"Las Nubes de Invierno"... una historia al estilo Tazey... así que si no quieren llorar pues ha leer algo como... mmm... no sé, "Los tres cochinitos", "Alicia en el país de las maravillas"... ¡¡que se yo!!... algo tonto... jejeje...
... disfrútenlo y tráumense por que se ira llevando por partes... ya saben, primera, segunda... etc, etc... y actualizaciones hasta que tenga tiempo :P... ah, esta vez si entenderán el final, cruel... pero lo entenderán.
Dedicatoria: En memoria del amor de las protagonistas, a la Bardo y la Guerrera... que su amor dure, lo que tenga que durar...
Ya saben, a tazey_roc@hotmail.com


LAS NUBES DE INVIERNO

Por A.C. Tazey

... No es el sentido de la historia.... es el significado de su esencia...

Cap. 1 "Mientras te cuento una historia de amor"

Empezaba a oscurecer, tenía sueño y frío pero aquella oportunidad, última, no podía desaprovecharla.

-Quédate conmigo esta noche.- decía con el alma destrozada porque sabía que no le podía pedir más.

Unos ojos verdes inocentes, fríos, apagados y unos labios agrietados le dijeron con cansancio y una sonrisa:

-Hasta el amanecer.

*****

Llegaba el invierno, para Andrea las estaciones pasaban sin darse mucho a notar, pero el invierno no, el invierno es diferente. Se dio cuenta de eso este año.

-¡Ya!, Ya déjame tranquila.- le gritaba mientras recorría el pasillo hacia su habitación.

-¡Andrea, te estoy hablando...!

-¡Déjame tranquila!

Cerró con fuerza la puerta y se tiró sobre su cama tan llena de rabia y frustración.

-¿Por qué no entiendes?... ¿por qué no entiendes?- gritaba ahogándose de dolor sobre la almohada- ¿¡Por qué no entiendes que la amo!?

El viento frío por la mañana anunciaba la llegada del invierno. Pegaba como una brisa helada cualquier rostro. No sabia como decirle las cosas, pero tenía que decirlas.

-Quiere que me vaya a New York con Helena, mi abuela.

-¿Tu abuela?

-Si, después de que pase el invierno con nosotros.

-Nunca me hablaste sobre ella.

-Para qué, si sólo viene en invierno a sentarse en su mecedora a mirar el cielo todas las tardes... no hace nada importante.

-¿Y te irás?

-¡¡Oye!!... esa jamás sería mi decisión.

Natalia se acercó a ella y la abrazó con fuerza...

-Sabes que no podría vivir sin ti.

Sus pensamientos nunca eran claros y precisos, sonreía y no sabía bien por qué. Miraba desde la ventana de su habitación, miraba las últimas hojas caer del otoño, veía la vida cada vez mas insoportable, escuchar a su madre diciéndole que todo en su cabeza era un gran vacío sin razón, que la vida estaba empleada de tal manera que su forma de amar no era la correcta. Cada día eran mas gritos, mas insultos y mas heridas.

Llegaba el invierno, aun con el frío insoportable que se sentía nunca abrigaba su cuerpo porque su corazón estaba lleno de calidez suficiente... de una calidez que solo podía otorgarle el amor.

Su carácter fuerte nunca la dejó doblegarse ante su madre.

-¿Adónde crees que vas?

-¡Es algo que no te importa!- tomó las llaves y salió al portal de su casa.

-¡¡Andrea!!- gritó su madre. Andrea ya sabía lo que le diría y aun así detuvo su caminar para escucharla- ¡jamás permitiré eso y tú lo sabes!

Andrea miró a su madre con rencor.

.¿Y crees que me importa lo que pienses?

-¡Eres mi hija!

-¡Por desgracia lo soy!... ¡Eso no te da derecho a mandar en mi vida!... ¡si estoy enamorada de una mujer es algo que a ti te importa un carajo!

