Colocó una bola mas a la rama del árbol, y dió por finalizado la tarde de adornos.
Acababan de comenzar las fiestas de navidad y su casa ya estaba lista para recibirla. A
la navidad y a todos sus amigos, que el día cuatro irían a verla, para celebrar el día
de Reyes.
Era curioso, pero no mentira. Desde hacía mas de diez años, echando cálculos, desde que
se independizó, celebraba el día de Reyes un día antes, al igual que su cumpleaños. Y
todo eso se debía a su mas secreta pecularidad, su gran rareza, un pequeño sentimiento
en su interior. Mas bien, una disconformidad, porque todo lo que la regalaban en
navidades, o en su cumpleaños, sin importar el regalo, jamas la había satisfecho. Lo
único que le provocaban, era una molesta desgana por tener que aceptarlos.
Odiaba sentirse egoísta y desconsiderada ante los detalles de los demas, pero no podía
evitarlo. Sin embargo había logrado mitigar aquel sentimiento de asco por los regalos
con un pequeño truco: si los regalos se los daban cualquier día menos el de su cumple o
el día de reyes, era mucho menor el sentimiento de rechazo. Y por esta razón cada año
celebraba un día antes las dos fechas.
Pero aquello tan solo era una medida provisional hasta que consiguiese superar aquel
rechazo por cada regalo. Y para conseguir aquello buscaba la ayuda de su mejor amiga,
Laura. Esta, de profesión funcionaria, había estudiado psicología, pero ante la falta
de salidas, había acabado en hacienda. Asi que para no olvidar todo lo aprendido en sus
estudios, practicaba con su amiga, intentando hacerla superar aquella manía y a menudo
manteniendo largas conversaciones, para intentar conseguirlo. Pero de estas charlas
jamas sacaba nada en claro:
"Solo hay una hipótesis" comentó Laura. "No rechazarías algo porque si. Simplemente ha
de haber algo mejor, algo que conseguiste en algun momento y que dejó el listón demasiado
alto" resumió. "Seguramente esperarás volver a recibir un regalo de esa magnitud y hasta
entonces todo te parecera poco."
"¡Pero no quiero que sea asi!"
"Pues tan solo te queda la opción de recibir ese regalo especial, o averiguar de una
vez cual puede ser y convencerte de que tampoco es tan maravilloso" siseó. "¿Nos
decantamos por la segunda opción?" Silvia asintió con la cabeza. "Bien. Pues veamos,
¿cuándo comenzaste a rechazar cada regalo?"
"Creo que cuando me marché de casa. Si, no recuerdo espantarme asi por algun regalo
mientras estaba con mis padres, ni recuerdo ningun regalo que me gustase despues de
independizarme."
"Estupendo. Entonces a de ser algo de ese momento" celebró "enumera regalos."
"No se... no recuerdo ninguno en especial. Quizas, mi piso. Lo compraron mis padres y
me lo dieron como regalo de carrera" contestó poco convencida.
"No, eso no puede ser. Tiene que tratarse de algo mas... no se, quizas mas sentimental.
Algo tan superficial como un piso no puede marcarte tanto como para rachazar todo lo
demas. Y menos a alguien como tu, que no le interesa lo material" comentó desechando la
idea, mientras Silvia se encogía de hombros, sin saber que añadir.
Julia, como casi todos los demas, aprovechaba para hacer las compras de navidad cuando
mas agobiante era, es decir, apenas unos días antes. Asi que entre toda la marabunta de
gente se movía como podía entre los escaparates del centro comercial acompañada por
Daniel, uno de sus mejores amigos.
Entraron en una librería deslizándose entre la gente que taponaba la entrada y poco a
poco fueron mirando las estanterías de la tienda.
"Eh, morena, ¿qué te parece este libro?" preguntó Daniel enseñándole un libro, titulado
Sexo para torpes.
"Que te puede venir muy bien" bromeó viendole ponerse rojo.
"¡No!" exclamo "me refería para tu hermano. Puede ser un regalo divertido."
"¿A ti te haria gracia recibir eso delante de toda tu familia?" preguntó Julia. "Si
dices que si, creeré que eres realmente un tío muy raro" añadió.
"No, la verdad es que no me gustaría" contestó resignado, antes de avanzar por otras
estanterías "tengo un regalo perfecto para tu madre" dijo alegremente juguetón.
