Dedicatoria: En memoria del amor de las protagonistas, a la Bardo y la Guerrera... que su amor dure, lo que tenga que durar... yaaaa por los Dioses!!!... me aburren!!!... ahah... mensaje para mi cuñis... si me sigues molestando olvídate de la continuación de la historia... y no doy a adelantos a NADIE... ¿entendiste?... ah y dile a la bardo que sea buena personita conmigo, eh... gracias por la pulsera de libélula que me regalaste, esta muy bonita. Siento tardar tanto en la continuación... de hecho ya la tenía desde mucho tiempo atrás, creo que ya es el momento justo de mandarla.

Ya saben, comentarios, críticas, sugerencias y reclamos a tazey_roc@hotmail.com


LAS NUBES DE INVIERNO

Por A.C. Tazey

... No es el sentido de la historia.... es el significado de su esencia...

Cap. II. Una Historia de Amor

-Ese es el proyecto que tenemos para que Chiapas sea una zona turística.

-¡Si!- se oyó una voz molesta entre los espectadores- ¡¿Y para que sea contaminada?!

-¿Perdón?- Helena se sintió incómoda.

Desde la primera fila se levantó una mujer joven, de escasos 26 años, su cabello rubio le llegaba un poco abajo del hombro y el brillo de sus ojos verdes a Helena le parecieron los mas hermosos que ha visto en su vida.

La chica llegó hasta el estrado evitando a los guardias de seguridad.

-Usted ha vivido siempre en la Ciudad de New York- decía la joven de ojos verdes- no sabe lo que es la naturaleza, contemplar lo maravilloso de la sierra, la tranquilidad que da...

-¿Quién es usted?

-Mi nombre es Lorena Vicario... soy médico desde hace un año en la sierra donde ustedes pretenden convertir en lo que no es.

Helena se sentía sin defensa, no podía permitir que eso estuviera pasando, sabia que no era una buena imagen para la empresa y mucho menos que los inversionistas estuvieran presentes en esa discusión.

-La junta se pospone hasta mañana, a la misma hora- dijo Helena.

Tomó a la chica del brazo, pero Lorena se soltó con fuerza.

-¡¡Nadie dejara que se construya un hotel en ese lugar!!- dijo enérgica. Los inversionistas que estaban por marcharse se detuvieron para escucharla- ... pueden ahorrarse su dinero o desperdiciarlo en vano.

Salió de la sala de juntas.

Helena se acercó a uno de sus asistentes.

-¿Por qué esta aquí?

Su asistente revisó las listas

-Esta bien... Ella esta registrada, Lorena Vicario, médico de la sierra desde hace mas de un año, aprobaba el proyecto.

-Tú lo has dicho, lo aprobaba- dijo angustiada- ¿En que habitación la registraron?

-Habitación 16- volvió a revisar sus listas- si, la 16.

Helena se apresuró a llegar a la habitación... pero al pasar por una de las estancias del hotel encontró a la rubia mirando con insistencia el cielo.

-¿Algún ovni?- dijo bromeando.

-¿Siempre se ve así?

Helena la observó impresionada porque no reaccionó como ella lo esperaba, esperaba algún golpe o palabras desagradables, esperaba a la misma chica que se atrevió a retarla frente a inversionistas que jugaban un papel importante en el trabajo de Helena..

-No entiendo.

-¡Las nubes!... ¿siempre se ven así?

Miró el cielo que estaba espeso con un manto de nubes grises siendo las 6 de la tarde.

-Las nubes son nubes... siempre están igual.

-Empieza el invierno... Las nubes de invierno, son diferentes.

Dio la vuelta y se alejó.

-Soy Helena, Helena Rusenberg- gritó.

Las nubes de invierno... pensó Helena. Mirando ese cielo gris.

A pesar de aquel incidente el proyecto fue aprobado por los empresarios con el apoyo de los inversionistas, Helena partiría la próxima semana para México.

-Te felicito Helena- dijo Mónica- sabía que lograrías convencer a los inversionistas.

-Mónica- dijo pensando- ¿Cómo son las nubes de invierno?

Su amiga la miró extrañada.

-¿Las nubes?... no sé, ni siquiera he mirado el cielo desde que mi vida es de accionista... Helena, si no te has dado cuenta vivimos en New York, aquí no ves mas allá de la altura de tus ojos.

