Tres días después, acompañando al invierno, las temperaturas habían bajado y la nieve
de vez en cuando se dejaba caer, cubriendo las calles de un agradable color blanco. Y
en un café, a tres días de reyes, pero a dos de su propia celebración, se encontraban
Silvia y Laura. Con un café daban por finalizada una agradable comida y una larga
conversación.
"Quizas suene repetitivo, pero no se me va de la cabeza el libro" siseó Silvia.
"¿Cuántas veces te lo has leido ya?" preguntó burlona Laura.
"Ey, no tantas. Tan solo una. Menos el primer poema" confesó. "Me encanta, es leerlo y
cada vez volver a tener la sensación de que es para mí. Ademas es precioso."
"No se, quizás resulta que te gustan los regalos por sorpresa" murmuró Laura.
"Te dije que no fuesemos andando" refunfuñó un joven castaño, entrando por la puerta de
un bar. "¡Hace demasiado frío!" tiritó dejando escapar vao con cada palabra.
"Pensé que las temperaturas habían subido" se excusó Daniel, moviendo las manos que
apenas sentía.
"Pues no" exclamó su compañero, mientras tras ellos dos, entraba otra chica mas en el
bar.
"Bueno, ya eso da igual. Sentémonos y pidamos algo para entrar en calor" recomendó
Julia, mientras se hacían con una mesa. Dejaron sus cosas, mientras un camarero se
acercó raudo y veloz a ellos. "¿Qué desean tomar?"
"Creo que tres chocolates calientes" decidió Daniel. "Y si puede ser acompañado de
algunas porras."
"Por supuesto. Ahora mismo se lo traigo" aseguró antes de volver a la barra y decir el
pedido. Los tres amigos se quedaron en silencio tan solo disfrutando de la sensación de
volver a sentir calor en sus congelados cuerpos. Y en aquel silencio una voz algo
conocida, llegó hasta ellos...
"... quizas resulta que te gustan los regalos por sorpresa. En fin, no te esperabas ese
libro y te volvió loca, ¿no?"
¿Aquella voz...? Los ojos de Julia se abrieron con fuerza. No podía ser...
Junto a ella, Daniel se giró rapidamente, al reconocer aquella voz. Miró a quien
hablaba junto a ellos, encontrándose con aquella chica rubia y su amiga. Comenzó a reir
silenciosamente sin creerse aquella casualidad.
"Sa... sabes a quien tenemos detrás, ¿verdad?" preguntó entre carcajadas. Julia no pudo
evitar sonreir, pero sin atreverse a girarse como había hecho su amigo.
"¿De que hablais?" preguntó el tercer chico que les acompañaba.
"De tonterías, Borja" mintió Julia. "¿Están las dos?" le susurró a Dani.
"¿Es alguna de tus ex?" preguntó Borja confundido.
"No, mejor todavía" contestó Daniel mientra comenzaban a escuchar la conversación.
"Puede que tengas razón y me gusten los regalos sorpersa" admitió Silvia.
"¿Pero...?"
"Pero es que ademas tengo la sensación de que por una vez no detesto los regalos de los
demás, sino que tengo sed de ellos, pero en especial de uno."
"¿Por fín sabes de un regalo que te apetezca que te regalen?"
"Si, pero es un poco extraño" murmuró avergonzada.
"Pero algo es algo" sonrió su amiga. "Y cualquier progreso es bueno. Asi que dime de
que se trata."
"Es un peluche con forma de caballo. Tuve uno así cuando era una pequeñaja. Lo recuerdo
suave como nada y con una cara graciosísima" lo describió sin perder la sonrisa. "Ya te
dije que era raro."
Daniel miró a su amiga sin llegar a creerse lo que veía. Julia recogía sus cosas a una
velocidad bestial, como con prisa por irse. "¿Te marchas?"
"Si, pero ahora vuelvo."
"¿No iras a...?" preguntó, cuando por la cara de Julia supo que estaba en lo cierto.
"¿Cómo vas a comprarle ese caballo?" susurró.
"Por que yo le regalé ese libro, que ahora le hace desear ese caballo. Ademas ella se
merece el peluche, y conozco una juguetería muy cerca de aquí" resumió antes de
levantarse de la mesa. "No dejéis que se vayan" les susurró, antes de salir corriendo
del local.
"¿Pero la conoce de algo?" preguntó Borja sorprendido. Daniel negó fervientemente con
la cabeza. "¿Y le regaló un libro y ahora un peluche?" preguntó atónito. Daniel de
nuevo contestó igual de extrañado y con un gesto, encogiéndose de hombros.
De nuevo se abrió la puerta del local, pero tanto Silvia como Laura, ocupadas en
recoger sus cosas para marcharse no se dieron cuenta. Se trataba de Julia, que
intentando pasar desapercibida se acercó hasta la barra y comenzó a hablar con un
camarero. Daniel y Borja la miraban sin perderse detalle, mientras ella sonstenía una
sospechosa bolsa que segundos despues entregó a aquel camarero.
"¿Qué le estará diciendo?"
"Ni idea."
El camarero asentía con la cabeza obediente, cuando Julia terminó de contar lo que
parecía una explicación. El camarero añadió algo más y Julia le ofreció algo de dinero.
"Le está soborrnando para que haga algo" susurró Borja.
