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HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR
Por Met
CAPÍTULO II
Al siguiente día, el viaje a la campiña resultó largo y no muy interesante para cierta
rubiecita impaciente. Las otras chicas, al parecer sí la estaban pasando bien ya que sus
parejas también habían decidido unirse al grupo.
A la hora de almuerzo, la joven hizo una llamada a la morena para avisarle que dentro de
unas cinco horas estarían llegando a El Rancho, aún estaban en el Valle de Napa y debían
visitar un viñedo más antes de dirigirse al Valle de Sonoma.
Val estaba tremendamente ansiosa por ver a Chantal, pero estaba también muy nerviosa por
lo que esto representaba. Por lo general la morena era extremadamente privada en sus
cosas personales, de hecho nunca había llevado a nadie al Rancho, y todas sus relaciones
habían tenido siempre un carácter práctico y fuera de la vista de los curiosos. Tenía
amistades en la ciudad y en el Valle, pero era ella quien las buscaba cuando lo quería.
Todo esto intranquilizaba más a Val, sabía que tendría los ojos de todo el mundo sobre
ella, en especial de sus tíos... ellos la querían infinitamente, sabían y aceptaban su
orientación sexual, pero por todo eso se preocupaban aún más, si fuera eso posible.
Se mantuvo por varias horas organizando asuntos pendientes en su oficina, luego
atendiendo a varias personas que necesitaban verla 'urgentemente', en vista de que su
tío todavía no regresaba de su propia convención. Debía arreglar también lo del personal
extra que requeriría, ya que pronto comenzarían las cosechas, y por supuesto revisar
horarios y programas para los visitantes de las próximas semanas. Y pensando en visitas,
su mente volvía a la rubia.
Eran ya las 5:00 y a pesar de estar muy ocupada aún, avisó a su secretaria que se iba a
retirar. Patty se quedó sorprendida, pero ni loca comentaría nada, ella sabía del genio
de su jefecita. Al verla retirarse hacia la zona donde se hallaba ubicada su casa, la
secretaria regresó a ver a su compañero de oficina y él sonrió.
-Regresó media rara la jefa, ¿no? -dijo Joe.
-Desde que llegó hasta ahora no la he oído gritar a nadie... essso sí es raro, ¿será que
luego va a estallar de una sola? ¡Dios me libre de estar cerca! Mmm... pero hablando en
serio sí está extraña, algo le debe de haber pasado en San Francisco.
-¡Qué chismosas son las mujeres... a mi no me importa si grita o no, con tal de que no
sea contra mi!, pero por otro lado es lindo verla sonreír de vez en cuando, ¿no?
-Ajá...
Val quería refrescarse antes de que Chantal llegase, además los nervios no le permitían
concentrarse en su trabajo. Se duchó y cambió para salir a recibir al grupo de IBA,
tenía personal especializado para este servicio, pero quería estar ahí cuando llegase la
rubia.
Apenas antes de las 6:00, los autobuses entraron en El Rancho, Gianni, el jefe de los
guías, dio la bienvenida a los visitantes en nombre de El Rancho y Vinícola ViDissa.
Enseguida comenzaron a organizar los diferentes grupos y el personal encargado de cada
uno de ellos los llevaría a sus habitaciones.
Las chicas vieron admiradas lo hermoso del sitio, el personal lucía trajes típicos
italianos y eran tan cordiales, que ellas se sintieron trasladadas a un pueblecito de la
Toscana en cuestión de minutos. Desde la recepción Val observaba como bajaban los
pasajeros y sus guías los atendían... ¡Perfecto, como debe ser!, pensó satisfecha,
y por supuesto entre el grupo pudo divisar fácilmente al objeto de sus emociones junto
a sus traviesas amigas.
Cuando el área se descongestionó un poco, ella se les acercó. Chantal ya la había visto
pero prefirió que fuera la morena la que diera el primer paso, era mejor estar
preparada por si las cosas no eran como ella esperaba.
-Hola nena... ¿tuviste un buen viaje? -preguntó Val suavemente mientras se acercaba a
darle un beso en la mejilla y sonreía sobre el hombro de la rubia a sus amigas-, ¿qué
tal chicas?
-Nosotras perfectas, por lo poco que pude ver al entrar en el Rancho, este sitio es
espectacular, hey Shyla, ven que te presento a la dueña... -decía Karen mientras llamaba
a su amiga y daba un fuerte apretón de manos a la morena.
-Hola guapa... -saludó también Joan y se retiró a coger su equipaje.
-Tuvimos un buen viaje, gracias -contestó tímidamente Chantal tomando de la mano a Val.
En ese momento el guía de su grupo, un jovencito muy simpático, las llamaba para
organizarlas.
-Señoritas, señores... yo soy Jimmy y estoy a sus órdenes, por favor, ¿podrían seguirme
para conducirles hasta sus cabañas? Fueron distribuidas de acuerdo a sus reservas, pero
si alguien tiene alguna duda o algún inconveniente con su cuarto, por favor háganmelo
saber, con mucho gusto arreglaremos el asunto.
El jovencito estaba algo nervioso al ver a la gran jefa en la recepción, esto no solía
suceder y el sentía que la voz se le comenzaba a quebrar.
Val se dio cuenta de que estaba causando incomodidad en el personal, no quería que nada
saliera mal y optó por retirarse un poco para dejarlos trabajar tranquilamente. Tomó de
la mano a Chantal para llevarla afuera.
-Ven, mejor salimos, después yo te llevo a tu cabaña, y no te preocupes por el equipaje,
Jimmy sabrá que hacer con él, por lo menos eso espero -lanzó una mirada sobre su hombro
al muchacho, que entendió perfectamente lo que tenía que hacer, claro que le temblaban
un poco las manos por el intercambio de miradas con la jefa.
-Te tienen... ¿miedo? -inquirió Chantal pasando gustosa su brazo por la cintura de Val,
mientras ésta le ponía el suyo al hombro.
-Eso espero, ¡hey, no me veas así!, es una broma, aunque creo que sí me temen un poco...
y no se por qué, yo soy una santa, ¿verdad? -sonrió con picardía y la rubia lo entendió
muy bien.
Val condujo a Chantal hasta su jeep y le abrió la puerta, antes de que ésta entrara se
acercó y le dio un beso apasionado, era justo lo que las dos estaban necesitando.
-Hey... te extrañé, ¿quieres conocer mi mundo?
-Claro que sí... y ¿sabes?, yo también te extrañé -contestó la rubia.
Tomaron un camino lateral hasta llegar a una pequeña plaza con una fuente en el centro,
ésta se encontraba en un patio interior y no tenía acceso a los turistas -por lo que
pudo apreciar Chantal-, junto a la fuente había unas parras y bajo ellas se encontraban
dispuestos unos sillones y unas mesas, todo adornado con hermosas jardineras y con
faroles que comenzaban a encenderse a su paso, a pesar de que todavía el sol estaba
afuera. Val condujo a Chantal a uno de los sillones.
-Debes de estar cansada, ¿verdad?, ¿quieres tomar algo? -le dijo mientras con un gesto
llamaba a un salonero que salía de una de las casas al verlas llegar, al parecer de la
principal del conjunto.
-La verdad es que sí, estoy muerta, y gracias, te acepto un vino... ¿vino blanco?,
porque pedir agua aquí sería un pecado, ¿no?
-Muy graciosa. Joseph, por favor, nos traes un par de copas de mi cosecha especial... y
después te puedes retirar.
-¡Este sitio es hermoso! Me da la impresión de estar en Italia.
