ENSÉÑAME A AMARTE

Nira

Como en cualquier otro motel, la habitación estaba amueblada con lo indispensable para poder pasar la noche. El centro lo ocupaba una gran cama cubierta con una fina colcha marrón sin ningún tipo de adorno, una mesita de madera algo rasgada al igual que un pequeño armario con aspecto de llevar allí demasiados años. Al fondo una puerta que llevaba a un diminuto baño. La decoración la completaba un antiguo sillón y un sencillo cuadro que mostraba un jarrón de multicolores flores.

Caminó hacia la ventana y se asomó, desde allí sólo podía ver el aparcamiento donde había dejado su coche, observó que todo estaba en orden y se dio la vuelta para mirarla.
Acababa de cerrar la puerta y echaba un vistazo a su alrededor al igual que ella había hecho. Rebosaba nerviosismo por todo su cuerpo y se movía sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Iba sencillamente vestida, únicamente una camisa sin mangas y una falda vaquera hasta la rodilla, pero todo eso a ella le daba igual. Su mirada recorría su cuerpo de arriba abajo aprovechando que se hallaba distraída mirando el pequeño baño.

Su mente volvía al primer día en que la vio, mucho antes de conocerla, en aquella pequeña librería. Ella jamás entraba en una, lo único que leyó en su vida fueron los libros que mandaban obligatoriamente en el colegio y poco más, pero necesitaba un regalo para su primo, un auténtico devorador de todo tipo de lecturas. Debió darse cuenta de que se hallaba perdida porque en seguida se acercó.

- Buenas tardes, ¿puedo ayudarla en algo? -.

Durante unos segundos no apartar sus ojos de los de aquella chica, de un verde tan cálido como transmitía su mirada. Su sonrisa le iluminaba la cara transmitiéndole serenidad, justo lo que ella necesitaba, pues una extraña sensación recorrió su cuerpo en aquel momento haciéndola estremecer. En cuestión de media hora ya tenía en sus manos el libro que buscaba y recibía el ticket de aquella hermosa rubia tan joven como ella misma, pues aún no había cumplido los dieciocho años.

Alba se sentó sobre la cama bajo su atenta mirada, desde su posición junto a la ventana, de donde no se había movido observando cada uno de sus suaves y lentos movimientos por la habitación. Tímidamente comprobaba la comodidad del colchón evitando sus ojos y buscando en su interior las palabras adecuadas.

- Lo siento -.
- ¿Por qué? -.
- Sé que acepté venir aquí... contigo... pero es que... - miraba al suelo intentando esconder su más que aparente ansiedad - No sé que hacer, nunca... -.
- Tranquila - caminó hacia ella sentándose a su lado sobre la cama pero aún separada, no quería agobiarla - Alba, no pasa nada, soy yo, ¿vale? - Tiernamente la cogió de la mano intentando ayudarla - Sólo soy yo, y sólo... sólo quería estar contigo a solas, no estás obligada a nada, no quiero que hagas nada que no quieras hacer -.
- Se estarán preguntando dónde estamos -.
- No creo ni que se hayan dado cuenta de nuestra marcha con todo el jaleo que hay en esa casa -.

Alba le regaló una sonrisa tan dulce que se enamoró un poco más de ella, si es que eso era posible.

La segunda vez que la vio fue el día en que comenzó a conocerla, coincidieron en el mismo grupo de trabajo en la facultad. Siempre le gustó la carrera de psicología y ahora tenía una razón más fuerte, para Alba era su pasión. A lo largo de los cinco años de universidad su amistad se fue consolidando, compartiendo momentos tan dulces como amargos, formando parte del mismo grupo de amigos, estudiando juntas, yendo a fiestas, compartiendo pensamientos, secretos, fueron sin duda los mejores años de su vida.

- Sí, lo soy, es verdad -.
- Pero, ¿estás segura?, yo podría presentarte algunos chicos que... -.

Le sonrió y Alba la miró fijamente, estaba claro que no se trataba de los chicos que conociera o si eran guapos o feos, se trataba de sentimientos, de deseos, de sentir amor.

- No pretendo que lo entiendas, sólo... -.
- No pasa nada, Andrea, me alegra que me lo hayas contado -.
- ¿En serio? -.
- Sí, demuestra que tenemos una buena amistad y que confías en mí -.
- ¿No te doy asco? -.
- ¿Asco?, en absoluto, ahora sé que si algún día dejo a Sergio, siempre te tengo a ti para algún apurillo - se rió y Andrea la imitó intentando disimular lo que había sentido con sus palabras.