"No, mira." El camarero sonrió agradecido y denegó su ofrecimiento, mientras cogía el
la bolsa. Julia le sonrió sincera mientras volvía a guardar aquel dinero. Y con aquella
sonrisa volvió a la mesa junto a sus dos amigos.
"¿Nos puedes contar que estás tramando?" pregunó curioso Daniel.
"Luego" respondió con prisas. "¿Habeis terminado ya?" preguntó mirando sus chocolates
terminados y el plato de los churros vacio.
"Si, es que tardabas mucho" se excusó Borja.
"No os preocupeis. ¿En ese caso nos vamos?" preguntó.
"Claro" respondió Daniel, levantandose hacia la salida.
"No, por la salida no, por la puerta de atrás."
"¿Es parte de tu plan?"
"Quizas" bromeó. "No quiero que nos crucemos cuando vuelvan a entrar" contestó mirando
hacia la puerta. Ambos siguieron su mirada y vieron que por la puerta salían charlando
aquella chica rubia y su amiga. "El camarero nos deja marcharnos por detrás" anunció,
mientras abandonaban la mesa.
"¡Eh! ¡Eh! ¡Chicas, perdonad!" gritó una voz desde la puerta del bar. Silvia continuó
andando con Laura, sin darse por aludida, hasta que al ver que aquellos gritos no
cesaban, se giró por casualidad. "'Tu, si tú!" sonrió el camarero, acercándose hacia
ellas.
"¿O... ocurre algo?" preguntó Silvia.
"Si, creo que se ha dejado su cartera."
"¿Está seguro?" preguntó mirando dentro de su bolso. "Eso es imposible. No la he sacado
del bolso. De echo..." siseó cogiéndola "...está aquí."
"Pues hemos mirado un carnet y la foto es exactamente igual que usted" se excusó el
joven camarero.
"¿Vamos a ver por si acaso?" preguntó Silvia mientras tanto Laura como aquel chico
comenzaban a andar hacia el bar de nuevo. Nada más asomarse el camarero señaló a la
mesa donde antes habían estado sentadas y preguntó "¿Es o no suyo?"
Silvia se llevó las manos a la boca, sin llegar a creérselo. Sobre la mesa, como quien
no quería la cosa, se encontraba un paquete envuelto con un papel decorado con juguetes
y regalos. Y la forma era inconfundible. Se trataba de... ¿un caballito? Se acercó
dudosa a la mesa, mientras encontraba una servilleta sobre el regalo. Y en letras
grandes ponía: Para una bella persona de una amiga.
Se sentó juntó a la mesa y mirando el paquete, leyó una y otra vez aquella nota. Se la
guardó antes de coger el regalo y comenzar a romper el envoltorio con toda la suavidad
de la que era capaz. Y como esperaba, unos ojazos y un hocico la sonreían en el rostro
de aquel dulce caballo.
El día cuatro de Diciembre dos compañeras de piso comenzaban a recibir invitados y mas
invitados en su casa. Aquel era el día de la peculiar celebración de Reyes para Silvia
y Laura. Y mientras tanto los invitados como sus regalos se iban colocando por la casa,
llenándola de risas y conversaciones. Y entre toda esa gente, uno de aquellos amigos se
acercó a Laura, que preparaba la mesa, mientras llegaban las pizzas que cenarían.
"¿Te diviertes?" preguntó Laura, mirándole.
"Muchisimo. Como siempre" admitió sonriente. "¿Te puedo hacer una pregunta?" La
anfitriona asintió con la cabeza. "¿Por qué nuestra dulce rubita no sonrie?" preguntó
preocupado mirando a Silvia. "No será por los regalos, ¿no?"
"Mas o menos" suspiró. "La verdad es que este año no es porque deteste recibir regalos"
admitió. "Sino porque desea uno en particular."
"¿En serio? ¡Pero eso es fantástico! ¿Y de qué se trata?"
"Ahí esta el problema, siente que quiere algo, pero no sabe explicar el qué" resopló
Laura.
"Lo encontrará, seguro."
"Eso espero" contestó mientras casi al instante llamaban al timbre. "Ya voy yo"
anunciaron ambas anfitrionas a la vez. Se miraron antes de sonreir y acercarse a la
puerta corriendo, intentando llegar antes que la otra, jugando como niñas pequeñas.
"Morena, te debo una muy grande" comentó Daniel bajándose de la moto.
"Con muy grande te quedas corto" respondió Julia tiritando mientras abría el maletero
de la moto. El viaje sobre esta la había congelado por entero. "¿Cuánto trabajo te
queda?"
"Solo dos repartos más. Me acompañas, ¿no?" preguntó cogiendo las cuatro pizzas que
había en el maletero.
"Solo si luego salimos a tomar alguna copa e invitas tu a todas" respondió mientras
andaban hacia la puerta.
"De acuerdo, chantajista" respondió él, llamando al timbre del hogar que había
encargado las pizzas.
"¿De verdad que tan aburrido es repartir pizzas, que necesitas que te acompañe?"
preguntó exasperada.
"¡Claro que si!" afirmó convencido "si no fuese por ti, ahora estaría en silencio,
mientras espero a que abran la puerta" respondió bromista, haciéndola reir. Pero
aquella carcajada se detuvo al insntante cuando la puerta se abrió.
"Te gané" celebró Silvia mirando triunfal a Laura mientras ambas abrían la puerta.
Y en ese instante el mundo se detuvo por un segundo.
Continuará...