-Las nubes de invierno son diferentes- dijo con una sonrisa que ni ella se creía.

Entró a la oficina, pero no a la suya y gracias a ello se encontró con algo muy desagradable para ella.

-¿Por qué no tocas la puerta?- preguntó Jessica, acomodándose sus ropas porque estaba en un plan de seducción con uno de los empresarios. Helena quedo en shok, sabia que la engañaba, siempre tuvo la idea de jamás ver eso...


-¡Abuela!- interrumpió - sigo sin entender- Andrea miró la puerta esperando a que saliera su madre de casa y le dijera "tu nunca entiendes nada". Pero no, esta vez no apareció.

-Esto es el principio- dijo mirando el cielo y con una bella sonrisa- ese mismo día... en esa misma noche...

Esa misma noche, Jessica llegó al apartamento, a pesar de que no le importaban sus sentimientos se sentía un poco culpable por lo que vio Helena esa mañana.

Se sentó sin ganas en el sofá, la mesa de centro aun conservaba las velas a medio derretir, bajo ellas se encontraba una carta. "Helena"... decía el exterior de la carta, Jessica la jugo por unos segundos entre sus dedos y la abrió...

"Sabes, hoy la soledad es otra... es otra diferente... sin ganas de aliviarla... sin ganas de correr... sin ganas de abrazar y desvanecer esa soledad... no sé que hay ahora en mi...
¿Por qué dices cosas que no cumples?... ¿¡por qué!?... ¡no entiendo que pasó!... ¿¡dónde quedo lo de antes!?... ¿¡Cuándo termino todo!?... si ya no te hago falta... sólo dilo... no lo ocultes con palabras... A veces pienso que esas palabras ya no las sientes... ya no te importa nada... ya son 4 años... y ya no te siento... ya no te encuentro... ¡ya no estas!...

Ahora que las cosas son así... sólo quiero ser como antes... no sentir lo que siento a cada segundo... cada que dices algo, y no logras cumplirlo, no sabes cuanto duele, duele esperarte... pero sabes, en realidad es mi culpa... es mi culpa por hacerme tan dependiente de ti, de tus palabras, de que estabas ahí... ¿por qué ahora no?... puedo cansarme, ¿lo sabes?... algún día ya no estaré aquí... puedo irme sin decir nada... ya sé que puedo lograrlo... y aun así, sigo, sigo aquí... intentando no caer, intentado no volver a la oscuridad que me llama, a la que quisiera volver, estoy mas segura allá, mi corazón no sufre... sólo recuerda, pero nada le hace daño... porque ya esta lastimado...

¿Algún día habrá algo que en realidad me haga feliz?... tal vez el día... el día que puedas cumplir algo dicho... cuando pueda soportar estar aquí sabiendo que no vas a llegar... algún día sabrás que es mejor el silencio, no hieres a nadie con tus palabras... no lastimas a la persona que mas quieres, y además... no te lastimas... pero duele mas cuando las escribes... cuando estas intentando con toda la fuerza de tu corazón no llorar, cuando tus ojos se ponen rojos y tu pecho duele... y tus manos no saben como acomodar todas esas palabras que lastiman, todas aquellas que pueden decirte lo mucho que te odian sin terminar diciendo lo mucho que te aman... eso es lo que hay... sólo eso... ¿habrá algo mas en ti?... ya no te entiendo..."

Jessica no se explicaba lo que estaba leyendo, descansó un poco sus ojos mirando alrededor y se dio cuenta que ya todo se veía diferente, se veía vacío y melancólico. Sintió un poco de frío, se metió a la recamara para sacar un abrigo del closet. La ropa de Helena ya no estaba, miró a todos lados y ya no había nada de Helena... se sentó sobre la cama incrédula y siguió leyendo...

"Odio esperarte... ¡odio verte y saber que te iras!... odio, odio cuando dices "me tengo que ir"... odio cuando llegas tan tarde a casa y tengo que callar mis celos porque se que estuviste con alguien mas... odio no saber que has hecho el día de hoy... y lo peor... es que... ¡odio amarte!... ¡me odio por enamorarme de ti!... y odio que a pesar de todo... no pueda evitarlo... que no pueda evitar sentir tanto amor por ti... tanta ternura con tus palabras... con tu voz... que todo sea tan fácil cuando estas tú... que mi vida sea mucho mejor cuando estas conmigo... que esa oscuridad que me llama ya no esta y lo único que ven mis ojos... sea la luz de tu amor... sólo la luz de ese amor que alguna vez me diste..."