-De eso se trata, queremos crear esa ilusión, aparte de que para la familia es
importante estar en contacto con nuestras raíces, a pesar de la distancia -terminó
bajando la mirada y Chantal entendió que estas últimas palabras la entristecían, pero
pensó que éste no era el momento oportuno para preguntar nada, quizás más adelante la
morena misma le contaría su historia.
-¿Tú vives en esa casa? -señaló a la cabaña situada detrás de ellas.
-Ajá, es mi casa, ¿la quieres conocer ahora?
-Luego -sonrió Chantal.
-Ok... mm... la grande que tienes a la derecha es la de mis tíos, las de atrás son de
los administradores, pero ellos no tienen acceso directo a esta parte, sólo mis tíos y
yo, ¡claro! Sam la mandó construir para mí hace unos ocho años, antes vivía con ellos,
pero ahora ya soy 'grande' y necesito mi independencia...
-Sí, grande, definitivamente... grande... -Chantal se acercó a la morena y le tomó la
cara para besarla.
Val respondió con gusto, al rato se levantó y guió a la rubia consigo.
Recorrieron todos los sitios preferidos de la morena y tras disfrutar de un hermoso
anochecer, decidieron regresar hasta la cabaña asignada para las jóvenes.
-Amor... regreso por ti en una hora para ir a cenar, ¿te parece bien?, o ¿prefieres
cenar con el grupo? -sugirió Val alzando juguetonamente sus cejas.
-¡Imagínate! -se acercó para abrazarla suavemente-. Está bien una hora, pero que no sea
más, ¿ok?
Al entrar en su habitación, Chantal se sentía en las nubes, ¡definitivamente el fin de
semana sería espectacular!
*****
-Hola chiquita... ¡pensamos que no volveríamos a verte nunca más! ¿Dónde andabas, hmmm?
¿Se puede saber o está prohibido para menores? -enseguida preguntó Karen.
-Estaba conociendo El Rancho, mal pensada, hay tantos sitios hermosos y especiales para
Val... creo que estoy hechizada con el encanto de este lugar.
-¿Con el lugar... o con la morena? -bromeó Joan desde la terraza.
-Las dos cosas -contestó Chantal riendo.
-¡Suerte la tuya nenita! No todos los días unos se encuentra con la dueña de medio mundo
que claramente está a tus pies.
-No seas materialista Karen, por favor, tú sabes que eso a mi no me interesa.
-Ok, pero siempre es bueno saber que quien te mueve el piso no es un desadaptado muerto
de hambre, ¿no? Bueno querida, lo interesante es que lo pases bien, ¿cierto? Y claro,
también nosotras la vamos a pasar súper bien, sólo mira a tú alrededor, al parecer la
morena ordenó que te trataran como una reina, y por ende a nosotras. Estoy segura de que
las otras cabañas no son ni la mitad de lindas, ni tienen todas estas 'maravillas'.
En verdad la hermosa cabaña que prácticamente era una suite, tenía toda clase de
sorpresas, canasta de frutas, vino, bandeja de quesos y unas lindas flores silvestres
que tenían una tarjeta, Chantal la tomó para leerla.
"Bienvenida, ¡estoy feliz de tenerte aquí!
VDS"
Chantal sólo suspiró y guardó la tarjeta en su bolsillo, con una gran sonrisa en su
rostro comenzó a prepararse para su noche especial.
Al rato, cuando las tres estaban casi listas para salir, alguien tocó suavemente a la
puerta... Karen la abrió para encontrar a un apuesto caballero con una sonrisa de oreja
a oreja.
-Ciao cara, ¿ya está lista Joanni? -era Paolo que con su simpático acento preguntaba por
la pelirroja.
-¡Hey! Estás muy guapo, pasa muchacho, ¿a dónde piensas llevar a mi niñita? Sabes que
debes traerla de regreso a casa antes de medianoche, y mucho cuidado en dónde pones tus
manitas, ¿ok? -bromeó Karen, pero el joven, al no captar muy bien la entonación de la
morena, comenzó a preocuparse. ¿Serán esas las costumbres aquí?, pensó el pobre
mientras sonreía nerviosamente.
Por suerte para él, Chantal estaba escuchando la conversación y decidió intervenir para
tranquilizar al muchacho.
-No le hagas caso... Karen está sólo molestándote, y hola Paolo, ¿cómo estás? -se acercó
dándole la mano para saludarlo-. Joan estará lista en unos minutos más, ven, siéntate.
-Yo sé que ella bromeaba -comentó Paolo un tanto aliviado, estrechando la mano de la
rubia-. ¡Es bueno verte, bella!
Mientras ellos se saludaban, se escuchó otro golpe en la puerta, esta vez mucho más
fuerte que el anterior.
-Creo saber quién es esta vez -dijo traviesamente Karen.
Al abrir tenía frente a sí a una despampanante y altísima rubia, que con sólo su mirada
casi la desvestía.
-Hey querida, se te ve magnífica -y sin más palabras la rubia tomó posesivamente de la
cintura a Karen y le dio un tremendo beso que dejó a los espectadores con la boca
abierta.
Al recuperarse la morena, y luego de arreglar su cabello un poco se giró y dio una
sonrisita a sus amigos que las estaban contemplando aún sin salir del asombro.
-¡Humm, uau, qué saludo nena, justo como a mi me gusta! ¿Quieres pasar hasta que
termine de arreglarme? -le tomó de la mano y le indicó un sillón en la salita.
-Hola a todos, Chantal, ¿cómo está la ovejita perdida? -dijo Shyla.
-Bueno, tanto como perdida no creo, sólo... ¡entretenida en otros lados!
-¿Qué tal Paolo, cómo vas? Veo que tan elegante y guapo como siempre, ¿sabes?, si no
hubiera encontrado mi media naranja aquí presente, creo que ya estaría detrás de ti -le
hizo un guiño al joven quien se puso de todos los colores.
Chantal no podía creer lo que estaba oyendo, ésta sí que era una joven lanzada,
quedándose corto al describirla. Es perfecta para ti Karen, ¡ahora sí vas a probar
lo que es bueno!, pensó la rubia sonriendo para si.
Enseguida salió Joan del baño y todos saludaron, ella no había escuchado la conversación
y no sabía por qué su amigo estaba tan nervioso y colorado. Éste, al verla, trató de
recuperarse levantándose inmediatamente.
-Cara mia... ¡¡sei bellíssima!! -dijo el joven tomando la mano de Joan y acercándola a
sus labios.
-Mmm... gracias -contestó Joan y se dirigió hacia la puerta que nuevamente sonaba.
Todos se volvieron a mirar para descubrir en ella a la imagen de la elegancia y
perfección, Val, con su porte único sobresalía siempre sobre todos y esta vez no era la
excepción. Lucía un hermoso traje de pantalón en seda negra que cubría todas sus curvas
como un guante, sus hombros y espalda descubiertos y un escote que dejaba muy poco a la
imaginación, adornado con una sencilla cadena de oro que llegaba hasta la mitad del
busto, tenía su cabello recogido ligeramente dándole un aire casual y haciendo
sobresalir aún más sus hermosas facciones.
-Hola... humm... ¿puedo pasar? -saludó la morena después de unos segundos en que todos
la miraban sin pestañar, comenzando a sentirse incómoda.
-Claro... pasa... estás en tu casa, ¿no? -desde lejos reaccionó Karen y aclaró su
garganta que de pronto se había quedado seca.