"¿Un libro? Para mi madre eso nunca puede ser un buen regalo."
"Quizás este si" murmuró burlon. "Asi quizas comprenda de una vez que no te van los
tíos" sonrió, mientras media tienda se giraba para mirarle y despues mirar a Julia.
"Vale, lo he dicho muy alto, ¿verdad" susurró. "Perdona" se disculpó tendiéndole el
libro. Julia lo recogió, leyendo el título en voz alta. "Safo, la sensualidad
transformada en poesía. Recopilación de todos sus poemas."
"Suena fantástico" sonrió. "Pero claramente esto no se lo puedo regalar a mis padres"
sonrió.
"¿Pero aun asi te lo llevas?" preguntó viendo que se dirigia hacia la caja.
"Claro, para mi" admitió. Se colocaron en la interminable cola para pagar la compra,
mientras Julia se sumergió en la lectura de las primeras páginas. Con una sonrisa
comenzó a leer el poema que encabezaba el libro. Era uno de sus favoritos...
Me parece igual que un dios
El hombre que frente a ti
se sienta
Y a tu lado atento escucha
Mientras hablas con dulzura
Y encantadora sonries...
Sumergida en aquellas bellas palabras, habían terminando la cola y el dependiente
esperaba para cobrarla. Cerró el libro y se lo entregó. El hombre con voz monotona dijo:
"Son 17´95 euros, ¿quiere que se lo envuelva?"
"Si, por favor."
"Pero si es para ti, ¿no?" preguntó Daniel mirándola extrañado, mientras el dependiente
comenzaba a sumergir el libro en papel de adorno y lazos.
"Lo se" respondió extrañada. "Pero bueno, nunca se sabe, ¿no?" preguntó sonriendo antes
de salir de la tienda con su nueva compra ya envuelta y en su bolsa. El centro comercial
comenzaba a cerrar y la densidad de gente se reducía. Tan solo algunas terrazas quedaban
abietas. Y en una de ellas descansaban relajadas Silvia y Laura disfrutando un dulce y
calentito chocolate.
"En tu último cumpleaños desenvolviste el regalo. Y cuando abriste la caja encontraste
el ordenador que querías, tal y como lo habias pedido. Pero no te hizo feliz, ¿sabrías
explicar por qué?"
"Casi que hoy no tengo muchas ganas de hablar de ese tema, ¿te importa dejarlo para otra
ocasión?" rogó.
"No, no te preocupes" sonrió. "Otro día continuaré con mi interrogatorio" bromeó. "¿Nos
vamos?" propuso antes de levantarse de aquella mesa y abandonar la terraza. Silvia
andaba junto a Laura hacia la salida, pero casi sin darse cuenta, pues pensaba en sus
cosas. Es cierto que no quería hablar de aquel tema, que no quería comentar su necesidad
por ese regalo especial y su rechazo a los demas, pero sin embargo no podia quitárselo
de la cabeza.
"¿Cuidado!" oyó que exclama Laura. Saliendo de sus pensamientos la miró extrañada,
justo cuando notó como se chocaba contra alguien. Se giró corriendo hacia aquella
persona.
"Perdona, no miré por donde iba" susurró buscando la mirada de aquella persona. Unos
ojos azules completamente tranquilos la sonreiron, antes de que una dulcísima voz la
contestase.
"No te preocupes. ¿te has hecho daño?"
No, no" tartamudeó atropellada, por la sonrisa y la voz de aquella dulcísima morena.
"¿Vamos?" preguntó Laura mientras comenzaba de nuevo a andar hacia la salida. Silvia la
siguió como pudo, alejándose de aquella morena, que se despidió de ella con otra sonrisa
igual de embaucadora. "Ponte el babero, o mojarás todo el suelo" musitó Laura en su
oído, haciendola sonrojar.
"¡No es cierto! Es que me pilló desprevenida."
Mientras las veía alejarse, Julia no podía quitar la sonrisa de su boca, cuando algo la
sacó de su fantasía. "¿No puedes dejar de ligar ni cuando vamos de compras?" bromeó.
"¿Qué dices? Tan solo era amable."
"Mentira" se burló. "No se cual de las dos embaucó a la ota, pero os habeis quedado
hablando como tontitas."
