Disclaimers: Ummm Creo que realmente estos personajes me pertenecen, pero debo avisar de que están basados en otros dos que tod@s conoceis genial, así que no tendré que explicarlo. Supongo que el parecido no es sólo físico, sino que se ve mucho más profundo en las personalidades de las dos. Por ejemlo el pasado oscuro de una y la inocencia que comienza a corromperse de la otra. Ya sabéis a qué me refiero. Pero una cosa es el plagio, y otra muy distinta el homenaje, ¿no?

Esto que tenéis delante es un Uber, chi, de estas historias que ocurren en otras épocas. Pero mi época no es la actual (aburriiiiiida) sino una fantástica que me invento por la cara, tratando de emular a gente como Tolkien o Louis Cooper. Si no os gusta la fantasía, no os gustará este uber, básicamente porque no soy una diosa de la literatura que sepa dar lo que otros grandes genios no han podido (aunque muchos me digan que sí). Pero también hacepto críticas negativas, así que animo a todo el mundo a que siga leyendo. ¡Ánimo, a leer! xD.

Y bueno, supongo que tengo un par de avisos más que hacer. Para empezar, hay violencia. Muchísima... Me paso con la violencia. Soy una sádica. Muere un montón de gente y esas cosas. Ya sabéis. Y por si eso fuera poco, hay sexo... Estoy un poco salida, también. Así que creo que le gustará a la gran mayoría. (Si eres menor de 18 y estás leyendo esto... Bueno, no soy quién para criticar, yo leía cosas peores...) Pero como te pillen no es culpa mía, yo avisé. Que conste. En fin, y sin más dilación os dejo con el Uber. Aunque el 50% de la gente ya debió huír al ver semejantes avisos... Suerte a los que queden. Espero que os guste. Críticas y comentarios a cala_ithil@hotmail.com

Ah, por cierto, se lo dedico a Xisa y a Lauren, por incondicionales. ¡Apuntaos una!


LA BESTIA

Cala_Ithil

1. EL DESPERTAR

La luz inundó sus inmensos ojos verdes, abrasando la retina que ya se había acostumbrado a la oscuridad eterna. Se revolvió dentro de la robusta caja de madera, inquieta, como si acabase de darse cuenta de que no debía estar allí. Al sentir el dolor de su primera bocanada de aire, se avalanzó sobre el borde, agarrándolo con sus finas y pálidas manos y apretando con tanta fuerza que hasta hizo saltar las astillas. Un hilo de sangre se escurrió por sus muñecas, mientras ahogaba en su garganta un sollozo. Escondió la cara entre sus manos, deshorientada, sin recordar nada. Sollozó con desesperación durante un período de tiempo que se hizo eterno, hasta que por fin sus lágrimas se secaron sobre su piel y resolvió que esa no era la solución.

Fue entonces cuando alzó la vista, mientras sujetaba los doloridos y sangrantes miembros que acababa de descubrir. Reconoció el lugar de un sólo vistazo. Estaba en un tétrico panteón, rodeada de multitud de ataúdes de gente que jamás sabría quiénes habían sido; la luz del sol se colaba por un pequeño ventanal orientado hacia el oeste, estaba anocheciendo; la caja donde se encontraba estaba subida a un pedestal tan alto que llegaba por encima de la cintura, pero parecía que no siempre había estado ahí. Un bloque de piedra había sido arrancado por la fuerza y ahora se encontraba vacío. Quizás, y sólo quizás, alguien le había salvado la vida.

Al final, mi figura fue lo suficientemente imponente por sí sola, ya que sin que yo llamase su atención, dirigió su exquisita mirada verde mar sobre mi rostro, clavando la calidez de sus ojos en los míos. Tenía los ojos más hermosos que jamás había visto, aunque siempre había oído lo mismo cuando alguien admiraba mi belleza. Puede que no siempre lo dijesen para salvar sus vidas... Siempre había considerado el azul de mi mirada como un frío acero más que el oscuro cielo del atardecer. Pero los suyos... Esos sí que eran algo realmente hermoso. Finas vetas de esmeralda se colaban entre largas ondas del color del mar en calma. Habría podido quedarme mirando aquellos ojos eternamente, dejándome inundar por la quietud que desprendían. Pero no había tiempo. Tenía demasiadas cosas que hacer.

Al principio parecía desconcertada de verme allí, pero reaccionó rápido, dibujando con sus finos y suaves labios rosados una sincera sonrisa de reconocimiento y presentación. Algo que no dejaba de ser un saludo hacia su carcelero, una deliciosa ironía que me facilitó poder devolverle el gesto. Casi sentía lástima por ella. Casi. Pero ¿por qué preocuparme por un ser que ni tan siquiera estaba vivo realmente?

