-Marta, Marta ¿Quieres volver a la tierra?- Sara repetía cientos de gestos ante los ojos
de su amiga que parecía encontrarse en otro mundo- ¿Me estás escuchando?
-Eh? ¿Qué? Oh... Sí claro me estabas hablando de eso.- Unos ojos verdes miraron a Sara
en un intento más bien desastroso de demostrarle atención.
-¿Y según tú qué es eso?
-Pues... eso, es... eso.- suspiró- vale... lo admito no te estaba escuchando ¿es un
delito?
-Desde que ha llegado la nueva te veo muy en los Campos Elíseos.
Marta tragó saliva. No le hacía la menor gracia ser tan evidente. Se agachó y cogió el
balón de básquet que había rodado hacia sus pies desde la otra punta del campo.
-No creo que te importe lo que piense o deje de pensar.- Con toda la rabia que le
provocaba hablar del tema de "la nueva" lanzó la pelota en la misma dirección que había
venido.
-¡Joder mierda!- Ambas levantaron los ojos para ver venir a una enfurecida morena de
metro ochenta con cara de pocos amigos caminando en su dirección.- ¿Es que no sabes
pasar un balón sin intentar matarme?
-Lara yo... Yo lo siento... no, no sabía que estebas ahí... yo...- Genial, acababa de
darle en todo el pecho a la chica más guapa y borde de todo el instituto, ni a propósito
podría tener un día peor que éste.
-Si mirases de vez en cuando por donde andas no tendría que estar perdiendo el tiempo
aquí contigo.
Marta agachó la mirada para poder esconder la rabia y no sólo rabia que le había
provocado la respuesta de Lara. Ni una sola palabra amable, ese debía ser el lema de la
morena. Desde que había llegado de sabe Dios donde, porque realmente nadie lo sabía, lo
suyo era ponerse los cascos con la música a todo volumen y pasar de todo el personal;
así de simple. Su filosofía consistía en pasar desapercibida el máximo tiempo posible y
si en algún momento alguien tenía la valentía de romper la armonía que ella misma se
había establecido se llevaría, a parte de una mirada que le quitaría el hipo a
cualquiera, una buena letanía de palabras poco agradables al oído humano. La rubia la
admiraba, desde que se había cruzado con ella el primer día de clase encontró una razón
más que convincente para escuchar las explicaciones de matemáticas sin bostezar ni una
sola vez. Ese aire de misterio que llevaba encima junto con la sombría ropa de un
marcado estilo gótico hacían a la morena tan interesante para la vergonzosa y sensible
Marta que no podía reprimir el deseo que la impulsaba a preguntarse que había más allá
de esa coraza férrea que guardaba el corazón de Lara. ¿Podría llegar a cambiarla?
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Señorita Capdevila!!!!!!!!!!!!! ¿Es mucho pedir que me preste atención
y deje el discman para cuando acabe la clase?- El profesor, un calvo bajito miraba sobre
sus gafas a la aburrida Lara que se estudiaba atenta y distraídamente las uñas como si
la cosa no fuese con ella.
-Señor Salazar ¿Es qué no ve usted que eso que dice es muy aburrido?
-¡¿Quién se cree que es para decirme eso?!- La cara del profesor se estaba poniendo de
un rojo intenso que le otorgaba aun mas comicidad si cabe.- ¡Déme el discman!
-Jooooooo.... Es que lo acabo de estrenar.- Lara puso una voz infantil acompañada por
unos graciosos pucheritos.- Bueno vale... pero venga usted mismo por él... si es que le
llega.
La morena se levantó poniendo el aparato a una altura que lógicamente el poco dotado
mentor no podría alcanzar. Toda la clase se echó a reír dejando en completo ridículo al
maestro que con una paciencia infinita y sin decir una palabra se subió las gafas a la
vez que agachaba la cabeza escribiendo algo mientras apuntaba en dirección a la puerta,
invitando muy amablemente a la morena a salir.
-Como se siga estresando se le va a caer el pelo.- Dijo Lara acercándose a la mesa del
profesor a la vez que una carcajada general recorría toda la clase.- o el poco que le
quede...