Con amor... Helena

Jessica llegó molesta a la empresa y sin decir nada, entró a la oficina de Helena. Mónica la siguió y la encontró revolviendo papeles del escritorio.

-¿Que haces aquí?- le dijo.

-Necesito la información del proyecto que llevaba Helena.

-Será mejor que la dejes en paz.

-¡Ella me necesita!

-Ja, ella sólo se acostumbró a ti- se acercó a ella desafiante- tú eres la que la necesita.

-Ya veras que ella regresara...


El ambiente de un lugar a otro es diferente... cada uno cuenta con una vida. Sin darte cuenta necesitas de algo o de alguien para vivir... ¿pero cuando no dependes de nada, sólo del destino... de una vida que te atrapa y al mismo tiempo te deja ir?...

-Colega, te lo advertí muchas veces... esto ya no tiene regreso.

Lorena lo miraba sin decir nada.

-Llevas mas de un año, estuviste expuesta a miles de infecciones, tantos insectos extraños con enfermedades aun mas extrañas... sabias que...

-¿Cuanto tiempo?- preguntó.

-Eso no sabría decirlo con exactitud.

-¿El próximo invierno?

-Tal vez ya no Lorena... mira, algunos síntomas serán temporales, pero la ceguera será permanente...

*****

Helena caminaba de un lado para otro, se sentía extraña, un poco confundida y feliz por atreverse a dejar a Jessica, por el momento estaba en un hotel, la empresa antes de marcharse a México les dio una semana libre.

-No puedo creerlo- se decía. No podía creer que tuvo el valor para dejarla.

Sonreía y miraba tras la ventana de aquel elegante hotel, respiraba aquel aire contaminado pero tan lleno de libertad. Miró el cielo con un poco de estrellas que no se dejaban ver por la intensa luz que reflejaba cada uno de aquellos enormes edificio, opacaban lo que era realmente el brillo de las estrellas. No había nubes en aquel cielo y aun así no pudo evitar pensar en ellas y recordó aquella escena, aquella mujer fuerte de ojos verdes "Lorena Vicario"... pronunció su nombre en sus pensamientos tantas veces que le provocó una alegría aun mas grande de lo que sentía.


Empezaba el invierno que se confundía tanto con el final del otoño, que en realidad no se veía cuando empezaba uno y cuando terminaba el otro. Por la mañana y por la tarde hacia frío y el viento tenia un papel importante entre esas dos estaciones, lo que marcaba las nubes de invierno.

-Colega, si las sigues mirando de esa manera terminaras por acabártelas.

-Siendo la última vez en invierno que las vea... no voy a perder la oportunidad.

-Lorena, por qué no te vas a la ciudad, con tu familia, disfruta el tiempo que te queda con ellos...

-Sabes que mi familia esta aquí, además, recuerdas que tenemos un plan que boicotear...

-... Deja eso por la paz, sabes que aunque nos plantáramos todo el día allí, ellos van a construirlo.

-No, de eso me encargo yo... será lo último que haga...

-Hablando de eso, ¿sabes que llegan mañana?

-Lo sé Adrián... ya estoy preparada.- dijo sonriendo.

Llegó esa mañana, la neblina cubría la mayor parte de la sierra, ya habían varias personas en el pequeño hospital esperando reunirse con Lorena y Adrián, médicos de la sierra y encargados del comité.

-¿Alguno de ustedes ha visto a Lorena?- preguntaba al percatarse que ella no estaba.

-No- respondieron todos.

Adrián se preocupó mucho, sabía que ella no podía fallar de esa manera, temió porque los síntomas de su enfermedad se manifestaran tan rápido.

Pasó casi medio día y Lorena no aparecía. Adrián organizó a todos antes de la llegada de los visitantes de New York, y partió en busca de Lorena que se quedaba en la parte mas alta de la sierra, siempre buscaba la tranquilidad. Llegó a una pequeña cabaña cubierta de lirios y algunos árboles frutales. Entró sin avisar, los dos eran buenos amigos habían estudiado en la misma facultad.

-¡Lorena!

Lorena estaba sumergida en sus pensamientos sentada sobre la silla, parecía muerta por tanta inmovilidad.

-¿Lorena?- se acercó temiendo lo peor.