"Sabes, quizas en parte tangas razón" contestó siguiendo a aquella chica desconocida
con la vista. Aquel rostro angelical y pillo a la vez, aquel precioso pelo rubio y
cortito. Suspiró. "Se que puede parecer tonto o incluso rozar la locura, pero ya se que
quiero hacer con el libro de Safo."
"No se si preguntar."
"Da igual que lo hagas, te contestaré de todas formas" respondió. "Quiero regalárselo a
ella."
"¿Lo dices en serio?" preguntó incrédulo mirando fijamente a su amiga.
Una mano se posó sobre el hombro de Laura. La mujer se sobresaltó sorprendida, mientras
junto con Silvia veía a un hombre sonriéndolas. Estaba recto, pero respiraba raro, como
intentando disimular que estaba sofocado, como si hubiese tenido que correr mucho. Laura
lo miró extrañada, hasta que el respiró hondo y dijo:
"Perdón, ¿teneis hora?"
"Eh, si, las diez y veine minutos" contestó extrañada. Daniel se fijó en Julia. Estaba
cerca de aquella chica rubia, pero si osaba acercarse a sus bolsas para dejar su regalo,
la verían a la primera. Tenía que lograr que se giraran.
"¿Y sabrías decirme si aquel reloj va en hora?" preguntó señalando a sus espaldas. Ambas
giraron la cara mientras Julia quemaba los últimos centimetros de separación.
"¿Ese reloj de ahí?" preguntó Laura sorprendida.
"Si, ese" respondió el convencido, viendo como con toda la naturalidad y calma del
mundo Julia dejaba caer el paquete dentro de una de las bolsas de la mujer rubia.
"Ese reloj es un dibujo, igual que el resto de figuras que adornan esa pared. Asi que
como dibujo que es, esta parado. Y no, no creo que vaya en hora" respondió exasperada
antes de comenzar a andar con Silvia a su lado. Casi en la salida se giró y mirándolo a
lo lejos, jadeó. "Joder, que tio mas raro."
"Mierda" murmuró Silvia tambien girada
"¿Qué pasa?"
"Mírale" pidió "cerca suyo esta esa morena. Y por culpa de sus tonterías no le vi cuando
debió de pesar junto a nosotras" gimió saliendo del centro comercial. "Bueno..." se
resignó "¿lo tenemos todo?"
"No se. Revisemos. ¿Regalos para los padres?" preguntó en voz alta, mientras ambas
rebuscaban en las bolsas.
"Si."
"¿Para los del grupo?"
"Tambien."
"¿Y... para mi?" preguntó. Silvia la miró misteriosa y sonriendo de medio lado dijo:
"Quizás" echó un último vistazo a las bolsas, antes de centrarse en una de ellas. La
miró extrañada y metiendo la mano en ella sacó un regalo ya envuelto. "Creo que tengo un
paquete tuyo" siseó extrañada. Laura lo recogió y mró su forma de arriba abajo.
"No. Es un libro y yo hoy no compré ninguno."
"Yo tampoco" aseguró. "¿Lo desenvolvemos?"
"¿Deberiamos?" preguntó, antes de que Silvia asintiese con la cabeza. "Bueno, pues
ábrelo tu, no vaya a ser una bomba" bromeó, mientras Silvia rompía el envoltorio con
prisas.
Y entonces una sensación la recorrió de pies a cabeza. Un torrente de alegría la dejó
en el sitio. Hacia tanto tiempo que no sentía aquella experiencia, que casi la había
olvidado. Miró aquel regalo inesperado y murmuró euforica. "Me encanta" Laura la miró
como si no la estuviese escuhando.
"¿Te gusta?" preguntó confundida. "¿Sabes que eso se puede considerar un regalo?"
"Supongo" sonrió ella mirando aquel libro, y abriendo sus primeras páginas.
"Entonces, ¡por fín te ha gustado un regalo! ¡Por fín!" celebró eufórica mientras Silvia
se evadía de los comentarios de su amiga leyendo un precioso poema, del que no apartó la
vista hasta su última línea.
Mas que la hierba
Pálida estoy
Y siento que poco me falta
Para quedarme muerta.
Pero todo puede soportarse
puesto que...
Continuará...