Con una sonrisilla maliciosa cerró la puerta con la mayor rabia posible. Colocándose de
nuevo el discman a todo volumen, apoyó su espalda contra la pared dejando el pie
izquierdo bien situado sobre la misma sin importarle que las botas de cuero negro
dejasen una mancha de barro en la pintura. El timbre acababa de tocar así que sin
perderle el ritmo a la estrepitosa canción que escuchaba, supuso que los de primero no
tardarían en pasar por el pasillo con sus comentarios super pijos sobre la ropa que
llevaba o dejaba de llevar. Con un poco de suerte ni la mirarían.
-Genial... mi suerte se ha acabado ¿Otra vez tú? ¿Es qué no sabes mirar por donde vas?-
Marta se había empotrado de lleno contra ella dejando una patética hilera de libros por
todo el pasillo.
-Yo... lo siento... no era mi intención, pensé que...- La rubia tartamudeaba a sabiendas
de lo que se le avecinaba.
-¿Y quién te manda pensar? Anda toma...- se agachó para ayudarle con algún libro.- y si
quieras suicidarte por favor... que no sea utilizando un método kamikaze contra mi.
-Gracias.- Marta dibujó una leve sonrisa con un grado de timidez ante la broma de la
impenetrable y borde Lara.
-¿No llegas tarde o es que yo soy más entretenida?- El tono bromista de la morena se
había esfumando obligando a la rubia a darse la vuelta para irse sin mediar una sola
palabra.- Adiós, que te vaya bien...- soltó irónicamente a la vez que movía la cabeza
negativamente de un lado a otro.
Marta aceleró el paso para quedarse a la altura de sus compañeros. Algo la consumía por
dentro, no tenía claro lo que era; sólo que... ¿Qué? Pues que la idea de que Lara fuese
así con ella dolía demasiado, era auténtica rabia lo que sentía. Se intentaba acercar a
ella, era amable, simpática, era... puuuff un desastre. Siempre que se veían era porque
se habían chocado o ella la había intentado asesinar de un balonazo. Si Lara aún le
dirigía la palabra, aunque fuese para insultarla, era de puro milagro. Marta suspiró a
sabiendas de las pocas posibilidades de entablar aunque fuese una mera amistad con la
morena.
-¿Te encuentras bien?- Sara se acercó a ella sabiendo de primera mano lo que le había
ocurrido.- ¿Tanto te importa lo que "esa " piense de ti.
Marta levantó la mirada ante la forma evidentemente despectiva que tuvo su amiga para
referirse a Lara. A pesar de todo no le gustaba que se metiesen en ninguno de los casos
con quien le robaba el sueño.
-No la llames así... y no es que me importe, vamos... no sé, yo...
-Te gusta.- Sentenció Sara.
-¿Qué si me gusta?
-No te lo estoy preguntando, te lo estoy afirmando. Lara te gusta.- Marta no soltó ni
una sola palabra más, tan solo se sentó en su silla custodiada por la mirada de su amiga.-
¿Quieres qué te ayude en algo?
-¿Ayudarme en algo? ¿Crees que existe una forma humana o sobrehumana de encontrarle un
absurdo sentimiento a esa chica?- Unos ojos verdes miraban a Sara como si hubiese dicho
la mayor barbaridad en los últimos dos mil años.
-Simplemente la veo tímida y desconfiada. Es cuestión de tiempo y mucha paciencia con
ella... no sé... ¿Por qué no hacemos una fiesta y la invitas? Ya sabes que el alcohol
suelta la lengua, sube la moral y lo que haga falta...
-Me manda a la mierda antes de saber porque quiero hablar con ella.
-Si no lo intentas... Mírala, ahí la tienes. Díselo.- Sara empezó a empujar a Marta, de
un modo realmente absurdo y cómico, hacia la puerta por donde pasaba en ese instante
Lara con sus manos en los bolsillos y con esa música a todo volumen que la alejaba del
mundo.
-Ehhh, Lara...- La morena se quitó los cascos y la miró con cara de "oohh por primera
vez no vienes para agredirme" a la vez que a Marta le entraba un repentino e inoportuno
tartamudeo que le hacía gracia incluso a Lara.- esto... yo pensé que... bueno, a lo
mejor... que si tú... pero vamos... solo si quieres... porque yo... a ver si me
entiendes... no es por meterme por supuesto y... si te apetece... pero... vamos... sólo
si te... apetece...