Aquel día sintió un enorme alivio, por fin había hablado de los sentimientos que tanto había guardado en su interior, y comprobó con alegría que aquella confesión más que separarlas las había unido aún más. Desde aquel día se lo contaban todo, había conseguido encontrar una confidente. Pero jamás le habló de sus verdaderos sentimientos, de lo muy enamorada que estaba de aquella pequeña rubia de ojos verdes. Alba tenía novio, cuando la conoció llevaba apenas un mes con él y lo sabía todo sobre ellos dos, algo que aunque le dolía partiéndole el corazón una y otra vez, escuchaba con resignación cuando su amiga necesitaba hablar.

Su relación había durado hasta hacía poco más de tres meses. Fueron momentos muy duros para Alba, para las dos, aunque su amor quedaba libre le dolía tanto verla sufrir de aquella manera que casi hubiera deseado que siguiera con él, pero aquella relación no tenía futuro y los dos lo sabían tomando la mejor decisión para ambos, por mucho que les doliera pues aún se querían.

- No sé en qué momento pasó -.

Andrea la miraba fijamente, sabía lo difícil que para Alba resultaba asumir los sentimientos, que sin saber por qué y sin querer saberlo, se habían asentado en su corazón y llevaban su nombre. Era un sueño hecho realidad e intentaba hacer todo lo posible para no equivocarse, para no cometer ningún error que pudiera hacerla despertar. La dejaba hablar sin interrupción a pesar de las enormes ganas de besarla que llevaba mucho tiempo reprimiendo.

- Nunca pensé en ti de esta manera, ni en ti ni en ninguna mujer -.

Alba se levantó y comenzó a caminar por la habitación, siempre lo hacía cuando algo le preocupaba, le ayudaba a pensar. Andrea se limitó a observarla igual que hiciera tantas veces cuando estudiaban solas o con los demás del grupo. Fruncía el ceño, y hablaba moviendo las manos, de vez en cuando se acariciaba su corto pelo rubio o simplemente se lo echaba hacia atrás. Siempre le hacía gracia su cara de concentración intentando razonarlo todo, y admiraba su bello perfil, su suave piel, cada gesto que tan bien conocía, su cara que tantas veces había memorizado, su cuerpo con el que tantas veces había soñado y al que deseaba por encima de todo tener entre sus brazos.

- Fue en aquel momento, sí... seguro... bueno, no sé, quizás sólo fue por como me ayudaste con Sergio, como me escuchabas, por lo buena amiga que has sido siempre... sí, quizás sea eso, es sólo agradecimiento... es el gran cariño que te tengo, te quiero mucho por la amistad tan grande y leal que siempre me has mostrado... debe de ser eso, debe de ser así como confundí mi sentimientos por ti... - de repente se paró para mirarla a los ojos y sin dejar de clavarle la mirada siguió hablando - Y, sin embargo, no es amistad... quiero decir no es sólo amistad, yo quiero algo más... ¿lo entiendes?.... -.

Andrea sonrió ante la pregunta que le acababa de hacer Alba. Cómo podía preguntarle eso. Que si la entendía. Hacía mucho tiempo que ella había pasado por lo mismo, y no sólo con ella, mucho antes se había enamorado también de otras mujeres, e incluso había salido con algunas mientras fuera amiga de Alba. Claro que la entendía, demasiado bien conocía esos sentimientos que durante todos estos años había disfrazado de amistad sólo para no hacerle daño, para no perderla. La sola idea de que su actitud cambiara, de que se volviera más distante con ella a causa de su amor, era demasiado dolorosa y su dolor superaba con creces al de no poder tenerla más que como amiga.

Alba volvió a levantarse y continuaba con su particular razonamiento, Andrea la miraba con resignación, la conocía demasiado bien y se preguntaba cuándo terminaría de tomar una decisión cuyo desenlace era obvio, al menos desde hacía dos meses y medio. Nunca olvidaría el día en que las puertas del cielo se abrieron para ella.