-No debes usar ese lenguaje Andrea- se escuchó una voz acabada provenir de un costado.

-¿Abuela?- decía cuando giraba su cuerpo invadiéndose de ese aroma a rosas que sólo usaba ella y su abuela, un olor peculiar... y único.

-¿Madre?- salió de la pequeña distancia que la separaba del portal y con horror y vergüenza vió a su madre.

-Parece que llegué en el momento justo- dijo la abuela parándose de la mecedora.

-Ve adentro Andrea- ordenó su madre.

-¡Ja!- fue su única respuesta antes de marcharse.

No iba a ningún lugar determinado, sólo caminaba por las pequeñas calles del lugar donde vivía, nunca se le hizo un lugar interesante, hasta que se topó con una dulce sonrisa el otoño pasado, para ella la sonrisa mas cálida que había recibido en su vida.

Después de mucho tiempo de caminar pensando que no había ninguna solución con su madre llegó a su casa y antes de subir por las escalera echó un vistazo a la sala y miró a su mamá llorando desconsolada con la abuela. Subió a su habitación y se tiró sobre su cama...

-Ahora dos en mi contra- susurraba triste.

Estaba por quedarse dormida cuando sintió que alguien se sentaba junto a ella... abrió los ojos y encontró una sonrisa tierna en un rostro acabado...

-¡No espera!- se levantó - ¡lo sé!... ¡lo que sientes es una equivocación!..., ¡no puedes amar así!... ¡es pecado lo que sientes!- decía cuando caminaba hacia la puerta y la abría- ¡ya me sé todo abuela, puedes largarte!

-¿En verdad crees saber todo?

Andrea miró el piso esperando a que su abuela decidiera salir. No tardó mucho cuando se dió cuenta que ya estaba a un lado de ella...

-Entiendo tu forma de amar- besó su frente y salió.

A pesar de toda la libertad con la que contaba o la que su actitud le daba se sentía prisionera, la única paz en su mente eran esos bellos ojos verdes, la dulce sonrisa que cada día le daba, la calidez en sus labios... sonreía al recordar, sonreía como una niña mientras su mente viajaba lejos de su realidad. A lo lejos de tan bellos pensamientos y al regresar a la cruda realidad, escuchó sonar el teléfono, reaccionó tarde y bajó...

-¡¡Ni siquiera tienes vergüenza!!- decía furiosa su madre- ¡deja en paz a mi hija!

Colgó el teléfono y se dió cuenta que en las escaleras la observaba Andrea con resentimiento. Bajó lentamente las pocas escaleras que la separaban del piso y caminó hacia su madre con tanta tranquilidad, la miró, y sintió un escalofrío al darse cuenta que al tener sus ojos tan cerca se parecían mucho a los suyos como si dos cielos se fundieran...

-Te odio- y le sonrió con cinismo.

Esta vez esa "discusión" fue extraña su madre quedó helada con esa palabra. Andrea salió de su casa con mucha tranquilidad...

-¿Adónde vas hija?- dijo su abuela, que como bien había dicho Andrea sólo se pasaba las tardes contemplando el cielo.

-¡¡A do...!!- iba a reaccionar agresivamente, pero recordó la noche anterior y se acercó a ella.- ¿En verdad entiendes lo que siento?

Su abuela le sonrió y miró el cielo.

-Las nubes de invierno- le dijo.

-¡Claro!... solo piensas en eso- dijo furiosa y empezó a alejarse.

-La conocí en invierno- dijo la abuela con dulzura.

Andrea se paró extrañada, miró a su abuela y le sonrió...

-Así era mi sonreír antes de arruinar mi vida creyendo que estaba enamorada.

-¡Si piensas que estoy equivocada con lo que siento, pierdes el poco tiempo que te queda para intentarlo!.

Dió la vuelta y esta vez no regresó.

*****

Andrea veía el cielo azul de un azul intenso marcando ya la llegada de la noche, las nubes se veían difusas como si el viento no permitiera su unión y las difuminara como en una pintura.