-¿Es para hoy?- Miró el reloj como si llevase prisa dejando ver, por primera vez en su
vida, una leve sonrisa en público provocando que a la rubia se le cayesen las
expectativas, los esquemas, las intenciones y los libros si los llevase en la mano.
-Sí... esto perdona.- Suspiró buscando fuerza o rogándole a cualquiera de los dioses que
la estuviesen escuchando que se la dieran.- es que voy a dar una fiesta y bueno... ¿te
gustaría venir?
A quien se le rompieron los esquemas y todo lo demás en ese instante fue a Lara ¿Alguien
la estaba invitando a una fiesta? ¿A ella? ¿A la chica de hielo? Al fin y al cabo esa
pequeña rubia no sería tan mala persona... ¿o intentaba burlarse de ella? Eso no le
hacía la menor gracia. No había muchos que le hubiesen tomado el pelo y siguiesen con
dientes por esas fechas. Se cruzó de brazos dando a conocer más su altura si eso era
posible y retiró la vista por un instante con un gesto de total pasotismo que no dejaría
impune a cualquiera.
-Mira enana... para poder meterte conmigo tienes que crecer unos centímetros o mejor...
unos metros más.- La miró con tanto asco que a Marta no le quedó otro remedio que
tragar saliva- y si quiero amigos me compro un perro que aunque se baba más me jode
menos.- Afirmó a la vez se sentía el ser más miserable del mundo.
-Siempre pensé que merecías la pena...- Susurró la rubia con un tono que para nada
buscaba provocación u ofensa, era como una pequeña confesión que llegó a los oídos de
Lara quien veía como la chiquilla se iba con la vista clavada en el suelo.
Sara vio como llegaba su amiga con la mirada, el alma, y el ánimo arrastrándose por las
losas que formaban la fila que separaba los pupitres.
-¿Qué ha pasado? ¿No quiere venir?
-¿Qué no quiere? No es sólo eso ¡Piensa qué lo único que pretendo es burlarme de ella!-
Se sentó en su silla y encajó la cabeza entre sus manos a la vez que apoyaba sus codos
sobre la mesa.- Me ha insultado...
-¡¡¡¡¿Esa creída te ha insultado?!!!!!- Sara golpeó la mesa como si fuese la mismísima
Lara la que hubiese pillado por banda.- Se va a enterar la niñata esa de lo que es
ponerle las cosas en su sitio...- Sentenció levantándose con las intenciones más que
claras.
Lara seguía en el pasillo. En esta ocasión, por raro que parezca, hablando con una chica
mientras mantenía esa cara de haber matado y torturado a media legión de soldados que
la caracterizaba desde el comienzo del curso. Sara empujó a la chica hacia un lado,
quien se quejó por la intervención, a la vez que se situaba ante los ojos de la
impasible Lara que seguía de brazos cruzados mientras se preguntaba que narices hacía
esa loca poniéndosele toda chula.
-¿Pero se puede saber de que vas muerta viviente?- Le soltó Sara mientras la amenazaba
con un dedo ante los asombrados ojos azul gélido de la mujer más alta.- A mi porque seas
una maldita amargada de mierda no tienes porque joder al resto del personal. Porque a
mi me la sudas ¿te enteras? Me paso por el forro lo que tú digas...
-¿Y si te importa tan poco porque estás aquí dándome la brasa?- Lara se miraba las uñas
como si el asunto no fuese con ella.
-Porque le importa a mi amiga.- La morena levantó la vista de golpe acordándose de la
escenita que le había montado a la pobre chica.- quiere que vayas a su fiesta y tú te
piensas que medio universo está en tu contra. Ni que fueses el centro de todo... y aun
por encima vas de sabe Dios que y te metes con ella. No te mereces ni la mitad de la
importancia que te da...
-¿Le importo?- Inmediatamente Lara cambió de tema notando por primera vez en su vida
algo de remordimiento.- ¿Dónde es la dichosa fiesta?
-En su casa.- Sara sonrió por su victoria y dio gracias a quien fuese por no recibir un
rapapolvo por parte de la "muerta viviente".- El sábado a las nueve.