La lluvia golpeaba el débil tejado que cubría la terraza, aquel sonido era música para las dos, la sintonía preferida del invierno. Los ojos de Alba la delataban, había estado llorando y por eso la había llamado, necesitaba estar con alguien, la compañía de una amiga y Andrea lo había demostrado todos estos años en que siempre estuvo a su lado, en los momentos de risas y en los de llanto. Ninguna de las dos pronunciaba palabra recreándose con aquel dulce sonido y las vistas hacia la calle principal cubierta de árboles.

El silencio las envolvía con su manta y, sin embargo, hacía frío. No hacía falta hablar, no era necesario pues Andrea sabía perfectamente la causa de su dolor, a penas hacía dos semanas que había dejado a Sergio y aunque fue su decisión no dejaba por eso de ser menos doloroso. No soportaba verla así y en su interior buscaba la manera de ayudarla.

Alba rompió a llorar una vez más y Andrea se levantó para consolarla, se sentó junto a ella sintiendo con sorpresa el inmediato abrazo de su amiga y su llanto humedeciéndole la camisa. Su cuerpo se estremeció con aquel contacto y no pudo más que devolverle el abrazo con la misma intensidad, la apretaba contra su pecho mientras dulcemente le acariciaba la cabeza que descansaba en él. Y se sintió mal, se sintió egoísta pues disfrutaba de aquel momento, de aquella cercanía a costa del dolor de Alba. Llevaba demasiado tiempo amándola como para poder aguantarlo más, su corazón tenía un límite y estaba a punto de cruzarlo.

Un movimiento que no esperaba la sorprendió, y sin llegar a entender que estaba pasando, Alba deslizaba su cabeza desde su pecho hasta su cuello pegándose a él y rozándolo con sus labios, era incapaz de pensar y sólo se centraba en aquella dulce sensación, en su perfume, en su cara rozando su piel. Apretó su abrazo en un acto reflejo que fue correspondido de la misma manera. No podía creer que estuviera pasando, intentaba convencerse de que aquello sólo era un sueño, seguramente se había quedado dormida y volvía a soñar con ella. Sentía sus labios en su mejilla y cerró los ojos recreándose en aquella maravillosa sensación para abrirlos segundos después y comprobar que era cierto, real. Eran sus labios los que sentía, eran los labios de Alba los que descansaban suavemente sobre los suyos y pudo saborear la sal de sus lágrimas.

Alba abrió sus ojos y Andrea se perdió en ellos mientras intentaba volver a la realidad, convencerse de lo que acababa de pasar y sobre todo saber por qué había pasado. Y, sin embargo, fue la realidad la que le dijo que debía irse, fue su verdadera situación quién le pidió perdón y le prometió que nunca más sucedería, quién se sentía avergonzada por su comportamiento, y quién sólo quería ser su amiga.

- Quieres, por favor, no mirarme así -.

Andrea volvió de los recuerdos para encontrar a una Alba que la miraba molesta, no le gustaba que la observasen fijamente cuando intentaba pensar.

- ¿Qué haces? -.
- No lo entiendes, ¿verdad?... no puedes entenderlo, para ti es algo de lo más normal y no me entiendes, no puedes entenderme -.
- Desde luego que no lo entiendo, llevas media hora dando vueltas de un lado a otro y aún no te has mareado -.
- Intento... -.
- Sé lo que intentas - se levantó de la cama y cogió el bolso que dejase sobre el sillón para sacar su cartera - ¿Quieres algo?, voy a buscar algo para beber, con tanta porquería que compraron me ha entrado sed y seguro que tú también tienes con todo lo que has hablado hoy - le sonrió y le dio un rápido beso en la mejilla, abrió la puerta y le guiñó un ojo a una descolocada Alba que de pie observaba a Andrea macharse en busca de bebidas.

¿Qué le estaba pasando?, ¿qué hacía ella con Andrea?, ¿desde cuándo sentía algo así?, ¿cómo era posible que hubiera aceptado venir?, es más, ¿cómo era posible que fuese a ella a quién se le ocurrió venir a aquel lugar?. Se sentó sobre la cama con su mente ocupada por multitud de preguntas que no hallaban respuestas, al menos no las que desearía. Andrea era una gran amiga, quizás su mejor amiga pero todo eso había cambiado desde aquella tarde en que se transtornó. Sí, fue una enajenación transitoria, un escape al dolor que sentía en aquel momento. Y, sin embargo, no conseguía olvidar la indescriptible sensación que le produjo besarla, una y otra vez volvía a ese momento, no dejaba de pensar en ella acercándose a sus labios, no podía quitársela de la cabeza.