-Si el cielo se te hace mas interesante que verme a mi- se levantó- de acuerdo, me voy.

-Oye- se levantó Andrea sacudiendo el pasto de sus ropas. La tomó de la cintura impidiendo cualquier otro paso de su huida.- ningún cielo se me hace mas hermoso que tú... ni siquiera ese azul intenso, se puede comparar con la intensidad de mi amor por ti.

-¿Adónde van?

-¿Quiénes?

-Las nubes, marcan un camino... ¿adónde irán?

Andrea se paró en frente acaparando la mirada verde de Natalia.

-Adonde sea que fuesen... te llevaría con gusto a ellas.

Recibió una sonrisa que le robaba la poca razón que tenía.

Caminaron casi todo la noche, ninguna de la dos quería separarse, dejar su mundo y regresar al mundo de los demás. Natalia a pesar de ser la menor de 4 hermanos, perecía tener mas coherencia que ellos, una chica inteligente, la mejor de la clase y encargada de manejar la gaceta que se publicaba cada inicio de semana en su escuela.

Andrea después de dejar a Natalia a unas cuantas calles de su casa, se dirigía a la de ella, invadiendo miles de cosas en su cabeza, no podía entender porque su madre se negaba a aceptar lo que era ella.

Buscaba las llaves entre sus bolsas, se cansó de tanto buscar y se quedó allí parada frente a la puerta, sin ganas de entrar, con ganas de correr y no volver nunca... sabía que no podía hacerlo... no podía arruinar el poco futuro académico que le ofrecía su madre... no podía hacerlo si sabía que no podía marcharse sin ella... no podía robarle su sueño de algún día convertirse en la mejor novelista de la historia, tenía que dejarla seguir ese sueño. Se sintió tan impotente con toda esa rabia que tenía de ver su mundo tan volcado dentro de una gran felicidad.

Miró nuevamente la puerta y dió la vuelta, la calle estaba vacía y oscura. El viento movía los árboles y empezó a mover la mecedora de su abuela, se acercó a ella y se sentó. El cielo no estaba con nubes, se veía el brillo de la luna y algunas estrellas.

-Las nubes de invierno.

Se levantó cayendo las llaves a sus pies. Subió la escalera hacia su cuarto dirigiéndose por los pasillos y encontró la puerta entre abierta de su abuela. Entró despacio, vio su rostro frágil y acabado, recordaba las veces que la veía junto a su abuelo, el amor que sentía por él y se dio cuenta que en verdad no podía entender sus sentimientos. Se alejó de ella con un gran suspiro y dolor en su corazón.

-Andrea- dijo su abuela- ven hija, siéntate.

Andrea la miró dudosa, pero ya estaba lista para luchar contra todo y todos los que querían hacerle ver su supuesto error. Llegó a la cama y se sentó, su abuela la miró y acarició su rostro y unas pequeñas lágrimas que aun se escondían en sus bellos ojos, la tapó con una sabana porque temblaba, tanta amabilidad le hizo débil el corazón, esa amabilidad que ya no recibía de su familia. No pudo evitar que las lágrimas escurrieran por su cara.

-¿Pero hija, por qué lloras...- dijo tomando su rostro- acaso no estas enamorada?

-Si

-Entonces, eso debe darte felicidad y valor para luchar contra todo.

-¿Tú no me odias?

-No tendría porque hacerlo, te dije, entiendo lo que sientes.

-¡Pero tú amabas al abuelo!.

-Si, pero antes también amé y amé con mucha intensidad- se recostó sobre el respaldo de la cama - Sabes, jamás olvidaré el día que la conocí- cerró los ojos y suspiró- ... cuando el destino me llevó a ella...

La noche fría, golpeaba los cristales de esa gran ventana. Sólo mira la forma tan triste y apagada de su vida, las velas derretidas y una cena que supuestamente tuvo que ser romántica... solo miraba, nada de eso fue tocado. Nunca llegó...