Sara ni siquiera esperó respuesta. Con esa chulería que ni ella sabía de donde había
sacado, se dio la vuelta ante esos ojos azules que aun no se estaban creyendo lo que
habían visto ¿Había permitido que una cualquiera le dijese tantas cosas absurdas por
segundo y ni siquiera le había respondido? O se estaba haciendo o vieja o en verdad le
había metido miedo.
Marta vio llegar a su amiga con un aire triunfal y una sonrisa que harían que muchos se
atragantasen. ¿La habría convencido? Imposible. Esa chica no se dejaría convencer tan
fácilmente. Quizá por ello le gustaba tanto a la rubia. Ese misterio que la envolvía,
esa duda que aparecía a cada paso que ella daba con sus manos siempre metidas en los
bolsillos y sus ojos azul hielo clavados en el suelo, alejados de todo. Nadie le
importaba, nada le importaba, sólo existía ella y su música gótica a toda máquina que
mismamente podrías escuchar al pasar por su lado. Era, en pocas palabras, todo lo que
Marta admiraba y nunca sería...
-Resuelto- Sara se limpió las manos con aire autosuficiente en los pantalones- A las
nueve, el sábado, en tu casa la tendrás a ella y a otro regimiento dispuestos a
montárselo como si fuese el último día de su vida.
-Mis padres me van a matar.- Suspiró.- pero al menos moriré joven.- Dijo a la vez que
miraba con cierto aire de tristeza a su amiga.
-Te digo yo que a la quinta cerveza te cuenta su vida desde la primera vez que le
pegaron en el parvulario.- Sara no pudo evitar sonreír al imaginarse a la imponente Lara
siendo pequeña.
-Genial... has venido.- Marta sonreía de oreja a oreja al ver a una Lara ataviada con
unos tejanos negros y una camisa blanca, totalmente diferente al estilo radical que
siempre la había caracterizado.
-Bueno, supongo que no tenía mucho que hacer- La morena se rascó la oreja intentando
sonar creíble- ¿Me dejas pasar o tendré que hacer de portera?
-Ahhh no... perdona, pasa, no te preocupes. Toma lo que quieras...
Aquello se había convertido en una auténtica selva: la música repetitiva y estrepitosa
solo parecía ambientar, las botellas rodaban por el suelo, algún que otro loco se subía
a la mesa y Sara con una cerveza en la mano le contaba su vida a la lámpara en forma de
gato que estaba colocada sobre la mesa de la sala. Lara estaba sentada en una esquina
con una sonrisa de felicidad nunca vista en ella, se había adueñado de la botella de
vodka y eso se hacía más que evidente en la desenfrenada chispa de sus ojos. A su lado
se situaba una chica que apostaría que era la primera vez que la veía y al parecer le
estaba recitando la Biblia en verso o algo peor.
-¡¡¡¡¡Voy hacer un streeptease!!!!!- Gritó Lara a pleno pulmón dejando a la aburrida de
turno con la palabra en la boca, mientras se levantaba para subirse a la mesa, eso sí...
con la botella de vodka bajo el brazo- Os lo dedico jijiji a todos vosotros- El alcohol
le hacía difícil la pronunciación a la vez que le provocaba una risa contagiosa.- A Marta
noooo jijijijiiij porque quiere matarme jijijji ha hecho un complot para matarme a
balonazos... se lo veo yo en los ojos... ya me decía Dios que no me fiase de ella jajajajajajaja...
Marta venía con más botellas de cerveza de la cocina cuando vio el numerito que Lara
estaba montando. Le clavó sus ojos verdes de total impresión, esperándose esa actitud
de cualquiera menos de Lara, mientras veía como la morena se empezaba a desabrochar la
camisa al son de la música. La rubia soltó las botellas y se abrió paso en medio de
todos los vítores y aplausos que rodeaban la insinuante actuación a la par que se
repetía mentalmente que tenía que controlar la situación, o mejor dicho a Lara, como
fuese.
-¡¡¡Lara!!!- Le gritó desde abajo mientras veía como la ignoraba- baja de ahí que estás
mal.- El volumen de la música no permitía que pudiese oírla y no le quedó otra opción
que subirse a la mesa con ella.