Todos, una vez que lograron salir del encanto y sonrieron con la broma, comenzaron a
saludar. Chantal sentía que su corazón iba a por salírsele por la boca y no podía
articular palabra. La alta morena se le acercó y le tomó de la mano dirigiéndola hacia
si y le dio un suave beso en la mejilla, para inmediatamente decirle con suavidad:
-¡Estás maravillosa!, como siempre. -Los ojos azules de la morena resplandecían de
emoción.
-Gracias amor, tú también estás... ¡uau! -exclamó Chantal con una hermosa sonrisa.
Definitivamente esta mujer me quita el habla... ¡¡y eso es raro!!, no parezco abogada,
¡¡ni siquiera llego a escolar!! Diablos, ¿dónde quedó mi famosa elocuencia?
Al verse todos en la pequeña salita, en una situación un tanto incómoda y dando la
apariencia de jovencitos en su primera cita en grupo, comenzaron a reír con gusto.
-Bueno muchachitos -dijo Karen-, basta de tantas sonrisitas y vamos a pasarla bien, ¡ah!
y mucho cuidado, pórtense bien y no hagan nada que yo no vaya a hacer... eso les da un
buen margen de acción... mmm... ¿¿tal vez demasiado amplio??... -bromeó fingiendo
preocupación.
Todos volvieron a reír y salieron con sus respectivas parejas, la noche estaba hermosa y
el ambiente definitivamente era encantador, se dirigieron a la plaza central donde todo
se encontraba iluminado con pintorescos faroles, había músicos y pequeños restaurantes
a lo largo de la calle principal.
Con el pasar de los minutos, la zona se iba llenando de turistas, que eran distribuidos
de acuerdo a sus respectivos grupos en diferentes restaurantes.
El grupo de Chantal y sus amigas llegaron hasta un pequeño y hermoso local, al más puro
estilo campesino. En vista de que los participantes del tour post-convención eran muchos,
prácticamente todo el complejo lo llenaban abogados de IBA, lo cual resultaba muy
agradable ya que después de haber pasado una semana juntos se conocían y muchos habían
entablado amistad.
Ése era el caso de los ocupantes de la mesa de las tres jóvenes amigas, cada una con su
pareja y unas cuantos colegas más de diferentes partes de Estados Unidos y otras
naciones. Pasaron unos momentos muy agradables conversando y saboreando las deliciosas
especialidades del local. Val se disculpó unos minutos y después de dar un dulce beso a
Chantal salió hasta la recepción.
-Hola Mark, ¿me prestas tu línea interna, por favor? -pidió Val al administrador de 'Il
Grillo'.
-Claro señorita Di Stefano, aquí la tiene.
-Gracias -tras unos instantes y al recibir contestación del otro lado de la línea-:
Hola tía Vivi... sí todo está bien... no, no te preocupes... estoy en la Villa con unos
amigos... hmm... sí, ya comí... sí, todo estuvo perfecto, como siempre... mmm... ¿puedo
pedirte un favor?... ¿estás muy ocupada en este momento?... bueno es que quiero que
conozcas a alguien... ajá, es ella... la quiero llevar hasta allá para presen... no...
voy... ¡ok!, está bien... ¡te espero! -No me dejó ni acabar la frase... parece que
tiene curiosidad, sonrió.
Al ir de camino a su mesa se preguntó por qué quería que su tía conociese a Chantal.
Fue un impulso llamarla, ¿qué raro? ¡Pero quiero que la conozca!
Val regresó a la mesa y tomó de la mano a Chantal, se acercó para que sólo ella le
escuchara y le avisó que su tía iba de camino para conocerla. Por supuesto la rubia casi
se cae de la silla por la impresión, ninguna de sus otras 'relaciones' antes le había
presentado a su familia, ni ella tampoco había tenido ningún deseo de conocer a nadie.
Con Val todo era diferente, pero ¿quizás todo va demasiado rápido?, pensó la
joven.
La morena le sonrió para darle confianza en que todo iría bien y Chantal le tomó
fuertemente de la mano. Mientras, los músicos seguían tocando canciones tradicionales y
esa mesa en particular era 'atendida' con el mayor esmero posible, ya que todo el
personal puso lo mejor de si sabiendo que la jefa estaba entre los visitantes y NO
podían darse el lujo de fallar en lo más mínimo.
En un primer momento Val había pensado en salir a cenar a solas con la joven,
probablemente pedir el servicio en su casa para hacerlo en un ambiente íntimo, pero al
ver al animado grupo de amigos y saber que Chantal se estaba divirtiendo, dejó que la
rubia misma decidiera que era lo que ella prefería hacer. La joven optó por seguir con
todos en la cena y luego tomar el 'postre' a solas, esto era algo que resultaba
realmente prometedor.
Val también se sorprendía de si misma, el tener a alguien en el Rancho ya le resultaba
extraño, en este caso fueron las circunstancias las que le trajeron aquí, pero querer
que su familia conociera a ese alguien sí que era inesperado. Se sentía tan contenta
junto a la joven, que en ese momento no le importaba lo que dijeran a su alrededor, ella
que siempre se había cuidado de que no la relacionaran con nadie, nunca había querido
que sus empleados tuvieran nada de que hablar y sin embargo ahora quería... necesitaba
que su tía la conociera. Sus tíos y primos eran las personas más importantes en su vida,
y quería que ellos compartieran su felicidad.
En ese momento, Val supo que su tía había entrado en el local ya que los empleados
comenzaron a murmurar y a moverse de un lado al otro. Vivi se detuvo unos instantes en
la recepción y pidió una botella de champán, la mejor del establecimiento, e indicó que
la llevaran a la mesa de su sobrina, cuando ella lo solicitara.
-Hola linda -dijo acercándose a la morena y dándole un cariñoso beso en la mejilla-. Soy
Viviana Di Stefano, espero que los estén atendiendo bien -saludó mirando alrededor con
una encantadora sonrisa.
Todos miraron a la señora y agradecieron la gentileza, aunque Chantal sabía que no sólo
se trataba de cortesía de la casa, Vivi, con su dulce sonrisa, la examinaba intensamente.
Val se puso de pie y pasó su brazo por el hombro de su tía y le dijo:
-Tía Vivi, quiero presentarte a mis amigos, Karen, Joan, Paolo, Shyla y ella es Chantal
De Lancel... mmm... Chantal, ésta es mi querida tía Vivi. -Val colocó su otra mano sobre
el hombro de la rubia. Ésta se levantó también y extendió su mano a la señora, los demás
sonrieron saludándola.
-Mucho gusto señora Di Stefano -dijo tímidamente la joven.
-¿¿Señora??, llámame Vivi, ¡¡no soy tan vieja!! Además LA señora Di Stefano era
mi suegra... claro que la pobre ya murió, ¡¡gracias a Dios!! -exclamó mirando
pícaramente a su sobrina, ya que estaba hablando de su abuela, quien le echó una de sus
miradas. Vivi se acercó a la joven rubia y le dio un beso en cada una de las mejillas,
al estilo italiano... Chantal se quedó por unos instantes sin moverse, pero después de
haber vivido durante largas temporadas en Europa, sabía de sus costumbres y sonrió.
Las amigas de la rubia estaban muy pendientes de los acontecimientos ya que sabían de
qué se trataba el asunto, incluso Karen le había dado un pequeño apretón a su mano antes
de que la rubia se pusiera de pie.
-¡Eres tan linda... y tan joven! ¿Cómo es que ya estás en el grupo de los abogados?
-comentó Vivi.
-Gracias. Bueno en verdad... no soy tan joven como parezco y ellos... -señaló a sus
colegas y amigos- ...no son tan viejos... ¡como parecen!