Aquella noche, cuando la vio entrar en la casa de Ana, su corazón le dio un vuelco y su primera impresión fue de alegría, de orgullo al verla tan guapa y comprobar que no pasaba inadvertida entre la multitud que la loca de Ana había invitado con ocasión de su fiesta de cumpleaños. Siempre acababa exagerando pero en aquella mansión no tenía problema de espacio y sus celebraciones tenían fama, eran divertidas cuando salían bien.

Quiso evitar encontrarse con ella pues se moría de la vergüenza por lo ocurrido en su casa días atrás, pero sabía que era una misión imposible, tenían los mismo amigos. Sus ojos se encontraron y, lejos de huir, sus miradas se cruzaron durante un largo instante, hasta que la propia Ana rompió el hielo y la magia del momento se transformó en la amistad y la confianza que siempre habían tenido. Durante más de una hora, sentadas junto a la piscina junto a los demás no pararon de reírse y recordar anécdotas de los años de universidad. No sólo era el cumpleaños de la hija de los dueños de aquella casa, también hacia sólo una semana que acababan de licenciarse, y aunque ya lo habían celebrado no se cansaban de repetirlo.

Todo cambió desde el momento en que se quedaron solas, los demás se fueron cada uno por su lado mezclándose entre la gente y Andrea supo que era el momento de hablar, no podía callarse durante más tiempo, no sólo por lo que había pasado si no también por que no había sido ella la causante. Fue Alba la que le besó sin que ella hiciera nada para provocarlo.

- Alba, yo quería hablar... -.
- Espera, sé lo que vas a decir - sus ojos se clavaron en ella y su corazón se paró perdiéndose en su mirada - Ven -.

La cogió de la mano con una decisión inusual, llevándola al lugar más apartado de la piscina, la gente comenzaba a lanzarse al agua armando un jaleo que hacia imposible mantener una conversación. Encontraron un lugar por detrás de la casa donde parecía pasar gente con menos frecuencia que por el resto de la casa y además quedaba medio oculto entre dos columnas. Se colocaron una frente a la otra y Andrea supo que había llegado el momento.

- Siento lo del otro día, Andrea, no sé lo que me pasó -.
- ¿De verdad lo sientes? -.
- Creo que estaba confundida, confundí mis sentimientos, jamás pensé en una cosa así -.
- Alba, yo... -.
- No quiero que nuestra amistad se rompa, eres mi mejor amiga y te necesito como tal pero, no sé, me dejé llevar por un sentimiento absurdo y momentáneo... -.
- Alba... - era imposible hacerla callar.
- Me sentía sola por todo lo de Serg... -.

Era la única forma que pudo encontrar para hacerla callar, en un arrebato y sin pensarlo, cogió su cara con ambas manos y la besó, apretando sus labios al principio para dejarlos más sueltos después. Alba parecía no reaccionar, sus labios permanecían quietos y sus ojos abiertos mostrando sorpresa y confusión al mismo tiempo.
A medida que su boca se movía, Alba tomaba conciencia de lo que allí sucedía y sin poder creerlo Andrea se sintió correspondida, su beso era devuelto con la misma ternura. Y ahora era ella misma la que no entendía nada y tampoco quería, su único deseo era disfrutar de aquel momento. El beso se alargaba y los sentimientos crecían en su interior, rodeándola la cintura con sus brazos y atrayéndola aún más contra su cuerpo. Alba le correspondía con la misma ansiedad hasta que unas voces las asustaron. Se separaron bruscamente justo antes de aquellas chicas pasaran y las miraran sin poder adivinar lo que allí acababa de suceder. Intentaba encontrar las palabras adecuadas para que Alba no se asustara, para que no se alejase de allí y, sin embargo, por tercera vez aquella noche Alba volvió a sorprenderla.

- ¿Quieres que vayamos a Sant'Ana? -.
- ¿Sant'Ana? -.
- ¿Quieres? -.
- ¿Sabes qué lugar es? -.