-¡¡¡¡¡¡¡¡uuuuuuuuuuhhhh!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡Que se desnuden las dos!!!!!!!!- Desde abajo
media legión de chicos con apestoso aliento a alcohol comenzaban a corearlas.- ¡Qué se
desnuden! ¡Qué se desnuden!...
-Lara... anda baja y te tranquilizas ¿no crees que es mejor?
-Tú te callas jajajaj... Aburrida... ya me dijo mi madre jijijiji que eras pariente del
monstruo de las galletas jajaja...
Marta puso los ojos en blanco y con toda la paciencia del mundo la ayudó a bajar de la
mesa por la fuerza para disgusto de todos los presentes. La morena le llevaba unos tres
palmos más pero en ese instante no estaba en condiciones de hacerle frente ni a una
mosca.
-No me quieres...- Lara empezó a llorar con un acento infantil- tú no me dejas jugar a
lo que me apetece, cuando se lo diga al profesor te vas a enterar.- La seriedad de sus
palabras provocó una sonrisa por parte de la rubia.
-Mira... yo sí te quiero, pero no te encuentras bien ¿entiendes?- La morena afirmó como
si hubiese dicho la mayor verdad del mundo.- Siéntate aquí hasta que te sientas mejor.
-Oyeeeeeee... ¿tú crees en los fantasmas?- Marta no podía sino reírse ante la actitud
tierna e inocente que le estaba mostrando Lara.- ¿De qué te ríes? A ellos no les gusta
que te rías así... esta noche te van a visitar, si lo sabré yo que me lo dijo Madonna...
-Anda... ven conmigo al lavabo y te lavas un poco la cara ¿Te parece bien?
La morena simplemente asintió dejándose acompañar por Marta quien hacía lo posible por
que no se quedasen tiradas por el camino. Le indicó donde estaba y la dejó entrar a ella
mientras la esperaba apoyada en el marco de la puerta con miedo de que se cayese o algo
peor. Lara se lavó la cara y se frotó los ojos que los tenía totalmente rojos por el
humo que abarrotaba el ambiente.
-¿Esa de ahí soy yo?- Sonrió estúpidamente señalando al espejo- ¿A qué estoy buena?
-Sí... mucho- Marta solo pudo suspirar resignadamente con lo que se le estaba viniendo
encima.
-Marta...- Lara se pasó mano por los ojos- Tengo sueño...
-Ven. Te llevó a mi habitación y descansas un poco. Te despierto cuando acabe la fiesta.
No te preocupes.
-Noooooo...- Dijo o más bien suplicó la morena.
-¿Por qué no?
-Ven a dormir conmigo- La sugerencia dejó sin palabras a Marta quien estaba intentando
recuperar la cordura y contestar algo inteligente y de lo que no arrepentirse a la
mañana siguiente.
-Es... es mejor- le sonrió tímidamente.- que vayas tú... yo... es que...
-No me quieres... ya lo sabía. Da igual, seguro que esta chica si que quiere.- Señaló a
la que antes estaba hablando con ella que se encontraba aún en peores condiciones si eso
era humanamente posible.
-De acuerdo, de acuerdo... no te preocupes.- Marta ya se temía lo peor si metía a las
dos chicas ebrias en un mismo cuarto.
Agarró a Lara lo mejor que pudo y la ayudó a subir las escaleras medio tambaleándose y
agarrándose a la pared como si se encontrase en plena montaña rusa.
-¡¡¡¡¡Ayyyy!!!!! ¿Quieres matarme?- La morena se había dado de lleno contra un cuadro
nunca mejor situado- Ya lo sabía yo... tu quieres acabar conmigo, con lo buena que yo
soy...
-Deja de decir cosas absurdas- Marta se mordía el labio para no reírse directamente
delante de ella.- Ven... ya hemos llegado.
La rubia encendió la luz para ayudar a Lara que se sentase en la cama. Se agachó para
quitarle las botas de cuero, que la levantaban del suelo unos diez centímetros más de
su ya destacada altura, y la ayudó a tumbarse.
-Bueno...- tartamudeó- ahora vengo no te... preocupes... yo...- Se vio interrumpida por
un movimiento de Lara que la colocó justamente debajo de ella.
-Tú...- Pegó su nariz a la de Marta mirándola directamente a los ojos.- te quedas.