Todos rieron animadamente, Val y Chantal respiraron con alivio, los primeros instantes
en las presentaciones formales habían pasado. Vivi pidió al mesero que le acomodara un
sitio en la mesa y que le trajese el champán.
-Chicos, los voy a acompañar un rato, si es que no tienen inconveniente. -Todos
aseguraron que no.
-Tía Vivi... ¿a qué se debe el champán? -preguntó Val.
-Estás feliz y quiero brindar por eso... ¿puedo? -contestó su tía.
-Síp... tienes razón... debemos brindar por eso, pero sobre todo por la causante de eso...
-dijo Val mirando fijamente a Chantal.
Alzaron sus copas y brindaron.
-Niña, o es una tremenda coincidencia o ¿tú eres familia de los De Lancel de Valmont?
-inquirió intrigada Vivi.
-No, no es coincidencia, mi bisabuela fue Eve De Lancel -aseveró la joven muy orgullosa.
-¡Hey, eso merece otro brindis, qué bueno tenerte en nuestra casa! -y dirigiéndose a Val
dijo sonriendo-: nena, ¿por qué no me avisaste de que esta preciosura era de la
aristocracia vinícola?
-La verdad, tía Vivi, tú y yo aún no hemos tenido tiempo de conversar de nada -se
disculpó.
-Tienes razón, pero cuéntame jovencita, ¿tú de quién eres hija? ¿Cómo está Delphine?,
no la he visto desde hace como... mm... diez años, la última vez que estuvimos juntas
fue en una reunión de vinicultores en Verona y luego de eso supe que tuvo serios
problemas de salud.
-Yo soy hija de Anne, la hija mayor de Freddy, y sí, lastimosamente mi tía abuela sigue
delicada de salud, su corazón no le permite realizar ningún esfuerzo y hasta sus
reuniones tan queridas ya han quedado en el pasado. Pero ¿sabes Vivi?, yo estuve con
ella en aquella reunión que mencionas, acababa de graduarme en colegio y fui a pasar una
temporada en Francia con la familia, antes de comenzar la Universidad, coincidió el
viaje y quise acompañarla junto con una de mis primas mayores. Recuerdo que fue una
experiencia maravillosa, ¡tu tierra es en verdad bellísima!, nunca olvidaré los campos
cerca de Bardolino, el fascinante lago de Garda, ¡ah! y tampoco una de mis primeras
borracheras, ¡con nada menos que un Chianti...! -con estas declaraciones Chantal había
conquistado definitivamente a Vivi, ésta ya no cabía en si de tanta alegría.
La jovencita era hermosa, inteligente, conversadora tanto o más que una italiana,
definitivamente adinerada, pero sobre todo era también una conocedora del vino y de sus
raíces... ¿qué más podía pedir para su sobrina? ¡¡Dios, qué dulce es la vida!!,
pensó Vivi.
Las dos siguieron conversando animadamente largo rato, Val se limitaba a mirarlas y
sonreír al verlas tan entretenidas mientras mantenía su brazo sobre Chantal, de vez en
cuando su tía se apoyaba sobre su brazo al preguntarle algo o al hacer referencia a
algún asunto, y la morena contestaba con un gesto o una sonrisa, no había necesidad de
nada más, las dos habían encontrado su pareja perfecta para hablar. De rato en rato
también se incluían Karen y Paolo, aprovechando Vivi para hablar italiano con el joven,
que también resultó ser un buen conocedor de vinos.
Los brindis seguían por cuenta de la casa, y todos los miembros de la mesa estaban
disfrutando mucho del ambiente del lugar, al cabo de un par de horas y queriendo seguir
con el aire festivo todos acordaron seguir la reunión en un bar. Vivi se despidió de los
muchachos y dio un abrazo muy cariñoso a Val y Chantal, a quien invitó para el almuerzo
en su casa al día siguiente.
Salieron y Val tomó de la mano a la rubia, fuera, como era de esperarse, los festejos
apenas comenzaban y todos estaban más que dispuestos a pasarla bien.
Karen no había tenido tiempo aún de salir del restaurante cuando sintió un buen apretón
de su explosiva compañera, por lo que apenas hizo un gesto con la mano y la pareja se
perdió en la multitud. Por su lado Joan también tomada de la mano de su caballero se
unió al grupo que iba hacia el bar y preguntó a Chantal si ellas venían.
-¿Quieres ir, linda? -preguntó Val casi temiendo la respuesta.
-Nah, creo que nosotras tenemos otros planes para el postre, ¿verdad nena? -Chantal
guiñó el ojo a la morena, quien dio un suspiro de alivio y una gran sonrisa.
Se despidieron de sus amigos y fueron en el otro sentido.
Tomaron el jeep de Val y se dirigieron hacia su casa, que estaba iluminada para dar un
aire homogéneo a toda la zona, a pesar de su ubicación en un área privada podía ser
observada desde lejos. Saludaron a los guardias en la puerta del complejo.
Al entrar Chantal recorrió con su mirada el vestíbulo y le pareció hermoso, mantenía el
mismo estilo en la decoración de todo el Rancho, que venía a formar una pequeña campiña
italiana extendida en el magnífico valle de California.
-Ven nena, te doy un pequeño tour por mis dominios, jaja -tomó de la mano a la joven y
bajaron un par de escalones de piedra, entraron hasta una sala dominada por una gran
chimenea, asientos de piel negros que lucían tremendamente cómodos, llenos de cojines
en colores tierra, muchas plantas y varias mesitas con lámparas ya encendidas, alfombras
en diferentes tonos que iban de acuerdo a la decoración y bajo éstas un impecable piso
de madera obscura. Los ventanales que cubrían toda la pared posterior daban a una
terraza.
Pasaron hacia el comedor, que igualmente era hermoso pero se notaba que no tenía mucho
uso, luego por un costado se entraba en la cocina, con menos uso todavía, pero sin lugar
a dudas un sitio pensado en brindar las mayores comodidades posibles a su usuario.
Disponía de todo tipo de utensilios, muebles acompañados de plantas y ventanales que
bordeaban la misma terraza que la sala. Tenía un pequeño desayunador con taburetes altos,
la rubia pensó que seguramente era aquí donde Val comía.
La morena le dijo a Chantal que hacia el otro extremo de la cocina estaba el cuarto de
servicio y la bodega, por lo cual podían pasar por alto esa parte.
Subieron y enseguida encontraron una salita muy acogedora con una gran televisión y un
equipo de música muy moderno, una de sus paredes la cubrían premios y diplomas, la joven
se acercó para ver de qué se trataban, eran reconocimientos de calidad de empresas
vinícolas, varios premios de concursos nacionales e internacionales con primeros y
segundos lugares, certificados de participaciones como jurado y muchas cosas más, todas
a nombre de Valentina Di Stefano. Tras un mueble divisorio había una oficina con su
computadora y miles de papeles por todos lado, también había un gran librero, la rubia
miró sus estantes y pudo leer varios títulos de finanzas, mercadeo, administración de
empresas, ventas..., la mayoría por descontado de vinos y todo lo relativo a ellos, otros
tantos de Italia y lo que de seguro era una colección de novelas o algo así en italiano,
también vio varios de mitología griega... esto último le llamó la atención y tomó uno de
ellos.
-¿Sabes Val? Uno de mis pasatiempos es la mitología griega, ¡es extraño encontrar a
alguien que tenga también ese gusto! -dijo Chantal admirada.
-Sí que es extraño, pero ahí lo tienes, también es mi pasión, bueno, una de mis pasiones...
-Y... hmm... ¿cuáles son las otras? -preguntó la joven mientras regresaba el libro a su
sitio y se viraba sonriendo hacia la morena.