-¿Has escuchado el silencio total?- lo miró asustada.

-¿De qué hablas Lorena?- se sentó junto a ella intentando calmar el temblor de sus manos.

-Todo esta empezando a terminar.


Tres camionetas y 2 coches llegaron a medio día a la sierra, en uno de ellos llegaba Helena con los inversionistas mas importantes. Bajó de la camioneta y le sorprendió lo hermoso que era el lugar, la frescura de aquel inmenso verde de la sierra, pero en realidad lo único que quería era sorprenderse con esa mirada que podía confundirse entre la fuerza del azul del cielo y la tranquilidad y el verde de un valle.

Buscó entre la multitud a la chica de mediana estatura, la buscaba con insistencia tenía unas enormes ganas de verla, se sorprendió al no encontrarla ahí, mas que sorprendida estaba decepcionada.


-¿Estas bien?- Preguntaba Adrián al verla tan pensativa mientras bajaban hacia el pueblo.

-Estoy bien... sólo es- pensó Lorena- tuve miedo... mucho miedo, no por no escuchar nada, sentí miedo porque dentro de ese silencio no había nada que extrañara escuchar.

La gente del pueblo no pudo hacer nada al respecto, sin la ayuda de Lorena o Adrián se sentían indefensos. Los ingenieros empezaron con el plan de construcción haciendo monitoreo de la zona, Helena estaba a cargo de casi todo, así que debía estar desde la colocación de la primera piedra hasta el corte de inauguración del hotel. Cada cierto tiempo se alejaba de su trabajo y buscaba entre la gente a la rubia, pero sus esperanzas eran en vano.

-Estas serán las estructuras del hotel- decía un ingeniero a Helena mostrándole unos planos.

-Me parece bien.

-¡A mi no tanto!

Helena se sorprendió al escuchar esa voz de tras de ella, esa misma voz enérgica y desafiante. Dudaba en voltear porque estaba nerviosa al imaginarse verla de nuevo, pero pudo mas sus ganas de verla que su nerviosismo. Helena no se dio cuenta pero sus ojos destellaron al chocar con la mirada verde de la rubia.

-Llega tarde a la cita, Lorena- dijo con una sonrisa.

-No sabia que la teníamos... Helena.- contestó, pero sin devolverle la sonrisa.

Esas miradas destellantes y desafiantes fueron interrumpidas por el motor de un tractor intentado quitar los árboles y arbustos de la zona en construcción...

-¡Alto ahí!- gritaba Lorena dando pasos rápidos para plantarse frente al tractor.

Helena sonreía divertida al ver el coraje y valor de la rubia.

-Esta bien, déjalo así Jacob- decía Helena llegando hasta la rubia.- ¡¡Es todo por hoy!!- gritaba para que se detuviera el proceso de construcción.

-¡¡Y por siempre!!- dijo con la misma intensidad Lorena.

Lorena la miró desafiante, después de un tiempo sin darse cuenta ya sólo pensaba en el azul de sus ojos que al mismo tiempo los comparaba con el cielo. Bajó la mirada cuando ese tiempo ya se le hacia eterno y lo único que pensaba era en lo hermoso de su mirada. Se alejó confundida sin decirle nada, Helena estiró el brazo para detenerla pero no había razón para ello, así que la dejó marcharse, pero Lorena sólo dio tres pasos y se detuvo, miró a Helena extrañada y dijo:

-¿Rosas?

-Si- contestó sin mas.

-Un olor peculiar- dijo Lorena fríamente.

-Y único- sonrió Helena con altanería.

-Debí suponerlo... ¿perfume francés?... ¿de su propia compañía?...- preguntaba con un poco de ira ante tanta superficialidad.

-No, es único porque no lo encontrara ni en los mejores almacenes, es único porque sólo fue creado en pocas cantidades y todas esas cantidades las conservo yo- decía sin dejar de mantener ese aire de importancia por un perfume.

Lorena ante eso se sintió cada vez mas molesta ante Helena, la gran señora de ciudad, dio la vuelta.

-Y si se pudieran ver, te darías cuenta que sólo son rojas.

Lorena se detuvo, aun mas molesta, pero no quería seguirle el juego y terminó por marcharse.

-Es muy agradable ¿cierto?- decía Helena a Adrián que la observaba.


Ya por la tarde...