Su boca se abrió, dejando que la dulce melodía de su voz escapase entre sus dientes, llegando hasta mis oídos con un tono claro y ligero. Me gustó su voz... No me había equivocado al escogerla. Ella era todo lo que necesitaba en esos momentos: una mujer hermosa, en la flor de la vida, con unos ojos que no me cansaría de contemplar. Lástima que no fuese a durar lo suficiente para sacarle el mejor partido. Llegué incluso a lamentar que fuese a devolverla tan pronto a sus cenizas, planteándome alargar la experiencia algún tiempo más. Pero la magia no duraría eternamente, y yo sí. No podría mantener a un cadaver más que un par de días.

Escuché ensimismada sus palabras, mientras apreciaba cada brillo del sol en su mirada, cada destello reflejado sobre su perfecto iris. Jamás habría dicho que hacía unos instantes era tan sólo huesos y piel seca. El hechizo había funcionado a la perfección, trayendo de nuevo la sangre a sus venas, la suficiente para permitir que se sonrojase al sentir mi mirada fija en ella.

- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy?

Silencio de efecto, recuerdo haber pensado... Ella me miraba con curiosidad e inocencia, tratando de cubrir su cuerpo desnudo con los brazos. Yo la miraba con una mezcla entre burla y diversión sádica que había tardado muchos años en perfeccionar. Traté de hacer lo más larga posible la espera. Hacía mucho tiempo que no practicaba mi crueldad con nadie, y ahora tenía la oportunidad perfecta. Total, ¿quién me culparía por reírme de un muerto? Pasé la lengua por mis lábios resecos, humedeciéndolos para que estuviesen preparados para mi inminente discurso.

Ella me miraba cada vez más extrañada, o eso habría jurado de no saber que estaba sólo ante un muñeco. Recogí una tela lisa de color ambar y la tiré sobre su piel, los actos reflejos de su antigua vida parecían continuar haciendo efecto en el cuerpo reanimado. Caminé a su alrededor, mirándo cada curva de su cuerpo sin ningún pudor, notando cómo me seguía con la mirada. Le di la espalda durante un par de segundos. Ella permanecía expectante, pero no volvió a preguntar. Me permitió tomar el aire suficiente para responder, me permitió incluso recitarme mentalmente el discurso aprendido para estas ocasiones. ¡Dioses! ¡Realmente estaba disfrutando con eso!

Un paso. Dos más. Otro pequeño. Media vuelta... Al final mi propia actitud me pareció infantil, estaba perdiendo un tiempo valiosísimo. Tosí para aclararme la garganta, volviéndome y mirándo directamente a sus preciosos ojos. Tragué saliva cuando aprecié que ella también recorría mi cuerpo con una curiosidad que se suponía que no tenía. Intenté dejar mis pensamientos a un lado y comencé a hablar:

- ¿Preguntas quién soy? No. La cuestión es ¿quién eres tú? ¿Sabes? Creo que soy la única que puede dar respuesta a esa pregunta. O al menos puedo darte algún ligero detalle.

Sus ojos me interrogaron ingenuamente, mientras yo disfrutaba con crueldad de cada segundo, admirando sus gráciles movimientos sin perderme de vista al mismo tiempo.

- ¿No entiendes? Tranquila, lo harás -carraspeé suavemente antes de lanzarme-. ¿Crees en la magia? -rostro incrédulo-. ¿No? Pues deberías, porque la magia está en todas partes. Está presente en cada uno de los poros de nuestra piel; está en el aire, en el agua, en el fuego y la tierra. La magia está ahora mismo corriendo por tus venas, haciendo bombear tu corazón. Hace un rato no eras más que polvo. Hace un momento, estabas muerta -mirada de confusión-. Sigues muerta, en realidad; me temo que si no fuera por mi hechizo ni siquiera tendrías corazón que bombear.

"Verás, los órganos internos son lo primero que se pudre cuando estás muerto. La piel y los huesos aguantan mucho más. Tu ya estabas un poquito reseca. Debías llevar unas cuantas décadas muerta. Pero míralo por el lado bueno, ahora vuelves a ser tan hermosa como cuando te enterraron... O quizás más... Por cierto, qué joven eras, ¿no? -su cara de asombro me animaba a seguir; abrió la boca como para interrumpir, pero no estaba dispuesta, todavía me quedaba cuerda para rato-. ¡Ah, no! No me preguntes cómo has pasado a... mejor vida... Lo único que sé de ti es que fuiste enterrada en un panteón muy, muy caro, con mucha gente más a la que no puedo dar nombre porque las lápidas se han desgastado demasiado. Este sitio lleva abandonado una eternidad..."

"Lo que sí puedo decirte es por qué vuelves a estar aquí, con vida. Verás. Hay una misión que tengo que realizar, de hecho no es una misión, en realidad es un encargo personal... En fin, que todo esto no te interesará y supongo que querrás volver al sitio en el que tan plácidamente descansabas. Lo que necesito de ti es que seas... Mmmm, ¿cómo puedo decirlo? Sí, será lo mejor. Necesito que seas mi esclava -una sombra cubrió su rostro, una expresión que me molestó sobremanera, al arrebatarme la hermosura que la hacía brillar hacía unos instantes; parecía que toda la ingenuidad se había caído a un profundo pozo-. Mujer... Claro que si no quieres siempre puedo escoger alguno de estos vejestorios de por aquí... Están deseando salir a dar un paseo. Pero tú también, ¿no?"