Enseguida Val la tomó entre sus brazos y le dijo casi como un murmullo:
-Ya sabes que una es el vino y la otra, definitivamente... ¡¡eres tú!!
-¿Yo o las mujeres en general?
-No hay 'mujeres' en mi vocabulario, así que menos en mi vida, ahora sólo estás tú y
tengo toda la impresión de que serás una pasión muy fuerte -comentó Val con una voz
suave pero muy segura, acercándose hasta rozar sus labios con los de la joven, quien
instantáneamente puso sus manos alrededor del cuello de la morena para guiarla aún más
cerca y tomar sus labios con fuerza.
Al separarse escucharon la respiración agitada de las dos y sonrieron, Val la dirigió
hasta el corredor en donde le indicó con un gesto de su mano que la puerta hacia la
derecha era una habitación de huéspedes y la otra hacia la izquierda era la suya.
Cuando abrían la puerta, escucharon un timbre en la oficina, era un intercomunicador.
Val regresó a su escritorio para contestar.
-¿Qué pasa? -contestó molesta, presionando el botón.
-Val, soy Pietro, tenemos un código S en el área 12 y sabes que seguridad no actúa sin
tu autorización, ¿qué hago?
-Mmm.... diablos... tenían que fastidiarme con una bobería así. Llama a Richard y los
encuentro aquí en dos minutos. -Val cerró los ojos y respiró profundamente antes de
hablar.
-Nena, discúlpame, nuestro postre tendrá que esperar unos minutos, te prometo que
trataré de solucionar el problema lo más rápido posible, ¿ok? Por favor, siéntete en tu
casa y trata de esperarme... mmm... ¡despierta! -dijo Val con una expresión de
preocupación-, ¿o preferirías que pida a alguien que te acompañe a tu cabaña hasta que
yo me desocupe?
Mientras hablaba entró en su dormitorio para cambiarse, tomó de su vestidor unos jeans y
una camiseta, entró al baño para en instantes salir lista.
-No, no te preocupes por mi, estaré bien aquí, ve tranquila, ¿sí?... mmm... yo
aprovecharé el tiempo para curiosear... ¿puedo?
-Claro que puedes curiosear, pero cuidado con mi colección de tortuguitas.
-¿¿¡¡Quéee!!??
-Síp... ¡tortuguitas! -Las dos bajaron riendo y se dieron un beso antes de abrir la
puerta. Al ver a sus ayudantes afuera, Val inmediatamente cambio la expresión de su
rostro y les dio una mirada mortal.
-Vamos... ¡inútiles! -les dijo, mientras se dirigían hacia el auto que los esperaba.
Chantal cerró la puerta y dio un gran suspiro, las cosas no estaban saliendo como ella
hubiese querido, pero eso no significaba que dentro de poco no cambiaran, y la espera
definitivamente valía la pena. Ya lo sabía por 'experiencia'.
Ahora el asunto es mantenerme ocupada para no quedarme dormida, porque después de
todas esas copas de vino con Vivi y el viajecito, mis defensas están bajas. Bueno,
veamos... mmm... ¿qué puedo hacer? Primero voy a conocer el dormitorio de mi nena, ya
que antes me quedé en la mismísima puerta.
¡Vaya, esto sí que está lindo!, pensó Chantal al entrar en una habitación
magníficamente decorada y muy funcional, ¡¡justo como su dueña, bella y práctica!!
El lugar tenía unos ventanales inmensos, en los que lastimosamente no se podía apreciar
el paisaje al estar todo muy oscuro, al centro una cama -muy tentadora, ¡por su
comodidad claro!-, un par de libros en la mesa de noche, lámparas con luces tenues
-perfectas, sin lugar a dudas piensas en todo, amor-, en la pared detrás de la
cama un cuadro grande con dos figuras entrelazadas en colores muy suaves y casi
perdiéndose entre una espesa niebla -esta imagen sí que es sensual... o ¡es que mis
hormonas están a mil por hora!-. Del otro lado una puerta que lleva al baño, sobre
su mesón la ropa desarreglada que había dejado la morena en su apuro, era un traje
hermoso, Chantal lo tomó e instintivamente se lo llevó al rostro aspirando la fragancia
delicada y embriagadora de Val -deliciosa...¡hmm!, creo que voy a esperarte en tu
jacuzzi nena, pero y ¿si me quedo dormida con lo cansada que estoy?, no va a ser nada
sexy, de hecho va a ser peligroso, ¡¡maldito cansancio!!-, estiró la ropa y salió.
Bueno, mejor busco algo interesante en la televisión o ¿¿quizás un libro??,
regresó al saloncito y se fijó en la selección de películas que tenía sobre una mesa,
nada le llamó la atención, probó con la TV pero se dio cuenta que los ojos comenzaban a
cerrársele, decidió buscar algún libro, tomó uno que hablaba de Heracles (Hércules para
los romanos) y su valiente sobrino y compañero de algunas de sus aventuras, Iolaus.
Casi una hora le tomó a Val resolver el problema y al regresar a su casa era más de
media noche, sus planes para cerrar con broche de oro su noche con Chantal de seguro se
habían ido al traste. La joven estaría furiosa por su demora.
Al entrar se dio cuenta que todo estaba muy silencioso, entonces subió y escuchó a Enya
con el volumen muy bajito en su equipo. Vio la silueta de Chantal recostada en un sillón,
con su cabeza apoyada al brazo del mueble y un libro apretado a su pecho. Val
silenciosamente se acercó, la joven lucía hermosa y sensual, con el cabello apenas
revuelto, su figura delineada por la luz de la lámpara, la ropa que dejaba apreciar su
magnífico cuerpo y, a la vez, una apariencia tierna e inocente.
La morena no sabía que hacer, le daba pena despertarla pero tampoco sabía si debía
dejarla dormir allí, no era nada cómodo el sitio. Y por otro lado estaba su necesidad
de tenerla en sus brazos aunque fuese tan sólo para dormir junto a ella.
Val pensó que lo mejor sería tratar de despertarla y suavemente llevarla a la cama,
aunque la rubia no tenía ni la más mínima intención de moverse.
Tenía que cambiar de táctica, ¿¿y si comenzaba a darle unos pequeños besitos hasta que
la escuchara y se levantara??
-Nena, nena, despierta por lo menos un poco, sólo hasta que lleguemos a la cama amor.
-Nada, Chantal estaba fuera de este mundo.
Fue a traer una manta para cubrirla y evitar que sintiera mucho frío en la madrugada y
ella entró al baño a prepararse para dormir... ¡sola!
Como era su costumbre, antes del amanecer Val se despertó, fue al baño a refrescarse,
se puso su ropa para hacer ejercicio y salió de su habitación. Pasó sin hacer ruido por
donde se encontraba la joven y después de quedarse unos instantes admirándola, bajó a la
cocina a preparar café. En unos minutos estuvo listo, tomó su jarrón y se sirvió, abrió
la puerta principal y, como todas las mañanas, encontró ahí su periódico, lo revisó
mientras saboreaba su bebida caliente. Al terminar y ya cuando el cielo clareaba salió
de su casa en una suave carrera. Antes de hacerlo, escribió una notita para Chantal por
si ésta despertaba antes de su regreso.
En el camino, como era usual, encontró ya a muchos de sus empleados comenzando sus tareas,
el personal de limpieza siempre era el primero ya que tenía que dejar las calles y
jardines impecables antes de que comenzase el movimiento regular. Saludó a algunos y
siguió por su ruta habitual. Como también era parte de su rutina, ya de regreso pasó por
casa de sus tíos, éstos siempre la esperaban a las 6:30 a desayunar.