-Le agradas a Helena- decía Adrián, cuando cargaba a un niño pequeño.

Lorena se sintió nerviosa al escuchar eso. Tomó al niño con un poco de torpeza, Adrián se dio cuenta y sonrió divertido.

-Si no lloras te daré una paleta- le decía al pequeño para que se dejara inyectar.

-Es verdad, le agradas mucho.

-No creo que le agrade mucho la persona que le hará su estancia imposible- le dio una paleta al niño y lo dejo ir.

Se acercó a la puerta del hospital, si a lo que tenían se le podía llamar así, era un lugar pequeño, muy acabado, pero siempre tenia una vista hermosa hacia la sierra donde todo alrededor era verde y frondoso. Recargó su cabeza en la vieja madera de aquel portal y miró el cielo, las nubes empezaban a formarse como a ella le gustaban, "el último invierno", pensaba. Adrián se acercó a ella adivinando las palabras que estaban en su mente.


Andrea pensaba mientras su abuela le contaba. Escuchó el teléfono y lo primero en que pensó fue en Natalia, pero era lo último que quería que fuera... lo escuchó sonar una y otra vez, no había nadie para contestar el teléfono nuevamente empezó a sonar...

-¿Por qué no vas?- preguntó su abuela.

Se levantó con gran lentitud esperando que pronto dejara de sonar. Entró a la casa y se detuvo en el pasillo hacia la sala, miró el teléfono y no hizo caso, subió las escaleras. Después de unos segundo aquel angustiante tono del teléfono volvió a alterarle el corazón, se sentó en las escaleras, se quedó ahí con miles de pensamientos en su cabeza. Vio llegar a su madre entrando a la sala, no se dio cuenta que Andrea la observaba desde las escaleras. Recargó su cabeza sobre el barandal, no creía su cobardía, no podía enfrentarse ante el hecho de que le robó el sueño a la persona que mas amaba.

El teléfono volvió a sonar, su corazón se aceleró y aun así no hubo movimiento alguno de su cuerpo... sus ojos sólo miraban como su mamá se acercaba al teléfono para contestar. Veía que movía los labios pero por alguna razón no escuchaba nada, los ojos de su madre voltearon hacia ella y le hizo entender que debía bajar a contestar...

Tomó el teléfono con las manos temblando y el corazón apunto de salirse...

-Bu... bue... bueno.

-¿Ahora la que balbucea eres tú?

Respiró aliviada al escuchar esa broma.

-Sólo quería saber como estas...

-Necesito hablar contigo, te espero mañana en el parque- dijo y colgó el teléfono sin esperar respuesta...

Salió de su casa para seguir escuchando la historia que su abuela le contaba, pero ya no estaba, ya era noche y hacia mucho frío. Subió hacia su habitación y se recostó sobre su cama.

-Sería capaz de renunciar a ti, a todo lo que tuviera que ver contigo...- decía - tan sólo por devolverte tu sueño.

-¿Cuál era su sueño?- preguntó la abuela desde la puerta. Cerró la puerta y se sentó junto a su nieta.

-Escribir historias de amor- dijo triste- ... ser la mejor novelista.

-¿Crees que ella pueda escribir historias de amor si tú estas aquí sin hacer nada?

Andrea la miró extrañada.

-No puedes escribir historias de amor sino hay quien te inspire a escribirlas- su abuela la abrazó- Devolverle su sueño es estando tú a su lado.

Andrea lloró mucho sabiendo que Natalia le había dicho que ella era lo que mas quería, que nada podía separarlas. Pero el orgullo de Andrea era demasiado, la amaba tanto que no quería ser un obstáculo en su vida y sabiendo que su madre jamás aceptaría su relación.

Al día siguiente por la mañana Andrea llegó al parque. Se encontró a Tania, la miró de espaldas sentada en una de las bancas soplando sus manos para darles un poco de calor y tarareando una canción conocida...

-Ya deja de cantar esas tonterías- le dijo dándole un leve golpe en la cabeza.

-¿Por qué tendría que dejar de hacerlo?- le contestó con la mano en la cabeza y un gesto de dolor- además dice la verdad.

Andrea la miró molesta y empezó a mover la cabeza intentado recordar la letra de la canción hasta que llegó al punto donde quería llegar...

-El amor verdadero es tan sólo el primero... y los demás son sólo para olvidar- la miró con altanería y enojo al no recordar con exactitud la letra de la canción- ¿A eso le llamas, decir la verdad?

