ADVERTENCIA: Esta historia es Subtexter.
ADVERTENCIA 2: Lamento muchisimo esta mierda de final. No me gusta nada, pero no he sido capaz de hacer ninguno mejor.
DEDICATORIA: Para Euge, por ser la caña de amiga y una de las personas mas bellas y polifaceticas que conozco.

Para críticas instructivas o intercambio de opiniones, escribidme a:
lady_bardo@hotmail.com


TANTOS REGALOS COMO DESEE TU CORAZÓN

Lady_Bardo

Tercera parte

Laura se dobló levemente jadeando por la carrera y por la risa, que aun le duraba, cuando observó que por el contrario Silvia se encontraba completamente rígida y mirando al frente. Siguió su mirada y se encontró con otra mujer, exactamente igual de rígida, que tampoco apartaba su vista de Silvia.
Dani no podía creerse la situación. ¿Realmente aquellas mujeres habían abierto la puerta? Atónito, miró a Julia quien continuaba paralizada y centrada en la dulce mujer rubia. De repente ella debió notar la mirada de su amigo, lo que la devolvió al mundo real. Julia agachó la mirada y dejó que sus mejillas se inundaran con un fuerte color rojo. ¿Sonrojada? Dani nunca la había visto así.
De repente Julia bajó aun más el rostro y dió media vuelta dispuesta a andar hacia la moto de nuevo. Pero Dani no quiso permitirlo. La agarró del brazo, parando asi su caminar y la giró de nuevo hacia aquellas dos mujeres.

"¿Venís a la fiesta?" preguntó Silvia, que no recordaba haberla invitado, pero deseaba haberlo hecho.

Julia, completamente despistada tartamudeó. "Claro, ¿Por qué no?"

"No, en verdad no veníamos a la fiesta" le corrigió Daniel. "Sino a entregar estas pizzas" comentó. "Son 56.90".

"De acuerdo" contestó Laura ofuscada por la sensación de conocer aquellas caras y no caer en quienes eran. De repente una luz la iluminó, mentalmente hablando. "Tu eres..." murmuró señalando a Daniel. Este respiró hondo preocupado "¡... el ripo raro que nos preguntó la hora!" añadió contenta, por haberlo resuelto. "Y tú, su morena" comentó mirando a ambas mujeres, sin darse cuenta de lo que estaba diciendo. Silvia se sonrojó al segundo mientras Julia centraba su mirada en ella sin poder evitar sonreír.
Tanto Laura como Daniel no se perdían detalle de la situación y del juego de miradas. Deseaban hacer algo. Laura miró al hombre de las pizzas y escondiendo la cartera que traía en las manos dijo sin más. "Aquí no tengo dinero, pasa conmigo... tú" añadió al ver que ni sabía su nombre.

"Claro. Por cierto, me llamo Daniel".

"Encantada. Yo Laura." Y con aquella conversación se metieron en la casa, cerrando la puerta tras de si cuando Silvia intentó entrar, dejándolas fuera y juntas.

"Bueno..."

"Escucha..." resoplaron las dos a la vez. "Tú primero..." pidió Julia.

"No, no, mejor empieza tú".

"¿Segura?" preguntó. "Quizás después de lo que voy a decirte, pienses que estoy pirada".

"¿Cómo voy a pensar eso de tí?" contestó sonriendo. "Ademas casi no te conozco como para llegar a pensar eso".

"No estes tan segura" carraspeó. No se veía capaz de contarle el secreto de los regalos, pero deseaba hacerlo. Buscó una manera de empezar, cuando se le ocurrió la forma perfecta. Respiró hondo y recitó. "Me parece igual que un dios..." se detuvo y al segundo la voz de Silvia tomó el relevo.

"... el hombre que frente a tí se sienta y a tu lado atento escucha" continuó sonriendo. "¿Te gusta Safo?"

"Si. Me parece una poetisa impresionante" comentó. "Y tuve la sensación de que te gustaría tanto como a mí" añadió mirándola a los ojos y dejándose llevar por el brillo de estos, confesó. "Por eso dejé aquel libro en tu bolsa".

"¿Tú?"


"¿Crees que tu amiga se acordará de Silvia?" le preguntó Laura a aquel hombre, ya sentados comodamente en el salón.

"Seguro que sí".

"¿Pero estas muy... muy convencido?"

"No lo has entendido aun, ¿verdad?" preguntó él sonriendo como lo haría un niño. "Mi amiga, Julia, le hizo aquellos dos regalos" admitió.

"Bromeas, ¿no?"

"Si así fuese, ¿Cómo iba a saberlo?" preguntó él.

"Claro..." admitió. "Tú amiga está un poco loca, ¿no?" bromeó sonriendo.

"¿Solo un poco? ¡Jamás se había comportado así!" contestó. "Pero creo que ese cambio se debe a que esta loca... pero de amor".

"Eso esta bien" dijo Laura. "Porque, ¿sabes?, creo que será plenamente correspondida".

"¿Tú crees?"

"Sí" confirmó.

"Aunque no se conozcan, ¿verdad?"