-Nena, estoy al teléfono ya voy para allá -dijo su tía desde su oficina cuando la
escuchó entrar a la casa.
-Síp... ¡voy a la cocina! -gritó Val.
Al entrar en la cocina fue recibida por una amable señora mayor, que la tomó por la
cintura y le dio un abrazo que le dejó sin aire.
-Nonna, non cosi forte -le devolvió el abrazo y la besó en la frente. La señora no era
su abuela pero todos la trataban como tal, ella era quien se había encargado de cuidarla
desde muy niña cuando quedó huérfana. También la nonna era quien cuidaba a los dos
primos de Val, que aún eran pequeños, y teniendo en cuenta que sus padres estaban todo
el tiempo muy ocupados, la viejita tenía mucho que hacer en esta casa.
-Sei cosí magra, bambina mia, debi mangiare di piú (estás tan flaca, mi niña, tienes que
comer más) -dijo la nonna, quien había vivido prácticamente toda su vida en los Estados
Unidos pero todavía se resistía a hablar inglés, era tía de Sam y aún hoy hacía las
veces de madre de todos, grandes y chicos.
-Hola querida, pensé no verte por aquí esta mañana, ¡¡por lo menos no tan temprano!!
-advirtió Vivi con una pícara sonrisa, mientras le daba un gran beso en la frente.
-A decir verdad, tampoco yo me imaginé estar por aquí a estar horas -refunfuñó Val.
-¿Qué pasó amor, discutieron por algo?
-No, peor que eso, no pasó nada de nada porque tuve que salir a resolver un rollo a
media noche y luego... ya era muy tarde, mi princesita estaba dormida como un lirón
-sonrió la morena.
-¡Oh, oh!, espero que hoy te vaya mejor, porque de lo contrario... pobre del que te
llegó a interrumpir anoche, ¡¡lo compadezco!!, jajaja.
-Claro, tú ríe, ríe, que ya te voy a ver como estarás de genio en un par de días más si
mi tío no regresa... y hablando de tío, me imagino que estabas hablando con él, ¿verdad?,
¿cómo está?
-Está bien, y me dice que de hecho regresa mañana, señorita, por lo que no me verás nada
de malgenio ni frustrada, como cierta personita que yo conozco...
-¿Chí é arrabiata? ¿¿Non la mia bambina?? -preguntó la nonna mientras les servía
suculentos desayunos y aprovechaba para darle otro beso en la frente a Val.
Las dos rieron e intercambiaron miradas de complicidad, si la nonna supiera de lo que
estaban hablando, de seguro tendría un ataque... ¡la pobre!
Val se despidió cariñosamente y caminó hasta su casa, Chantal seguía durmiendo y la
morena no lograba entender cómo lo hacía a pesar de la incomodidad en la que se
encontraba. Pasó hacia su baño, se duchó y ya que era un domingo especial, decidió no
ir a trabajar... todavía. Se puso sólo una bata de baño y bajó para seguir revisando
algunos documentos en la terraza, confiando en que su bella durmiente despertase pronto.
Al hacerlo, pasados unos pocos minutos, Chantal sintió todo su cuerpo dolorido, por unos
instantes estaba confundida, luego se dio cuenta de que se hallaba en la salita de Val,
que ya era de día, y que ella se había quedado horriblemente dormida en una noche que
debía haber sido espectacular, que su cabeza le dolía de lo lindo por haber bebido tanto
y que de seguro la morena estaría por ahí solita y quizás no le perdonaría su debilidad.
Se levantó con cuidado para no remover más su dolorida cabeza y sintió un delicioso olor
a café fresco, en una mesita había una taza de la humeante bebida... mmm... ¡gracias
amor! Fue hasta la habitación de Val y no la encontró ahí, tampoco en el baño,
aunque se notaba que hacía poco que se había duchado -todo estaba en orden pero había
dejado una deliciosa fragancia a limón-. Cuando todos sus sentidos empezaron a trabajar,
pensó que sería mejor buscar a la morena abajo, pero primero debía ponerse algo más...
cómodo. Se sacó la ropa toda arrugada, se metió a la ducha y al rato salió fresca y
casi totalmente recuperada, en el lavabo había un estuche nuevo con diferentes artículos
de tocador, que obviamente se había dejado Val, usó el cepillo de dientes, luego tomó
una bata de baño que estaba en un colgador y salió.
Bajó las gradas y se quedó paralizada ante la vista que tenía frente a si, la terraza
que recorría todos los ventanales del piso de abajo tenía una vista espectacular del
valle, al fondo de éste se apreciaban, entre nubes aún bajas, los fascinantes viñedos
que comenzaban a reflejar en sus hojas los primeros rayos de sol. Resultaba como estar
flotando en las nubes. Y entre ese paisaje estaba lo mejor de todo, Val recostada en un
sillón, con su cabello aún mojado y peinado hacia atrás, una de sus piernas ligeramente
doblada, lo que hacía que su bata se abriera y cayera a sus costados, dejando ver casi
hasta la unión de sus hermosas y largas extremidades, su rostro tenía una expresión de
concentración que la hacía verse todavía más hermosa.
Se acercó y abrió la puerta hacia la terraza, enseguida Val regresó a ver, dejó sus
papeles y se paró a recibirla.
-Hola preciosa, espero que hayas descansado algo, aunque la posición que tenías no era
la mejor -la tomó entre sus brazos dándole un tierno beso en la frente.
-Discúlpame por haberme dormido... mm... ¿por qué no me despertaste al llegar?
-Traté, te lo aseguro, pero no lo conseguí, y no tienes nada de qué disculparte, todo lo
contrario... soy yo quien se demoró mucho más de lo previsto, podías haber estado
cómoda en tu cabaña o en mi cama y no allí en un silloncito... Pero basta de disculpas...
¿quieres desayunar, qué prefieres? -ofreció Val tomando enseguida la radio para llamar
al servicio.
Chantal puso su mano sobre el intercomunicador de Val y se acercó muy sugestivamente a
la morena.
Con una mano acarició el cabello húmedo de Val y con la otra le zafó el cinturón con
que tenía sujeta la bata de baño. La morena, que no traía nada dentro, se quedó inmóvil
por unos instantes, sintiendo la brisa de la mañana en su piel y a la vez la carga
eléctrica de las manos de Chantal. Unió su cuerpo al de la rubia y ansiando tocarla
también abrió la bata de la joven, deslizó sus manos dentro de ésta y sintió como
Chantal se estremecía al contacto de sus cuerpos.
-Estoy segura de que éste será un desayuno magnífico... mm... siempre me ha gustado
tomarlo en la cama, y ¿a ti? -preguntó sonriendo la joven.
-Hmm... sí... delicioso... -Val estaba ya con la mente en otro sitio y únicamente dio
un tirón de la mano de Chantal para guiarla a la casa.
Subieron y enseguida se encontraron una frente a la otra, descartando sus batas y con
toda la pasión reflejada en sus miradas.
Val comenzó a saborear los labios de Chantal y sus manos acariciaron cada milímetro de
su piel, lo que volvía loca de deseo a la joven, que tomó una de esas manos y la guió
hasta donde más la necesitaba, estaba lista para Val y quería sentirla dentro de sí. Las
dos se entregaron con una pasión infinita, deseaban que este momento no acabara nunca...
disfrutarlo a plenitud hasta que sólo se escucharan gemidos de placer.
Las mujeres se mantuvieron juntas, acariciándose y recorriendo sus pieles con manos y
labios hasta que el cansancio las venció.