-Siii- contestó bobamente- ¡¡el amor verdadero siempre será el primero!!- dio un salto hacia el piso embriagada de entusiasmo-... porque es la primera vez que te enamoras... la primera vez que dices, "te amo"... la primera vez que sientes algo al dar un beso... la primera vez que encuentras el sentido de mirar a alguien a los ojos... la primera vez que haces cosas tontas... la primera, la primera vez que te sientes en las nubes y mariposas por todos lados...- se cansó de tanto entusiasmo al recordar que también, lo primero siempre trae lo primero-... y la primera vez que te rompen el corazón...

-Jajajaja- reía sin parar al ver como en menos de unos segundos una persona puede cambiar de estado de animo tan sólo por la palabra "amor"- ¿te doy un consejo, Tania?...

Tania suspiró y volvió a sentarse sin ganas...

-Dime.

Andrea la tomó del rostro y limpio unas pequeñas lágrimas de los ojos de su amiga.

-Siempre enamórate por primera vez... porque siempre es diferente.

Tania sonrió al encontrar verdad en esas palabras. Aunque no podía creerle del todo a una persona que ha vivido con el primer amor de su vida.

-¿Cómo estas?

Andrea se sentó aun lado de su amiga.

-Siendo la primera vez que me expulsan de la escuela- suspiró- no sé que sentir...

Se quedaron por mucho tiempo calladas, el viento arrastraba las hojas del piso y hacia que cayeran mas de los árboles, quería preguntarle por Natalia y no se atrevía... miraba a Tania triste como haciendo que leyera sus pensamientos para que ella no tuviera que hacer la pregunta.

-Todo estará bien- le dijo y la abrazó.

Andrea regresó cansada a su casa, su corazón estaba angustiado de no saber que había pasado con Natalia, no podía hablarle por teléfono porque si Natalia no lo hacia era porque las cosas iban mal.

Durmió el resto del día y la tarde, no quería ver a nadie, ese día por primera vez desde que salía con Natalia no supo nada de ella, ni siquiera escuchó su nombre provenir de otros labios, no miró sus ojos, no escuchó su voz... no miró esa dulce sonrisa que le traía tanta paz al alma. Cada vez se sentía peor, no imaginaba vivir una vida sin ella.

Hacia demasiado frío, esa mañana aun permanecía recostada en su cama no sabía si había dormido por la noche, ni siquiera sentía que estaba aun viva.

-¿Conoces la palabra valor?- sintió como su abuela se sentó en su cama- necesitas demostrarlo. Si ella dice que te quiere es porque en verdad lo siente, piensa como estaría ella en estos momentos cuando no sabe nada de ti.

-Tengo miedo- miró a su abuela triste- si a ella la expulsaron también de la escuela, no se como me sentiría frente a ella.

-No fue tu culpa... si crees en el amor, debes hacer que el mundo crea en el amor de ustedes dos.

Andrea de levantó rápido y empezó a vestirse acomodó su cabello y salió de la habitación. Su mamá la encontró cuando salía de su casa.

-¿Adónde vas?

-No te importa- abrió la puerta, pero pensó en las palabras que su abuela le había dicho "debes hacer que el mundo crea en el amor de ustedes dos"- cerró la puerta y miró a su madre, esta vez no había odio, no había indiferencia en su mirada, había seguridad y confianza- buscaré a Natalia, no me importa lo que pienses tú o lo que piense el resto del mundo.

-¿Tampoco lo que piensen los padres de Natalia?- le dijo cuando salía.

Andrea se detuvo miró a su madre, la expresión en sus ojos y su rostro no cambio por esa pregunta. Su única respuesta sólo fue sonreírle.

Caminó muy rápido hasta llegar a la escuela pensando que de esa manera no podía acobardarse hasta llegar al lugar adecuado. Se detuvo al otro lado de la calle, frente a la escuela, aun sentía miedo y ese miedo se apoderaba mas de su cuerpo. Tenía que aceptar que si aun podía ver a Natalia ahí, debía alejarse de ella por amor, sino llegaba eso significaba que también la expulsaron y tenía que enfrentarse con mucho mas coraje con ella.