"Sí. Porque es como si no fuese así y fueran íntimas" susurró Laura, diciendo lo que él pensaba. Se miraron entre sí antes de salir corriendo hacia la puerta.
Casi chocando contra esta, se hicieron con la mirilla, observando el rellano. Allí, iluminadas por una tenue lucecita, las dos mujeres se dejaban envolver por la otra y se dejaban llevar por sus labios, en un precioso beso.
Y en aquella dulce escena que desprendía amor, ambas se separaron para mirarse a los ojos con dos inmortales y sinceras sonrisas, antes de abrazarse estrechamente.


"Quiero darte un regalo más, aunque no se si te gustará..." susurró en su oído.

"Tengo la sensación de que será mi predilecto entre los tres" contestó confiada, rodeando su cuello mientras Julia la mecía dulcemente entre sus brazos.


"¿Qué crees que se estarán diciendo?" preguntó susurrando Laura, tras haber visto aquel dulce beso.

"No lo sé, pero tengo la sensación de que del tiempo no están hablando" bromeó igual de bajito.


Una catara de felicidad inundó a Silvia, antes de contestar a Julia. "Y yo a ti. Más de lo que jamás creí posible". En medio de aquel torrente Sil sintió que el último de los regalos deseados le había sido concedido y que con él, todos los regalos normales, habían vuelto a recuperar su valor. Sonrió feliz ante aquel pensamiento y volvió a besar aquellos dulces labios aun con más cariño y paulatinamente con más pasión.

"Crees que ya estarán espiándonos por la mirilla" preguntó Julia elevando una ceja y sonriendo de medio lado.

"Hmmm..." dudó Silvia.

"No os estamos espiendo" se le escapó a Daniel.

"Shhh" le espetó Julia aunque ya no sirviese de mucho.

"Cotillas, ¿nos abrís?" preguntó sonriendo Silvia.

"Sería estúpido fingir que no estamos aquí, ¿Verdad?" le preguntó Laura sonriendo a Daniel. Abrió la puerta pretendiendo actuar casual y con una gran sonrisa dijo. "¿De verdad queréis entrar?"

"Sí" repitió Silvia entre los brazos de Julia. "Tengo que hacer algo muy importante" alcaro, mientras la puerta de la casa se abría mostrando a sus dos curiosos amigos que las miraban como queriendo saber de que se trataba. Julia le dió un beso en la mejilla a Silvia, antes de separarse de ella.
Agarró la mano de Daniel, y lo llevó consigo diciéndole. "Acompáñame un segundo" Y él obedientemente asi lo hizo mientras iban a la cocina.

"¿Te importa terminar los repartos tú solo?" preguntó ella, esperando que no se enfadase.

"¿Después de esto?" preguntó él que aun continuaba atónito. "Por supuesto que no me importa. Quédate con ella y no la dejes escapar".

"No te preocupes, eso no ocurrirá" sonrió Julia, con auténtica felicidad.


"¿Qué era eso tan importante?" preguntó Laura mirando a su amiga.

"¿Crees que les importará cancelar la fiesta?" preguntó timidamente.

"Pues... no, no creo. En fin, apenas acaba de empezar y aun hay muchos que no han llegado. ¿Lo cancelas por ella?" preguntó. "Porque si eso, se podría unir a la fiesta con los demas".

"Noo, mas bien quería posponerla para celebrar la nochebuena otro día".

"¿Qué día?"

"Mañana".

"¿Mañana? ¿Estás segura? ¿Y qué ocurrirá cuando te den los regalos"

"Creo que mi manía por fín se ha acabado. Se que todos los regalos me volverán a encantar, sin importar que día lo reciba ni lo que sea".

"¡¿En serio?!" celebró Laura. "¡Eso es fantástico! Pero, ¿Cómo a ocurrido ese cambio?"

"Recibí el último regalo que deseaba".

"¿Cuál?" preguntó muerta de la curiosidad.

"Primero fue aquel libro... luego mi peluche... y por último lo más importante... su corazón".

"Asi que te quiere, ¿eh?" sonrió feliz Laura. "Me alegro de verdad" añadió abrazándola. "Ademas eso demuestra que la Navidad es la época en la que más cosas curiosas, por no llamarlas extrañas, ocurren".

"Supongo" respondió Silvia riendo, mientras Julia volvía de la cocina. "Nos vamos" se despidó Silvia.

"Si, buenas noches" dijeron Laura y Daniel, viéndolas marcharse de la casa.

"Asi que finalmente se acabó toda esta locura" sonrió Daniel.

"Al revés, no ha hecho más que empezar".

"¿A qué te refieres?" preguntó Daniel.

"Parecía imposible que la rareza de Silvia se curara, pero tu amiga lo logró, gracias a que con tan solo amarla supo que era lo que ella quería, concediéndole los extraños regalos que su corazón deseaba. Y con esos regalos y ese amor que han descubierto que sienten, creo que es como si Silvia hubiese vuelto a vivir. Seguramente comenzarán una nueva vida juntas y en ese caso esta no ha hecho más que comenzar".

¡Fin!


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