-Lara... no tienes la menor idea de lo que estas haciendo- Tragó saliva al notar su
cuerpo totalmente atrapado por el de la morena.- Has bebido demasiado y no tienes las
cosas claras...
Lara pegó sus labios a los de Marta quien inicialmente se resistía dándose cuenta de
que lo que allí sucedía era un completo error. La morena la besaba porque no sabía lo
que hacía no porque sintiese algo por ella y eso le dolía más de lo que en realidad
podía imaginar. Notó como poco a poco iba levantando su camiseta sin ninguna pretensión
de separarse de sus labios para permitirle rechistar antes lo que estaba ocurriendo.
-Por favor para... te vas a arrepentir- Lara volvió a besarla pero esta vez la rubia se
resistió- en serio, sé que no sientes nada por mi y mañana desearás no haber hecho nada.
-Sé lo que deseo o no... y ahora te deseo a ti.
Lara, quien estaba situada entre sus piernas, empezó a moverse con ese desenfreno que
sólo el alcohol y la pasión mezclados pueden lograr. Ambas estaban vestidas, era lo de
menos. La actuación por parte de la morena estaba quitándole a Marta la poca capacidad
de negación que le quedaba a la vez que notaba tímidos jadeos salir de sus labios que
estaba siendo mordidos, lamidos y saboreados por su ahora amante.
Lentamente comenzaron a desprenderse de sus ropas. El deseo consumía a Lara y ese deseo
era tan solo el sentir su cuerpo desnudo bajo. La besó, introduciendo su lengua húmeda
entre sus labios y provocando un más que notable gemido en la rubia. No podía más, toda
ella necesitaba probarla y como si lo hubiese echo cada día su vida bajó sus labios a
sus pechos y su mano a su sexo donde los gemidos comenzaban a ser jadeos.
Fue en ese instante cuando el ritmo aumento y a cada acometida Lara notaba una mayor
excitación que la llevó a introducir dos dedos dentro de ella mientras un escalofrío que
parecía eterno recorrió la espalada de Marta que se había entregado al completo. La
morena no se detuvo y dejando un camino por su abdomen entre besos, lametones y leves
mordiscos llegó a su intimidad donde unas piernas abiertas la recibieron ya al borde del
completo éxtasis. Comenzó su juego de excitación con suaves besos que pronto pasaron a
ser algo más cuando con su lengua la recorrió de arriba abajo. Necesitaba escucharla
más, necesitaba escuchar gritar a Marta, saber que era suya y solo suya en ese instante.
Introdujo su lengua sin dilaciones dentro y un jadeo se fundió en la oscuridad del
cuarto, más adentro y sus manos se agarraron a las sábanas, más adentro y los ojos de
Marta se cerraron al notar el brutal orgasmo que resultó de los interminables
movimientos que Lara realizaba en su interior.
-Para... para- Suplicó sin poder abrir los ojos.
Hizo oídos sordos a sus súplicas y de nuevo se introdujo dentro de ella utilizando
esta vez sus dedos y subiendo para ser testigo de cómo a cada acometida Marta no podía
sino gemir. Lara agarró la mano de la rubia mostrándole el camino que la llevaría al
lugar, a ese lugar donde quería sentirla. Esta vez el juego de la pasión pertenecía a
ambas quienes pasaron de un ritmo lento al ya conocido movimiento que las llevaría de
nuevo al cenit del deseo y del placer. Lara no pudo más que gritar al notar como todo
su cuerpo se consumía en un fuego que quemaba allí donde la piel de Marta la estaba
tocando, allí donde Marta tenía sus manos.
Con un suspiro todo cesó y así como todo había empezado, todo se había quedado en
silencio. Un silencio donde Lara se quedó recostada sobre Marta que sólo podía mirarla
y repetirse mentalmente cien mil veces que al fin había sido suya, aunque no
completamente.
Marta se frotó los ojos. Ya había amanecido y el sol se había empeñado en despertarla.
Notó un peso sobre ella y se incorporó levemente. "Mierda" se dijo a si misma. Se había
acostado. Vinieron a su mente las imágenes de la noche anterior donde casi sin quererlo
fue esclava del Amor y el deseo que Lara llegaba a provocarle.
-Tengo que irme.- Cerró los ojos y suspiró.- O Lara me echará de aquí por si misma...
Continuará...