Sentada en la habitación del motel Sant'Ana esperaba a que Andrea volviese con algo para beber, en verdad tenía sed y comenzaba a dolerle la cabeza. Necesitaba entender lo que le estaba pasando, aquello no podía ser verdad y, sin embargo, sus sentimientos eran reales, hacía sólo unas horas había correspondido con ansiedad al inesperado beso de la morena y a su amoroso abrazo que le hizo estremecerse de arriba abajo. Jamás hubiera parado tan pronto de no ser por aquellas chicas que a punto estuvieron de sorprenderlas.

Desde el sillón podía ver la puerta que acababa de abrirse para ver entrar a Andrea con unas latas de refrescos y una bolsa de dulces varios. La miró fijamente recreándose en el precioso cuerpo que la morena poseía, y en como se acercaba y se sentaba sobre la cama dejando la pequeña compra sobre la mesita. Su largo pelo negro y sus ojos de un intenso azul eran la envidia de la universidad, sin duda, era una mujer guapísima, y con un cuerpo que no dejaba indiferente a nadie. Su gran corazón era su mayor virtud, tenía todo lo que cualquiera podía desear, todo lo que ella comenzó a desear hacía tiempo. Un deseo al que temía como al mayor de sus enemigos pero que le hizo entender que su relación con Sergio era inútil, que no pensaba en él ni le deseaba la mitad de lo que deseaba a Andrea, su amiga, su mejor amiga y su amor.

- ¿Y bien? -.

Miró a Andrea con extrañeza, sin saber qué le estaba preguntando.

- ¿Has decidido algo? -.

Una pregunta que aparentemente no era importante, una pregunta como cualquier otra que, sin embargo, hizo que algo se encendiera en su interior, algo que crecía por momentos y le aclaraba las ideas, algo que hizo latir con fuerza a su corazón y que ordenó a su cuerpo levantarse y sentarse junto a Andrea, algo que le impedía a apartar sus ojos de los de ella.

- Sí -.
- ¿Sí?... - Andrea la miraba fijamente - ¿Qué has decidido? -.

Alba levantó una mano acariciando lentamente la cara de Andrea acariciándola, acercándose poco a poco hasta quedar tan cerca de sus labios que podía sentir su respiración. Miró su boca deseándola y, sin pensarlo más, la besó, con decisión, profundizando el beso y desarmando a una Andrea que sólo podía concentrarse en aquella maravillosa sensación y en la pasión que comenzaba a crecer sin control en su cuerpo. De repente Alba se separó lo suficiente para mirarla fijamente a los ojos mientras intentaba tranquilizarse para poder hablar.

- He decidido que... te quiero -.

Aquellas dos simples palabras hicieron que fuera Andrea esta vez quien, sin poder controlarlo, llorase. Dos lágrimas cayeron por sus mejillas sin poder evitarlo y bajo la atenta mirada de Alba que no acababa de entender aquella reacción.

- Andrea, ¿estás bien?... ¿qué... -.
- Abrázame - Sin dudarlo Alba la abrazó con fuerza.
- Cariño, ¿qué pasa? -.

Andrea lloraba sin control desahogando lo que su corazón guardaba tan celosamente desde el primer día que la conociera.

- Me has hecho... la mujer... más feliz del mundo -.
- ¿Por decirte que te quiero? -.

Esta vez fue Andrea quién se separó para mirarla a los ojos.

- Alba, yo también te quiero y te amo, te amo desde antes de conocerte, desde aquel día que me atendiste en la librería - la miraba mientras le acariciaba la cara - Durante este tiempo te he amado creyendo... estaba convencida de que jamás me... me corresponderías, esto es un sueño para mi - volvió a besarla - ¿Sabes las veces que he soñado con esto?, durante años no he pensado en otra cosa, siempre has estado en mi, siempre has vivido en mi -.
- Yo no... no sabía nada de eso -.
- No quería que lo supieras, quería que fueras feliz -.

Alba sólo pudo abrazarla con fuerza sin poder imaginar por lo que Andrea había pasado, lo que había sufrido por su amor. Y en ese momento, justo en ese momento, sintió que se enamoraba de ella y supo que su amor sólo acababa de nacer. Se miraron a los ojos y se dieron permiso en silencio, permiso para amarse y entregarse la una a la otra como nunca habían echo con nadie antes, sus cuerpos y sus almas se encontraron una y otra vez en aquella pequeña habitación, caricias y besos envueltos en deseos. Y fue allí, en la pequeña habitación de un motel, donde se conocieron de nuevo por primera vez.

FIN


Indice Fan Fiction

Página Principal