-¿Por qué siempre es lo mismo?

... Derramó las últimas lágrimas de sus ojos, apagó la luz, caminó lentamente con temor de derrumbarse en cualquier momento por la gran rabia y tristeza que sentía. Se tiró de boca sobre su cama y se quedó profundamente dormida.

-Buenos días... no no, esto no puede ser posible- le dijo al ver su cara demacrada y los ojos rojos- Helena, eso ya es suficiente... no llegó, ¿verdad?

Su única respuesta fue una sonrisa y meterse a su oficina.

-¡Helena!... vamos, necesitas hablar con alguien.

-¡No esta!- gritó desde dentro.

-Helena... siempre lo has sabido- insistía su amiga.

Abrió la puerta enfurecida con los ojos rojos por las lágrimas.

-¿Entonces?... ¿Por qué sigo así?

Su amiga solo la abrazó.

-¿Por qué?... ¿por qué si sabe que la amo... me hace esto?

-Amiga, ella no te ama...

Miró hacia la nada y después fijó su vista a la puerta de enfrente, esa oficina la ocupaba la persona que mas la hacía sufrir y a la que amaba.

-Puedes irte si quieres... sabes que como gerente no es tu obligación estar aquí todos los días.

-Subgerente- recalcó- soy subgerente.

Se acercó a la puerta y la acarició con sus manos.

-¡Por dios Helena!... el puesto que tiene de gerente esa... esa...- sabía que aunque lo deseaba con fuerza no podía insultar a la persona que su amiga amaba- ¡¡... ella no lo merece!!

-Te veo mañana- dijo Helena.

Llegó a su casa y se quedó parada allí mirando todo como la noche anterior, se acercó lentamente, tomó las copas y una a una empezó a aventarlas por toda la habitación. Destrozó todo lo que encontró...

-¡Heyy!.., ¡hey!... ¿Qué haces?

Apenas si pudo detenerla cuando intentaba arrojar contra la puerta la última botella de vino.

-¿Qué sucede?

-¡Por qué, por qué no llegaste!

-¿Tenía que hacerlo?- preguntó enojada.

-Nuestro aniversario, ¿lo recuerdas?

-Por favor Helena, eso es algo estúpido.

-Nunca creí que lo nuestro era algo estúpido.

-Debo regresar a la oficina- dijo dando la vuelta.

-Ya no me amas, ¿verdad?

-Tú conoces la respuesta- le dijo sin atreverse a mirarla.

-Yo, aun te amo...


Andrea se levantó confundida por lo que le acaba de contar. No era precisamente la gran historia de amor que ella esperaba escuchar.

-¡Abuela, ella te hizo sufrir!.

-No hija, ella me enseñó a amar pero no era a la persona que debía amar.

-¡No te entiendo!

-¿No entiendes?- dijo con una sonrisa.

-¡¡Tú nunca entiendes nada de la vida Andrea!!- dijo su madre asomándose por la puerta.

No se habían dado cuenta que ya había amanecido.

-¡Déjame en paz!

Se levantó furiosa y salió de la habitación de su abuela.

Llegó a la escuela y se dió cuenta de la mirada acusadora de las personas. Sentía que en cualquier momento iban a insultarla.

-Andrea.

Se escuchó la voz de su amiga. La metió en un salón como si intentara esconderla de algo.

-¿Por qué viniste?

-¿Qué, ahora ya no puedo venir a la escuela?

-¡¿Acaso estas loca!?... ¡con todo lo que dicen de ti!

-¿¡Que dicen de mi!?

-Casi nada, solo que estas loca... y enamorada de... ¡Natalia!

Salió del salón sin decirle nada a su amiga, caminó por los pasillos sin importarle en absoluto la mirada de los demás, sólo quería saber una cosa, sólo una cosa le era importante.