*****
El grupo de turistas ya estaba listo en los diferentes transportes organizados para
recorrer la propiedad, había mucho que conocer y les habían preparado actividades para
toda la mañana.
Karen y Shyla se ubicaron en la parte posterior de una de las busetas y como éstas tenían
los costados abiertos, podían sentir la brisa de la mañana que las refrescaba. La alta
rubia se apoyó en el hombro de Karen para seguir durmiendo unos minutos más, ellas
habían pasado una noche salvaje y ahora pagaban las consecuencias.
Joan y Paolo se sentaron al otro costado y estaban casi en iguales condiciones que sus
amigas, la única diferencia era que esta pareja, a pesar de su cansancio, sí quería
aprovechar el tour al máximo.
La morena, al ver a su amiga, le guiñó el ojo y le preguntó solamente moviendo los
labios por Chantal, la pelirroja le hizo un gesto con la cabeza para indicarle que no
sabía nada de la pequeñita.
Por supuesto Chantal perdió el tour, pero de seguro no le importó hacerlo, ella en ese
momento estaba en los brazos de quien más deseaba en la vida.
Esa mañana fue realmente especial para las tres amigas. Karen y Joan junto a sus
respectivas parejas conocieron sitios hermosos, disfrutaron de sus paseos y degustaron
una gran variedad de platos y las mejores cosechas de vinos de la zona, aprovecharon al
máximo su fin de semana con ViDissa. Por su lado Chantal también conoció lo inimaginable,
disfrutó todo y definitivamente degustó y saboreó la más grande variedad de emociones
que las mágicas manos de Val le podían ofrecer, no cabía duda que ella aprovechó su fin
de semana con igual o mayor intensidad que sus amigas.
Tras un merecido descanso, Val y Chantal tomaron un baño y decidieron salir hacia la
cabaña de la joven para que ésta se cambiara, ya que tenían que ir a casa de su tía y
además quería dejar un mensaje a sus amigas, que según la morena regresarían al Rancho
en un par de horas.
Al llegar a la casa grande, la rubia vio con admiración lo hermosa que era la propiedad,
que mantenía el mismo estilo arquitectónico de todas las demás y era igual de bella que
la de Val, aunque más grande. Al entrar en el salón se percató inmediatamente de que sí
tenía una diferencia con la otra casa, ésta lucía llena de detalles que le daban un
toque familiar, tenía fotos, adornos, juguetes regados por doquier y sobre todo estaba
llena de ruidos.
Uno de ellos se acercaba peligrosamente a ellas, desde las escaleras se escuchaba un
gran alboroto. Unos pequeñitos que prácticamente eran las réplicas de Val se acercaban
corriendo a la morena, el más grande de los dos se abrazó a las piernas de la mujer
casi haciéndole perder el equilibrio, mientras el más pequeño luchaba por alcanzarlo y
darle de golpes, según daban a entender sus gritos.
Tras unos momentos de confusión, Val logró tomar de los brazos a los dos pequeños y
luego de darles un suave jalón de orejas, se los quedó mirando hasta que éstos se
quedaran quietos y en silencio. Al instante todos rieron y ella los abrazó cariñosamente,
dándoles a cada uno varios besos.
-Ahora que por fin están callados, ¿quieren ser tan gentiles y portarse como unos
caballeritos saludando a Chantal? -les dijo sonriendo.
-Mmm... hola, ¿quién eres? -preguntó a la rubia el más pequeñito.
-Hola... yo soy amiga de Val... y ustedes ¿cómo se llaman?
-Yo soy Sam Di Stefano Jr, y este enano es Marco -anunció el grande con mucho orgullo
en su voz.
-Hey... yo no soy ningún enano... y ya vas a ver cuando te alcance... -los dos salieron
una vez más corriendo y gritando de la sala.
Chantal no había tenido tiempo aún de asimilar el huracán que acababa de pasar cuando
desde algún lugar de la casa se escucho otro tipo de gritos en lo que definitivamente no
era inglés. Val tomó la mano de la joven y después de darle una sonrisa y un guiño, la
guió hacia lo que debía ser la cocina, ya que de ella salían unos aromas exquisitos.
-Ya conociste a los diablos de la casa, esos niños son nuestra perdición, hacen de
nosotros lo que les da la gana. Vamos, ahora conocerás al resto de la familia -le dijo
la morena dándole un apretón a su mano.
Al entrar en la cocina, la rubia apenas tuvo tiempo de mirar alrededor ya que enseguida
una dulce señora con cabello gris se abalanzó a besar a Val y comenzó a hablar tan
rápido en italiano, que Chantal a pesar de saber algo de ese idioma casi no podía
entenderla.
-Nonna... ésta es mi querida amiga Chantal, Chantal, ésta es mi nonna -presentó la
morena con una gran sonrisa, separándose un poco de la señora.
-Mucho gusto señora... -la rubia extendió su mano para saludarla, pero ésta la tomó y
también la abrazó dándole los besos respectivos.
-¡Ma Dio! ¡¡Che bella bambina!!
Chantal sonrió de entre los brazos de la mujer mayor, la misma que inmediatamente siguió
con su discurso sobre algo de la pasta que ya estaba lista y que nadie venía a sentarse
a la mesa y que los niños no la obedecían y que fueran a traerlos, mientras daba órdenes
a una jovencita que desde la estufa la miraba, al igual que el mesero que estaba ya
listo para pasar las fuentes desde el otro extremo de la cocina hacia el comedor
principal.
¡¡Madre mía que confusión!!, pensaba la rubia mientras la morena le decía al oído
que no se preocupara, que no todos estaban locos en esa casa.
Por alguna de las puertas entró la señora que había conocido la noche anterior, Vivi.
Ella con una gran sonrisa se les acercó y las saludó muy cariñosamente, mientras llamaba
la atención a la abuela.
-Basta nonna, que estás asustando a nuestra invitada, ¡deja de gritar! Hola querida, ni
te pregunto cómo estás, con tanto grito querrás salir corriendo ¿no? Eso me pasa a mi
casi siempre -sonrió-, ven vamos a tomar algo antes de sentarnos a comer -enseguida hizo
un gesto al joven para que las siguiera al salón y les sirviera unos aperitivos.
-Vivi, tienes unos niños preciosos, y se parecen mucho a Val, ¿verdad?. También la casa
es hermosa -observó la rubia.
-Bueno, la tienes a la orden, y lo de que mis diablitos se parecen a su prima... pues...
¡¡lastimosamente es verdad!! -bromea-. ¿Sabes?... los Di Stefano tienen unos genes muy
fuertes, el 99% de los que yo conozco tienen exactamente los mismo rasgos, ya viste a
la nonna, los mismos ojos y la misma sonrisa devastadora.
-Hablando de nonna... -interrumpió Val-, creo que en unos minutos más nos va a matar por
no ir a la mesa pronto, quiere que todos estemos a las 12:30 en punto listos para comer,
así que mejor no la hacemos esperar... ¿llevamos nuestras bebidas para allá?
-Síp, tienes razón, no quiero sentir su furia sobre mí, ¿dónde están los niños, Sandy?
-se dirigió Vivi a una jovencita que acababa de entrar.
-Lavándose las manos, señora, los traigo enseguida.
Pasados unos minutos, todos estaban ya a la mesa y disfrutando de las deliciosas
especialidades de la nonna, ella casi no se sentó a comer ya que se sentía muy
preocupada con que se sirviera la comida y todo fuera perfecto. Los niños se sentaron
junto a su madre y no se cansaban de hacer preguntas a Chantal, por lo que la rubia
dedujo que no era muy usual que Val llevara a nadie a su casa... muy interesante,
¡síp!, pensó la joven.