"No me obligues a escoger a otro, me da la impresión de que tu cuerpo es el más apropiado -sujeté su cara entre mis dedos, con cierto desdén, mientras giraba su rostro para verlo mejor, era realmente preciosa; dejé que su mirada volviese a posarse en mí, y a pesar de lo impersonal de la expresión, sus ojos parecían despedir llamas de ira-. ¡Oh, no me mires así! ¡Es cierto! ¿Qué pasa? ¿No lo entiendes? Reclamé tu alma mediante un hechizo y ahora me perteneces totalmente, para hacer contigo lo que desee -sin soltarla, pasé mi lengua por el borde de su cara, me pareció notar el sabor salado de una lágrima, pero era imposible-. ¿Ves? Venga, levántate. Esto empieza a ser aburrido y tenemos todavía una infinidad de cosas que hacer. Además, la vida que te he dado sólo durará el tiempo justo. No es cuestión de perderlo...

Sus ojos se ensombrecieron bajo la duda y la confusión que reinaban en ellos. Intentaba hablar, pero parecía que las palabras se le atragantaban; que sus temblorosos labios eran incapaces de dejar huir sonido alguno. Agachó la cabeza, ocultándome su mirada. Creí ver otra lágrima resbalando veloz por su pálida mejilla; pero deseché la idea en seguida; seguro que sólo había sido un reflejo. Ella sólo era una esclava traída a la vida por medio de la mágia, para servirme en todos mis deseos. No tenía sentimientos. El conjunto de luces y sombras del panteón me estaba jugando una mala pasada. Ella no podía llorar. Pero no se movía, y yo empezaba a perder los nervios. La cogí por los hombros y la zarandeé un poco para intentar que espabilase.

- No tienes que decir nada -atajé algo incómoda ya por la tardanza de su respuesta-. Basta con que me obedezcas -la observé, pero no hubo el menor cambio en su expresión-. Muy bien... Vas a obligarme a devolverte a tu ataud y buscar otro con el que funcione el hechizo. Maldita sea... Con la energía que se necesita para hacer algo así...

La situación comenzaba a resultarme violenta: ella no se movía ni hablaba y yo empecé a sospechar que algo no iba bien. Repasé mentalmente mis movimientos, mis palabras, cada uno de mis gestos. Quizás me había equivocado en algo... La mejor solución era anular el hechizo, así no tendría más problemas. Podía descansar unas horas y volver a realizarlo sobre otro cuerpo. Y esta vez pondría más cuidado con lo que hacía. Saqué el libro de hechizos y busqué la página que había utilizado. Pero por algún extraño motivo, el libro no me permitía llegar a ella. De todas formas no fue necesario que anulase nada, al fin reaccionó y dejé de martirizarme pensando en un posible error.

- Soy tu esclava, entonces -la voz sonó firme, pero tembló de un modo casi imperceptible que me puso los pelos de punta-. ¿Qué debo hacer?

- No hay prisa, niña. Haré que comprendas antes de que actuemos. Sí, sí, sí. Creo que podemos empezar por abandonar ese tétrico ataúd en el que tienes la mala costumbre de dormir. Tranquila, mientras vengas conmigo te dejaré dormir en una cama. Y si no hay probarás las delicias de dormir en el frío y duro suelo... Si yo puedo hacerlo, tú también.

Le extendí mi mano para ayudarla a bajarse del pedestal, pero la rechazó de un golpe y trató de incorporarse por ella misma. Le costó lo que me parecía una eternidad, pero yo estaba más preocupada por el hecho de que rechazase mi ayuda. Supuestamente, había creado un muñeco que cumplía mis órdenes a rajatabla, un pelele que se movía cada vez que yo hacía un gesto y que saltaba a una sola orden mía. La miré mientras se alejaba hacia la puerta del panteón. De dos zancadas la agarré y la volteé violentamente.

- Ey, nadie te ha ordenado que salieras. El camino está por aquí. ¿Por qué crees que he entrado en esta cripta? ¿Por que te buscaba a ti? Me valía cualquiera... Anda, acércate y ayúdame a mover esta losa, pesa demasiado para mí sola.

Se colocó frente a mí sin una sóla palabra y tiró de la losa cuando le di la señal. Pero en lugar de esperarme, entró por el pasadizo que acabábamos de abrir. Cada vez tenía más dudas, ¿habría utilizado el hechizo correcto? Se lo había pedido al maldito libro, pero cuando lo pronunciaba un cosquilleo había martillado en mi mente durante cada instante. El siguiente detalle que me haría dudar, el más doloroso, no tardaría en llegar.

Fin del Primer Capítulo


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