Entró al salón donde se organizaban los académicos de la gaceta que circulaba por todo el colegio.

Y se encontró a Natalia desconsolada por las lágrimas. Andrea hubiera sido capaz de matar a cualquiera que la hiciera llorar incluso a ella misma.

-Lo siento, lo siento...- decía Andrea desesperada.

Natalia la abrazó con fuerza y su llanto incrementaba mas.

-Podemos dejarlo... si tú quieres, podemos dejarlo.

Natalia se apartó de sus brazos y sus ojos llorosos y verdes la miraron inocentes.

-¿En verdad quieres dejarlo?

No le dijo nada.

-¡Mírame!- alzó su mentón para que sus ojos azules la vieran- ¿En verdad quieres dejarme?

-Tienes que seguir tu sueño, lo que mas quieres.- dijo resignada.

-... óyeme bien, tú eres lo que mas quiero.

-Pero... pero...

-Andrea, no estoy llorando por eso, lloro por la ignorancia de los demás, sólo eso... sabes que digan lo que digan, nada me separara de ti...

Andrea la iba besar cuando entró su amiga...

-Lo siento, no quise... este... yo... creo que te hablan a ti- señaló a Natalia- te habla el profesor de lógica.

Natalia secó sus ojos y salió del salón...

Andrea se sentía un poco incómoda por la mirada de su amiga.

-¿Qué?- preguntó fríamente.

-¡Si estas loca!... demasiado loca... ¡¡por dios!!... ¡¿no pudiste escoger a alguien peor?!...

La miró enojada al escuchar eso.

-Me refiero a que no pudiste escoger a alguien mejor y peor que ella... ¡Andrea despierta!... ella es de una familia acomodada, la mejor alumna de la escuela... los profes la adoran... y tú... y tú... bueno ya sabes, no eres un angelito.

-¿Te importa?...

-Noo... eres mi amiga y Natalia... bueno, nunca pensé que ella... ella...

-¿Puedes terminar una frase sin balbucear?

-Bueno, ella es demasiado perfecta.

-Y yo soy una basura- Andrea salió molesta después de decir eso.

No permaneció ni un segundo dentro de la escuela, regresó a su casa sin saber por qué. Se encontró a su madre sentada en la sala con una cara que hasta el mismo demonio le hubiera temido.

-¿¡No te basta con alterarme a mi, ahora te gusta gritarlo a los cuatro vientos!?

No le tomó mucha importancia a su comentario y se disponía a subir las escaleras.

-¡¡Te expulsaron de la escuela!!- gritó su madre.

Permaneció inmóvil pensando en que sería del futuro de Natalia si a ella también la expulsaron. Su madre empezaba a gritarle como ya era costumbre y como una costumbre de Andrea la ignoraba. Se sentó en la escalera mientras una y otra vez escuchaba a su madre decir que sentía vergüenza por ella.

Quedó inmóvil, desconcertada, tanto que ni siquiera se dio cuenta de cuando su madre dejó de gritarle, cuando reaccionó salió de su casa y caminó por mucho tiempo, no podía ir a casa de Natalia porque se sentiría avergonzada por robarle su sueño.

No deseaba volver a su casa, donde la única persona que estaba en ella la odiaba y se avergonzaba de ella. Andrea paró de golpe y miró el cielo, empezaba a ponerse azul de un azul que marcaba la llegada de la tarde y las nubes empezaban a distinguirse "las nubes de invierno" pensó. Corrió con prisa hasta llegar a su casa y como lo imaginó, su abuela estaba sentada en la mecedora mirando el cielo.

-Abuela- dijo, apenas si podían salir las palabras de su boca, le faltaba el aire por tanto que había corrido- ¿qué tienen las nubes de invierno?

La abuela miró al cielo y recordó a una chica agresiva, fuerte y decidida... pero su imagen en su memoria se difuminaba como las nubes de invierno....

Continuará...


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