Ya era tarde, la hora de entrada estaba por terminar y Natalia no llegaba. Andrea seguía detrás de aquel enorme árbol, no quería que nadie la viera. Después de unos minutos vio a Natalia doblar la esquina, su corazón se aceleró de alegría, esa misma belleza que la caracterizaba, Andrea sentía unas inmensas ganas de abrazarla, de besarla, de decirle que la amaba más que a nadie en el mundo.

Ya habían pasado varios días, sin que Andrea le hablara a Natalia, todos los días la miraba desde lejos, detrás de aquel árbol que ya la esperaba incluso algunos días por las tardes cuando ella salía de la escuela. La miraba entrar y en ocasiones el resto de la tarde se quedaba sentada aun lado del árbol hasta que llegaba la hora de salida y volverse a ocultar para mirarla.

Una tarde llegó hasta aquel árbol, esperó a Natalia por mucho rato, la hora de entrada se terminó y las puertas de la escuela se cerraron, ella no llegó. Andrea tenia miedo, un inexplicable miedo.

-¿A quién esperas?- se escuchó la dulce voz de Natalia detrás de ella.

-A ti- dijo. Andrea agachó la cabeza apenada.

-Te extrañé mucho- Natalia levantando aquella cara avergonzada.

-Perdóname- dijo.

-¿Por qué, porque no permitirme estar contigo?

-Yo... yo...

-¿Andrea, ves el salón que esta ahí?- dijo señalando el edificio de la escuela- ...te miraba todos los días.

-¿Sabias que estaba aquí?.

-Tu corazón te guía siempre a la persona que amas... me gustaba verte, no te hablaba porque pensaba que necesitabas espacio, pensar las cosas. Pero mírame, no puedo estar sin ti... tenía ganas de estar contigo... y mirarte a través de esa ventana no me servía de mucho...

Natalia se acercó para besarla, Andrea retrocedió mirando hacia la escuela.

-¿Te importa?- dijo Natalia.

-No quiero que te expulsen.

Natalia la tomó de la mano y la saco de su escondite, es decir, de aquel árbol que la ocultaba, miró hacia enfrente de la escuela y sonrió. Tomó el rostro de Andrea con sus manos y le dio un beso, demasiado largo y profundo, sintiendo esas ganas de aliviar tanta ausencia de aquellos días. Andrea no podía creer lo que Natalia había hecho, la había besado a mitad de la calle, frente a la escuela sin importarle nada, parecía que ese valor que tenía Andrea se había quedado oculto para no dañarla, pero esta vez Natalia le demostró que no le importaba lo que los demás pensaran.

Ese día la pasaron toda la tarde juntas en el parque, se sentían como antes. A Natalia le daba lo mismo lo que pensaran los demás, pero esta vez Andrea no estaba segura, amaba demasiado a Natalia que quería lo mejor para ella.

-Mis padres ya lo saben- dijo sin pensarlo.

-¿Qué?- se quedó pensando- fue mi madre... ¿verdad?

Natalia la miró, nunca quiso que Andrea sintiera enfado con la persona que le dio la vida.

-Habló con ellos ayer- Natalia se levantó y caminó un poco. Andrea la siguió- ellos dicen que...

Natalia se detuvo, Andrea hizo lo mismo pasos atrás, miró el cielo y el viento empezó a mover las hojas. Andrea estaba paralizada de miedo esa pausa en las palabras de Natalia sólo podían decir una cosa, que se la llevarían lejos o que jamás dejarían volver a verse. Natalia dió la vuelta hacia Andrea, la miró por segundos, esos segundos que se te hacen eternos. Se acercó y la tomó de las manos.

-Ellos dicen- continuó- que si te amo... esta bien.

Andrea no podía creer lo que estaba escuchando, sus padres estaban de acuerdo con su relación. Tenia razón su abuela, el mundo debe creer en el amor de las personas, sin importar nada.

Ese día Andrea sintió una paz inmensa en su corazón, regreso a casa ya un poco tarde, se dio cuenta que su abuela estaba donde siempre, donde le molestaba tanto encontrarla todos los inviernos, pero ahora no, ahora no sentía molestia, le agradaba saber que su abuela también era capaz de enamorarse y defender ese amor. Andrea se sintió extraña al sentarse a los pies de su abuela para contemplar el cielo y se preguntaba hasta que grado fue capaz de defender ese amor.

-¿Dónde esta Lorena?.

Su abuela la miró sonriente, esa sonrisa guardaba un poco de melancolía...

Continuará...


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