta que nos volvamos a encontrar, mi amor! -dijo Val en un susurro.


Esa misma tarde Val decidió dar por terminadas sus vacaciones, no tenía sentido andar detrás de la pequeña como 'perro arrepentido', Chantal no necesitaba eso, ella se merecía todo y Val no estaba lista para tal compromiso, no todavía. Le fue bastante difícil conseguir un vuelo hacia San Francisco, y debió pagar una buena multa en el hotel por los días que estaba cancelando, pero en realidad no le importaba, otra vez estaba escapando a su destino y eso era lo difícil.

Continuará...


Indice Fan Fiction

Página Principal