Ella también les hacía preguntas, por lo que supo que el mayor tenía 8 años y el pequeño
6, que estaban en la escuela en Sonoma, que su nana era Sandy y que la abuela no los
dejaba hacer nada, que papi estaba en Chicago y que llegaba mañana, que Val los hacía
jugar en la piscina y los llevaba a cabalgar muchas veces.
Al terminar las tres pasaron a la terraza para que allí les sirvieran el café, ésta
tenía la misma vista fabulosa del valle, y Chantal no se cansaba de admirarla. Siguieron
conversando por algún tiempo y luego Vivi se disculpó, tenía varios asuntos que atender.
Se despidieron ya que después Chantal tendría que viajar y Vivi le hizo prometer que
volvería pronto al Rancho, pero esta vez para quedarse más tiempo, con un guiño se alejó.
Las dos se mantuvieron un buen rato en silencio, Val ya se había dado cuenta del cambio
de ánimo en la joven y ella misma comenzaba a sentirse un tanto melancólica. Ya eran
casi las dos de la tarde y en un rato más los grupos regresarían al Rancho luego de su
tour, debían comenzar a preparar su equipaje y salir hacia San Francisco en la tarde.
Chantal y sus amigas tenían su vuelo programado para las 8:00, por lo que viajarían gran
parte de la noche, el tiempo les estaba resultando realmente corto.
-Nena... ¿quieres pasear por un rato? Vamos, te enseño un sitio especial para mí y luego
regresamos a tu cabaña, ¿si? -preguntó a la joven mientras la abrazaba.
Tomaron el jeep y salieron hacia el camino principal, tras apenas unos pocos kilómetros,
llegaron a una colina en donde estacionaron. Val tomó de la mano a la joven y anduvieron
hacia un gran árbol que con sus ramas proporcionaba una refrescante sombra, por supuesto
desde aquella cima se podía apreciar en toda su magnitud el espectacular paisaje.
La morena abrazó fuertemente a la joven por la espalda y así se arrimó a un gran árbol,
pasando sus manos alrededor de la cintura de Chantal y apoyando el mentón sobre su
cabeza, comenzó a hablarle de sus travesuras cuando era pequeña, y que a este sitio ella
siempre venía a esconderse para que su nonna no la pudiese regañar por alguna diablura
que había hecho con los muchachos del Rancho. Val trataba de que Chantal se animara un
poco haciéndola reír con sus anécdotas.
La joven sentía que algo muy fuerte le pasaba con Val y que en esta ocasión no sabía
cómo conseguir que las cosas no le afectaran tanto, desde ya sentía que sus ojos se
nublaban a cada instante y se le hacía difícil disimular cuando su voz se quebraba.
Mientras ella trataba de controlar sus emociones, la morena seguía hablando, y al notar
que no tenía respuesta a alguna pregunta que hizo, bajó su cabeza para ver a la joven...
y vio como sus mejillas estaban húmedas con las lágrimas de la chica. Enseguida la giró
sobre sus brazos y comenzó a besarla tiernamente sobre sus párpados mojados y luego en
sus labios. Chantal no pudo contener más su tristeza y comenzó a llorar, se mantuvieron
abrazadas por largo rato, Val seguía susurrándole que no tenía que preocuparse ni estar
triste, con dulces palabras y suaves besos la morena consiguió que Chantal volviera a
sonreír.
Ya era casi la hora de regresar, Chantal quería guardar en su memoria para siempre este
hermoso momento junto a Val, sabía que estaba enamorada como nunca antes lo había estado
y que sin lugar a dudas le traería mucho dolor, no sabía hasta qué punto la morena le
correspondía, tal vez para ella esto sólo era un fin de semana más. La joven se limpió
la cara y alzó su mirada hacia los penetrantes ojos azules, en ellos vio sinceridad y
quiso confiar, de todas formas ya les había entregado su corazón.
La besó con toda la pasión de la que era capaz, mientras sus manos la acariciaban
insaciablemente, y ya cuando Val no podía sostenerse con sus propias piernas, se retiró
y comenzó a caminar de regreso hacia el auto.
-¡Uau!, eres tremenda, mira cómo me dejas, y ahora te vas como si nada hubiera pasado...
hey... ¡espérame que yo no puedo reponerme así de fácil! -decía la morena mientras
trataba de alcanzar a la joven.
-Eso fue para que recuerdes el POR QUÉ debemos volver a vernos pronto -rió
Chantal subiéndose al jeep.
Karen y Joan ya tenían sus equipajes listos para cuando Chantal llegó a la cabaña,
también habían alistado las cosas de la rubia, porque tenían poco tiempo.
Cuando empezaban a preocuparse por su demora, vieron aparecer al jeep en la calle
principal. Los guías comenzaron a reunir al grupo y a acomodarlos en los diferentes
buses que los llevarían de regreso a San Francisco.
-¡Hey enana, ya pensé que te habías perdido entre los viñedos! ¿Dónde diablos estabas,
es muy tarde? -preguntó Karen un tanto acalorada.
-Tranquila, el bus de seguro no me iba a dejar, ¿o acaso te olvidas que estaba con la
dueña? ¿Cómo les fue en el paseo? Mmm... veo que están todas bronceaditas, ¿mucho sol?
-Síp... estaba bien fuerte... y tú en cambio, ¿nada de sol?, y por lo que veo... muchas
lágrimas... ¿¿no?? -dijo Joan a la rubia.
-Ya sabes como soy... bueno, amigas creo que nos están llamando a nuestro bus.
Karen se acercó a Val a despedirse y lo mismo hizo Joan.
-Bueno chica, creo que nos volveremos a ver algún día de éstos, por lo menos eso es lo
que todas esperamos... -dijo Karen mirando directamente a Chantal y manteniendo
su mano fuertemente apretada a la mano de Val, ésta sólo sonrió entendiendo
perfectamente la 'indirecta' y por supuesto la preocupación de la mejor amiga de la
rubia.
-No te preocupes, nos veremos pronto, mientras, por favor cuida a la nena por mí, ¿ok?
-pidió Val con toda la seriedad que podía transmitir a Karen en su mirada-, y no dejes
que ande por ahí haciendo ojitos a nadie... ¡hmm! -trató de bromear para aliviar la
tensión de la despedida.
-Ciao guapa, cuídate tú también y gracias por todo -se alejó Karen.
-Hey... no te preocupes por Chantal, tiene quien la cuide, nos vemos, ¿no? -se despidió
Joan mientras subía al bus.
-Síp, definitivamente nos vemos... y buen viaje -contestó Val que inmediatamente volvió
los ojos sobre Chantal, la tomó entre sus brazos sin importarle que medio ViDissa y sus
alrededores estuvieran viéndola, se abrazaron fuertemente y sin que Chantal pudiera
evitarlo, nuevamente sus lágrimas comenzaron a salir.
-Amor, por favor, no llores... mm... nos veremos pronto... es más, casi estoy segura de
que en el feriado estaré por ahí. Prométeme que me llamarás al llegar, quiero saber cómo
estás cada minuto del día, ¿ok?... y cuídate, ¿si? -dijo Val mientras le daba un beso en
los labios.
Chantal no podía hablar, su voz no respondía a pesar que quería decirle muchas cosas a
la morena, sólo pudo contestarle con un beso muy sentido y acariciarle el rostro por
última vez, antes de subirse al bus.
Enseguida Joan la abrazó haciendo un gesto a Paolo para que se sentara al otro lado, en
este momento la pequeña la necesitaba.
Continuará...
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